Beneficios del método Oompa-Loompa para dormir al bebé

 

Beneficios del método Oompa Loompa:

  • Mecer al bebé es una forma probada de acallar sus lloros y de armonizar su respiración, temperatura y latidos del corazón con los de la madre. La forma de mecerlo debe ser acompasada y sin movimientos bruscos. Debemos recordar que el bebé se formó durante 9 meses dentro del vientre de la madre, en constante movimiento.
  • Un bebé en brazos es un bebé que se siente querido y consolado. Ciertas corrientes preconizan la independencia del bebé y de la madre (método Estivill) y tienen objetivos muy definidos, pero las culturas tradicionales no han dudado en tener cerca al bebé e incluso portearlo mientras se realizan las actividades diarias. El contacto físico entre madre e hijo, lejos de “enmadrar” al niño o “hacerlo consentido”, crea un vínculo afectivo más profundo y duradero con la madre.
  • La voz cariñosa de los padres es un bálsamo para los bebés, especialmente al cantarles o repetirles sonidos. Una letanía como es el Oompa Loompa cantado por los padres tiene ese poder hipnótico. Las palabras son lo de menos, podrían ser “Shalakabula chachicomula dibidi dabidu bú” o el ritmo de Paquito Chocolatero. Lo importante es el tono y la cadencia.
  • La cabeza del bebé debe quedar bien sujeta. Nada de bamboleos.
  • Los pulgares deben quedar bajo las axilas del bebé, las palmas de las manos en sus omóplatos y el resto de dedos sujetarán firmemente la cabecita.
  • Vigilemos de no presionar el cuello del bebé en su parte delantera o lateral.
  • La rutina es indispensable para conciliar el sueño. Esto es válido tanto para bebés, como para niños y adultos. Seguir unas mismas pautas a la hora de ir a dormir favorece que quedemos dormidos más rápida y reparadoramente. En este caso, la rutina es el arrullo Oompa Loompa.

Falsedades que se han dicho sobre el método:

  • Algunos han aludido al Síndrome del niño sacudido (o zarandeado) citando la Wikipedia. Esta informa de daños intracraneales en los casos en que un bebé es sacudido bruscamente como forma de maltrato infantil. Evidentemente, esto no pasa con el Método Oompa Loompa, que no busca agitar violentamente al bebé, sino mecerlo con un ritmo constante. Por tanto, queda descartado que pueda provocar daños al infante, si se le trata con el cariño que vemos en el vídeo.
  • Otros han dicho que el bebé se duerme por mareo, que queda insconsciente. Obviamente no es así.
  • Aún otros han mencionado el masaje carotídeo o “llave del sueño”, una técnica consistente en presionar el seno carotídeo, situado en el lateral del cuello, de modo que se detiene momentáneamente el flujo de sangre al cerebro procedente de las arterias carótidas. Se utiliza esta técnica en ciertos casos médicos y en artes marciales, para dejar inconsciente por unos segundos al adversario. Se desaconseja totalmente su aplicación por parte de quienes no estén familiarizados con la técnica y en ningún caso el masaje puede exceder de 5 segundos. Por supuestoesta técnica no tiene nada que ver con el método llamado Oompa Loompa y jamás debe usarse con bebés o niños.

  • Y por último, hay quien ha hablado de la infalibidad del método y de que obra milagros en los bebés. Pues tampoco. Como los autores del vídeo dicen, funciona con unos niños y con otros no. Es un cliché decir que los bebés no vienen con un libro de instrucciones, pero es así. Cada uno es distinto y reacciona de forma diferente a unos mismos estímulos.

Web: Bebemon.es

Personal; el efecto primero de la voz que les familiar madre-padre, ya veran en textos aquí subidos la importancia de cantarle al bebe estando en el vientre de su madre, en otros textos hemos visto, como el bebe en el vientre materno vía conexión con el cordón unbilical y los ritmos de los latidos de su madre se habitua a una frecuencia..por tanto tranquilizar al niño através de nuestra voz que ya le produce recuerdo, lo tiene grabado en su memoria, y el ritmo más el movimiento acompasado, es una forma de sosegar, producir confort y seguridad, posteriormente subiré como actúa el ritmo en el cerebro incluso siendo adultos, aprender a memorizar las cosas con un ritmo es fácil, por desarrollo de uno de los lados del cerebro, esto lo estudiamos en kinesiología, ya que en el cuerpo llevamos grabados todos los suceso su impronta, reacción, y como vemos nos movemos en el mundo con la base de lo experimentado en el vientre de nuestra madre

La voz de los ángeles y los átomos  Qué poderoso es tu sonido mágico. MOZART,La flauta mágica ¿Qué es ese medio mágico que nos conmueve, nos hechiza, nos da energía y nos sana? En un instante, la música es capaz de animarnos; nos despierta el espíritu de oración, de comprensión y amor. Nos despeja la mente y se sabe que nos hace más inteligentes. La música es 

hasta los pies. Cada nota hacía un recorrido por todo el cuerpo que duraba entre dos y tres minutos. Este ejercicio me calmó y me hizo más lenta la respiración, el ritmo cardiaco y el metabolismo. Logré controlar mi estado fisiológico básico y dejar que mi respiración y circulación sanguínea y energética se integraran con mi mente y cuerpo. Sentí una inmensa quietud y extraordinaria presencia, un estado que los científicos relacionan con la liberación de endorfinas y con otros cambios hormonales y neurológicos positivos. 

