LOS CUATRO ESTADIOS DE PERCEPCIÓN

 

La práctica de la anatheóresis no deja lugar a dudas con respecto a los contenidos arquetípicos del bebé en los estadios embrionario y fetal. Y esa misma práctica nos muestra que esos contenidos arquetípicos -expresados en una muy prístina simbología y estructurados con una sintaxis mitológica- van siendo cada vez menos prístinos a medida que el feto va conformando su cerebro.
Ahora bien, aun siendo cierto que las representaciones mentales del bebé -en su fase intrauterina- son altamente simbólicas eso no impide que al efectuar las regresiones anatheoréticas un adulto habitualmente nos dé los hechos concretos que corresponden a las emociones de la que los símbolos -y su sintaxis mitológica- son expresión. No hay que olvidar que una de las facultades del hemisferio cerebral derecho (HCD) es percibir los hechos concretos, aun cuando luego no pueda expresarlos fonéticamente.
La casuística anatheorética parece avalar también la conclusión de que en los primeros meses de vida intrauterina el bebé posee una gran facilidad en movilizar la focalización de su percepción, de manera que puede vivenciar no sólo cuanto ocurre dentro del claustro materno, sino también cuanto ocurre fuera de él. Una forma de percepción que aquí denominaré percepción extrauterina (PEU) y que entiendo es vivenciar desde la conciencia global.
Todo evidencia, por tanto, que al ser engendrados poseemos una conciencia con una muy amplia -o limitada- capacidad de elegir puntos de focalización perceptiva, capacidad ésta que, poco a poco, mes a mes, se va reduciendo conforme la percepción global se va identificando con un cuerpo -o se va estructurando en forma de cuerpo físico- hasta quedar presa -o fundida- en él. Perdiendo, así, esa amplia y libre capacidad de percibir desde cualquier ángulo interno o externo. Una percepción, por otro lado, que aún procesando los impactos emocionales mediante símbolos y mitos todo evidencia recoge, no obstante, la escenografía de los hechos concretos que luego se comprueba ha ocurrido y que en ningún caso son recuerdo de algo que les contaron.

