NATALIA LOPEZ MORATALLA Amor a la Vida Naciente

 

El amor a la vida naciente

 

«El amor puede ser mandado porque antes es dado» (Deus Caritas est, nº14). Existe una singular y radical diferencia entre quienes generan produciendo y quienes procrean engendrando.>>

1. «El amor puede ser mandado porque antes es dado» (Deus Caritas est, nº14).

El mandamiento «amaras a tu padre y a tu madre» tiene una especial textura humana. Es tan connatural con el hombre que constituye la bisagra de las dos tablas de la ley que recibió Moisés: la primera con el mandato de amar a Dios y la segunda de amar a los demás. ¿Es posible que estemos abocados a perder el sentido del «dulcísimo precepto», como se ha llamado al cuarto mandamiento? Ciertamente, su enorme calado humano está en peligro. Así lo manifiesta el cambio importante del lenguaje que se ha dado en la cultura del hombre autónomo. En este lenguaje el término procreación se sustituye por el dereproducción para describir la profunda relación personal de amor paterno-filial que lleva consigo la transmisión de la vida humana. Ambos conceptos no son necesariamente excluyentes: cada persona, que es engendrada en el amor de sus padres, y aparece en un momento singular y concreto de comienzo, es al mismo tiempo creada por el Amor del poder creador de Dios, que le llama a la existencia desde la eternidad.

Sin embargo, desde que la humanidad optó por igualar de modo arbitrario engendrar los hijos con generarlos mediante producción, tras cada uno de esos términos resuena una diferente concepción del hombre, un modo distinto de entender el mundo natural y de valorar la intervención manipuladora de la vida naciente, de la vida humana en sus orígenes. Esta cuestión es de gran importancia. Muchos, en la pasión obsesiva de emanciparse de toda atadura, reniegan de deber a alguien su existencia. Optan por una forma de emanciparse definitivamente de su naturaleza, de su condición de criatura. Quieren unaautonomía incompatible con la realidad de su ser natural que tiene su comienzo en el engendrar de sus progenitores. Y la técnica de nuestros días ha permitido separar fácticamente el acontecimiento natural y personal de la unión de un hombre y una mujer del fenómeno puramente biológico.

Apoyándose en la necesidad que rige en el dominio de lo biológico, se reduce la procreación a mera reproducción programada racionalmente, de acuerdo con los intereses de terceros. Los nuevos hombres son confeccionados en el laboratorio para cumplir convenientemente su misión; y como resultado de un ajuste de necesidades los planificadores han de dar cuenta del producto final a los que realizan el encargo. Por esa eficiencia intrínseca de la fecundación de los gametos masculino y femenino, ponen en la existencia a esos seres humanos. Obviamente Dios está en el origen; es garante de la dignidad de la persona, sea como sea la forma de su comienzo a la existencia; es su Amor quien llama a la existencia a todo hombre. Los planificadores ni llaman ni eligen; confeccionan el cuerpo, siempre de varios hermanos, y se arrogan seleccionar por eliminación. Una selección siempre injusta, incluso cuando no fuera caprichosa y dictada por preferencias arbitrarias.

Los planificadores, tanto asistentes como asistidos en la reproducción, confeccionan. Por  ello, en rigor, se les puede exigir cuentas de esa existencia que se ha generado en la eficiencia de la reproducción. Más adelante el nacido les podrá exigir cuentas de por qué le pusieron en la existencia, por qué ya existiendo tuvo que pasar pruebas de cuyo resultado dependió que se la ganara o perdiera, y hasta de por qué en esas pruebas tuvo que ganarse su existencia en competencia con otros hermanos. Si el nacido tiene dificultades de relaciones personales, o simples limitaciones físicas, o defectos podrá pedir cuentas de porque se le negó el hábitat materno en esos primeros días de su vida en que tanto la necesitaba y permaneció entre cristales o en el frió de la congelación.

Existe una singular y radical diferencia entre quienes generan produciendo y quienes procrean engendrando. Éstos pueden decir con verdad al hijo “no te hicimos, nos amamos y tu existencia es don fruto de ese amor”. Una diferencia con la producción que conlleva una mentalidad dura y quien sabe si no llevará a perder lo más humano de la vida: la fuerza de los lazos naturales familiares que atan y unen en las corrientes del rio de la vida.

Este cambio de lenguaje -reproducción por procreación- tiene una cierta resonancia de la rebelión del primer hombre y la  primera mujer que no se fiaron del amor de Dios que les puso en la existencia, sobre la Tierra. Ellos, los dos primeros seres humanos, que no tuvieron padres humanos, son los primeros padres de todos los hombres al recibir el mandato del «crecer y multiplicaros».Ellos iniciaron la familia humana en su amor mutuo. «En el principio», Dios ordena a Adán y Eva transmitir vida humana en la unión  por la que se «se hacen una sola carne»; les encarga engendrar en un acto de reconocimiento mutuo personal. De esta forma y para siempre, en esa unidad de los cuerpos personales de un varón y una mujer los hijos son engendrados.

«Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf 1Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro» (Deus Caritas est, nº1). La llamada a la existencia por el poder del Amor creador de Dios está siempre garantizado para cada hombre. Como está, aunque en otra medida, garantizado  el amor de un padre y una madre a su hijo. Pero al hijo no le basta que le quieran a él. Es un derecho de cada hombre tener el origen en el amor de los padres entre sí. Restárselo es ofenderle. Por ello podría en este sentido ser solicitado, pero no mandado, el amor al padre y a la madre. Y si se pone en peligro el mandato de honrar padre y madre, se debilita o oscurece la relación filial con el Padre de quien procede toda paternidad. Una cultura así genera violencia y muerte: el amor sólo puede ser mandado si antes es dado.

2. Cada persona humana tiene su origen en el ámbito de un amor dado primero.

Los padres humanos son primariamente causa eficiente, pero tienen confiado participar, al engendrar, en la creación de la nada que es exclusiva de Dios; creación que causa la criatura. No sólo dan comienzo al cuerpo, sino que es unacon-creación que causa el origen del hijo: el mismo sujeto que es engendrado es creado directamente por el Amor de Dios, «a su imagen y semejanza». Los padres están en el origen de la existencia de esa persona singular que es el hijo.

La biología nos aporta el sentido propio del comienzo del cuerpo de cada hombre. Como en todo individuo la fecundación causa eficientemente la actualización de la información genética heredada de los progenitores en una peculiar unidad celular, el cigoto. En él está todo el individuo en la etapa de comienzo y, por tanto, tiene en acto todas las potencialidades propias de esa etapa y sólo ellas. Es un verdadero cuerpo de un miembro de la estirpe humana con el trazado de los ejes corporales ya incoados, asimétrico, e indivisible. La génesis de todo individuo tiene una dinámica epigenética que trascurre en el tiempo, de lo simple a lo complejo, por retroalimentación de la información. La génesis de cada individuo animal está pautada por la eficiencia de la materia viva y por ello no es fin por sí mismo. Está en función de la especie y ésta finalizada en la unidad del mundo vivo donde se manifiesta una tendencia hacia la complejidad. También la biología humana muestra el plus de complejidad de cada cuerpo humano que le permite estar abierto a más posibilidades que las que la biología ofrece. El elemento nuevo, apertura o relacionabilidad, no es simplemente más información genética ni epigenéticasino potenciación de la dinámica del único principio unitario. Un dinamismo vital abierto a la relación personal y que no crece en paralelo al desarrollo corporal. Dicho de otro modo, ese plus no es “otro” principio; el principio vital único de cada hombre está intrínsecamente potenciado por la capacidad de relación personal que posee; está reforzado con libertad. El carácter personal de cada miembro de la estirpe humana es un “vivir más”, que no es simple vida biológica más compleja, sino biografía personal, liberación del encerramiento en lo biológico.

La biología humana muestra también que el engendrar humano está liberado del automatismo biológico de la reproducción animal. La transmisión de la vida humana no está en función de la especie; ni ajustada por el instinto, ni reducida a los individuos mejor dotados por la biología, ni pautada por selección natural a la adaptación al entorno. La menstruación femenina es el único signo externo percibible del ciclo femenino de fertilidad, a diferencia de los animales en que el tiempo de la fertilidad es advertida por cambios físicos y de comportamiento que marcan el reclamo instintivo. Es un signo oculto para el automatismo biológico y sólo racionalmente puede ser buscado y conocido, haciendo de la paternidad-maternidad un proyecto personal de uno y una.