capaz de llevarse nuestras tristezas en su ritmo y melodía. Evoca recuerdos de amantes perdidos o de amigos fallecidos. Incita a los personajes que llevamos dentro: al niño a jugar, al monje a orar, a la vaquera a moverse al compás, al héroe a superar todos los obstáculos. Ayuda a los que han tenido una embolia cerebral a reencontrar el lenguaje y la expresión. La música es un espacio sagrado, es una catedral tan majestuosa que en ella podemos sentir la magnificencia del Universo, y es también una casucha tan sencilla que ninguno de nosotros puede conocer sus más profundos secretos. La música hace crecer las plantas, puede volver locos a nuestros vecinos, induce el sueño en los niños y anima a los hombres a marchar hacia la guerra. La música es capaz de expulsar los malos espíritus, entonar las alabanzas de la Virgen, invocar al Buda de la Salvación Universal, hechizar a líderes y naciones, cautivar y tranquilizar, resucitar y transformar. Sin embargo, la música es más que todo esto. Es el sonido de la tierra y el cielo, de las mareas y las tempestades; es el eco del tren en la distancia, las reverberaciones de los martillazos del carpintero en acción. Desde el primer grito de vida hasta el último suspiro de la muerte, desde los latidos del corazón hasta los vertiginosos vuelos de la imaginación, estamos envueltos en el sonido y vibración en todo momento de nuestra vida. Es el aliento primordial de la creación, la voz de los ángeles y átomos; es, en último término, la materia de la que están hechos la vida y los sueños, las almas y las estrellas. 

llenguaje universal

 Tenemos más disposiciones musicales que la que imaginamos. Toda persona es musical. El mundo es musical por naturaleza. La música es un lenguaje que posee componentes universales,

 

COLECHO UN TEMA IMPORTANTE

El Sueño del Niño Respetado. Como Quieren Dormir los Niños

Sin lugar a dudas, los estudios antropológicos, etológicos y etnológicos demuestran que la manera en la que la naturaleza ha predispuesto que duerma el bebé y niño humano es en compañía de su cuidador y que el niño durmiendo en solitario es una novedad y una excepción histórica (McKenna et al, 2007). 
 
Al hecho de que el bebé/niño duerma con su cuidador (en general será con su madre y/o padre) se le denomina en inglés cosleeping, término que se refiere tanto a dormir compartiendo la misma superficie (bedsharing), como a dormir en distintas superficies pero en la misma habitación (roomsharing) (McKenna et al, 2007McKenna, 1995). En español este término ha sido generalmente traducido con la palabra colecho a pesar de hacer referencia a ambas situaciones (compartir cama o compartir habitación). 
 
Dada la predominancia del colecho en la historia de la humanidad entre las diferentes culturas, así como en el resto de primates superiores, parece importante considerar hasta qué punto esta costumbre occidental de poner a los niños y bebés a dormir solos puede ser negativa, sobre todo para los bebés. En una reciente revisión publicada por Blunden (Blunden et al, 2011), los autores consideran que dado que el ser humano es el que nace más neurológicamente inmaduro de todos los primates y desarrolla sus recursos y habilidades para su supervivencia más lentamente, parece incongruente que sea el único del que se espera que duerma solo a una edad tan temprana, como consideran óptimo muchos profesionales de la pediatría del sueño. El deseo del niño de sentir a su cuidador cerca para dormirse no es un capricho, es una necesidad. El contacto prolongado e intenso entre madre y bebé es la manera en que la naturaleza defiende a la criatura contra las dificultades fisiológicas y los ataques ambientales (Blair, 2008). Esto estaría indicando una dicotomía entre los aspectos biológicos y culturales del sueño infantil, lo que influye en lo que es considerado normal o anormal en el mismo.
 
Es evidente que las condiciones en las que ponemos a dormir a nuestros niños van a afectar la calidad de su sueño. Hasta el momento, los profesionales de la pediatría del sueño, inmersos en la cultura del sueño en solitario y basándose en una costumbre nacida de la ignorancia de lo que realmente necesita el bebé humano, han basado todas sus intervenciones en obtener como objetivo un bebé capaz de dormir solo, en una habitación más bien silenciosa y oscura, mayoritariamente durante la noche. Pero el bebé humano está diseñado para estar en compañía permanente de un adulto los primeros meses de su vida (Liedloff, 2009) y eso no excluye las horas de sueño, por lo que un bebé que no se siente seguro y protegido en contacto con el cuerpo de su madre, además de calentito, saciado y sin dolores, difícilmente dormirá realmente bien, por mucho que los científicos del último siglo consideren ese sueño "saludable" debido a que, como ya hemos dicho en el capítulo anterior, el bebé durmiendo en solitario es precisamente la referencia de "normalidad" en sus estudios (McKenna et al, 2007).
 
En la actualidad cada vez más profesionales se cuestionan la compatibilidad del sueño en solitario con la naturaleza de nuestros bebés y niños, y puesto que el colecho es tan constante y predominate en la historia de la humanidad, a la vez que es una práctica universalmente presente en el mundo de los primates, lo más probable es que sea la manera más óptima para que tengan un sueño saludable. (McKenna et al, 2007McKenna & Volpe, 2007Blunden et al, 2011Jenni & O´Connors, 2005Mao et al, 2004Jové, 2006Small, 1999). 
 
