“ASISTENCIA ORGONÓMICA DURANTE EL PARTO”

Fue el mismo Freud quien dio las claves para comprender la enorme importancia de un nacimiento en el que no se instalara la angustia como reacción necesaria, aunque en su opinión nacer = dejar el útero siempre es traumático. Freud sugiere precisamente que “la angustia se basa en un incremento de la excitación, que produce displacer y, por tanto, busca aliviarse mediante actos de descarga” y “el estado de la angustia es la reproducción de una experiencia que integraba las condiciones de tal incremento del estímulo y las de la descarga. Tal experiencia es el nacimiento” es decir, entiende el estado de angustia como una reproducción del estado de nacimiento. Porque según él: “en el acto de nacer existe un peligro objetivo para la conservación de la vida”(S. Freud, 1926).

Según Greenacre del nacimiento (parto) quedarían siempre huellas mnémicas, somáticas, individuales, que se funden con experiencias posteriores y pueden incrementar presiones futuras; considera siempre el parto como un trauma y alude, por ejemplo, a investigaciones que concluyen que “hay alguna reducción de la sensibilidad materna en el primer período post–parto” (Greenacre, 1945), lo cual desde nuestro punto de vista podría interpretarse como una primera respuesta de acorazamiento temprano ante la angustia y la falta de contacto.

En opinión de Winnicott, en cambio, ya encontramos el término “experiencia del nacimiento” y no sólo “trauma del nacimiento”: “La experiencia del nacimiento puede ser tan suave que su importancia sea relativamente escasa, pero la experiencia del nacimiento anormal más allá de un límite producirá un trauma de nacimiento que se hará muy significativo”. Si han existido factores adversos en el parto se ocasiona una “pausa” en la continuidad del “seguir siendo” del bebé, que a veces determina gran parte de la “necesidad de nacer”, pero su tesis, que nos parece fundamental es que “al momento de nacer, el bebé está preparado para las fases de reacción ante los ataques. En el nacimiento no traumático, la reacción ante el ataque que entraña el parto no sobrepasa a la reacción para la cual está preparado el feto” (Winnicott, 1945).

Nos centraremos, básicamente, en la exposición de los conceptos aportados por la Orgonomía a la investigación del momento del parto como fenómeno dinámico en la vida de un individuo, así como en los elementos concretos prácticos de actuación profiláctica en dicho momento y en el post–parto.

Los avances en el terreno de esta investigación han sido grandes e importantes desde que científicos como Wilhelm Reich; Chester Raphael; Michel Silvert y posteriormente F. Leboyer, Michel Odent y otros, partiendo de su gran sensibilidad científica han ido elaborando una serie de cambios fundamentales en la sistemática del parto–nacimiento.

La evolución del animal humano hacia su madurez psicoafectiva se sucede como una continuidad sin intervalos. Puede decirse que desde su concepción, período embrionario, período fetal intrauterino pasando por el pasaje (parto) y su período fetal extrauterino, hasta el final del desarrollo de la sexualidad oral que enlaza con su fase genital; hasta la resolución edípica, el niño/a sigue una maduración en cadena en la que sólo la sucesión de todos sus eslabones permite dicha madurez definitiva, sin baches. “Los eslabones perdidos” de dicha cadena son, por lo que conocemos en la práctica clínica, los “síntomas encontrados”, es decir, los futuros trastornos en los que aparecen muchas veces las causas como difusas o desconocidas (idiopáticas). Son las llamadas enfermedades de la civilización de las que habla A. Montagu: “perturbaciones del sistema hipotálamo–límbico (cerebro primitivo) que regula las emociones y que es el soporte de los diferentes aspectos individuales y colectivos, propios de la dinámica vital” (A. Montagu, 1961), tan frecuentes en nuestro tiempo y que podrían ser extirpadas si fuéramos más unánimes en cuanto a prevenir su aparición y eso significaría prestar más atención y ponerse al servicio de las necesidades básicas de afecto, aporte energético, disponibilidad, y demás requerimientos del feto intrauterino y extrauterino .

R. Laing escribía en su “Política de la experiencia”: “Actualmente el nacimiento es anulado como experiencia personal activa y la mujer pasa de persona activa a paciente pasivo (de sujeto que siente a objeto anestésico”. Concluyendo que la extracción quirúrgica no es en absoluto el nacimiento de un niño. “Si uno no siente que el niño siente, puede concluir que es una ilusión sentir que sí lo hace. Si uno siente que percibe los sentimientos del bebé concluirá que aquellos que no los perciben sufren de una pérdida de sensibilidad” (R. Laing, 1977).

Laing coincide aquí con el pensamiento de Reich cuando éste habla de la coraza del médico, educador, padre o madre, que no es capaz de contactar energéticamente con la libre movilidad del recién nacido, bebé y niño y de entender –gratificar– sus demandas. Como cuando en “El asesinato de Cristo”, nos dice que en cada niño que nace se vuelve a asesinar a Cristo. O cuando habla de las limitaciones, impuestas por la coraza del médico: “El organismo sólo puede percibir aquello que es capaz de expresar”. “El organismo acorazado no soporta los movimientos blandamente flexibles de un recién nacido”. “La vida acorazada va al encuentro de lo vivo no acorazado con miedo y odio”. (Reich, 1953).