De forma natural se da la coincidencia intrínseca del gesto de expresión natural del amor sexuado con el gesto que hace potencialmente fecundos a un hombre y una mujer. El impulso de unidad que aparece entre un varón y una mujer que se aman, los conduce hacia la unidad peculiar de la una caro. Por ello, la fecundidad humana se vincula expresamente con el amor entre un hombre y una mujer y esa unidad es reflejo de la Causa final de la criatura que es concebida. La eficiencia que se origina es esencialmente dependiente de la unión, que es por sí misma, bondad, finalidad, telos para la criatura engendrada.

Los procesos que tienen lugar en la unión sexual de una varón y una mujer, tienen unidad natural de sentido en dependencia del amor que es el impulso natural de esa unión, que es entrega mutua. El hijo está “en causa” final en el abrazo de los padres y llegará a la vida en un momento concreto, pero siempre inmemorial, por la causa eficiente de los procesos temporales de la generación. Esos aspectos son mecánicamente separables, y cuando se pretende la separación hay que confiar la eficiencia a alguien capaz de hacerla técnicamente. Esas causas eficientes serían los demiurgos, los cuales por ser pura eficiencia, son esencialmente distintos de la causa final, es decir del bien de la persona generada, son necesariamente ajenos a la bondad. Una cultura en que la confianza se pone en los demiurgos el amor no es dado primero y por ello no puede ser mandado, ni exigido, ni esperado

3. Cada uno es llamado a la existencia en el amor de los padres.

«A la imagen del Dios monoteísta corresponde el matrimonio monógamo. El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo» (Deus Caritas est, nº11). La alianza entre Dios y los padres lleva a reconocer que los padres deben vivir una entrega mutua completa, que refleje adecuadamente, con el lenguaje del cuerpo sexuado, el Amor con que Dios ama primero a cada uno de los hombres. 

La alianza que Dios establece con los padres constituye a éstos en una imagen propia y específica, única, de Dios en cuanto creador de la persona singular. Es en ese ámbito personal e íntimo, en el espacio procreador que crean los cuerpos personales unidos, es en el que Dios moldea e insufla el aliento, libertad, que torna eficaz un nuevo comienzo humano. Dios moldea al elegir, “desde la eternidad” a la existencia a ese hijo concreto de ese padre y esa madre entre las infinitas combinaciones posibles de los gametos de sus cuerpos. En la  libertad de la naturaleza, en la libertad de un comienzo procreado, el hijo es fruto del amor con-creador y es recibido gratuitamente por ser quien es, sea como sea. Solo Dios puede dar cuenta de esa elección. Y así, es el Amor y con él, el amor aliado− el garante último del valor absoluto de cada miembro de la estirpe de los hombre. Es elegido él y no otro.

Cada ser humano es un nuevo comienzo con una identidad propia causada por la  combinación genética aportada por los gametos concretos de sus progenitores que se encontraron y fundieron. La estructura informativa, o patrimonio genético, que da la identidad genética es como el precipitado material de la identidad personal, de la llamada a la existencia a ese ser humano en concreto. Por ello la dotación genética es signo de la presencia de la persona.  Dios insufla libertad y hace viviente humano, persona, el barro de la tierra modelado a carne humana. Cada hombre tiene su origen en el poder del Amor a él mismo por él mismo. Todos iguales en origen. Todos desiguales, y únicos, en cuanto al comienzo en un tiempo concreto, desde un barro concreto modelado a cuerpo propio de cada uno.

Es característico de la modernidad el esfuerzo por la emancipación de la eficiencia (el aspecto procreador en este caso) respecto de la finalidad, que es el aspecto de unidad, de bien, de causa final. Ciertamente, hay un instinto fundamental que hace que cada ser humano experimente un impulso de amor y de protección respecto de los seres que ha procreado. En esto la persona humana se encuentra en una situación que se reconoce análoga a la de tantos animales en los que se advierte muchas veces un instinto fortísimo de protección a las crías. Los hijos no son un derecho de los padres humanos aunque hayan sido engendrado por ellos; no son de ellos como una posesión. o como un simple objeto de dominio. Es Dios quien llama a la existencia a esa persona concreta y singular y encarga a los padres engendrarle. Por todo ello, ser engendrado en la libertad de la naturaleza es un derecho y no algo neutro para el concebido. La relación personal de los padres al engendrar forma parte crucial de la identidad del hombre e incluye la identidad biológica heredada sin condiciones, pero que es mucho más.

La relación del hijo engendrado con los padres es análoga a la relación con Dios: fruto de amores personales. Por constituir una alianza tan absolutamente singular con Dios, participan, en la mirada del hijo, del carácter de aquello que no es elegible ni pagable. Los padres se encuentran al nivel de las condiciones de la propia existencia, es decir, de aquello que siendo necesario para vivir, no es disponible al arbitrio personal. De aquello de lo que un hijo no puede pedir cuenta. Es el ámbito de la piedad filial.

4. La llamada a la existencia exige respuesta.

Toda criatura humana tiene que responder a la llamada; le compete aceptar su propia creación. La persona humana es creada por una llamada, es decir, se constituye como respuesta a una llamada, y por tanto se constituye como tensión hacia un fin que ha de ser asumido personalmente. La realidad personal tiene un carácter itinerante ya que la vida recibida es don y es tarea. La vida no le viene resuelta por la biología, a ningún hombre. Su peculiar fisiología está indeterminada en su acontecer biológico y abierta a la acogida familiar. Solo con esa acogida se desarrolla, asume la llamada y responde y alcanza la plenitud personal a que está llamado. Desde la visión mecanicista la persona no es más que un mecanismo sofisticado, en el cual se pueden inducir determinadas influencias para completar la deficiencia que tiene en su origen. Y así, se supone que con el desarrollo corporal y las relaciones culturales y sociales emerge laautoconciencia.

Sin embargo, la conciencia no emerge sino despierta. Se ha estudiado con profundidad la experiencia humana del despertar de la subjetividad, como respuesta a la mirada amorosa maternal-paternal. El niño reconoce esa mirada de aprobación y responde con la sonrisa. Lo primero que conoce es la otra persona, la mirada que le afirma, y es en ese reconocimiento como despierta a la vida consciente. La conciencia de la subjetividad, del  yo, se despertara más tarde; sin embargo, aunque yo no pueda recordarlo, la existencia de mi persona se retrotrae hasta ese origen. 

El niño se reconoce a sí mismo como fundamentado en el amor; percibe que ha entrado en el mundo como fruto de un amor, es decir, que ha recibido la existencia de un modo absolutamente gratuito: el amor de Dios a él y la alianza de Dios con el amor de sus padres. Lo amorosamente gratuito es la propia existencia, el regalo esencial es el ser mismo. Esto es lo que permite a la persona encontrarse en un mundo esencialmente favorable y que necesita para vivir personalmente.

La acogida amorosa maternal-paternal es símbolo real del acto creador de Amor creador  y aporta la confianza en que el mundo, el fundamento de su existencia, está cargado de sentido, de bondad, de armonía. A los padres corresponde transferir la respuesta del hijo hacia el amor de Dios. Los lazos familiares crean el ámbito de aprendizaje para la vida que abarca no sólo el derecho elemental a la vida, sino todas aquellas condiciones que posibilitan la vida humana: relaciones personales, comunicación, cultura, historia, etc. Éste es un ámbito importante, porque el reconocimiento de la propia historia es condición imprescindible para el reconocimiento de la propia identidad. Gracias a las tradiciones sabemos quiénes somos, y como responder.

¡Honra a tu padre y a tu madre! puede sernos mandado. Es un mandamiento.

Natalia López Moratalla

 natalialm@unav.es

 Arvo Net, 2006

RELACIÓN CON LA MADRE Y AUTONOMÍA DEL EMBRIÓN

Conocer biológicamente el apasionante diálogo entre el embrión y su madre durante la gestación podría dejar mudos a quienes niegan la  individualidad y autonomía de éste. El embrión crece como un ser propio independiente en el cuerpo de su madre, y sin que ella lo rechace, gracias al diálogo molecular entre la gestante y su hijo desde el inicio del embarazo. Ambos viven así en una simbiosis perfecta durante nueve meses.