 
La Controversia sobre el Colecho
 
Históricamente el colecho ha sido siempre atacado por nuestros profesionales de la pediatría (Estivill et al, 2010,Ferber, 1985). Esta mala opinión se basa, a parte de en las tendencias culturales de las que ya hemos hablado, en dos factores fundamentales:
  1. Los estudios que parecen demostrar la existencia de una relación entre el colecho y la muerte súbita del lactante [sudden infat death, (SIDS)] en bebés pequeños (Vennemann et al, 2012). Estudios que han motivado a las más importes sociedades de pediatría a desaconsejar el colecho entendido como compatir cama, aunque aconsejan compartir habitación con el bebé al menos hasta el año (Moon & Fu, 2012Task Force on Sudden Infant Death Syndrome, 2011; ).
  2. Las investigaciones que culpan al colecho de un mayor número de despertares nocturnos y un sueño de peor calidad (Mindell et al, 2006), además de responsabilizarle de efectos nocivos a largo plazo (como niños más dependientes o con más problemas del sueño) (Estivill et al, 2010). 
Pero lo cierto es que estos estudios adolecen de serias limitaciones: desde la falta de diferenciación entre las condiciones de colecho seguro y no seguro en los estudios que lo relacionan con la SIDS ( McKenna &  Volpe, 2007), hasta  la variabilidad en la definición del término colecho - que refiere diferentes situaciones según los diferentes estudios (bedsharingroomsharing o una mezcla de ambas) - o los métodos utilizados en los ensayos, los cuales no permiten diferenciar si los resultados obtenidos son fruto de las observaciones subjetivas de los padres o diferencias reales en el sueño de los niños, como es en el caso de los cuestionarios. En las poblaciones caucásicas, además, está el agravante de que  el colecho se practica principalmente como respuesta a los problemas del sueño en solitario de los niños ( aunque, como veremos más adelante, esta tendencia parece estar cambiando). Es el llamado colecho reactivo, el cual muestra diferencias respecto al colecho practicado por tradición cultural o convicción (Mao et al, 2004), ya que se practica en bebés y niños que ya presentaban "problemas de sueño" y después de haber pasado un tiempo más o menos  largo tratando de que se durmiera en solitario.

 Colecho y SIDS
 
La defensa del colecho con bebés, entendido como compartir cama, siempre ha resultado controvertida en la pediatría del sueño occidental, debido a los estudios que parecen indicar que colechar con el bebé es peligroso porque podrían aumentar el peligro de asfixia o de muerte súbita [sudden infant death syndrome (SIDS)]. La extensión de esta idea en la comunidad científica se produjo a raíz de dos estudios de los años 70, uno realizado en Inglaterra (Carpenter & Camps, 1972) y otro en Estados Unidos (Luke, 1978), en los que los autores especularon por primera vez con la posibilidad de que compartir cama y el SIDS estuvieran relacionados. De hecho, hasta ese momento se conocía a esta muerte como cot death (muerte en la cuna), término que se siguió aplicando algunas décadas más. Su argumento se fundamentó en que los bebés que eran metidos en la cama de los padres para calmarles por enfermedades menores podían haber sido sometidos a una cierta inquietud, o bien asfixiados por estar excesivamente tapados. Ya en este estudio se indicaba la posibilidad de que el consumo de alcohol y drogas estuviera implicado en la muerte del bebé. En los nuevos casos que surgieron en los 80, y basándose en la hipertermia detectada en los bebés se siguió apostando por esta hipótesis sin tener demasiado en cuenta otros aspectos colaterales. A partir de entonces esta relación colecho-SIDS se extendió como la pólvora, olvidando los factores que se habían detectado como agravantes. 
 
Muestra de este hecho son las investigaciones realizadas por Mitchell (Mitchell et al, 1992Mitchell et al 1993) en Nueva Zelanda, en los que se apoyaba de manera evidente esta teoría. En 1993, estos mismos investigadores reconocen que los estudios realizados previamente no eran muy profundos y publican un nuevo estudio en el que con los mismos datos experimentales, pero teniendo en cuenta todos los factores implicados, extraen conclusiones muy diferentes (Scragg et al,1993). Este estudio es el primer análisis sistemático en el que se recogen datos expresamente obtenidos para analizar la relación del colecho con la muerte súbita y utilizan datos que cubren el 78% de los nacimientos de Nueva Zelanda entre 1988 y 1990. La información utilizada procede de entrevistas directas con todos los padres implicados, en donde recalca que a los padres no se les daba una definición previa del colecho, si no que simplemente se les preguntaba por las horas que habitualmente el bebé compartía cama con otro adulto, por lo que sus datos pretenden no estar contaminados con las ideas que se venían transmitiendo en esos años. También se recogió información previa y posterior referente a los hábitos de consumo de alcohol y tabaco de los padres así como muchos otros factores (enfermedades previas del bebé, irritabilidad, estatus económico de la familia, posición para dormir, tipo de alimentación, uso de objetos de apego, etc). La principal conclusión extraída de este estudio es que, por primera vez, se detecta una importante asociación entre la muerte súbita y el colecho siempre en madres fumadoras (y no con padres fumadores) y se descartan otros factores como la hipertermia o la asfixia. Siendo el riesgo similar en madres que además de fumar han consumido grandes cantidades de alcohol (el alcohol por sí sólo no parece ser un factor de riesgo tan relevante).
 
Estudios posteriores no han hecho si no confirmar estos datos, tal y como se observa en los trabajos de Blair (Blair et al, 1999) o Carpenter (Carpenter et al, 2004). Blair realizó en 1999 un completo análisis sobre los datos de 325 bebes fallecidos por SIDS y una población de control de 1300 niños. Sus principales conclusiones son: 
Al comparar el colecho en la cama familiar con los bebés que duermen solos en su habitación, son tantas las variables que se producen a la vez que las conclusiones parciales pueden ser muy diversas. Por ejemplo, si se aísla el factor de la postura del bebé, se pueden obtener datos en los que el porcentaje de muerte en la cuna sea mucho más elevado que en la cama familiar (un 20,8% frente a un 2,5%), o si se utiliza una almohada (11,6% frente a un 1,2%) o si el bebé tenía la cabeza cubierta (19% frene a 6,9%). Evidentemente, todos los porcentajes habrían sido reducidos manteniendo las recomendaciones básicas que ya se venían dando de poner al bebé a dormir boca arriba, sin almohada y sin exceso de ropa de cama, pero en estos resultados no se detecta una especial intervención del colecho, si no, más bien todo lo contrario. 
  1. En este estudio se hace una clara separación entre los padres fumadores que colechan y los que no, y fruto de esta diferenciación se obtiene que no se detecta un aumento del riesgo en niños que compartían cama con padre no fumadores o en niños que tras compartir cama parte de la noche eran devueltos a sus cunas. Sí se detecta un aumento significativo del riesgo en padres fumadores, lo que corrobora los estudios previos de autores como Scragg y Mitchell (Scragg et al,1993). Este estudio destaca el hecho de que la gran mayoría de los padres de los casos de colecho con muerte súbita estudiados eran fumadores, como ya ocurría en otros estudios, tanto previos como posteriores, por lo que reconoce que no se tienen datos suficientes para declarar el colecho completamente seguro con padres no fumadores, pero tampoco hay datos para tacharlo de inseguro.