 

FUNCION DEL PARTO Y DEL NACIMIENTO

 

Conviene recordar e insistir sobre la necesidad de considerar el proceso del parto como un momento inseparable del embarazo y la vida (en desarrollo) a lo largo del maternage.

Puede decirse que el parto tiene como función el pasaje intra–extra uterino, necesario a partir del noveno mes de vida intrauterina, para el completo desarrollo y estructuración corporal del bebé y su crecimiento; no así la de separarle del cuerpo de la madre, como ha venido considerándose por la concepción mecanicista y de la medicina oficial.

Para la experiencia afectiva de la madre, así como para su organización personal y social, resulta de crucial importancia subrayar que “parir a su hijo” no supone separarse de él, ni haber cumplido la función de embarazo para pasar a una independencia corporal del feto, etc. Y para la experiencia biofísica del recién nacido, el ser “parido” le ofrece la posibilidad de estimulación epidérmica, visual, auditiva y oral –para la que ya estaba maduro– sin que ello suponga perder la continua relación vincular (de fusión) con la madre, necesaria tanto ahora, en su “piel a piel” con ésta (de la que, sentirse separado, sería equivalente a sentirse “separado de sí mismo”) como lo ha sido en su desarrollo intrauterino.

Si bien la diferencia del nuevo estado (extrauterino) en relación al estado anterior, es cualitativamente importante y aporta nuevos elementos en su desarrollo; a lo largo de los primeros meses y sobre todo de las primeras semanas, es esencialmente idéntico, en cuanto a la función energética que en él se realiza. Es decir: el recién nacido debe ser considerado, aún, como un feto dependiente, del cuerpo de la madre. Sus necesidades básicas de energía no han variado, aunque el modo de obtención sea otro. La estrecha unión entre madre e hijo a través del cordón umbilical, es, una vez parido éste, suplantada por la fusión boca–pezón de la madre. Su nueva fuente de absorción energética es tanto el seno materno como el contacto epidérmico con el cuerpo de la madre, a través de su abrazo, sus caricias, su mirada tierna, etc., cuando, en la emoción intensa de acoger a su hijo, la madre alarga su campo energético y se fusiona con el del bebé, creándose un potencial energético del que éste se nutre.

 

“Para la biofísica del Orgón, el período que va desde la formación del embrión al nacimiento y del nacimiento, digamos, al final del primer año es el “período crítico” en el curso del cual se establece la “constitución del sistema funcional orgonómico”. (W. Reich, 1948,b).

En múltiples momentos, a lo largo de su obra, Reich insistía en el hecho de la prevención en el niño, sin separar el triple momento: embarazo, parto, primeras semanas, y habla de un proceso positivo de parto en alguna de sus obras como “El funcionalismo orgonómico” o “Éter Dios y el Diablo”.

Es importante hacer una distinción entre parto y nacimiento. Después del pasaje extraútero (que es el parto), el feto humano como decíamos antes, sigue “siendo –en–la–madre”. Sin la íntima fusión con su campo energético no puede vivir (sí sobrevivir). El placer surgido de la expansión se vería (y desgraciadamente es frecuente) sustituido por la angustia, debida a la contracción de su biosistema.

Es, poco a poco, a lo largo de sus primeros meses de vida extrauterina cuando el bebé–feto va sintiéndose “separado–de–la–madre”. Percibe su yo y el no yo (madre), va independizándose corporalmente, empieza a desear ir y venir, a caminar. Entonces sabemos que ese es el final de su nacimiento. Es necesario todo ese proceso, largo pero hermoso y de una riqueza existencial inolvidable para los padres, para nacer. La frustración de esa primera dependencia íntima con la madre (hasta el momento del citado nacimiento) es vivida por el recién nacido, en los momentos que siguen al parto, como necesidad de contraerse (para preservar su vida) y el impacto sufrido tiene lugar, a nivel biofísico, ya que aún no es posible elaborar defensas psíquicas para no sufrir.

Sin duda, el momento del parto es muy importante y experiencialmente muy rico tanto para la madre como para el hijo, y también para el padre. La mujer espera este momento con una intensa emoción, unas veces con alegría otras con ansiedad y temor. La misma forma de parir varía infinitamente de una mujer a otra. ¿Por qué unos partos son más largos que otros? o ¿Por qué hay más o menos dolor? ¿Por qué algunas mujeres apenas se enteran del parto?... Las respuestas hay que buscarlas (al igual que cuando hablamos de las diferentes experiencias de embarazo) en las diferencias estructurales y caracteriales.

