“APORTACIONES TEÓRICAS A LA FASE GENITAL

"La esclavitud económica de las mujeres y de los niños debe ser abolida, así como la esclavitud moral. Si el amor familiar es el gran privilegio del hombre hay que demostrarlo. Si un perro que está atado no se escapa nadie pensará que es un amigo fiel. La supresión de la vida sexual infantil y juvenil era el mecanismo para la producción en serie de súbditos serviles y esclavos económicos"

                                                                                                (W. Reich, 1934 b)

 

Desde 1905, con sus tres ensayos de la teoría sexual, Freud va a hacer referencia al complejo de Edipo, vinculándolo siempre al concepto de castración fálica. Ambos elementos serán los nódulos centrales de la etiología de la neurosis. Hay dos puntos en este terreno, que crearon la principal polémica y la siguen creando:

1) La afirmación de que el complejo de Edipo y el de castración son universales y sirven para facilitar el desarrollo de la masculinidad y la feminidad (siendo el factor psíquico el que posibilita la bisexualidad, heterosexualidad, homosexualidad).

2) La clara diferencia entre genitalidad y fase fálica, en cuanto que tanto el niño como la niña están mediatizados por el falo (libido activa masculina).

 

Entrar en esta polémica interesantísima y fundamental para el clínico y el educador supondría hablar de los trabajos que al respecto realizaron: Freud, Lou A. Salome, K. Abraham, sobre los años 20; Alexander, Rank, Müller y Ferenczi, hasta 1930; posteriormente, Horney, Klein, Lamp de Groot, Mack Brunswick, Rado, Riviere, Sapir, Mitchelle, Lonzi, Chodonow, Lacan, Dolto y el propio Reich, entre otros.

Sin entrar a analizar las aportaciones de todos, sólo vamos a resumir algunas para exponer después las propias. Freud entiende por complejo de edipo el conjunto organizado de deseos amorosos hostiles que el niño experimenta respecto a sus padres durante la fase fálica (3 a 5 años). Estos deseos declinan en el período de latencia y se reactivan en la pubertad, superándolo con la genitalidad, en cuanto hay una elección de objeto real.

Ruth Mack Brunswick lo limita a aquello que marca la situación del niño en el triángulo familiar. Insistiendo en la importancia del período pre-edípico donde la relación con la madre es previa al conflicto triangular y edípico. Esta división, dentro del psicoanálisis ha contribuido al desarrollo de diferentes escuelas, en base a la mayor o menor importancia dada a este período.

Así, Melanie Klein habla del edipo primitivo, en cuanto que el triángulo existiría ya desde el parto. F. Dolto sitúa el momento edípico de los 5 a los 8 años, vinculado a la caída de los dientes de leche y a la salida de los de por vida.

Sin entrar en esta polémica y siguiendo con Freud, éste ve el complejo de Edipo vinculado a la fase fálica,(posterior a la oral y a la anal). Pero, el desarrollo de ésta, para Freud, tiene procesos distintos para el niño que para la niña; aunque afirme que, para ambos y hasta la pubertad, masculino y femenino significarían correlativamente fálico y castrado, en cuanto que la vagina no es descubierta como tal.

Dentro de la evolución libidinal y en una relación familiar concreta, a partir de que el niño–al descubre la diferencia sexual anatómica, se producirían una serie de reacciones, vinculadas a la fase fálica freudiana:

"Mientras el complejo de castración del varón aniquila al complejo de edipo, en la niña lo hace posible y lo inicia" (Freud, 1925). Por ello, en la niña, la inclinación hacia el padre es más tardía, y la hostilidad hacia la madre es fuerte en toda la fase pre–edípica hasta los 5 años aproximadamente.

Simplificando, para Freud el niño desea fálicamente a la madre y se identifica con el padre, en cuanto que su pene es más grande. Al reconocer que la madre no tiene pene, desprecia a la mujer por estar castrada, pero teme que esto le ocurra a él también, si vive sus pulsaciones fálicas. La castración –despreciando a la niña– le conduce a la sublimación.