“ Este resultado sugiere que el riesgo de muerte puede estar asociada con otras condiciones adversas modificables potenciales, más que con la práctica de compartir cama por sí misma".
 
 
De hecho, es significativo que analizando los datos obtenidos entre niños que compartían habitación (pero no cama) y niños que dormían solos en sus dormitorios, se detecta un índice de SIDS más alto en los segundos sin que aún se haya sabido explicar este fenómeno con claridad. Este resultado se atribuye a algún tipo de intercambio sensorial que aporta cierta protección a los niños. 
 
Con respecto a otros factores, como el uso de ropa de cama pesada, riesgo de asfixia, etc, estos autores destacan que las cunas de bebés están diseñadas para evitar en lo posible cualquier riesgo (los colchones son rígidos, la ropa ligera, etc) y sin embargo, las camas familiares no están en principio concebidas en el mercado con la misma finalidad por lo que entran en conflicto para que los estudios profesionales puedan concluir con claridad la idoneidad del colecho. 
 
En cuanto al colecho en un sofá los datos indican que suele producir un mayor número de muertes porque el espacio es más reducido y suele acompañarse de padres excesivamente fatigados o que han consumido alcohol por lo que teniendo en cuenta los factores adicionales se considera un hábito de riesgo que puede producir SIDS, aunque siempre los casos analizados en esta situación suelen ser conflictivos, no pudiéndose aislar distintos factores.
 
A pesar de estos estudios, en la revisión recientemente realizada por Vennemann (Vennemann et al, 2012) para tratar de clarificar si el colecho verdaderamente supone un factor de riesgo importante, se siguen realizando ciertas afirmaciones sin fundamento que pueden ponerse en entredicho analizando pormenorizadamente la publicación. En esta revisión se presentan la mayoría de los estudios sobre el efecto del colecho en los caso de muerte súbita desde 1970, clasificando los datos de acuerdo al estado de los padres (madre fumadora, padre fumador o ambos, frente a los no fumadores), la edad de los niños que sufrieron de muerte súbita y diferenciando entre los casos en los que el colecho era habitual u ocasional (coincidiendo el colecho con la muerte del bebé en este último caso). Teniendo todo esto en cuenta encontraron que el riesgo de muerte súbita era diez veces más elevado en los menores de 12 semanas en cualquiera de los supuestos anteriores, no observando un incremento relevante para los bebés mayores de 12 semanas. En el propio artículo se corrobora que en la mayoría de los estudios recopilados no se ha hecho diferenciación entre lugar donde se realiza el colecho, es decir, no se diferencia entre el colecho en la cama familiar o dormir con el bebé en un sofá, por ejemplo, por lo que no se pueden extraer conclusiones generales.
 
Adicionalmente, en muchos de los estudios y dado lo delicado que resulta hacer un estudio con esta temática en momentos tan dramáticos para una familia, se reconoce que en muchos casos no hay ni cuestionarios ni evidencias para asegurar si los padres estaban en condiciones de extrema fatiga, si eran fumadores o si habían consumido alcohol o drogas durante esa noche, ya que muchas de estas preguntas no se contemplaron en los cuestionarios utilizados. Esto desvirtúa notablemente las conclusiones extraídas en esta revisión. Por ejemplo, se indica que otros estudios han demostrado que el riesgo de SIDS persiste incluso en padres no fumadores. Pero esto no es cierto y no sólo en el artículo de Blair (Blair et al, 1999) se ha demostrado lo contrario. Acudiendo a uno de los estudios más completos realizados en Europa en 2004 y que analizaba una numerosa muestra de 745 casos de SIDS, Carpenter (Carpenter et al, 2004) (el mismo que en los años 70 relacionó por primera vez colecho y SIDS) demuestra que las interpretaciones de estas investigaciones pueden ser muy variables debido a la interacción de las numerosas variables a tener en cuenta, como el uso de ropa de cama pesada, ingesta de alcohol, drogas o tabaco por parte de los padres, lugar donde duerme el bebé, uso de muñecos u otros objetos de apego, etc. Algo que ya se venía afirmando en todos los estudios previos publicados y que por lo tanto no es nada nuevo. Tratando de discernir estas variables, el estudio concluye que en los casos de muerte súbita estudiados el 77% de las madres eran fumadoras, lo que reduce la población de madres/padres no fumadores que colechan a un número tan pequeño que las conclusiones ya no son significativas y la duda sigue quedando en el aire. Es más, de las madres no fumadoras una parte era consumidora habitual de alcohol (y el 35% de las fumadoras) por lo que no es posible discernir ambos efectos. Recopilando todos estos estudios y a pesar de los titulares empleados en el artículo, Vennemann termina afirmando en las conclusiones finales algo mucho más prudente (Venneman et al, 2012):
 
"Para dar consejos a la salud pública, no está claro si es una buena estrategia asesorar en contra de compartir cama en general o sería más prudente prevenir de ciertas condiciones particulares."