Lo cierto es que sentimientos de vaciamiento, de muerte, de castración (=castigo sexual), el miedo de la separación (sufrida en su propio nacimiento), etc., suelen estar presentes, por lo que nos encontramos, regularmente, con toda una serie de defensas específicas cuya función es la de no sentir (= no sufrir). Paradójicamente, puesto que la más frecuente de estas defensas a nivel somático es la contracción y la respiración controlada, lo que ocurre es que se complica enormemente el proceso del parto, aumentando el dolor, y consecuentemente se alarga el tiempo de sufrimiento y el feto puede padecer asfixia y encogimiento.

 

PROFILAXIS ORGONÓMICA DEL PARTO

 

Dentro del trabajo de la profilaxis orgonómica en la primera infancia, a lo largo del proceso de embarazo se va facilitando a la mujer el contacto consigo misma, con las sensaciones y sentimientos hacia su hijo, así como la respiración profunda y completa.

A lo largo de las últimas sesiones de Vegetoterapia Prenatal es importante llevar a cabo la preparación al momento del parto.

 

Algunos aspectos importantes serían:

 

1º Centrarse en la respiración, el desbloqueo diafragma pelvis, y el abordaje (más o menos directo, según el caso) de la problemática sexual relativa bien a insensibilidad genital, bien al ansia orgástica y miedo al abandono, etc.

 

2º Ayudar a la mujer a comprender–sentir en su cuerpo las diferencias tan importantes entre los conceptos: “Abrirse–cerrarse”, “dar–recibir”, “control–abandono””.., y el hecho de “empujar–abrirse”.

A partir de la experiencia consciente de cada una de esas premisas (básicas para el parto), la futura madre estará más dispuesta para el nuevo suceso tan importante en su vida.

 

3º Es a lo largo de esos últimos encuentros terapéuticos cuando se proyecta el parto. Tal y como orientamos la atención a la madre, en estos momentos es conveniente que:

–Las sesiones se realicen con la mujer individualmente, contando con la presencia del compañero. Se vuelven a revisar sus sensaciones de más o menos contacto orgonótico, su mayor o menor dificultad para evadirse en momentos críticos, su respiración más o menos profunda, la predominancia de unas zonas u otras de tensión, etc., y se procura favorecer que el marido o compañero se ocupe de hacerle notar estas cosas espontáneamente, como por ejemplo: “relaja la mandíbula”, “respira”, “no te tragues el aire”, etc. O pedirle que le mire, cuando ella duda o se desanima, mientras él le recuerda lo hermosa que es su función y la estimula a no necesitar sus viejos mecanismos de defensa. Si la relación entre ellos es positiva, es deseable dejar en las manos del marido o compañero esta preciosa responsabilidad que además permite implicarse de lleno en la emoción intensa y maravillosa del parto, y sentir que su función también es importante y necesaria en este momento, tanto para la mujer como para su hijo. En cambio, si se ha descubierto que la relación no es propicia para el apoyo y la ayuda que la mujer necesita, o bien los propios conflictos del hombre (ligados a la castración o a su propio nacimiento) pueden impedir llevar a cabo satisfactoriamente esta responsabilidad, hemos optado por la presencia del/la terapeuta en el parto.

–Se ayuda a la mujer a que vaya explorando la postura/s en las que se siente más cómoda para parir.

– La pareja elige, según sus posibilidades y situación personal, tener al hijo en casa o en el Hospital. En cuanto a la elección de un método obstétrico u otro para el parto diremos que el método Leboyer o el método Odent son los más cercanos a las necesidades del feto–recién nacido y de la madre. Coincidimos completamente con ambos en que los ruidos y olores, la luz directa al periné de la madre y demás artilugios hospitalarios ejercen violencia sobre el organismo del recién nacido, por lo que es preferible el parto en casa en intimidad y armonía, o bien facilitándose una sala en el mismo hospital, del tipo de la “sala salvaje” que refiere Michel Odent, en donde esa intimidad sin agobios, presiones, ni interferencias, se ve asegurada.

 

Con respecto a si parir en seco o en el agua, (Odent preconizó el parto en piscina) o hacerlo acompañados o solos etc., son a nuestro modo de ver, una elección que, libremente, la pareja debe hacer. Hoy por hoy nuestro equipo no cuenta con un centro acondicionado especialmente ni lamentablemente aún con el personal obstétrico, formado en orgonomía, que lo atienda; por lo que no podemos hacer más que recomendar a ciertos profesionales sensibilizados en el arte del “bien nacer” para que sean asistidos por ellos. Sin embargo, nos gustaría decir, que si bien es importante que la mujer se sumerja en el baño en el período de contracciones, con el objetivo de relajarse y de descargar el Dor movilizado como consecuencia de la paulatina apertura de la pelvis, en el expulsivo es fundamental que la mujer se sienta cómoda y segura, apoyada por su compañero (o aquella persona con la que sienta más en contacto) para abandonarse así a la fuerte experiencia de “abrir su cuerpo y recoger su fruto” y que el hijo tenga la posibilidad inmediata del contacto epidérmico con la madre y progresivamente de la succión. Para ello no es necesario la piscina ni otros elementos externos, que a veces, suponen un engorro y facilitan la dispersión del contacto y se corre el riesgo de caer en utilizar una excesiva ornamentación que produzca la “ritualización” de un acto que en el fondo se puede vivir como lo que es: un acontecimiento hermoso y lleno de sentido en sí mismo.