Desde el primer día de vida se desarrolla un diálogo molecular entre el embrión y la madre. Mientras éste atraviesa las Trompas de Falopio maternas, envía avisos moleculares y la madre responde, produciendo varias sustancias que permiten el crecimiento del embrión y le inyectan toda la vitalidad que necesita porque, durante los 5 primeros días de su vida, no dispone de más energía que la guardada en el óvulo. Las moléculas de superficie, complementarias de las del embrión, le permiten a éste rotar a lo largo del recorrido y le indican el lugar donde debe detenerse para anidar.

Además, este diálogo molecular convierte al sistema inmunológico materno en tolerante hacia el embrión, mitad materno y mitad paterno. Este clima de tolerancia inmunológica creado en el diálogo molecular hace que las defensas de la madre se desactiven contra lo extraño, y que la madre perciba al embrión sin rechazarlo, a pesar de no ser algo propio sino diferente de ella, anulando las señales de peligro que activarían sus defensas. 

Este proceso biológico natural de tolerancia inmunológica tiene lugar a través de una red de sustancias que liberan armónicamente madre e hijo y que actúan localmente silenciando todas las células maternas que generarían el rechazo natural hacia lo extraño: las denominadas células “asesinas naturales”, los linfocitos T, tóxicos para las células extrañas; y los linfocitos B, que producen los anticuerpos de rechazo.

La gestación se convierte así en una convivencia de dos vidas: el hijo no es una parte de la madre ni tampoco un injerto, que sería rechazado.

 

Dos vidas intercambiando células

Uno de los últimos avances en la investigación ha descubierto el fenómeno del microquimerismo fetal. Se trata de un intercambio de células entre madre e hijo durante los nueve meses del embarazo, que hace que algunas células madre de la sangre del feto y la placenta, que son pluripotenciales (pueden transformarse en cualquier tipo de célula), pasen a la circulación de la madre y viceversa.

Por este intercambio, los órganos de la madre contienen células procedentes del feto que ha gestado (de 2 a 6 células por mililitro en la sangre). Estas células fetales jóvenes pasan a la madre e incluso se guardan en la médula ósea formando parte de la reserva natural de células que todos tenemos. Por ser más jóvenes que las de la madre, estas células del embrión, tienen una gran capacidad de autorrenovación y colaboran con las células madre adultas en la función regenerativa del cuerpo de la mujer. Existen datos de la participación de estas células en la reparación del corazón de madres que padecían cardiopatías. Al analizar esas células del corazón se observó que contenían el cromosoma Y, exclusivo del varón, y por lo tanto eran células que provenían del embarazo previo de un niño.

Se ha comprobado que estas células se traspasan a partir de la cuarta semana y que luego la mujer las conserva toda la vida. Este descubrimiento puede tener importantes aplicaciones clínicas porque son células diferentes que conviven en armonía.

Toda la información biológica expuesta evidencia que la relación del embrión con la madre no supone carencia de autonomía como individuo. La gestación aporta, a manera de nicho natural, las señales moleculares y celulares necesarias para las etapas del desarrollo del embrión. La relación con el medio difiere en las diversas etapas de la vida del individuo sin que suponga en ninguna de las etapas diferencia de entidad ontológica.

 

Yo sin mi cuerpo

Investigaciones recientes en Neurociencia apoyan la hipótesis de que, si bien el estado consciente es una propiedad emergente de la actividad neuronal, es el sujeto, liberado del encierro en el presente, quien asume el control del código del tiempo.

La conciencia relaciona el yo con las experiencias de los sucesos y reconoce la propia identidad personal a través de la sucesión temporal de las vivencias del pasado, el presente y un presagio de futuro. Lo que indica que el yo posee una estructura temporal somatizada en el cuerpo, y que las personas perciben el yo dentro de sus límites corporales. Sienten el cuerpo como suyo y toman conciencia del entorno a partir de la perspectiva corporal: “yo siento, yo pienso, yo recuerdo, yo decido”.

 Pero en circunstancias excepcionales -como son las experiencias de quienes has salido después de un breve tiempo de paro cardiaco-, la percepción continua de si mismo, la mismidad, se da separada de la percepción del cuerpo. ¿Cómo es posible?

 

La investigación científica sobre la conciencia del yo se enriquece con el análisis de otras formas de conciencia, que tienen en común una des-sincronización de los procesos sensoriales. De especial interés, y gran actualidad, son los estudios acerca de las experiencias del “yo sin mi cuerpo”, un estado especial de conciencia que incluye la sensación de estar fuera del cuerpo, observándose así mismo desde una altura y volviendo conscientemente después al cuerpo. Se trata de una de las vivencias que forman parte de la experiencia de la inminencia de la muerte con idénticas características en personas de todas las culturas y todas las épocas.

Más aún, es universal también que tras esas experiencias, se produzca un cambio en las formas de entenderse, entender la vida y la relación con los demás. Esta experiencia de eventos conscientes, recordados después, mientras las personas están clínicamente muertas por un paro cardiaco, plantea que existe más conciencia y memoria de lo que puede ser explicable solamente por una buena integración de actividad neuronal.

La conciencia de la propia identidad, como sentimiento consciente, necesariamente anclado al cuerpo en condiciones habituales, no lo está en otros estados de autoconciencia, lo que apoya que ésta no se confunde ni se identifica con los procesos neuronales.

Se ha analizado ampliamente la experiencia del “yo sin mi cuerpo” en personas que han sobrevivido a una parada cardiaca de pocos minutos de duración. Los pacientestienen un claro aumento de la conciencia, recuerdan después con nítida memoria, mantienen su auto-identidad, conocimientos y emociones intensas. Este tipo de experiencias extracorpóreas supone la disolución de la sensación de unidad en el cerebro entre las dos representaciones corporales, y una debilitación de la conexión entre tales representaciones y las del entorno espacial inmediato.

Los pacientes ven un segundo cuerpo propio en el espacio corporal extrapersonal y se identifican y localizan en uno o en otro. La localización extracorporal y la identificación de sí mismo en el cuerpo ilusorio es completa en las experiencias de “yo fuera de mi cuerpo” que miles de personas relatan haber tenido en situación de muerte inminente.

Esta experiencia, no puede ser reducida, afirma Lomme a la imaginación, miedo a la muerte, alucinaciones, psicosis, uso de drogas o deficiencia de oxigeno en el cerebro, sino que significa una continuidad de la conciencia en el tiempo. Para otros es una alucinación más, aunque no es fácil de explicar. La naturaleza subjetiva y la falta de un marco de referencia para esta inefable experiencia hacen que el vocabulario usado para describirla dependa del individuo, de su cultura y religión.

Así, lo que estas experiencias ponen de manifiesto es que la conciencia puede ser experimentada en otra dimensión aparte de nuestro espacio-tiempo convencional, en la cual todos los eventos pasados, presentes y futuros pueden ser observados simultánea e instantáneamente. La identificación conciencia-cerebro resulta restrictiva para el intento de explicar el significado de estos fenómenos

 