En la niña, cuando la diferencia anatómica es descubierta, se asombra de no tener un pene grande, odia a la madre por no haberle dado uno y por no tenerlo, lo que le aproxima al padre; con lo cual, la sensación de castración la introduce en el deseo y en el Edipo. Se acercará al padre, al principio, no como sexo masculino, sino buscando su propia identidad, buscando lo que le falta, pues, siguiendo a Freud, la niña ignora su vagina y busca el falo, con envidia del pene. Y, como no puede conseguir el falo del padre, deseará tener un hijo suyo, dando paso a la sublimación y/o la compensación.

 

Para Freud, las consecuencias del Edipo son:

1.– Posibilidad de elección del objeto amoroso real a partir de la adolescencia, gracias al mantenimiento del tabú del incesto. Si no hay castración, si no se le prohibe al niño la utilización de su pene como instrumento del deseo de la madre, no supera el niño el complejo de Edipo; es del orden de lo cultural. La niña lo compensa con la maternidad.

Llega Freud a decir que: "El matrimonio no queda garantizado hasta que la mujer ha conseguido hacer de su marido su hijo y actuar con él como madre" (“Sobre la feminidad”, Freud, 1932).

2.– Acceso a la genitalidad, con primacía del falo en el niño, y en la niña desplazamiento a la zona erógena directriz del clítoris a la vagina (fines sexuales activos o pasivos).

3.– Formación del superyó e ideal del yo.

Con esta visión, donde el factor fálico es lo que condiciona lo masculino y lo femenino, se niega el posible carácter instintivo de atracción por el sexo opuesto y la posibilidad de identidad sexual previa a la superación del edipo en la adolescencia.

Otro punto fundamental que nos atañe hoy es la separación, hecha por Freud y mantenida por la mayoría de psicoanalistas, entre actividad genital satisfactoria y superación o no del edipo. Así, siempre para Freud, puede existir una actividad genital satisfactoria sin un Edipo consumado, ya que el conflicto edípico puede desarrollarse en base a registros sexuales pregenitales.

 

Reich participa en esta polémica, coincidiendo en algunos puntos con K. Horney para la cual "el niño" de sexo femenino es de inmediato mujer, pues existe masturbación vaginal en las niñas, como relataba en aquellos años (1925) Josine Müller, pero que al reprimirla, se vincula más con el clítoris, más exteriormente, apareciendo así, la envidia del pene. Asimismo, Horney hablará de que dicha relación triangular está mediatizada por la cultura, y según sus características, marcará su desarrollo. Por ello, en la nuestra, la niña tiene envidia del pene porque es una cultura falocrática. (“Negación de la vagina”, K. Horney, 1933).

Reich parte de un hecho: "Las condiciones sociales y familiares influyen en la sexualidad infantil y la estructura de carácter. No es algo estático y cambian con el tiempo" (Reich, 1936). Siendo distinto en otras culturas, como demuestra Malinowsky, pues aunque existe el tabú del incesto, la forma de relación en la entidad familiar cambia y, por tanto, también lo hacen las relaciones sociales y la respuesta ante la enfermedad. Ese factor economicista libidinal, es el que sólo siguen algunos psicoanalistas. Reich, si bien confirma la realidad del tabú del incesto, insiste en la importancia del cómo lo viva el niño/a, pues esto va a favorecer la formación de un determinado carácter. Contradiciendo a Freud afirma que, sin haber un pasaje oral satisfactorio y una vivencia edípica funcional, no puede haber genitalidad potencia orgástica y, por tanto capacidad de placer real y de autorregulación.

Si ha existido castración no compensada, sublimación reactiva, la catexis impedirá el desarrollo del yo, creándose el carácter como "coraza del yo" y como defensa y adaptación y, a partir de ahí, la limitación del placer y los trastornos sexuales y genitales. Por ello, Reich dice: "A la frase de Freud de que el complejo de edipo se desvanece como resultado de la angustia de castración (en el niño), debemos agregar lo siguiente: es cierto, se desvanece, pero vuelve a surgir en forma de reacciones caracterológicas que, por una parte perpetúan en forma distorsionada sus características principales y, por otra, constituyen formaciones reactivas contra sus elementos básicos" (Reich, 1936). Y es el matrimonio patriarcal monogámico compulsivo el que sigue reproduciendo, caracterialmente, los elementos que marcaron la fijación edípica y la castración en su historia infantil, reproduciendo las circunstancias que serán la base para que sus hijos/as desarrollen un proceso similar neurótico.