 

– Hablaremos de algo que es inminente y sumamente necesario: el tema de la disposición materna a la continuidad epidérmica con su hijo. El abandono temporal del trabajo y si no es posible, la petición de jornada partida, prolongación de la baja de maternidad, sumando vacaciones, etc. todo ello edificando de manera optimista y alegre, una cierta contracultura (individual), a favor de la natura y de la VIDA de ese hijo al que aman.

Ambos, padre y madre, son conscientes, llegado este punto, de la importancia de esa continuidad básica del período del maternage y lactancia, por lo que viven de manera estimulante la idea de las futuras sesiones de control profiláctico. Todos sabemos que nada se ha detenido con la llegada del parto.

 

ASPECTOS BASICOS DE LA PRÁCTICA ORGONÓMICA EN EL PARTO

 

Al igual que decíamos en relación a la experiencia del embarazo: ”el nacimiento implica siempre la instauración de una relación triangular” (M Odent, 0000). Es, pues, importante la presencia física y emocional activa del padre en el parto y su función es necesaria por lo que respecta al apoyo físico y afectivo a la madre y porque su implicación en todo el proceso de maternage y educación de su hijo depende en gran medida de su participación en estos momentos, emotivamente tan intensos, que despiertan toda su ternura y disponibilidad afectiva y pedagógica a favor de la vida del hijo. Por otro lado, el padre se ocupará del ambiente acogedor, evitando el trauma de los primeros impactos en los ojos y oídos de su hijo y la existencia, antes, durante y después del parto de estrés, agobio e interferencias de otras personas que perturben el clima emocional del parto. Así como será él, a partir de ahora, quien junto con la madre se ocupe de coger, acariciar, vestir, acunar al bebé, utilizando si fuera preciso su comportamiento enérgico y decidido para evitar que otras personas allegadas manipulen indiferenciadamente al recién nacido.

 

 

La ayuda, bien sea del/la terapeuta, de la comadrona u obstetra formado en orgonomía, o bien del padre (si se estima capaz de hacerlo) que la madre necesita en su parto, es básicamente:

 

(a) La de ponerla en contacto (cada vez que ella lo pierde) consigo misma, con su sensación de dolor –que es fruto de la tensión diafragma–pelvis– para poder “darse cuenta” de la emoción que hay en relación con dicho dolor.

 

(b) “Se debe incluir en el protocolo del parto la atención al segmento ocular” (Ganz, 1979). Es importante que su mirada no esté perdida o se meta “dentro de sí misma” y huya de la situación. Para ello, se insiste en que mire un punto o mire a los ojos del compañero o terapeuta y, si es necesario en ocasiones, se le ofrece el punto luminoso de la linterna. Esto le ayuda rápidamente a recobrar el contacto, a sentirse presente en su función.

 

(c) Animarla a la expresión de su emoción, con lo que su cuerpo se libera de gran parte de la tensión. Dejar salir el grito consciente y liberador, recordándole que no se ahogue en la garganta, que su grito sea una vía abierta desde su garganta a través del tórax, diafragma, hasta repercutir en su abdomen y salir por los genitales, que lo que empieza siendo un grito (expresión de dolor), acabe poco a poco definiendo su sentimiento; unas veces de rabia, impaciencia, otras de soledad, etc. Contrariamente a otras tendencias para las que ha de suprimirse el grito y las expresiones de la parturienta, que “desequilibrarían el clima calma y serenidad”, es importantísimo el aporte de la orgonterapia (según la cual toda expresión emocional conlleva una disminución de la contracción simpática y favorece el proceso vagotónico y por tanto de distensión) al parto. Con ello se ve roto el círculo vicioso “dolor–contracción–retracción (= inhibición)–aumento de la tensión–aumento del dolor”.

 

(d) En oposición a la respiración controlada inhibida y al jadeo, que favorecen la disminución de las sensaciones corporales y el corte diafragmático (con el objetivo de evitar las sensaciones de dolor), la respiración completa (con una inspiración profunda y una expiración no retenida acompañada de un “¡Ah!” abierto, dirigido desde la boca hasta la pelvis) es el arma fundamental para favorecer el aumento de las sensaciones, sea dolor, fatiga, angustia, etc., que van haciendo surgir claramente la percepción de su emoción específica: soledad, rabia momentánea a su hijo (asociado a su dolor) entre otros; todo lo cual desencadena la inversión del círculo vicioso de sufrimiento descrito anteriormente. Así tendremos: respiración completa (ligada al contacto ocular) –aumento de sensaciones–emoción–expresión emocional (abreacción neuromuscular). Y tras la canalización adecuada de la energía ligada a la tensión: alivio del dolor–mayor contacto–bienestar (sentimiento de optimismo y alegría, sensación de revitalización)–nueva inspiración profunda–expiración completa, etc. Viéndose en este proceso asegurado, el contacto energético madre–feto, durante el parto (sin interrupción). Se consigue además, aligerar el tiempo del parto.