La ley europea falla a favor del embrión humano

El pasado 18 de octubre, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TUE), dictaminó que las células madre obtenidas a partir de la destrucción de un embrión humano no se pueden patentar, aún y cuando se utilicen con fines científicos y no comerciales o industriales. Esta decisión -basada en la «dignidad del embrión humano»- abre un precedente judicial importante para el movimiento en favor de la vida: La sentencia confirma con la ley lo que la biología con la investigación científica: que el zigoto resultante de la fecundación es un individuo humano de nuestra especie con un titular propio y una trayectoria vital única. Y esta realidad nadie la cuestiona. Lo que aún queda por resolver, una vez limitadas las patentes que conlleven la destrucción de embriones, es qué pasará con los millones de embriones que se fecundan in vitro para paliar problemas de fertilidad. Vidas que se generan en el laboratorio, se manipulan, se seleccionan, desechan, congelan… Es evidente, desde todo punto de mira, que el resultado de una fecundación, lograda a partir de gametos humanos, es un individuo de nuestra especie. Se entiende que Greenpeace pidiera a la justicia alemana la nulidad de la patente de embriones humanos, y que el Tribunal Federal de Justicia alemán planteara una consulta al tribunal europeo, quien finalmente ha emitido una sentencia acorde con esta realidad. Tan sólo diez años atrás, se creía que los embriones en sus primeros días eran un conjunto de células prácticamente iguales entre sí y prácticamente iguales al zigoto del que procedían; y que únicamente después de implantarse en la pared del útero, las células adquirían “destinos” diferenciados, determinados por su posición en el embrión, y que determinaban, a su vez, su posición en el futuro cuerpo. Y en ese punto del debate se han situado los experimentos con embriones humanos. Sin embargo, la realidad del embrión es muy distinta: El zigoto es asimétrico. Y esa asimetría viene marcada en el primer instante de la fecundación por el punto en que el espermatozoide alcanza al óvulo fijando ya los ejes corporales: el dorso-ventral y el eje cabeza-cola. Todo el desarrollo posterior sigue las orientaciones dadas por los ejes corporales. Con la fecundación se produce un “encendido”, una puesta en acto, de la expresión de la información de los genes, que son el patrimonio del nuevo individuo. El zigoto es pues mucho más que la suma del material genético aportado por sus progenitores. Es el genoma de un nuevo individuo en situación de arranque a vivir. Embrión de ocho células Las técnicas de fecundación in vitro han dejado clara la radical diferencia que se da entre el individuo de nuestra especie en sus etapas primeras etapas, ya sea el unicelular de zigoto, ya el de embrión de dos, tres, o muchas más células-, y entre una célula humana joven cualquiera, o una masa ordenada y organizada de células que carecen, sin embargo, en uno y otro caso de la unidad propia de un ser vivo. Sin embargo, a pesar de que todas esas realidades no son corporales y no pueden dar lugar a un desarrollo más allá de unas pocas células, la sentencia del Tribunal Europeo las incluye entre lo no patentable: no es un ser humano pero sí son materiales humanos. La sentencia plantea otra cuestión. Deja la puerta abierta a patentar un procedimiento si de él se deriva una terapia o un diagnostico a favor del embrión. Hay que afirmar que aunque alguno piense e insista en esa posibilidad, hoy por hoy es más que dudoso que una célula sacada del embrión, y cultivada en el laboratorio y crioconservada pueda llegar a paliar una enfermedad degenerativa cuando nazca y sea adulto. En cuanto al diagnóstico genético previo a la implantación (DGP), realizado a los embriones generados in vitro para detectar los que sean genéticamente anormales, o que presenten predisposición genética a algún tipo de tara, pasa ahora por su peor crisis. La prueba requiere la extracción de una célula a un embrión de 8 en su tercer día de vida. Los errores son demasiado frecuentes, ninguna otra prueba pasaría el baremo de rigor mínimo, y existe una enorme indefinición de cuáles son las indicaciones para hacer tales diagnósticos. Se replantea con toda su crudeza la realidad de que el DGP sólo sirve para desechar embriones supuestamente deficientes y no para curar enfermedades. Además, las posibles consecuencias que esta prueba podría tener en el embrión al realizar la biopsia se suman a los riesgos de graves daños que hoy sabemos que sufren los embriones manipulados, ya que se desarrollan in vitro durante unos días sin comunicación con las trompas uterinas de la madre, y que los gametos de los progenitores se fecundan fuera del cuerpo de la mujer, muchas veces incluso, careciendo alguno de ellos de capacidad fecundante, forzando su unión en el laboratorio. El hecho de que la biotecnología nos permita acceder al embrión en sus primeras fases de vida, por estar in vitro, no puede diluirse para legislar sobre el embrión humano como si se tratara de algo valioso por sí mismo, pero disponible. Incluso cuando del recurso de disponer de él para avanzar en los diagnósticos deviniera un bien para la salud del propio embrión patentado. El embrión in vitro y el embrión in situ, en la madre, es la misma realidad.

 

. Desde su primer día el embrión y la madre se envían señales. ¿Cómo se desarrolla esediálogo molecular?

 

En este proceso el embrión envía señales (moléculas de interleuquina IL-1) que reciben losreceptores específicos de las Trompas. Como repuesta, las Trompas producen varias sustancias:a) Los llamados factores de crecimiento (CSF-1, LIF), que permiten el desarrollo embrionario.Concretamente el factor LIF, por tener receptores en las células del trofoblasto (la envoltura)del embrión, hace posible que sus células formen parte del sistema inmune en esta etapa degestación. Es decir, el trofoblasto empieza a actuar como la piel del embrión.b) Unas moléculas de superficie, complementarias de las de la piel del embrión, que indican elrecorrido que debe seguir el embrión por las Trompas y el lugar donde debe detenerse paraanidar.c) Los conocidos como factores de supervivencia (inhibidores de la apoptosis o muerte celularprogramada), que inyectan la vitalidad que el embrión necesita porque, durante los 5 primerosdías, no dispone de más energía que la guardada en el óvulo.Tras este primer diálogo molecular, hay 3 momentos de especial intensidad en la comunicaciónmaterno-filial por el contacto directo, que ya no es de células, sino de tejidos:Días 6–7: el blastocisto se introduce en el epitelio uterino (superficie interna del útero), dondeinicia la anidación. Por tanto, se produce un contacto físico directo entre tejidos.Días 7–9: en su penetración en una segunda capa del útero (el endometrio), el embrión liberasangre de vasos capilares de la madre para recibir la energía necesaria mientras no disponga desangre propia. La autonomía de disponer de sistema circulatorio propio se alcanza en la 3ªsemana.Día 15: a partir de ese día se organiza el sistema circulatorio, gracias al flujo de sangre maternaque llega a través de la placenta.5. ¿Cómo es el proceso biológico natural por el que las defensas de la madre contra loextraño se desactivan a petición del embrión?En una etapa posterior se establece un diálogo molecular que convierte al sistema inmunológicomaterno en tolerante hacia el embrión (4). La tolerancia inmunológica se activa a petición delembrión, a través de una red de sustancias que liberan y actúan localmente y silencian todas lascélulas maternas que generarían el natural rechazo hacia lo extraño: las células denominadas“asesinas naturales” (NK o natural killers); los linfocitos T, tóxicos para las células extrañas; y los

linfocitos B, que producen los anticuerpos de rechazo. Aunque el embrión, 50% materno y 50%paterno, resulta extraño a la madre, la atmósfera de tolerancia inmunológica creada en el diálogomolecular hace que la madre perciba al embrión como algo no propio y, sin embargo, sin señalesde peligro que activarían las defensas.A petición del embrión, la inducción de tolerancia inmunológica en la madre hace de la gestaciónuna simbiosis de 2 vidas: el embrión no es una parte de la madre ni tampoco un injerto, que seríarechazado de forma natural por ser algo extraño que conlleva 

Microquimerismo: la madre guarda memoria de cada embarazo como células madrefetales.

Un novedoso campo de investigación pone de manifiesto el microquimerismo maternal: losórganos de la madre contienen células procedentes del feto que ha gestado. Por ser la gestaciónuna simbiosis de 2 vidas, algunas células madre de la sangre del feto y su placenta, que sonpluripotenciales, pasan a la circulación materna. Se almacenan en nichos, especialmente en lamédula ósea, y se dispersan en los órganos de la madre: piel, tiroides, hígado, riñón, glándulaadrenal, pulmón, etc. (10). Estas células del feto se denominan progenitores celulares asociadasal embarazo (PAPC) y están presentes en la sangre materna en una proporción de 2 a 6 célulaspor mililitro.Por su origen fetal, las células PAPC tienen una gran capacidad de autorrenovación y colaborancon las células madre adultas en la función regenerativa del cuerpo de la mujer (11). Hoy existendatos de la participación de esas células, por ejemplo, en la reparación del corazón de madresque padecían cardiopatías. Hay constancia del microquimerismo fetal al hallar la presencia decélulas de feto varón convertidas en cardiomiocitos de la madre. 

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Natalia López Moratalla: “Científicamente, el aborto es malo”

entrevista concedida por la doctora Natalia López Moratalla al diario de Guatemala PrensaLibre.com

La doctora Natalia López Moratalla trabaja con la subcomisión del Parlamento de Diputados de España, para impulsar una ley sobre el aborto. Vino a Guatemala para participar en la lección inaugural del año académico 2009 de la Universidad del Istmo. En esta entrevista habla sobre cómo es visto el aborto desde estudios científicos recientes.