CASO 4
En una de las sesiones iniciales llevé a F. V. al claustro materno. Mi intención era conocer si había sido o no rechazada por su madre al saberse ésta embarazada.
Y no sólo encontré la respuesta que buscaba, sino también la comprobación -tantas veces encontrada en tantos casos- de que el embrión y el feto pueden vivenciar hechos concretos ocurridos fuera del útero. 
P: ¡Tú está ahora ya dentro de tu madre. Has entrado pero ella todavía no lo sabe. ¿Cómo te sientes ahora?
R: Tranquila. 
P: Pero, fíjate, ahora yo voy a contar de tres a uno y en ese momento tu madre sabrá que está embarazada. Tres… dos… uno…, tu madre sabe ahora que está embarazada y:
R: (Dolorida) Está triste.
P: ¿Qué ocurre?
R: (Con gran tristeza) No quiere.
P: Mira, ahora será como si salieras fuera de donde estás y verás a tu madre. ¿Qué está ocurriendo?
R: El médico se lo está diciendo. Mi madre llora (y F. V. se desborda en llanto). 
P: ¿Te sientes mal?
R: Yo creí que se pondría contenta. Indico que los padres de F. V. eran suizos y que F. V. fue engendrada en plena Segunda Guerra Mundial. Era lógico, por tanto, que el anuncio de su concepción -no esperada- fuera más motivo de preocupación que de alegría. No obstante, afortunadamente para la futura salud de F. V., su madre, pasada la no agradable sorpresa de saberse embarazada, aceptó el regalo de esa nueva vida.
R: (Comenta) Mi madre me canta. Aunque con ráfagas de tristeza por parte de su madre, la gestación de F. V. no fue especialmente dramática. Hubo, eso sí, momentos de tensión por los bombardeos -vivían cerca de la frontera con Alemania-, y ya en el noveno mes, en uno de esos bombardeos, al entrar en el refugio, la madre de F. V. cayó dañando a esta en la cabeza. Nada grave para la madre, pero sí traumático para el feto.
R: No estoy cómoda ahí dentro. Me golpean. Quiero salir. Induje las contracciones.
R: Es como un túnel. (Pausa) Quiero salir. 
P: ¿Qué hace ahora tu madre? ¿Han empezado las contracciones?
R: Va andando.
P: ¿Va a un sanatorio?
R: Es por la mañana, temprano.
P: Sigue…
R: Muy temprano. Y alguien le lleva la maleta y ella va andando y me está hablando. Me dice lo que está viendo.
P: ¿Te gusta?
R: Sí, está viendo mucha, mucha nieve. El sol está saliendo.
P: ¿Lo estás viendo?
R: Sí. Y mi madre me está hablando todo el rato. Me habla de la muerte. Dice que igual se muere. Pero luego me canta. Me canta todo el rato. Ahora ella sabe que soy una niña.
P: ¿Tú estás contenta de ser una niña?
R: Sí. Mucho. Me dice que me voy a llamar… (su nombre) Ahora ha llegado al hospital y se sienta en un banco. Está cansada, ¿sabes? Me acaricia por la tripa.
P: ¿Y tú qué sientes cuando ella acaricia su tripa?
R: Que me acaricia a mí. Me dice que me quiere, que no debo olvidarla nunca aunque se muera. Y ahora viene un cura muy viejo y se sienta a su lado.
P: Explícame cómo es el cura.
R: Es muy viejo. Me da más datos, pero su preocupación era:
R: Mi madre escribe algo en un papel y se lo da a una mujer que está en la entrada del hospital…
P: ¿Puedes leer lo que escribe?
R: No, pero la mujer le dice que no sea tonta, que no se va a morir. El diálogo se alargó algo más y finalmente la llevé al momento de nacer:
R: Yo empujo fuerte.
P: ¿Tú también?
R: Muy fuerte. (Pausa) Pero no quiero hacer daño a mi madre. 
P: Y ahora…
R: Ya estoy fuera. Hay un médico y una enfermera. El médico le dice a mi madre: "Ve señora (el apellido de matrimonio de su madre) como no ha sido para tanto" (Cambia el tono por otro no alegre) Una mujer me golpea. 
P: ¿Cómo que te golpea?
R: En el culo. Ella no me gusta, pero el médico sí. (Y F. V. describe al médico).
Reseño aquí que el diálogo que establecí con F. V. y en parte he transcrito no era un diálogo puramente terapéutico puesto que trataba de una demostración de la técnica anatheorética.
Y reseño también que cuanto F. V. afirmó en torno a su gestación y nacimiento fue posteriormente comprobado. Cierto es que algunos de los datos que dio en IERA pudo haberlos oído y guardado en su memoria theta, pero no menos cierto es que otros, así como especialmente detalles de colores, frases concretas, etc. nada induce a pensar pudieron haber sido conocidos por ella en la infancia a través de conversaciones con o entre sus padres. 
Y entre los aspectos que difícilmente pudo haber conocido estaba la identificación precisa de la persona, ajena a la familia, que llevó la maleta de su madre, la descripción del paisaje que, en efecto, su madre le fue narrando cuando iba a dar a luz, la identificación del banco en que su madre se sentó, la descripción detallada del sacerdote, el hecho no exigido en el sanatorio de que su madre escribiera el nombre que quería pusieran a su hija y que sí dio a la recepcionista eso se debió a que temía morir en el parto, lo que pudo haber ocurrido dado su estado de salud. Pero lo más sorprendente, para F. V. -y que también resultó ser cierto aun en sus mínimos detalles- fue vivenciar en IERA que el médico que atendió el parto -y que no pudo conocer porque murió poco después- era todo lo contrario de lo que ella siempre había creído. Porque ella sabía que se trataba de un médico famoso y, quizás por ello, lo imaginaba alto, joven, rubio… y en IERA lo vio bajo, muy moreno, más bien grueso…
Tan fuera de lugar estaba la imagen del médico que vivenció que al salir de la regresión negó pudiera ser así. Pero la verdad es que así era según testimonios posteriores a esa sesión.
En realidad, los anatheorólogos saben que nadie debe sorprenderse de que un adulto en IERA, llevado a cuando era embrión, feto o recién nacido, describa hechos concretos que el adulto nunca conoció y que, por tanto, a entender de nuestra cultura científica, ese adulto no puede conocer porque un no nato o un bebé recién nacido tampoco los pudieron conocer. Pero esto es algo que forma parte de la ciencia convencional debido a las limitaciones de su paradigma.