De igual forma la respiración profunda y completa, favorece, ya en el expulsivo, la llegada de esa sensación tan particularmente agradable y placentera de dejar salir al hijo que llevas dentro. Dejarse llevar por las sensaciones, siguiendo la onda de la respiración hacia la pelvis, con el deseo consciente de abrirse, permite que surja involuntariamente el gusto por el “dejar que ocurra” (tan ligado a veces, a temores sexuales y fantasmas). El diafragma se desplaza suavemente empujando (con el ritmo de las contracciones) al feto para ayudarle a salir. “Una mujer que funcionara armónicamente en su parto, sería capaz de permitir que sus contracciones ocurran sin sentir la necesidad de lucha contra ellas o disociarse de las mismas” (Jones, 1980). Pero, como demuestra la experiencia, la misma coraza caracteromuscular que afecta al organismo de la madre durante el embarazo, viéndose interferidas las funciones energéticas naturales en relación al feto (reduciendo su vitalidad y expansión vegetativa), afecta también al proceso del parto.

 

(e) El descanso necesario entre las contracciones, puede servir para retomar nuevas fuerzas y optimismo, verbalizando unas sensaciones previniendo otras, recapacitando, analizando brevemente con la madre sus preocupaciones y ansiedades etc.

 

(f) Es muy eficaz efectuar masajes en sus zonas principales de tensión: mandíbula, cuello, diafragma, muslos (músculos abductores). Además de recordarle verbalmente que suelte su mandíbula, que abandone su cuello y no tema, que abra sus piernas y no retraiga su pelvis, etc.

 

(g) Ya en las últimas contracciones de expulsión cuando la cabeza del feto está coronando, la consigna no será sólo aquella de “¡Empuja!” sino el recuerdo de “¡Ábrete!”, “Respira profundo dejando salir tu voz hacia abajo”, etc.

 

Si, en lo esencial, todo va bien: una vez ocurrido el pasaje intra–extraútero, en que el feto ha experimentado un profundo masaje vaginal, este abre los ojos y respira. Michel Odent describe casos en los que el bebé succiona el seno de la madre entre 20 y 30 minutos después del parto. Nuestra experiencia demuestra que puede ser aún antes; justo al salir del vientre de la madre y antes de ser cortado el cordón umbilical, el bebé recién nacido en brazos de ésta, acunado, mirado con ternura, escuchando su voz suave y cariñosa, abre su boca y encuentra el pezón. Lo cierto es que el espacio de tiempo que transcurre desde su pasaje extra–uterino hasta que el recién nacido encuentra y succiona el seno de la madre, está muy en relación con la situación energética concreta de ésta. Es decir: si la madre tiene un pecho sexual y energéticamente atrayente para el recién nacido va a resultar muy fácil e inmediata la primera mamada, puesto que no es sólo el olor de la leche lo que guía al niño es “la atracción de campo”. Si el campo energético de la madre es intenso en la zona de sus senos, el bebé se siente inmediatamente atraído hacia éste y se liga a ella a través de la boca. Si por el contrario éste está debilitado, al recién nacido le costará encontrar el “camino hacia su fuente”, deberá ser inducido a ello, no sin cierta confusión bioenergética.

 

Contamos con la experiencia de niños en condiciones bastante saludables, en las que el proceso de parto y post–parto ha sido similar al caso que describiremos a continuación:

–Marisa era una mujer de veinticuatro años, su marido Juan de veintiséis. Ambos llevaban ya una larga experiencia con la vegetoterapia. Desearon a su hijo y se prepararon para ello previamente. Ella decía haber tenido muy claro incluso el momento en que se quedó embarazada. Sus sensaciones corporales empezaron a hacerse notar pronto, y no llegó a hacerse análisis alguno. Estaba segura de su embarazo.

Los nueve meses transcurrieron sin problemas, en todo momento vivieron al hijo (intrauterino) presente y vivo en sus vidas. La madre no experimentó angustias ni vómitos (a excepción de dos ocasiones: Una de compras en los grandes almacenes, que ella relacionó pronto con los efectos del neón. Otra después de una violenta discusión con alguien que según decía le hizo tragar injustamente una fuerte destructividad). La mujer utilizó el acumulador de energía orgónica y la vegetoterapia prenatal (viéndose favorecido su contacto, su respiración profunda y su vitalidad general). Las visitas a su ginecóloga fueron escasas (concretamente tres hasta el parto). La fecha del parto llegó varios días antes de lo previsto, aunque según la madre coincidió con nueve meses exactos desde la concepción.