Según López Moratalla, el aborto es dañino para la mujer además de que destruye una vida humana.

¿Usted está a favor o en contra del aborto?
Totalmente, en contra, porque científicamente se ha demostrado que la vida humana empieza con la concepción. El embarazo desarrolla en el cerebro de la madre un vínculo de apego con el bebé. La naturaleza la prepara para eso. Hay documentación científica del daño que sufre la mujer por un aborto.

¿Cuáles son los mayores traumas en una mujer cuando aborta?
Entre los psíquicos están el cambio de conducta ligado a la drogadicción y el suicidio. Una lesión cerebral, como la que sufren los veteranos de guerra o quienes han tenido un accidente dramático. La memoria emotiva queda bloqueada. Esto no le sucede a todas las mujeres, pero quienes lo llegan a padecer tienden a repetir el aborto porque debe volver al escenario una y otra vez. Terminan en el suicidio.

Toda mujer, incluso aquellas integrantes de grupos feministas, que ha abortado reconoce que es un trauma.

El embarazo es positivo para la salud de la mujer, en ese período no hay estrés, ya que tenerlo afectaría al niño. El organismo crea una situación agradable para el ser humano que se desarrolla.

¿Qué pasa cuando la mujer desea abortar?
Siempre está presionada, porque la ha abandonado el padre de la criatura o porque no tiene los recursos económicos para mantenerla. Hay que ayudarla, por medio de políticas sociales, así jamás abortaría.

¿Y cuando hay violación?
Depende de los países. Por ejemplo en España: en seis años ha habido tres violaciones. No se ha demostrado, pero si al trauma de la violación le sumas el del aborto, destruyes a la mujer.

Cuando un niño viene con malformaciones, ¿puede recomendarse un aborto?
Hay que preguntarse si un niño no tiene derecho a ser aceptado por sus padres por estar enfermo, entonces hay que ayudar a ese niño. En España, la Asociación de discapacitados ha planteado a la (Organización de Naciones Unidas) ONU de que es un tema de discriminación y por eso rechazan ese tipo de aborto.

Hay familias con niños enfermos desde el vientre de la madre y viven felices. Me pregunto si deberá hacerse una lista de padecimiento con los que no se puede nacer. Hay soluciones antes de matar a una persona.

Cree que si una mujer conoce los traumas como consecuencia de un aborto, ¿cambiaría de decisión?
La experiencia mundial enseña que si a la mujer se le ayuda y se le dan opciones, jamás lo haría. No existe el derecho al aborto. Los daños provocados a la madre es por una sociedad machista, el hombre nunca tendrá que hacerlo.

Sin embargo, este tema tomó mayor fuerza con la liberación femenina.
Hay un planteamiento mundial pro aborto, lo basa en el derecho de la mujer a su cuerpo, pero científicamente no tiene fundamento, porque los dos —niño y madre— se benefician. A partir de la semana 22, un bebé puede sobrevivir fuera de la madre, sucede con los prematuros. Eso significa que a partir de ese período, el aborto se convierte en un infanticidio.

A partir del primer trimestre, los vínculos entre madre e hijo son más fuertes y por eso los síntomas o consecuencias por un aborto aumentan.

Eso hace plantearnos el aborto no como un derecho de la mujer sino como una violencia contra ella, que es lo que el movimiento por aborto intenta ocultar. Defendemos el informar bien a la mujer.

¿Qué sucede con la píldora de un día después?
Cuando hay una concepción, el embrión tarda cinco días en pasar de las trompas al útero. En ese tiempo se prepara el sitio de anidación. Al tomar la píldora se impide preparar ese colchoncito, el embrión se despeña y muere.

Aborto se define como la interrupción del embarazo. Hay unos que dicen que es al concebir y otros que es en la implantación en el útero. Si se toma como lo segundo entonces la píldora no es catalogada como abortiva.

¿Cómo afecta a una sociedad en la que se legaliza el aborto?
Es un tema de una ideología internacional. Hay una imposición en donde se condicionan ayudas para que los gobiernos sean pro aborto. Es un intento por frenar el crecimiento de la población, en especial en los países subdesarrollados, y en aquellos del primer mundo es como una especie de liberación de la mujer.

Natalia López Moratalla, "Tres razones para optar por obtener células madre", ARVO, 4.VIII.01

El cigoto humano, cuerpo humano

La Unión Europea defiende que el embrión es un ser humano desde su concepción”. Así abría el diario ABC su edición digital el pasado viernes, citando a Yves Bot, abogado general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, dando su negativa a patentar las células madre si para su extracción necesita destruirse o manipularse un embrión.
El dictamen de Bot defiende que las células totipotenciales (óvulo fecundado) tienen por sí mismas « la capacidad de desarrollarse hasta formar un ser humano completo por lo que deben calificarse jurídicamente de embriones humanos», y amparándose en la Directiva Europea prosigue “se debe proteger el cuerpo humano en los diferentes estadios de su constitución y de su desarrollo». Esta conclusión vuelca sobre el tapete de nuevo la cuestión de cuándo y en qué caso se puede afirmar que hay un hombre en proceso de desarrollo.

La respuesta tiene hoy certeza científica: al término del proceso de la fecundación, unas doce horas en el caso humano, aparece un nuevo ser con las características propias del cuerpo humano en estado inicial.
La fecundación es el proceso dinámico y temporal por el que cada individuo se constituye a partir de los materiales aportados por los progenitores. La información genética heredada se retroalimenta con el proceso mismo, por interacción de los genes con los componentes del medio intracelular, a lo largo de las horas que dura el proceso y el resultado, el cigoto, es más que la mera suma, o fusión, de los gametos. La zona en la que el espermatozoide alcanza al óvulo se produce una liberación de iones calcio que regulan todos los procesos de formación del cigoto espacial y temporalmente, estableciéndose los ejes corporales cabeza-cola y dorso-vientre. 

El ADN que forma todos y cada uno de los cromosomas tiene unas marcas químicas diferentes en el material genético de la herencia paterna y de la materna. Durante las horas que dura la fecundación el ADN de ambos progenitores cambia hasta alcanzar el patrón de marcas propio de un nuevo individuo. Y sólo tras estos cambios se inicia la expresión de los genes propios del hijo, que son el patrimonio del nuevo individuo.

El cigoto es la única realidad unicelular totipotencial capaz de desarrollarse a organismo siguiendo la trayectoria vital generada, y, por tanto, un cuerpo en estado de una célula, a tiempo cero. Es un viviente de la especie de sus progenitores con las características propias del tiempo cero de vida. Una realidad que no se confunde con la de una célula viva en un medio que le permite crecer y dar un conjunto de células vivas. Es un cuerpo humano y no una simple célula. Es persona.

Guardamos memoria de nuestro primer día de vida

El conocimiento de que el diseño corporal de los mamíferos comienza a determinarse con la concepción ha supuesto un cambio sorprendente en el pensamiento de la Embriología (1).

Sólo diez años atrás, esta afirmación habría sido declarada una herejía científica. Se pensaba entonces que los embriones de los mamíferos pasaban sus primeros días como un conjunto de células prácticamente iguales entre sí e iguales al cigoto, del que procedían por divisiones simétricas, divisiones de mera segmentación. Aunque se conocía con bastante precisión la existencia de moléculas en las membranas de las células derivadas de las primeras divisiones, que permitían su estructuración y funcionamiento como organismo unitario, se pensaba que sólo más tarde, en el momento de la implantación en la pared del útero, las células adquirían “destinos” diferentes determinando sus posiciones en el futuro cuerpo.

La asimetría del cigoto crea el plano de división celular que organiza el embrión bicelular, según los ejes corporales. De la primera división resultan dos células desiguales, y diferentes al cigoto, que constituyen el embrión en estado bicelular y que seguirán caminos distintos en el desarrollo. Ambas se constituyen en una unidad orgánica al interaccionar específicamente entre sí, a través de los componentes moleculares de sus membranas.