Todos estos datos han llevado a que profesionales como McKenna (McKenna et al, 2007) o Ball (Ball & Volpe, 2013) afirmen que hoy en día tenemos suficientes evidencias que demuestran que la práctica del colecho seguro (en unas condiciones determinadas, Tabla 4.1) no sólo no supone un riesgo sino que es absolutamente beneficioso, ya que respeta las necesidades fisiológicas básicas del bebé, entre la que se encuentra la de estar en contacto continuo con el cuerpo de su madre. No es el colecho en sí lo peligroso, sino las condiciones en las que dormimos los adultos en la sociedad occidental (camas altas, colchones blandos, cálidas colchas, almohadas y cojines, etc). Una vez ajustadas estas condiciones para que sean absolutamente seguras para el bebé (Tabla 4.1), el colecho no sólo no presenta un riesgo por sí mismo, sino que puede ser un factor protector (McKenna et al, 2007). El hecho de que se ha demostrado que la SIDS es muchísimo menos frecuente en las sociedades en las que la madre colecha con sus hijo (Watanabe et al 1994Lee et al, 1989), apoya esta visión.


 


De hecho, como explicaremos más adelante, dos consecuencias del colecho son factores preventivos de SIDS demostrados. Uno es el efecto sobre la calidad del sueño del bebé, ya que el bebé que colecha experimenta un significativo aumento en la cantidad de sueño REM en relación al sueño profundo. El  otro es el hecho de que el colecho favorezca la lactancia. Ambos efectos han demostrado tener un importante papel protector contra la SIDS (Ford et al, 1993;  McVea et al, 2000McCoy et al, 2004Vennemann et al, 2009).


Así que podemos afirmar que, a día de hoy, los expertos no acaban de ponerse de acuerdo sobre la seguridad del colecho, entendido como compartir cama o bedsharing, con bebés menores de 3 meses. En sus últimas recomendaciones, la Academia Americana de Pediatría (AAP) aconseja compartir habitación pero no compartir cama con el bebé, aunque parece que la base fundamental de esta recomendación es, más que el riesgo de compartir capa por si mismo, la dificultad que supone controlar las variables que incrementan en riesgo de SIDS en relación con esta práctica, como puede ser el hecho de colechar en un sofa o sillón (Hitchcock S, 2012).

En su más reciente artículo,  Carpenter ha levantado una enorme polémica al afirmar con rotundidad que el  bedsharing cuando los padres no fuman ni toman alcohol o drogas aumenta por si mismo el riesgo de SIDS (Carpenter et al 2013). De nuevo tenemos ante nosotros un magnífico ejemplo del debate existente en el mundo científico sobre el sueño infantil.
 
El artículo en cuestión combina cinco estudios anteriores (Carpenter et al, 2004Tappin et al, 2005;  Mitchell et al, 1992McGarvey et al 2006Findeisen M et al, 2004) con el objetivo de tener datos suficientes que permitieran elucidar el riesgo de SIDS asociado al bedsharing con la madre, el padre o ambos (sin distinguir entre los tres casos), en relación a la lactancia materna y el consumo de tabaco, alcohol o/y drogas ilegales por parte de la madre. Según estos autores, el 81% de los casos de SIDS en bebés de bajo riesgo, amamantados y menores de tres meses que compartían cama con su madre, padre o ambos en el momento de su muerte, se podrían haber prevenido si el bebé se hubiera encontrado en una cuna adyacente a la cama de los adultos. Por lo tanto sugieren que, basándose en sus resultados, los profesionales deberían tomar una posición mas drástica desaconsejando definitivamente compartir cama con el bebé menor de tres meses, aunque no existan otros factores de riesgo asociados como son el consumo de tabaco, alcohol o drogas. 
 