Desde las 18:00 horas hasta las 21:30 las contracciones fueron suaves, sin llegar a experimentar fuerte dolor. Se sentía feliz optimista y con buen humor, sin dejar de comunicarse afectivamente con su marido y su bebé, a partir de las 22:30 horas tuvo lugar la rotura definitiva de la bolsa de líquido amniótico, el feto bajó más y se instaló completamente en el canal del parto. (La posición era cefálica desde hacía tiempo). Ella había llegado a ese momento con cerca de siete centímetros de dilatación del cervix y a partir de entonces las contracciones fueron más rápidas e intensas llegada cada una de las cuales se colgaba del cuello de su marido, la miraba a los ojos y respiraba profundamente, dejando salir fuertemente su voz en la expiración, siendo ésta expresión de su emoción del momento. En varias ocasiones llegó a verbalizar, en su grito palabras como “¡Basta!” y algún que otro “taco” etc., en los momentos de más dolor, pero en la bajada volvía regularmente a recobrar su sentido del humor y su optimismo. En ningún momento perdió el contacto con su hijo y sólo un par de ocasiones cerró los ojos y se le veía fatigada y expresando “¡No puedo más!”, momento éste en el que pidió ayuda buscando el contacto con el cuerpo y la voz del terapeuta deseosa de que la animara y la acariciara. Entre contracciones caminaba energéticamente y efectuaba baños templados que la reconfortaban continuamente. A las dos de la mañana, pasadas tres horas y media desde el inicio de las contracciones definitivas del parto, Marisa estaba totalmente dilatada y empezó a sentir que la cabeza del bebé estaba buscando la forma de salir. El latido del cardíaco en el feto era regular y vigoroso. Juan estaba calmado y solícito con su mujer: le preparaba los baños, le masajeaba la espalda le susurra todo a lo que ella le daban fuerzas. La posición elegida por la madre fue en cuclillas con la espalda apoyada sobre su marido y con grandes almohadones a los lados. Juan la sostenía por las axilas cada vez que ella se incorporaba un poco sobre sus pies. Respirando profundamente y dejando que su vagina se abriera del todo, al cabo de 30 minutos nació su hijo. El niño salió de forma rápida tras un último esfuerzo, que ella definió después como muy placentero. El niño salió rosado y relajado, con los ojos abiertos emitiendo una voz sonora y sin llorar. La madre cogió a su hijo se sentó en el suelo y lo retuvo en sus brazos, llena de emoción, repitiendo frases llenas de ternura y en voz baja, lloraba, reía, lo besaba..., mientras su bebé ya había encontrado el seno y succionaba vigorosamente “como un gran experto”. El padre, gozoso los rodeaba, los miraba, se ocupaba eficazmente de que el agua preparada para el baño estuviera apunto, de tapar la espalda del bebé al que la madre masajeaba lentamente. Juan, comentaba más adelante, que aquel momento fue el más pleno lleno de amor y ternura que había vivido en toda su vida, y que le enseñó cosas que ya no podría olvidar.

El recién nacido seguía con los ojos abiertos, respiraba con la nariz perfectamente sin dejar de mamar, al cabo de casi quince minutos el padre tomó en brazos a su hijo (“ese gran tesoro vivo y hermoso”) intensamente emocionado lo meció dulcemente entre sus manos, en el agua . Mientras Marisa dejó salir su placenta sin dificultad. A partir de ese momento madre e hijo descansaron juntos, en la misma cama, piel a piel. La cara del niño estaba relajada y con expresión de paz.

En otras ocasiones las dificultades son mayores, pero la atención básica al mantenimiento del contacto energético, la respiración completa, la expresión emocional, el masaje, etc., han permitido que los “límites” se hicieran menores y el proceso del parto resultara, en definitiva suficientemente positivo.

           

ALGUNOS EJEMPLOS DE LA ACTUACIÓN ORGONÓMICA EN LOS DIVERSOS TIPOS DE COMPLICACIONES

 

A) Casos en los que una vez parido, el recién nacido no encuentra el pecho. Ha sido necesario ayudar a la madre, calmando su ansiedad, susurrándole (maternalmente) todo lo que la pone de lleno en su función, acariciándola, cambiándola a una posición más activa, haciéndole respirar tranquilamente.

B) Casos en los que el parto fue bien y la comadrona se llevó inmediatamente al recién nacido. Lo manipuló, lo lavó y vistió y luego llevado con la madre de nuevo, sin que este pudiera acceder al seno. Nuestra intervención ha consistido en este caso, en masajear al bebé estimulándole la cabeza, con las manos en sus oídos, calmándole, devolviéndole la confianza, sin prisas,... Poco a poco, como consecuencia, el bebé ha abierto los ojos más tranquilo gesticulando activamente con la boca, su movimiento corporal ha sido ágil y activo, (quizá a veces, llora un poco como expresión de la tensión vivida antes) y de nuevo con su boca abierta de par en par busca el seno materno, que, esta vez, tras reponerse la madre y recobrar toda su confianza y deseo inicial, encuentra disponible y cálido.