Las dos células tienen diferente concentración de iones calcio, que regulan la información genética y la velocidad de multiplicación celular. Por ello, la célula rica en dichos iones se divide antes, en dirección ecuatorial y genera el embrión tricelular. Más tarde lo hace la otra, en dirección longitudinal. Al filo del primer día de vida el embrión está constituido por cuatro células en una estructura espacial precisa.

Dos investigaciones recientes dan cuenta del primer día de vida. Por una parte, las dos células que forman el embrión bicelular tienen de hecho diferente contenido en los RNA mensajeros (2) , -ácido ribonucleico que determina el orden en que se unirán los aminoácidos-, poniéndose así de manifiesto la asimetría inherente del cigoto.
Las células derivadas de la rica en iones calcio son pluripotenciales, capaces de producir todos los tipos celulares en la medida en que forman parte del embrión. Esta capacidad procede de los genes específicos de la pluripotencialidad, que se activan por el calcio y ordenan a la célula mantenerse indiferenciada, sin definir aún en qué dirección madurar. Por el contrario, las procedentes de la célula pobre en iones calcio comienzan a madurar por la acción propia de los genes específicos del tejido extraembrionario, denominado trofoblástico, que supone una especie de recubrimiento del embrión.

El otro trabajo procede de los estudios de Fecundación humana in vitro (3) . La búsqueda de un criterio que permita conocer si ha habido o no una completa fecundación y diferenciar así los embriones aptos para transferirse al útero, de aquellas estructuras celulares no viables, ha llevado al análisis del tiempo requerido para cada etapa del primer día de vida. En 15 minutos se completa la división del cigoto una vez formado y empezado el proceso de división en dos; 11 horas después el embrión bicelular se ha transformado en embrión de tres. Y una hora después las cuatro células se han situado formando un tetraedro. En ese momento los RNA mensajeros del óvulo aportados por la madre para sintetizar las proteínas de las membranas que unen las células del embrión entre sí, en una unidad corporal, se han degradado ya y han sido sustituidos por los propios del embrión. 

1Pearson H. (2002), Your destiny from day one. Nature 418, 14-15.
2 Roberts, R.M. Katayama M., Magnuson, S.R. Falduto, M.T.. Torres K. E.O (2011)Transcript Profiling of Individual Twin Blastomeres Derived by Splitting Two-Cell Stage Murine Embryos BIOLOGY OF REPRODUCTION 84, 487–494.
3 Wong, C.C, Loewke, K.E., Bossert, N.L., Christopher, Behr,B., De Jonge C.J., Baer, T. M. , Pera, R.R.A. (2010) Non-invasive imaging of human embryos before embryonic genome activation predicts development to the blastocyst stage. Nature Biotechnology. doi:10.1038/nbt.1686.

 

No me extrañan las imágenes que nos han ofrecido algunos informativos el primer día de agosto: políticos norteamericanos, con libros de biología bajo el brazo y proyectando videos que muestran los primeros 3 ó 4 días de vida de un ser humano, mientras debaten del proyecto de ley que podría convertir en delito federal cualquier tipo de clonación con embriones humanos. No me choca que les haya resultado necesario, para poder entenderse y entablar así un dialogo racional, intentar primero aclarase en la maraña de términos biológicos y conseguir llamar con los mismo nombres a las mismas realidades y con diferentes a las que son diferentes.

Estamos en un momento muy importante de las ciencias biomédicas. Sabemos que, con mayor o menor intensidad, los tejidos y órganos de nuestro cuerpo tienen capacidad para repararse y regenerarse por sí mismos y sabemos también que diversas enfermedades, incluidas el Parkinson, el fallo cardíaco, la diabetes, etc., implican una degeneración irreversible de células del cerebro, del músculo cardiaco o del páncreas. Por ello se investigan terapias que permita producir, células humanas intactas tanto in vivo, como obteniéndolas in vitro para posteriormente transplantarlas o inyectarlas al paciente, a fin de reparar los tejidos u órganos que la enfermedad ha alterado. Esta reparación de tejidos se basa fundamentalmente en la utilización de "células madre", llamadas también células troncales, que se caracterizan por poseer una capacidad ilimitada de multiplicarse y sobre todo porque tienen la posibilidad de desarrollarse y dar lugar a las células maduras y diferenciadas que forman tejidos y órganos. Aunque queda un largo camino por recorrer, diversos intentos con ratones, y alguno con humanos, indican que puede ser posible en un futuro no lejano una amplia medicina reparadora.

El dilema está planteado en que existen diversas "fuentes" de células madre con características diferentes: a) los embriones humanos de varios días; b) la sangre del cordón umbilical innecesario para el hijo y para la madre después del nacimiento; c) las grandes reservas naturales guardadas en cada organismo para su propia regeneración, en la médula ósea, la sangre, la grasa, el cerebro y hasta en el bulbo de cada pelo, etc. y d) las células reprogramadas de tal forma que el núcleo y las señales del citoplasma procedentes de dos tipos celulares diferentes, den lugar a una célula "híbrida" del tipo del que necesitara un paciente.

¿Qué fuente deberíamos usar ahora al inicio de las investigaciones como material de trabajo, y ahora y más adelante como material terapéutico? Para todos es obvio, sea cual sea el valor que le conceda a una vida incipiente, que es mejor no destruir embriones que hacerlo. Por eso, para muchos científicos rige la máxima de Einstein: en caso de duda olvidar la ciencia y recordar nuestra humanidad. Es decir, aún en la duda de que pudieran llegar a ser más o menos valiosas unas que otras "fuentes" para la medicina reparadora, emplearse a fondo en la opción que no exige destruir. No se trata de parar el progreso de la medicina frenando un área de la investigación biomédica, sino de liberarse de presiones economicistas e interesadas y confiar en que los caminos menos agresivos, menos invasivos, menos destructores, más naturales y más conservadores de los elementos y piezas del propio cuerpo, son a la corta y a larga mejor remedio a la enfermedad. Aporto los resultados de tres investigaciones con la sana intención de contribuir al rigor de la información científica que constituye la base misma de un debate de los aspectos ético y legal ante un dilema de esta naturaleza.


Las células madre embrionarias algo más que "pluripotentes"

Hablamos de clonación reproductiva cuando se trata de producir dejar nacer y vivir un ser humano (un o una "Dolly" humana), copia más o menos exacta de un adulto; y de momento hay miedo a las posibles malformaciones tras el "mal resultado" de la famosa oveja y por ello, y de momento, nos prometemos no legalizar la clonación reproductiva, y nos recomendamos prudencia. Igual que ella es la clonación terapéutica; se diferencia en que no se dejaría desarrollarse nacer ni vivir al "producto" -un hermano gemelo del nacido años antes y que está enfermo-, sino que tras deshacer el embrión "producto" se toman las células de su interior -las células de la masa interna- para multiplicarlas y reconducirlas, hacia el tipo que necesite el gemelo enfermo, y puesto que son clónicos (genéticamente idénticos) se evitan los problemas del rechazo. Por otra parte, a partir de un embrión de pocos días bien el gemelo del paciente obtenido por clonación terapéutica, o bien a partir, de un embrión que es sobrante de la fecundación in vitro, o que no es sobrante, sino producido intencionadamente a tal fin, se plantea proceder a "obtener de células madre embrionarias pluritotentes" por su enorme potencial. Se nos presenta de una forma simple: no hay más que deshacer un embrión y tomar sus células y cultivarlas; y es más se nos repite con cierta frecuencia -como una matización importante que hay que tener en cuenta en el juicio ético- que las células madre embrionarias pluritotentes no son embriones porque al no contribuir al desarrollo de la placenta, no pueden formar un organismo completo. Pero no. No es así; y no lo digo yo. Lo dicen los que hicieron los experimentos y publicaron por primera vez la "obtención de células madre embrionarias humanas": los investigadores del equipo de James Thompson de la Universidad de Wisconsin en 1998, en la revista Science (en el volumen 282, paginas 1145 a 1147). Estas células del embrión de pocos días (en estado de blastocisto) dan lugar a las células de la capa externa, el trofoblasto, incluso después de varios meses de cultivarlas, capa de la que derivará la placenta. En otras palabras, estas famosas células de partida no son pluripotentes sino totipotentes; no son células sin más sino embriones muy tempranos gemelos entre sí; son capaces, si no se les impide, de dar un nuevo embrión; embrión que si se le permitiera anidar en el útero de una mujer continuaría su vida y nacería. Es pues una clonación embrionaria (algunos la llaman paraclonación para diferenciarla de la clonación de un adulto): la imitación "en serie" del proceso natural por el que algunas veces de una sola fecundación aparecen dos gemelos idénticos. Estos investigadores han llamado a estos embriones gemelos-clónicos, "cuerpos embrioides" y han mostrado cuan laborioso e inseguro es el proceso de encauzar su totipotencialidad natural a convertirse en un organismo completo hacia la pluripotencialidad de convertirse en cualquiera de los tipos de células que forman un cuerpo pero sin su organización estructural y funcional. ¿Y en que se traduce la diferencia entre ser totipotentes o ser pluripotentes a efectos de su futura eficacia terapéutica? Un colega mío lo dice de una forma muy gráfica: pretender encauzar la potencialidad de estas células de dar un cuerpo entero para que sólo den lugar al tipo celular deseado y además lo hagan todas plenamente, es como pretender formar un rebaño de gatos. De hecho al implantarlas en experimentos con animales ratones les han producido teratomas, extraños tumores en los que pueden verse una mezcla informe de tejidos, piel, uñas, etc. Optar por el embrión como fuente supondrá siempre el handicap y riesgo añadido de tener que domeñar una fuerza una potencia mayor que la que necesitamos; será siempre más factible conducir al destino deseado un rebaño de ovejas.