Pero Reich piensa que esto puede cambiar y que, precisamente, en el carácter genital, el ya no existe en realidad; no está reprimido sino libre de catexis edípica(es decir, libre de energía pulsional reconvertida) y las tendencias pregenitales están o sublimadas o subordinadas a la genitalidad. Entendiendo por genitalidad la vivencia amorosa y funcional de la sexualidad. Reich está en parte de acuerdo con Horney en la existencia de un psiquismo femenino y otro masculino (identidad sexual) en el niño/a, condicionado, eso sí, por el sistema, y que el "primado" de la vagina surge a partir de la base existente en la identificación oral y anal con la madre, después de la frustración fálica. Es decir, la identificación positiva con la madre le lleva a sentirse mujer a partir de vivir que es diferente al niño y al padre. Y escribe: "Nada significa afirmar que esta o aquella mujer sufren de envidia del pene. Lo que importa es su influencia sobre el carácter o la formación de síntomas (así: el padre no autoritario facilita la accesibilidad al objeto amoroso; el padre autoritario acrecienta la envidia del pene y el carácter masculino; el padre carente e inaccesible, la seducción histérica...) (Reich, 1945).

Por otra parte, hay que reflexionar sobre el hecho, que yo hemos observado de que la primera diferencia anatómica sexual se confirma –si hay una relación libidinosa con el pecho de la madre a esa edad– en el segundo año de vida, cuando se descubre que el padre no tiene "tetas", y que, –si éste mantiene una relación objetal con presencia activa–, como objeto de placer no puede entrar en contacto con su medio de satisfacción oral (boca–pezón). Así, vemos que lo importante es la estructuración económica–energética durante la fase edípica, lo que crea ya las particularidades de esa vivencia y sus consecuencias.

Asimismo, Reich describe en 1930 los tres factores complementarios fundamentales para que se produzca la genitalidad:

1.– Erogeneidad local de las zonas genitales (excitación genital).

2.– La libido somática centrada sobre el aparato genital (pulsión genital).

3.– La libido psicogenital (deseo genital).

Es decir, la existencia de la pulsión, el deseo y excitación genital, es lo que permite la fusión con el otro, y en esta fusión, lo fundamental no es ya el "sexo" sino el placer. Normalmente, la catexis edípica crea miedo al pene y a la vagina y, para compensar esto, se pierde el contacto con las propias sensaciones, tendiendo al teatro durante la relación sexual.

Es en la relación genital funcional, donde hay un abandono bio-psico-energético al otro, donde se vive la propia identidad sexual junto a una bisexualidad. La mujer tiene el pene dentro de sí y disfruta de él, no le "falta". El hombre disfruta de la vagina porque es lo que da placer real a su pene. La mujer, en el "abrazo genital", con sus movimientos pélvicos y de succión vaginal, puede ser activa con el pene del compañero, y con su excitación vaginal, que se generalizará a todo el cuerpo. Es en este contacto energético fusional, que puede culminar en el orgasmo, como se produce la función genital, la autorregulación energético–libidinal (la masturbación es un sustituto compensatorio, tiene otra calidad energética). Pero, para que sé de esto, es necesario el encuentro energético de dos personas sin miedo, con capacidad orgástica, con un carácter flexible y plástico; lo cual es bastante difícil que se produzca en esta sociedad donde, la represión sexual y la relación familiar, patriarcal, autoritaria y sexofóbica, crea fuertes limites en nuestra capacidad de placer, viviendo pulsiones sexuales parciales en base a nuestro carácter, que limitan el abandono orgástico.

Por esto, es importante distinguir genital de fálico. Reich ve la primacía del falo como una consecuencia de la realidad social y cultural, la cual también facilita la fijación edípica, la etapa de latencia, la reactivación puberal edípica y la elección de objeto, en base a la necesidad de satisfacer pulsiones parciales o de compensar carencias, con unas relaciones neuróticas o simbióticas según el caso, pero siempre, tanto en la heterosexualidad como en la homosexualidad, con un claro disturbio en la economía libidinal y una incapacidad de amar consecuencia de lo anterior.