Las primeras respuestas a este estudio no se han hecho esperar. Ockwell-SmithMiddlemissCasselsStevens y Narvaez han sido de las primeras en publicar un completo análisis del trabajo en cuestión, dejando en evidencia sus limitaciones ( Ockwell-Smith et al, 2013). En primer lugar consideran que los factores de riesgo incluidos en este trabajo son francamente escasos ya que existen otros muchos que no tienen en cuenta como son:
  1. Si el bedsharing fue o no planeado. Investigaciones previas (Venneman et al, 2009) habían demostrado que el riesgo de SIDS no aumenta cuando el bedsharing es planeado. Aquí nos gustaría añadir que los estudios que han considerado el bedsharing rutinario no han encontrado asociación con un aumento de SIDS, a diferencia de los que han considerado sólo el  bedsharing practicado la noche en que murió el bebé (Vennemann et al, 2012), como es el caso del artículo de Carpenter.
  2. El riego del consumo de tabaco de la madre durante el embarazo. En el estudio sólo consideran el consumo de tabaco de la madre después del parto.
  3. La información sobre la lactancia es demasiado limitada para sacar conclusiones. No ha quedado constancia de las diferencias entre la  frecuencia y el porcentaje de leche materna consumida versus fórmula en los casos de lactancia mixta. Además no han diferenciado entre lactancia mixta y exclusiva.
  4. El consumo de analgésicos no ilegales. A muchas madres puérparas se les receta analgésicos  para aliviar los dolores relacionados con el parto o la cesárea, los cuales tienen un conocido efecto sedante. El estudio sólo considera el consumo de drogas ilegales, pero no de este otro tipo de sedantes.
  5. Prematuridad, que no ha sido considerada en absoluto y es un importante factor de riesgo. Evidentemente se correlaciona con el peso de nacimiento, dato sí ha sido tenido en cuenta, pero conlleva también factores de riesgo propios y únicos que deberían ser analizados.
  6. El agotamiento de los padres. Algunos expertos sugieren que los padres estarán exhaustos si han dormido menos de 4 o 5 horas en las 24 horas previas al evento. Otros expertos sugieren que los padres escuchen su instinto. Es bien sabido que el agotamiento afecta a la capacidad de los padres para responder al bebé.
  7. Obesidad de la madre o el padre. Un factor de riesgo de SIDS muy conocido y que no se ha examinado en absoluto.
  8. Con quién comparte cama el bebé y en que posición. En el estudio no se ha diferenciado entre los bebés que compartían cama con su madre, con su padre o con los dos. El trabajo de diversos autores apunta a que, sobretodo en el caso de los bebés menores de tres meses, el bedsharing más seguro y recomendable es el practicado entre la madre que amamanta y su bebé. Hoy en día es sabido que la madre que amamanta duerme con su bebé en una posición altamente protectora  de una manera instintiva (Ball 2006Richard et al, 1996Young, 1999).  También se ha demostrado la existencia de una sincronicidad especial en el sueño de la madre y el bebé que colechan, algo nunca comprobado en el caso de que sea otro adulto el que colecha con el bebé (McKenna et al, 2007)  De la misma manera no hay datos sobre la localización del bebé en la cama  respecto al adulto o adultos. Tampoco se informa si más niños dormían en la cama.  En la actualidad se aconseja que la madre siempre esté entre el bebé y su padre y se desaconseja que otros niños compartan la misma cama. Todas estas consideraciones han sido totalmente ignoradas en este trabajo.  
  9. El consumo de alcohol del padre. En el estudio sólo se considera el consumo de alcohol de la madre pero luego no diferencian si el bebé colecha con su madre, con su padre o con los dos. A pesar de que consideran que estudios anteriores demostraban una correlación en el consumo de alcohol de los dos miembros de la pareja, dada la importancia del mismo como factor de riesgo, además de la falta de datos sobre con quién colecha realmente el bebé, hacen indispensable esta información para llegar a una conclusión mínimamente fiable.
  10. Conocimientos de los padres sobre colecho seguro. A día de hoy es evidente que las condiciones en las que dormimos los adultos en la sociedad occidental no son seguras para nuestros bebes por lo que las familias que quieran practicar el bedsharing deben tener unos conocimientos mínimos sobre como practicarlo con seguridad. En ningún momento se ha evaluado estos conocimientos en los padres incluidos en este estudio. 
Ante las palabras de Carpenter:

".... si el bedsharing es promovido como un medio para favorecer la lactancia materna, es probable que incremente la muerte por SIDS ya que AOR para el besharing es de 2.7 mientras que para la lactancia artificial es de 1.7. Consecuentemente esta aproximación tendría como resultado un aumento de las muertes por SIDS. Si las muertes por SIDS cuestan 1.5 millones de libras, según el informe de UNICEF, el coste resultante de cualquier campaña a favor del bedsharing superaría estos gastos y cualquier beneficio asociado al aumento de la lactancia materna en la población...."

Ockwell-Smith considera absolutamente inapropiado este tratamiento de la lactancia materna ya que los autores están ignorando un aspecto fundamental de la misma: la lactancia materna contribuye positivamente al desarrollo saludable inmediato y a largo plazo del infante, a parte de ser un factor preventivo del SIDS. Por lo tanto, desde cualquier perspectiva es importante tener en consideración los factores que animen a las madres a amamantar durante al menos el primer año de vida. Por el contrario, Carpenter parece esconder este factor protector con el manto de los factores de riesgo, mandando un mensaje confuso a padres y profesionales, ya que no toma en cuenta los enormes perjuicios para la salud y el inevitable incremento de la mortalidad infantil asociada a la baja frecuencia de lactancia materna. Por lo tanto es erróneo y peligroso argumentar que si el bedsharing fuera reconocido como un factor principal en la promoción de la lactancia materna habría más muertes por SIDS. Al considerar solo las muertes por SIDS está ignorando las que se producirían por otros factores relacionados con la lactancia artificial
 
Por otra parte, Carpenter quiere demostrar que el bedsharing es una causa de riesgo por sí mismo del SIDS mediante la aplicación de los criterios de causalidad de Bradford Hill. Pero su aplicación es claramente cuestionable en varios puntos. 
 
En primer lugar, para aplicar el criterio de secuencia temporal argumenta que bed sharing siempre precede al SIDS. Esto no es cierto porque no ocurre siempre: de hecho en este mismo estudio demuestran que el 78% de los casos de SIDS ocurren en niños que dormían en su cuna. Por lo tanto la palabra siempre no es correcta porque no siempre que un niños sufre SIDS había sido previamente  puesto a colechar.

En segundo lugar para aplicar el criterio de analogía el caso utilizado es francamente desafortunado ya que compara el peligro de muerte de las crías de cerdo estabuladas que deben separarse de la madre por barras de hierro para evitar el aplastamiento por parte de la madre. Evidentemente esas condiciones no son comparables a las que tendrían los animales en su hábitat natural por lo que su comportamiento no es extrapolable a la situación en los humanos. En cualquier caso es evidente que el peligro de muerte para las crías no es el colecho en sí mismo, comportamiento que se produciría de manera natural de estar los animales en libertad y que no ha demostrado suponer ningún peligro, sino las condiciones del estabulario, probablemente relacionadas con el espacio y la densidad de animales. Tal vez en este aspecto sí es comparable al ser humano ya que lo que nosotras y otros muchos autores abogamos es que el peligro no es el colecho por sí mismo, sino las condiciones en que se podría practicar en nuestra sociedad occidental y que no garantizarían la seguridad del bebé.