Los embriones congelados que caducan algo más que sobrantes

Hay tres términos con diferente carga emotiva para el mismo hecho: "producir embriones para...".

Uno, producir embriones por fecundación in vitro sólo para investigar, nos lleva a corear ¡no hace falta ese despilfarro humano, tenemos muchos congelados!. El segundo, usar los embriones excedentes que están congelados y sobran en las clínicas de fecundación in vitro para investigar nos lleva rápidamente a gritar ¡que crueldad negarse a que se usen para una investigación tan prometedora si se van a destruir cuando pase el plazo legal de cinco años!. El tercero, producir abundantes embriones aprovechando los óvulos comprados -eso sí a precio meramente simbólico- a jóvenes chicas donantes para producir embriones y de este modo agilizar las largas colas de espera de las clínicas de fecundación asistida, se acompaña de un ¡hay que fomentar la donación solidaria!. En que quedamos: ¿sobran o faltan embriones humanos? Mas aún, si es que sobran ¿porque no dar permisos y fondos monetarios para que los investigadores experimenten con ellos?.

Pienso que la sola idea de unas vidas humanas "excedentes", formando parte de un lote que sobra y no se sabe uno como quitárselos de encima de una forma ética y digna, sugiere por sí sola muchas razones para tomar la resolución de no producir más embriones que los que van a poder anidar en la madre y llegar a nacer y vivir. De evitar que sobren, legislando y modificando leyes si fuera necesario para garantizarlo. Vidas humanas "como medio para" por muy noble que sea el fin no parece buen método médico. No me repugnaría emplear como material para investigación embriones que van a ser en cualquier caso destruidos, pero no lo haría por nada del mundo, porque me repugna que sobren y sigan cada unos años sobrando lotes, y que pudiéramos aportetarlos generosamente para investigar sin que nos preocupe ni que sobren ni el porqué sobran.

De todos es conocido que, en pro de alcanzar una eficacia respetable de las técnicas de fecundación asistida, se ha generalizado, y legalizado en países como el nuestro, inducir a la que desea ser madre una multiovulación: se le provoca que maduren varios óvulos en un sólo ciclo. Es una forma menos molesta para ella ya que en la misma intervención se le toman varios óvulos; después se fecundan, se dejan desarrollarse unos días y se transfieren unos pocos de los embriones al útero para que uno de ellos con la cooperación del resto pueda anidar y el resto se congelan; ese resto pasan a ser sobrantes si la primera transferencia embrionaria tiene éxito y llega a nacer un bebé. En febrero de este año la revista Human Reproduction (volumen 16 y páginas de la 221 a la 225) publicaba un documentado estudio que muestra que los embriones originados por fecundación de óvulos que proceden de una multiovulación tienen más dificultad para anidar y, los que lo consiguen se desarrollan con más malformaciones que los originados por fecundación del óvulo madurado de forma natural en un ciclo; más aún la madre por efectos del fármaco que se usa en estos casos aporta un microentorno menos acogedor y más agresivo al embrión que trata de anidar. Un perfecto ciclo vicioso: para mejorar la eficacia se produce un exceso de embriones y la producción de ese número mayor conlleva que los embriones tienen deficiencias, son menos viables y además tienen que ser congelados, y el útero materno los acoge peor. La recomendación médica de los investigadores es obvia y lo hacen decididamente: no producir múltiples óvulos, sacar uno, o dos, que maduran en un ciclo normal. Esto es, es la ciencia, no sólo la ética, la que indica la conveniencia de que no nos sobren embriones.


Las células embrionarias ni la única ni la mejor esperanza de curar enfermedades

No es fácil, incluso a quien puede seguir la literatura científica en este campo, poder evaluar al día cual de las fuente de células madre (embriones, sangre del cordón umbilical, las de reserva del propio organismo) son las reinas. Es más, estamos intentando memorizar que se ha conseguido de hecho, no en promesa, con cada una de ellas y nos empiezan a hablar del desarrollo de una técnica alternativa a la clonación terapéutica que consiste en fusionar la célula del paciente con una célula "aceptora" adecuada para que se desarrolle directamente al tipo celular que necesita el paciente (la futura fuente de las programada a medida). En el Congreso de la Sociedad Británica de Fertilidad, celebrado el 23 de febrero del 2001 investigadores de la firma comercial PPL Therapeutics, en la que participa también el Instituto Roslin, informaron que habían logrado transformar células adultas de piel de vaca en células madre y las habían convertido en células de músculo cardiaco iniciando un nuevo sistema.

Diferentes fuentes, diferentes puntos de partida -células de animales o de humanos-, experimentos a gran velocidad, diferente impacto social, fuertes cargas emotivas... no facilita demasiado un juicio sereno y riguroso ya que no es fácil tener la información de si las embrionarias son las reinas de las que no se puede prescindir, o si la propia ciencia las ha destronado ya en pro de las de las reservas y los bancos de cordón umbilical. Una muestra: algunos periódicos han dado junto a la información del dilema del Presidente Bush una noticia que según los titulares sirve de argumento a favor de decidir aportar las subvenciones a los centros públicos americanos. La noticia: científicos de Israel han conseguido células cardiacas que funcionan como músculo a partir de células embrionarias. Una buena noticia para los que han sufrido, o temen sufrir infarto de corazón; pero esa noticia no tendría más tinte que de alegría y esperanza si pudiéramos recordar a su vez que en el año 2000 el equipo de Vescovi había demostrado que células madre de adulto se transforman en musculares inmaduras; que estas inmaduras (mioblastos) ya habían sido transplantadas por Beauchamp en 1999 a ratones con corazón dañado fusionándose con el órgano y regenerando la zona dañada; que Clarke ha conseguido regenerar el corazón dañado de ratones transplantándoles las células madre de la médula ósea y que Menasche en el presente 2001 ha realizado con éxito el primer experimento clínico de transplante autólogo de mioblastos a un paciente de 72 años con isquemia cardiaca por una coronariopatía.

Con los datos actuales en la mano las células madre de adulto y del cordón umbilical merecen la corona. Aprendieron a estar en la reserva y al quite de donde puede ser necesitadas para acudir en repuesto con el traje que les corresponda llevar. Son una promesa terapéutica. A las embrionarias les costará siempre perder la incontrolable capacidad que su misión de dar un cuerpo entero les confiere, aunque podamos forzarlas a hacerlo. Leí los "pufos" de la pluripotencialidad de las células sacadas del embrión precoz y de la absoluta necesidad de usar los embriones en la carta de los Premios Nobel al Presidente Bush. Me chocó que firmasen 80 sin haber leído la literatura científica. Busqué la lista y ya no me extrañó tanto: tenían muchos de ellos el Premio por méritos alejados del este campo de investigación, y los había sin Nobel y con intereses muy claros en patentes de células embrionarias humanas; una muestra: Robert Lanza de la Advanced Cell Technology, Inc. De Worcerter, Masdachusetts, no laureado firmaba también la carta.

