El llanto desde el niño

 
Las personas, desde que nacemos, nos enfrentamos continuamente a estados de alteración de nuestro equilibrio por causas como hambre, frió, temor, dolor, etc.
Esto lo percibimos como una amenaza a nuestra supervivencia y lo experimentamos como estrés.

Las guaguas, cuando están estresadas, ponen en marcha mecanismos para volver al equilibrio. En otras palabras, despliegan una serie de conductas que aumentan las probabilidades de que la persona que lo cuida se acerque, le ayude a resolver el problema y lo contenga. El llanto es un comportamiento natural, y estaría motivado por la tendencia innata de los seres humanos a sintonizarnos, coordinarnos y regularnos con otro para sobrevivir.

Llorar tiene un importante papel comunicativo. Una guagua puede llorar por hambre, por rabia o enojo; por dolor, frío, calor, sueño, cambios repentinos de posición, dificultad de incorporar y asimilar información nueva, por temor o híper-estimulación ambiental, por mencionar sólo algunas. El llanto es también un mecanismo para liberar la tensión y ayudar a restaurar el equilibrio químico del cuerpo, pero esto ocurre en un ambiente de contención y consuelo.

No hay una fórmula mágica para saber qué motiva el llanto de otro. Desarrollar este arte necesita tiempo, paciencia y observación continua para, primero, diferenciar y reconocer los distintos tipos de llanto y, luego, afinar nuestra sensibilidad y adecuación de las respuestas que damos.

Nada nos prepara para vivir los sentimientos de empatía, irritabilidad, impotencia o, a veces, incluso rabia, cuando escuchamos a nuestros hijos llorar. De cualquier forma, puede que nos ayude recordar que los recién nacidos llegan a un mundo donde todo es nuevo: tienen que aprender a adaptarse a una vida muy diferente a la que tenían en el útero, necesitan tramitar las sensaciones internas y el aluvión de estímulos que viene del mundo externo, esto les puede hacer sentir incómodos y a expresar su incomodidad llorando.

Muchas veces, sobre todo en los tres primeros meses, me vi en la situación de tener a mi hijo en brazos, llorando, habiendo revisado todos los posibles motivos y con la sensación de que no podía hacer nada más que abrazarlo y acompañarlo. Aprendí que una vez que todas las necesidades básicas físicas habían sido cubiertas, la razón del llanto podría responder a necesidades afectivas, que me resultaron mucho más difíciles de decodificar y aprender a cubrir. Y sigue siendo un gran desafío: por ejemplo, puede llorar simplemente porque mi estado emocional está alterado (estoy ansiosa, preocupada o triste) o porque puede haber estado tratando de gatear y como no le resulta, expresa su frustración llorando.

He aprendido que llorar no necesariamente está asociado a un estado negativo y que no hay que detenerlo a toda costa.
Entonces, ¿por qué nos resulta tan difícil contener a una guagua en brazos y darle permiso para  llorar?

Probablemente no hemos tenido la experiencia nosotros mismos. Es muy posible que nuestros papás hayan tratado de parar nuestro llanto a toda costa cuando éramos chicos, cuando lo que en realidad necesitábamos era contención y su permiso para hacerlo. Esto va generando condicionamientos que nos hacen más difícil reconocer esa necesidad en nuestros hijos.

Estos ocho meses de mamá me han enseñado, entre otras miles de cosas, a convivir con el llanto y sus múltiples facetas. Por un lado, a aceptar la incerteza, porque no siempre entiendo instintivamente qué es lo que lo provoca; y a convivir con la frustración que esto genera. Por otra parte, a valorarlo como una forma de mostrarme el camino que debo seguir para contener, calmar y ayudar a alguien que se está aprendiendo a comunicar.

He abierto las puertas de bienvenida al llanto, no invitándolo demasiado seguido, pero sí integrándolo a la rutina y agradeciendo su gran eficacia en la comunicación. El llanto ha llegado a mi vida activando sensores que no sabía que tenía y me ha dado también grandes satisfacciones, porque si mis tácticas para volver al equilibrio dan resultado o si logro abrazarlo y dejarlo llorar sin desesperarme y confiando en que es eso lo que necesita, entonces me siento un poquito más segura y habilitada para las labores maternales.

Lecturas que me ayudaron a escribir este post:
Artículo: What to do when your baby cries? by Aletha Solter, Ph.D. 
Hendriks, M. C. P., Nelson, J. K., Cornelius, R. R. &   Vingerhoets, J. J. M. (2008). Why crying improves our well-being: An attachment-theory perspective on the functions of adult crying.  In  Emotion Regulation, pp. 87-97.  Boston: Springer.
Gunnar, M., Loman, M. (2010) Early experience and the development of stress reactivity and regulation in children.

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