C) De manera similar a la anterior, cuando a la madre ha debido efectuársele una cesárea. Regularmente el recién nacido se muestra más aletargado; pasivo, y le cuesta succionar, una vez lo toma la madre. Ésta suele estar cansada, algo frustrada (una mujer me decía en una ocasión: “tenía tantas ganas y es como si no le hubiera parido”) y todo ello dificulta el desencadenamiento del proceso hormonal que conduce a la aparición del calostro y posteriormente de la leche. En estas ocasiones es muy importante efectuar reiterados masajes (ligeramente más profundos) sobre la piel del recién nacido produciéndole la estimulación epidérmica y de los telerreceptores.

 

Recordemos que somos animales mamíferos y observando los partos de otros mamíferos vemos la gran importancia de los lamidos que no son otra cosa que la estimulación de la piel para activar sistemas del cuerpo (s. respiratorio, s. gastrointestinal). A. Montagu dice a este respecto: “los nervios sensoriales periféricos de la piel conducen los impulsos al SNC, si la estimulación de la piel no es adecuada, como ocurre con las contracciones uterinas, el S.N. no está suficientemente estimulado”.

También añade: “Sabido es que los niños nacidos por parto normal presentan un mayor grado de oxigenación sanguínea que los nacidos por cesárea y que los prematuros. El Dr. M. Straker ha afirmado que la frecuencia de los trastornos emocionales y de los síntomas de ansiedad es significativamente más elevado en los niños nacidos por cesárea que en los nacidos por parto normal” (A. Montagu, 1961).

Es cierto que el adecuado comportamiento posterior al parto, en casos de niños nacidos con cesárea, niños prematuros, es capaz de compensar, en un grado suficiente, las carencias vividas en el mismo, de manera tal que, hay niños con una buena vida intrauterina, un parto con cesárea y una posterior continuidad epidérmica compensatoria con madres que vuelcan hacia su hijo todo su amor, les son cercanas en todo momento, acarician, estimulan y miran con ternura. No les acostumbran a llorar y resignarse en la cuna. Atienden sus demandas sin demora, e incluso sino pueden amamantarlo le dan el biberón en sus brazos, mirándole a los ojos acogiéndolos tiernamente en el campo energético de su cuerpo, llevando adelante su evolución y maduración psicoafectiva sin graves perturbaciones y su aspecto, a las pocas semanas del parto, es la de bebés activos con, voz potente, fuertes, mirada brillante y no los bebés somnolientos, excitables y de llanto frecuente, que, como bien dice Montagu encontramos “normalmente” tras un parto de esas características. De la misma manera, un buen parto no sirve de mucho para un recién nacido al que, una vez “venido afuera”, su madre le deja durante horas llorar en la cuna (para acostumbrarlo – resignarlo – deprimirlo), o le amamanta sin contacto alguno, según horarios rígidos y sin emoción. A estos niños “bien paridos”, pero después “mal atendidos” los observamos faltos de vitalidad, con miradas fijas, irritables o adormecidos, quietos en sus cochecitos, “buenos bebés–futuros niños y niñas, hombres y mujeres depresivos–”, faltos de agresividad, sumisos, si bien, incluso su expresión y su aspecto había sido otro muy distinto en el momento de nacer.

En los niños nacidos mediante un parto clásico y en los que, además, les es negado el reencuentro inmediato con la madre y que después serán alimentados rígida y fríamente. Vestidos y bañados por unas manos cada vez más ajenas y distantes, la debilidad, el ensimismamiento, la pasividad, el abatimiento harán presa de ellos definitivamente.

 

 

POSTPARTO

 

“La concepción del "autismo del niño", de su ser replegado en sí mismo que está ampliamente extendida, es errónea. El autismo del lactante es un artefacto causado por la conducta del educador. Es producido artificialmente por la separación estricta del lactante y por la coraza caracterial de las personas que se ocupan de él, así como por los teóricos de la pediatría. Es verdad que la mayor parte de los recién nacidos son mansos y replegados sobre sí mismos. ¿Pero las lordosis y las neurosis de angustia son naturales por el hecho de que están ampliamente extendidas?”(W. Reich, 1951,b).

“La noción de apego y período sensible de apego se da en el período posterior al parto. Madre–hijo están impregnados de endorfinas (hormonas que tienen el rol preponderante en las conductas afectuosas” (M. Odent, 1983).