Natalia López Moratalla
Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular

“Las células madre embrionarias han fracasado”, afirma Natalia López Moratalla

La manipulación y posterior destrucción de embriones para obtener células madre carece actualmente de sentido. “Las células madre embrionarias han fracasado; la esperanza para los enfermos está en las células adultas”, afirmó este martes, 22 de abril, Natalia López Moratalla, catedrática de Biología Molecular del departamento de Bioquímica de la Universidad de Navarra.

La también presidenta de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica, que habló en la Academia de Medicina de Granada sobre Posibilidades y aspectos de la investigación con células madre, constató que la investigación hoy “ha derivado decididamente hacia el empleo de las células madre o troncales ‘adultas’, que se extraen del propio organismo y que están ya dando resultados en la curación de enfermos”.

Durante la conferencia, que organizaba la Asociación Nacional para la Defensa del Derecho a la Objeción de Conciencia (ANDOC, www.andoc.es ), la investigadora informó de que “hay ya cerca de 600 protocolos que utilizan células madre adultas, y no se ha presentado ninguno con células de origen embrionario”.

Dos promesas fracasadas

De hecho, las células adultas “poseen el mismo potencial de crecimiento y diferenciación de las células troncales embrionarias y sustituyen con creces a las posibilidades biotecnológicas soñadas para aquellas”, añadió.

“Los últimos hallazgos sobre las posibilidades terapéuticas de las células madre adultas, ponen en entredicho abiertamente las dos grandes ‘promesas’ propiciadas por la nueva ley española de biomedicina: el uso y creación de embriones para investigación y la llamada clonación terapéutica”, ratificó.

López Moratalla cree que estas dos vías de investigación no tienen sentido porque “a los graves reparos éticos ya conocidos (la destrucción indiscriminada de miles de embriones humanos), se unen evidencias científicas que cuestionan cada vez más su utilidad terapéutica”.

“Las células madre embrionarias han fracasado –reiteró-; ha caído, por el peso de su propia irracionalidad, el uso terapéutico de células provenientes de embriones generados por fecundación, o células humanas provenientes de la transferencia nuclear a óvulos (lo que se conoce por clonación terapéutica)”.

“Información veraz”

Natalia López Moratalla se refirió también a la necesidad de que los medios informen verazmente a la opinión pública en este delicado tema. Así, dijo que “es una exigencia ética de la investigación dar una información veraz a la sociedad y que pueda decidir con conocimiento los aspectos de la política científica que le atañen”.

“Entre otros, que pueda incentivar o frenar la dedicación de recursos a un campo prometedor, al tiempo que se evite crear expectativas irreales ante determinadas enfermedades, al menos a corto plazo”, añadió la experta en Biología y Bioética.

“La expectación con que se recibieron las células troncales, y el hecho de que desde el inicio las células de adulto tuvieran que competir con las embrionarias, como alternativas a la gran promesa de curación de graves enfermedades, ocasionó que la divulgación de los avances se viera presionada por una cierta prisa en que mostraran su eficacia. Es preciso el esfuerzo por rodear a esta investigación de la serenidad que toda investigación requiere”.

No es la primera vez que López Moratalla habla en estos términos o se refiere a la tergiversación que en ocasiones hacen los medios de comunicación, intencionadamente o por desconocimiento, sobre las posibilidades terapéuticas de las células madre.

El 11 de octubre de 2007 publicó en LA GACETA un artículo en el que se refería a una de esas noticias falseadas. La revista científica Stem Cell informaba ese mismo día, con un artículo de Christopher Lengner, un becario del laboratorio de Rudolf Jaenisch, experto en clonación de ratones, sobre el estudio titulado A las células madre de adulto les falta el regulador clave de la pluripotencialidad.

Sin embargo, lo que en principio se podía interpretar como un defecto de las células adultas, era más bien una ventaja para la investigación con células madre.

“Lo que Christopher Lengner pone de manifiesto es que las células madre de ratón adulto no necesitan la célebre proteína denominada Oct4”, aclaraba en su artículo López Moratalla, ampliando posteriormente los detalles del estudio.






El viaje de la vida: De zigoto a anciano

Según datos hechos públicos ayer por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, el año pasado se realizaron en España 113.031 interrupciones voluntarias del embarazo, lo que suponeun 1,3% más que en 2009 (111.482 intervenciones). Por grupos de edad, la tasa de incidencia se ha reducido en las menores de 25 años y ha aumentado en el resto. Y por lo que respecta a las semanas de gestación en mujeres de 15 a 44 años, el 88,44% del total de interrupciones voluntarias del embarazo se ha realizado en gestaciones de menos de 12 semanas. Lo que parece restarle “aparatosidad” al aborto por hacerlo en una etapa más temprana de embarazo.

¿El problema? La menor edad del feto quizá reste complejidad a la intervención o aminore las secuelas sicológicas de la intervenida, pero no le resta valor al embrión como persona. Es el mismo individuo en sus diferentes etapas de desarrollo: embrión, feto, neonato, joven… Cambia orgánicamente pero no ontológicamente. Es quien es. Y a pesar de su pequeñez física a una edad temprana, cambia biológica y emocionalmente a la madre que lo gesta desde que es zigoto, en el mismo inicio de su arranque a vivir.

Hay constancia de que dieciséis días después de la fecundación comienzan a formarse los vasos, la sangre, y las células neuronales. Y hacia el día veintiuno aparece el esbozo cardiaco como centro motor de la circulación sanguínea y se produce el primer latido. El fin de la etapa embrionaria y el comienzo de la fetal ocurre antes de cumplir las ocho semanas desde la primera división del óvulo fecundado, con la aparición de la cresta neural, de la que derivan las células del cerebro.

La información genética heredada de los progenitores se dibuja de forma única en la secuencia de ADN, el genotipo, está presente en cada una de las células del organismo y no cambia a lo largo de la vida. Sin embargo, el modo en cómo se expresa esa información genética, el soporte material, llamado fenotipo, depende de la interacción con el medio, por lo que puede ir cambiando constantemente desde que se constituye el individuo y va avanzando con el desarrollo: zigoto, embrión, feto, neonato, joven, etc. Las células van diferenciándose y especializándose, ordenándose en tejidos y órganos, maduran y envejecen al tiempo que mantiene la información acerca de la propia historia. Esta trayectoria particular de expresión de los genes es la que hace diferentes incluso a los gemelos idénticos con el mismo patrimonio genético.

Así, el individuo concreto, inseparable de su desarrollo, va adquiriendo el fenotipo que le corresponde en cada momento de la vida: actualiza la plenitud de su ser biológico en cada etapa concreta. Ninguno de esos estados de la vida posee diferente nivel de realidad ontológica. Es el mismo individuo el que existe en plenitud de vida embrionaria o fetal, joven o anciano.

Diálogo con la madre

Desde el primer día de vida se desarrolla un diálogo molecular entre madre e hijo: El embrión libera moléculas que reciben los receptores de las trompas uterinas de la madre y ésta responde produciendo sustancias que permiten el crecimiento del embrión, le inyectan la vitalidad que necesita, y le permiten rotar a lo largo del recorrido indicándole el lugar donde puede detenerse para anidar. También, en respuesta al proceso natural de la gestación, el cerebro de la madre cambia desarrollándose el cerebro social, se hace un cerebro materno. Estos cambios inducen en ella el vínculo de apego afectivo-emocional, que se potencia aún más con el parto y la lactancia.

Esta dependencia del embrión a la madre no supone carencia de autonomía como individuo. El embrión antes de la implantación utiliza sustratos del medio como oxígeno, azucares y fuentes de energía. Es decir, tiene su metabolismo propio.

Además, este diálogo molecular convierte al sistema inmunológico materno en tolerante hacia el embrión, mitad materno y mitad paterno, ya que hace que las defensas de la madre se desactiven hacia lo extraño. La gestación se convierte así en una convivencia de dos vidas: el hijo no es una parte de la madre ni tampoco un
injerto que sería rechazado. Romper a la fuerza y voluntariamente esta simbiosis entre madre e hijo deja una huella en ella que puede desdibujarse físicamente pero difícilmente se borrará de su cerebro.

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