En tercer lugar, y en concordancia con el artículo respuesta de Ockwell-Smith, consideramos que la aplicación del criterio de coherencia con este argumento:

"La propuesta de que el bedsharing esta causalmente relacionado con el SIDS es coherente con las teorías sobre obstrucción respiratoria, re-aspiración de gases expirados y estrés térmico (sobrecalentamiento), lo que puede también incrementar la expulsión de toxinas letales, todos ellos mecanismos relacionados con el SIDS en ausencia tabaquismo, consumo de alcohol o drogas. Los bebés colocados boca abajo se exponen a los mismos peligros"

no es aplicable. Según Ockwell-Smith, es evidente que los factores que comprometen la respiración y la capacidad de despertarse de los bebés también aumentan el riesgo de SIDS y son:
 
  1. Obstrucción respiratoria (ropa de cama)
  2. Re-aspirar gases expirados (al cubrirles la cara con una almohada, por ejemplo)
  3. Estrés térmico por sobrecalentamiento (demasiadas mantas)
  4. Vulnerabilidad fisiológica de los despertares (por la alimentación con fórmula)
Carpenter parece estar argumentando así que el comportamiento de los padres que puede estar asociado con riesgo, incluso si la fuente del riesgo no es el comportamiento en sí, debería desaparecer (esto es, el bedsharing). Y esto en sí mismo es problemático ya que el bedsharing es una práctica universal, producto de la evolución, frecuentemente elegida libre y conscientemente por los padres. De hecho, la ausencia de la misma no elimina el SIDS. Por el contrario, su disminución comprometería una serie de comportamientos claramente protectores, como la lactancia materna. 
 
Por lo tanto, y a la luz de todos sus argumentos, Ockwell-Smith, Middlemiss, Cassels, Stevens y Narvaez exigen:

".... terminemos de dar vueltas hablando una y otra vez sobre asuntos secundarios y centremos la discusión en el problema principal: disminuir el riego de SIDS. Si queremos disminuir la frecuencia del SIDS debemos asegurarnos de que los bebés estén en la mejor situación posible en la que su respiración y capacidad de despertarse se vean al máximo favorecidas. "

Y la manera de conseguirlo será:
  1. Un abordaje de la salud materno-infantil que reduzca los riesgos mediante:
    1. La disminución de la vulnerabilidad reduciendo la presencia de elementos que contribuyan a aumentar esta vulnerabilidad prenatalmente (exposición intrauterina al tabaco, nacimientos prematuros, embarazos estresantes...etc)
    2. La reducción de la vulnerabilidad postnatalmente, favoreciendo comportamientos saludables como la lactancia materna y la proximidad entre padres e hijos durante el sueño para proteger la capacidad de despertarse.
    3. La mejora de la nutrición maternal durante el embarazo 
  2. Un abordaje de las prácticas de cuidado nocturno que garanticen la respiración y capacidad de despertarse del bebé
    1. Poniendo a los bebés a dormir sobre su espalda
    2. Poniendo a los bebés a dormir sobre una superficie firme sin almohadas ni mantas ni juguetes
    3. Poniendo a los bebés a dormir en un ambiente fresco y sin mantas
  3. Una monitorización continua del sueño del bebé
    1. Manteniendo a los bebes próximos a sus padres para asegurar en control de cualquier problema respiratorio o de la capacidad de despertarse del bebé, que podría estar asociado a variables no observables como una respuesta fisiológica inmadura. 
Por su parte UNICEF también ha respondido al polémico artículo de Carpenter. Según esta organización, los cinco estudios incluidos no tienen los datos necesarios para sostener la hipótesis de que el bed sharing es peligroso por sí mismo independientemente de otros factores de riesgo. Hacen hincapié en la falta de datos importantes, como el AOR para los colechadores no fumadores, que debería ser considerablemente menor que el AOR general de los colechadores, que es 2.7. De hecho llegan a acusar a los autores de presentar los datos de manera que dan una idea exageradamente alta del riesgo real ya que en el resumen del artículo y la nota de prensa destacan, y sacan totalmente de contexto, un OR de 5.1, producto de comparar el grupo bedsharing/no fumadores/bebés menores de 3 meses, con un grupo de referencia que representa los de más bajo nivel de riesgo: bebes niñas, durmiendo sobre su espalda y sin otros factores de riesgo. Por el contrario, es evidente que el riesgo real es considerablemente menor que 2.7, hasta el punto de que podría no ser significativo.   
 
Un punto muy importante que destaca el informe de UNICEF es el hecho de que, como alternativa a amamantar al bebé en la cama y por miedo a quedarse dormidas antes de devolverlo a su cuna, muchas madres pueden decidir dar el pecho en lugares mucho más peligrosos, como sentadas en un sillón o sofá, donde el peligro que sufre el bebé en caso de que su madre sucumba al sueño es muchísimo mayor que en la cama parental. 
 
Por lo tanto UNICEF considera que sus recomendaciones, presentadas en el folleto Caring for your baby at night, no serán cambiadas por las limitadas conclusiones del trabajo de Carpenter.

La Liga de la Leche Internacional (LLLI) también ha hecho público sus comentarios sobre el estudio y, especialmente, su opinión sobre las recomendaciones de no practicar bed sharing bajo ningún concepto, argumentando que las últimas investigaciones han demostrado claramente que el bed sharing practicado por la madre y el bebé en las siguientes condiciones:
  1. Un hogar libre de tabaco (pre y postnatal)
  2. Cuidadores sobrios y en perfecto estado
  3. Madre que amamanta
  4. Bebé sano
  5. Bebé acostado sobre su espalda
  6. Bebé no sobre-abrigado
  7. Madre y bebé compartiendo una superficie libre de objetos y oquedades que puedan cmprometer las respiración del bebé
no presenta más riesgo de SIDS que el bebé durmiendo en una cuna.  También llaman la atención sobre la posibilidad de que el temor a practicar bed sharing obligue a la madre a amamantar en unas condiciones en las cuales, de quedarse dormida, su bebé estaría en muchísimo más peligro que en una cama de adultos convenientemente preparada para el colecho. De la misma manera nos recuerdan la íntima relación existente entre la lactancia materna y el colecho, así como el importante papel protector contra el SIDS de la lactancia materna. Finalmente, y dado que en muchos casos las madres optan por practicar bed sharing cuando ya están exhaustas, la LLLI les anima a planearlo de antemano, incluso aquellas que no cumplen los 7 requisitos antes listados, para tener siempre preparada una cama libre de objetos que supongan un riesgo de asfixia para el bebé. Para más información sobre las indicaciones de la LLLI para practicar un colecho seguro se pueden visitar estas direcciones:  Safe Sleep for Breastfeeding BabiesShould I sleep with my baby?
 