Y si bien Reich afirma la posibilidad de unas relaciones amorosas y genitales, es un hecho que la genitalidad es más una utopía que una realidad social y, en este sentido, no existe el placer genital, sino los placeres secundarios. No se conoce generalmente el orgasmo, sino el acmé. No existe la genitalidad, sí la sexualidad masoquista, fálica, porque es la relación familiar, reproductora del sistema, la que condiciona la existencia de este estado de cosas. Y puede y debe cambiarse sustituyendo el autoritarismo por la autoridad, la ley social por la norma racional. Y ahí vemos la validez del trabajo clínico y profiláctico conjunto. Ese es el reto de Wilhelm Reich. Cuando el discurso intelectual deja de ser funcional y pasa a ser una masturbación mental compensatoria, Reich abandona el discurso psicoanalítico y se dedica a construir e investigar medios para transformar las cosas.

Y dentro de esta línea de actuación, se observa que la identidad sexual funcional se va produciendo en base al siguiente proceso:

A.– Bisexualidad hormonal                     

B.– Identidad sexual hombre–mujer: diferencia anatómica

C.– Desarrollo funcional de la bisexualidad (parte masculina y femenina) a través de la heterosexualidad genital (factor bioenergético)

Hay una evolución progresiva de la sexualidad, en forma de fases, hasta la genitalidad (oral primitiva, oral primaria, oral secundaria, fase genital infantil, fase genital adulta). Si los medios lo impiden, se crearán períodos o etapas culturales reactivas (anal, fálica, latencia, reactivación edípica en adolescencia, sexualidad compulsiva–adulto). Y, junto a estas etapas, el carácter y la enfermedad o desequilibrio funcional. No vamos a hablar de la alteración en esta ocasión, sino de la salud. Pero mencionamos algo básico: el complejo de Edipo, en cuanto relación triangular existirá siempre en esta sociedad, pero puede haber formas de vivenciarse en base a la experiencia del período pre-edípico en las relaciones familiares y sociales. Así, la estructura psicótica no desarrolla una estructura de carácter y por tanto, su relación edípica será imitativa y referencial. La estructura de carácter borderline (copertura caracterial), con una fuerte base oral primaria, vivirá el edipo condicionado por las fijaciones orales y anales y le servirá, en el mejor de los casos, para crear la copertura caracterial. En la estructura de carácter neurótica, con una evolución libidinal, sus fijaciones orales y anales existentes le condicionarán a vivir el edipo como relación de poder, y con la vivencia de complejo de castración en ambos sexos; desarrollando el carácter fálico–narcisista, el histérico y el compulsivo–masoquista, con sus propias particularidades en la conducta sexual.

Veamos ahora como lo vive el niño que ha satisfecho su sexualidad oral y empieza a sentir sus genitales y a interesarse por lo sexual corporal y genital, en el período que va de los tres a los siete años. Recordemos que Reich describe esta edad como una primera pubertad y afirma la existencia de una genitalidad infantil (Reich, 1950). Es evidente que estarán viviendo una fase genital infantil, si se cumplen los tres elementos requeridos (excitación, pulsión y deseo) interrelacionados funcionalmente y dentro de una dinámica de autorregulación.

Observamos que, dentro de esta dinámica de autorregulación, hay un pasaje de lo simbólico a lo real y la demanda sexual va ligada a su sensación de órgano, en este caso, sus genitales y su placer corporal. Lógicamente, esto se vivencia primero en la familia. Y es esa relación familiar lo que permitirá la superación de la fase genital infantil gracias al Edipo positivo referencial (E.P.R), en cuanto que los padres están presentes pero con una autoridad racional, no autoritarismo y, donde ha existido acceso a lo sexual por la espontaneidad y no por posturas reactivas o situaciones reprimidas, donde se facilitan los medios para vivir su deseo y su pulsión (otros niños/as) sin excluirlo de la relación familiar que le potenciará el encuentro con su espacio. Siendo la sexualidad de los padres, vivida con espontaneidad y tranquilidad, un referente para su propia praxis sexual, tanto en juegos como en lo real, con otros niños/as. Observamos también que este proceso no es más tardío, en la niña. Dependerá del grado de represión y fijaciones genitales de cada niño/a.

