FRANÇOISE DOLTO

Una pedagoga cristiana fuera de serie

si Françoise Dolto sigue siendo famosa por sus cualidades en tanto que clínica opor sus aportaciones teóricas, especialmente la imagen inconsciente del cuerpo, la condiciónontológica de su ética es menos conocida. En efecto, ella analizó los Evangelios a la luz delpsicoanálisis, al igual que estudió el psicoanálisis y la educación siguiendo las exigenciasevangélicas. Incluso se podría pensar que su concepción del sujeto humano, dotado de deseo yde lenguaje, enlaza con la de los pedagogos humanistas del siglo XVI y su fervor cristiano. Susnumerosas obras, más de treinta, al reconocer la alteridad propia de cada individuo y lanecesaria tolerancia que de ella se deriva, han esclarecido los derechos del niño y los deberes

: “Estamos preparando, para una vida que no sabemos cómo va a ser,a unos niños que justamente tienen que ser diferentes de nosotros, puesto que han tenidoexperiencias que a nosotros nos eran desconocidas a su edad.” (Dolto, 1985, pág. 330). Deahí, sus críticas feroces hacia nuestro sistema educativo, familiar o escolar, que no desarrollaen el niño los medios de buscar la realización de sus deseos: “Lo importante de la educaciónno es en absoluto el “porqué” sino el “cómo”. (Dolto, 1973, pág. 100) Esto hace precisorecordar que la función del educador no es conducir al niño, sino enseñarle a conducirse.Según ella, el respeto al niño sólo es posible si existe una colaboración entre el adultoy él. Esta concepción implica una responsabilización recíproca, así como una experienciabasada en la vivencia, el ejemplo dado por el adulto. Por lo tanto, no es extraño que noconcediera un valor particular a los métodos pedagógicos institucionalizados: “El adulto dereferencia, cuya forma de vida tiene valor de ejemplo, no pretende ofrecer un método. Elmétodo es la antipedagogía” (Dolto, 1985, pág. 276). Al destacar cómo la especificidad decada individuo es más importante que toda teoría, repetía constantemente que era ridículo“seguir el método Dolto”.Los fundamentos de su pensamiento educativo se acercan a los de los métodos activospropugnados por psicólogos como C. Freinet, o por psicoanalistas como A. Adler o A. S.Neill. En este sentido, su pensamiento educativo coincide también con el movimiento de lapedagogía institucional, inspirada en la psicoterapia institucional (F. Tosquelles). Estabaconvencida de que en cada niño hay un potencial revolucionario que la educación tradicionaltrata de asfixiar.

La imagen inconsciente del cuerpo y la educaciónF. Dolto se basó en la teoría psicoanalítica para el tratamiento de niños y adultos, perotambién basándose en ella desarrolló una teoría personal en torno a conceptos clave, como lasnociones de sujeto, lenguaje, deseo y cuerpo. Es la teoría de “la imagen inconsciente delcuerpo” que explicó detalladamente en toda su complejidad en 1984.La originalidad de esta teoría se basa en la idea de que, al contrario de lo que seproduce en el caso de nuestro esquema corporal, desde el estadio fetal se estructurainconscientemente una imagen del cuerpo, que es “la encarnación simbólica inconsciente delsujeto deseante” (Dolto, 1984, pág. 16). De ahí la idea de organizar lo mejor posible estaevolución de la imagen inconsciente del cuerpo por medio de una educación, unahumanización, lo que ella llamó “las castraciones simbolígenas”.En efecto, esta imagen inconsciente del cuerpo no es única ni estática, sino que secompone de varios elementos (una imagen de base, una imagen funcional, una imagen de laszonas erógenas y una imagen dinámica). Sin entrar en el detalle de cómo se articulan estoselementos, la idea esencial es que existe una vivencia relacional arcaica que marca nuestramemoria a medida que nos estructuramos. F. Dolto coincide con otro psicoanalista famoso,J. Lacan, cuando afirma que esta estructuración sólo es posible a partir del momento en el quetodas estas experiencias arcaicas se verbalizan, es decir, se simbolizan.También las castraciones simbolígenas anteriormente citadas se simbolizan por ellenguaje, a partir de una “palabra castradora” ¿Por qué hablar aquí de castración?Sencillamente porque se trata de una prohibición que favorece “la renuncia a los impulsoscaníbales, perversos, asesinos, «vandálicos», etc.” (Dolto, 1984, pág. 76). Estas castracionesson tanto más humanizantes cuanto mejor informado está el niño de la sumisión de los adultosa estas prohibiciones. A esto se debe también, según ella, que los niños tengan la intuicióncon la que son capaces de reconocer a los adultos con los impulsos arcaicos mal castrados. Eneste caso, F. Dolto recordaba la situación de los adultos que tienen dificultades para admitirque un niño crezca y se haga autónomo, pues a menudo eso quiere decir que siguen estandosometidos a impulsos arcaicos y que no han renunciado a ellos.

De hecho, F. Dolto no reconocía más que una sola ley universal: la de la prohibicióndel incesto. En resumen, no se atenía a ningún principio o código moral teórico puro, y esto almenos por dos razones: la primera se explica por el hecho de que el sujeto humano no selimita al ego, aunque esté representado por la unidad trascendental propuesta por Kant; poreso F. Dolto hablaba a los lactantes, estuvieran en buen o mal estado de salud física opsíquica, sin ocuparse de saber si “razonaban”. La segunda razón estriba en su descubrimientode la falta de unicidad del sujeto humano:

Lo humano es fundamentalmente trino. Para que un hombre nazca no basta con un hombre y una mujer. Desdesu concepción, el niño tiene un deseo de vivir, de crecer. Al deseo de sus padres hay que añadir el del niño quequiere desarrollarse, para hacerse un ser de palabra, responsable [...] Si yo he querido, desde la edad de ochoaños, ser “médico de educación”, es porque había observado lo que ocurría en mi familia cuando se ponía elambiente tormentoso: los niños reaccionaban de inmediato (B. This, F. Dolto, 1980, pág. 10).Como rechazaba toda dominación del sujeto humano, no intervenía nunca de formaimperativa, sino sólo indicativa. Así, estaba en contra de toda moral que pudiera controlar aun sujeto por medio de la obediencia o la imitación. Por ello, en la relación educativa, elriesgo de la alienación del deseo del niño en el deseo del adulto le parecía inevitable; de ahí sudeseo de asegurar siempre una confrontación de los deseos entre los adultos y los niños, pues“si siempre se satisface el deseo, éste muere” (Dolto, 1985, pág. 226).De este modo, el hecho de que no se tome en consideración la palabra y el deseo en latríada familiar, llevó a F. Dolto a elaborar una ética educativa.

“Para favorecer su desarrollo, hay que considerarlo en todosu proceso y confiar en el adulto que está tratando de llegar a ser.” (Dolto, 1985, pág. 230)

: “Estamos en los balbuceos de un descubrimiento esencial: que el ser humanoes un ser de lenguaje desde su concepción; que hay un deseo que habita en todo ser humano;que tiene potencialidades que nosotros apoyamos o «negativamos».” (Dolto, 1985, pág. 415)

Tanto, que toda violencia en torno a esta búsqueda de contacto causa un trauma, una “microneurosis precoz”. Esas cosas no dichas y esos malentendidos suelen afectar a la autonomía deldeseo del niño, contribuyendo a que se produzcan trastornos afectivos, incluso psicológicos.

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