Como ya hemos ido diciendo a lo largo de estas líneas y aprovechando esta frase de Margaret Ribble: “El contacto epidérmico piel a piel entre madre e hijo se mantiene y van cohesionando una unidad vincular, que va a permitir el desarrollo y maduración psicoafectiva y de los procesos neuronales ”insistimos de nuevo en la necesidad de prolongar la íntima fusión existente entre la madre y el feto, creándose así una continuidad entre la vida intra–extrauterina, de manera que el recién nacido no sienta que se ha roto el “hilo” y viva el desconcierto y la inseguridad que le conducirían a replegarse inmediatamente. Es de gran importancia que el niño viva las caricias, por parte de la madre y del padre, que le posibilitan la estimulación (la piel = sistema nervioso exterior), como es importante que el clima emocional que le rodea sea lo más afectivo y vital posible. Al recién nacido le gusta el movimiento, le gusta el color, disfruta de la música que la madre ha escuchado relajadamente durante el embarazo, ya desde los primeros días busca mirar y seguir los objetos, por lo que desaconsejamos llevarlo a pasear en el cochecito cerrado, siendo preferible llevar a cabo la estimulación ocular que él necesita y busca paseándolo en brazos por la casa, jardín y sitios familiares y luminosos y sobre todo en la naturaleza. Es, asimismo, importante hablarle, susurrarle, mirándole a los ojos. La posición para amamantarle debería ser aquella en la que el niño se sienta más acogido por el cuerpo de la madre, mientras se le mira a los ojos. Reich decía en este sentido en “La Biopatía del Cáncer”: “Atención a mirar al bebé al amamantarlo: el bebé bebe de la madre con la boca y los ojos. Absorbe sensaciones y energía”. ”La vivacidad del niño exige un entorno viviente. No pienso solamente en la vivacidad del lenguaje expresivo de los adultos sino en el movimiento en el sentido literario”.(W. Reich, 1948)

Es importante coger al niño en el momento que él lo pide, nunca esperar que el reloj nos marque el momento de ofrecerle el pecho, el paseo, etc. Durante los primeros días, primeras semanas, la demanda de contacto energético por parte del recién nacido puede ser casi continua, por lo cual es importante que la madre se sienta dispuesta a llevar a cabo esta, a veces, difícil labor, y es recomendable, por tanto que duerma con ella en la cama sintiéndose no separado de ella y succionando el seno siempre y cuando lo necesite; por todo ello es de fundamental importancia que la madre durante este período no realice prácticamente otra actividad que la atención a su hijo y el descanso. En base a eso, puede decirse, que lo deseable sería que durante este período ella se hiciera a la marcha del bebé, en lugar de forzar al bebé a la marcha del adulto.

No olvidemos que a lo largo de las primeras semanas e incluso meses continua funcionalmente el período de gestación. La vinculación madre–hijo sigue siendo necesariamente idéntica. El feto ya parido, continua inmaduro y requiere el contacto estrecho con su fuente de vida (la madre) para asegurar su desarrollo. Deficiencias substanciales a este nivel aseguran el estado de angustia y castración del recién nacido, el pánico a morir, a que suceda algo terrible, etc., que a menudo encontramos en la clínica en tantos adultos y niños

Con respecto al baño después del parto, algunos autores entre ellos A. Montagu desaconsejan el lavado y el baño del recién nacido hasta pasados unos días. Ya en los años cincuenta Michel Silvert, colaborador de Reich, escribía: “No es necesario lavar inmediatamente al niño ya que la vernix caseosa protectora que le envuelve desaparece espontáneamente después de algunos días”(M. Silvert, 1955) y está demostrado que esta capa sebácea que le recubre permite al recién nacido conservar su calor, fenómeno muy importante sobre todo en niños que nacen prematuros o en partos ocurridos en lugares muy fríos.

Las lecturas antropológicas nos ofrecen una rica variedad de estudios acerca de las diferencias con respecto a la maduración de la personalidad en unas culturas u otras, que nos hacen reflexionar necesariamente respecto al tema que nos ocupa: “Las oposiciones subrayadas por Margaret Mead entre la personalidad serena y sociable de los arapesh de las montañas de Nueva Guinea y la personalidad egoísta y agresiva de los mundugumur, que viven en los valles, son muy significativas. Para los primeros, en los primeros meses de la vida, el bebé nunca está lejos de los brazos de un adulto, mujer u hombre; se le da el pecho en cuanto llora, el niño vive rodeado por un círculo de personas sobre quienes puede apoyarse. Por el contrario, al bebé mundugumur se le transporta inmediatamente en una cesta rígida, que le impide cualquier contacto cutáneo y cualquier visión del exterior no se acostumbra a contestar a sus lloros”(M. Odent, 1981).Es por esto que debemos de recuperar la funcionalidad natural adaptándola a la realidad de nuestra propia cultura, a sabiendas de la importancia que tiene este período en la maduración humana. ”El día que los hombres y mujeres se planteen, sobre todo, la felicidad de sus hijos, antes, ya, de su nacimiento, en el nacimiento y después de éste y cuando la administración pública y la organización sanitaria, social y política, tengan en cuenta las necesidades básicas del feto–recién nacido–niño–adolescente; ese día estaremos realizando la profunda revolución que la vida humana necesita para poder sentir la alegría de vivir” (M. S. Pinuaga, 1988).

 

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