Se trataría pues, de buscar medios para potenciar la relación social infantil en atmósferas permisivas que, –junto a la atmósfera afectiva y desinhibida, que se vive en la familia –, potencien su dinámica sexual viviendo sus pulsiones en su mundo infantil, evitando así la fijación edípica. Para ello, es necesario una estructura familiar abierta y un ambiente social permisivo. Si estas dos variables se dan sin represión, por economía sexual, el niño–a va a enamorarse de sus amigos–as. Vemos que, el incesto es más un temor cultural, y no se produciría si no hubiera represión, carencia y confusión. En esa atmósfera neurótica, el tabú del incesto es necesario por las inclinaciones y pulsiones de los propios padres. Es por ello, fundamental, que a nivel social se tome conciencia de la importancia que tiene, para el buen desarrollo de la evolución sexual del niño–a, la posibilidad de modificar las tendencias individualistas, de abrir el núcleo familiar, respetando realmente los deseos sexuales de los niños/as y evitando tendencias posesivas y/o pulsiones sexuales hacia los hijos. "Un niño que fuera educado en compañía de otros niños y sin la influencia de la fijación de los padres, desarrollaría una sexualidad completamente diferente, sin fijaciones edípicas" (Reich, 0000).

Se trata por tanto de entablar una lucha social – más allá incluso de la propia familia– , pues los mecanismo de negación del sexo, típicos de la "peste emocional" se concretan fundamentalmente en la evitación y represión directa o sutil de la sexualidad genital infantil en escuelas, vecindario, etc., y, al mismo tiempo, facilitar al niño/a la comprensión de estos procesos y la forma de defenderse ante ellos, constituyéndose la coraza genital flexible. Tan fuerte es la influencia de los grupos sociales (amigos, profesores, ...) que, en ocasiones, son los niños–as los que pueden pensar que tienen una familia extraña y anormal y tendiendo a identificarse con estos grupos por la presión social y por la necesidad de aceptación y reconocimiento. Esto se puede prevenir siempre que exista una relación afectiva familiar.

Será de los 3 a los 6 años cuando puede existir el edipo positivo referencial, poniendo las bases para un carácter genital o la fijación edípica que acompaña al carácter neurótico. Si se da lo primero, el proceso de funcionalidad del psiquismo culmina con la posibilidad de integración de conocimientos en base al placer de conocer y de trabajar. Combinando –desde esa edad hasta la adolescencia– períodos de fuerte deseo de actividad intelectual con períodos motrices y sexuales, debido al flujo energético oscilante cefalo-caudal necesario para culminar el proceso de estructuración organísmica que finaliza con la funcionalidad neurohormonal en la adolescencia, no existiendo, propiamente dicho, el período de latencia freudiano. En el segundo caso se gesta el asentamiento del superyó, con el proceso de autorrepresión–sublimación reactiva compensatoria y normalización –adaptación a lo social con la consiguiente escisión entre pulsiones genitales y ansia de conocimiento (segmento ocular y pélvico) típico del carácter neurótico–, separando trabajo de placer y, sustituyendo la capacidad de contacto (flujo energético cefalo-caudal) por los contactos secundarios, generando en casos extremos procesos desadaptativos y cuadros psicopatológicos. Dándose el llamado período de latencia estudiado por Freud, comprobándose, una vez más, como los estudios psicoanalíticos hacen referencia al estado de cosas normal de la neurosis caracterial y no de la salud.

Es asimismo, en esta fase genital infantil donde se estructura el llamado por Reich fenómeno de funcionalidad psicosomática, dándose una total interrelación entre los procesos perceptivos psíquicos y los procesos de excitación biofísica, y donde el psiquismo se basa, para su funcionamiento, en la sensación de órgano base de la existencia de un yo maduro, que se oculta temporalmente, en una coraza social flexible (carácter genital).

Con otras palabras, diremos que, es el período donde se puede dar la unión entre el natura (madre) y la cultura (padre), siendo el momento donde se concreta el proceso de humanización (animal humano) o de deshumanización, al perder el contacto con la propia naturaleza. Proceso que comenzamos en la vida intrauterina en una progresión evolutiva escalonada y constante, como hemos intentado demostrar en capítulos anteriores. Es por ello, que la ecología humana y la salvaguarda del planeta tienen sus raíces en este proceso de humanización que permite sentir el cosmos. Sentir lo bello, sentir la naturaleza y ser, por instinto , y no sólo por ideología, incapaz de destruirla.

http://www.esternet.org

Escribir comentario

Comentarios: 0

Photobucket