CASO 5
Puesto que es preciso vivenciar los hechos concretos que han generado los IATs para tener una perfecta curación, es indudable que la percepción extrauterina (PEU) es una táctica sumamente válida para obtener esos hechos concretos de daños acaecidos al paciente cuando era embrión o feto. Una táctica que el anatheorólogo debe utilizar cuantas veces considere necesario. 
Pero ocurre también que la PEU surge muchas veces de forma espontánea. Así F. D., que se encontraba en estado IERA en el cuarto mes de embarazo, describió la causa de su malestar en el útero vivenciando espontáneamente a su madre con una carta en la mano. Dio toda clase datos en torno al lugar, la actitud de su madre y, entre otros muchos datos más, afirmó -lo que también era cierto- que la carta la había escrito su abuela materna.

CASO 6
Los casos de PEU espontáneo son especialmente abundantes en el proceso anatheorético de nacimiento. Un caso curioso fue el de G. R., que decía estar junto a unos pies muy grandes. Y siguió afirmando que acababa de nacer y nadie la cogía. Que seguía junto a esos pies. Su insistencia en esos pies fue tanta que le sugerí preguntara a su madre en torno a su nacimiento. Y su madre le contó -nunca antes lo había hecho por no considerarlo importante- que cuando dio a luz a G.R. había una huelga de médicos en el hospital. De manera que dejaron entre sus piernas a la recién nacida. Y allí permaneció G. R. un largo tiempo. Hasta que llegó uno de los pocos médicos que estaban de servicio.

Para una mejor comprensión de la casuística obtenida en anatheóresis, toda ella sorprendente, creo necesario describir aquí -y seguir detallando en próximos capítulos- las características básicas de nuestros cuatro primeros estadios de percepción (EP). O sea, la evolución de los procesos perceptivos desde el cigoto hasta los siete a doce años, que es el periodo en que -como veremos- se estructura toda nuestra topografía de daños. Y que es el periodo al que tenemos que acceder para disolver todos esos daños (IATs y CATs).
EP1: El primer estadio de percepción correspondería a la fase inicial embrionaria, con una percepción global, abierta, mandálica, sin yo, en la que predominan las vivencias arquetípicas primigenias. Corresponde a un estadio altamente onírico en el que el embrión estaría totalmente abierto a los impulsos de la madre. Y no olvidemos que nuestro cuerpo es la resultante física de los impactos mentales y emocionales que nos llegan y guardamos.
EP2: El segundo estadio de percepción incluye la época de madurez embrionaria y también los inicios de la época fetal, en la que el cerebro muestra ya una estructura con pliegues. Este estadio corresponde, por tanto, a una percepción simbólica ya estructurada mitológicamente. Sigue siendo una percepción sin yo, sin focalización, abierta a todos los impactos, especialmente a los emotivos procedentes de la madre, con la que se mantiene -como en el primer estadio- en una simbiosis total. Y no olvidemos que simbiosis no significa que el cerebro del bebé sea el de la madre, sino la existencia ya de dos cerebros, cada uno de ellos con capacidad para recibir y almacenar información, sólo que en ese trasvase de información el sistema nervioso del bebé sigue siendo básicamente receptivo, con una receptividad subjetiva que globaliza todo impacto como si el impacto fuera él. Así, el bebé escribe en su sistema nervioso, en sus células, en su cuerpo todo, cuanto emotivamente la madre lleva escrito y cuanto la madre va escribiendo en su mente

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