Como conclusión general de esta reciente publicación podemos extraer que este estudio no aporta ningún dato nuevo a los ya publicados, ni recoge datos experimentales nuevos analizando la relación entre bedsharing y el SIDS. Esto es importante porque cuando estos resultados se trasladan a la prensa sólo se transmite el titular y parece un nuevo descubrimiento o nuevos datos a tener en cuenta. Creemos que es importante destacar que en este estudio se analizan e interrelacionan estadísticamente estudios que ya estaban publicados, discutidos y difundidos por la comunidad científica. Este estudio recopila los resultados de estudios anteriores y hace un análisis estadístico sujeto a diversas interpretaciones ya que se obvian variables que en los estudios presentados y analizados previamente, en ocasiones, por los mismos investigadores que presentan la actual publicación, destacaban por su importancia y relevancia en la relación entre el SIDS y las condiciones particulares de colecho. Repentinamente estas variables citadas ya más arriba se vuelven menos importantes cuando se persigue una hipótesis concreta, relacionar el bedsharing y SIDS. Por tanto, consideramos que las afirmaciones extraídas de este artículo no están suficientemente sustentadas en los datos experimentales que utilizan. Como curiosidad podemos indicar que Carpenter fue el primer investigador que relacionó por primera vez el SIDS con el colecho en 1974, en estudios posteriores con otros colaboradores como Mitchell y Scragg suavizaron su posición admitiendo que los estudios presentaban carencias, entorno a 2004 se posicionaron relacionando SIDS y colecho sólo en el caso de madres fumadoras reconociendo no poder afirmar nada más allá y en 2013 vuelve a la carga con una recopilación de datos y un estudio estadístico nuevo. ¿No parecen estar buscando esta relación por activa y por pasiva no sin alguna connotación subjetiva?
 

Aunque el colecho no es una pauta obligada es obvio que se trata de una práctica muy extendida desde la propia historia del hombre y antropológicamente está sustentada en la instintiva necesidad de permanecer junto al bebé desde que nace. El sueño en solitario de nuestros bebés es una excepción histórica, evolutiva y culturalmente hablando (McKenna et al, 2007). No podemos olvidar una realidad fundamental: somos mamíferos y primates, y, como tales, nuestro hábitat natural para dormir como recién nacidos es en contacto con el cuerpo de nuestra madre.  Si dormir en este hábitat supone un riesgo entonces es evidente que hemos modificado las condiciones naturales del mismo en la dirección equivocada.

De la misma manera hemos de considerar que el hecho de sacar a la criatura de su hábitat natural ya supone un riesgo por sí solo, tal y como demuestran los estudios realizados por el Prof Nils Bergman (Bergman, 2005Morgan et al, 2011). A parte de los trabajos de este investigador, han sido numerosos los estudios que han corroborado que este instinto animal  que hace que la madre duerma lo más cerca posible de su cría tiene sus bases fisiológicas y psicológicas y por ello, ni la evolución, ni los factores históricos, ni los transculturales han acabado con una práctica en la que de manera natural tanto la madre como el bebé se encuentran mejor durmiendo juntos. Se ha demostrado, por ejemplo, que este contacto ayuda a los bebés a recuperarse más rápidamente de la fatiga relacionada con el nacimiento (Ludington-Hoe, 1999), el fomento lactancia espontánea (Gómez Papi et al, 1998), la promoción de la lactancia materna (De Chateau 1977McKenna, 1995), ayudando a los recién nacidos a preservar la energía y la aceleración de la adaptación metabólica, y por lo tanto aumentar el bienestar del recién nacido (Christensson et. al 1992). Se ha demostrado también que el contacto también se asocia con un aumento significativo en los niveles de oxitocina materna (Matthiesen, 2001Baddock et al 2006) lo que redunda en la contracción uterina, eyección de la leche, disminución de la ansiedad materna y una mayor tranquilidad de la madre que siente que vigila más a su bebé.

Ante todas estas evidencias nos parece que es mucho más interesante exigir a la comunidad científica que sea capaz de aislar y localizar las verdaderas variables que pueden estar influyendo en el mecanismo del SIDS (que no olvidemos que se produce tanto en la cuna como en la cama de los padres sin que esto se haya podido evitar hasta el momento, la primera denominación del SIDS fue "muerte en cuna") antes de emitir mensajes parciales alarmantes sobre una costumbre natural, extendida, frecuente e instintiva y basados en tratamiento estadístico de sólo algunos de los datos con los que se cuentan.

Está claro que el estudio del SIDS es controvertido y dramático y muy difícil desde el punto de vista científico, pero no parece ayudar mucho perseguir hipótesis que lejos de redundar en un claro beneficio para los bebés sigan la tónica cultural de aislarlos de sus madres y obviar la llamada instintiva de estar cerca de ellos. Consideramos que sería mucho más útil extender la idea de que el colecho precisa de unas ciertas medidas de seguridad, que las costumbres culturales, el tipo de cama, las condiciones de temperatura, las condiciones de cansancio extremo pueden influir en esta seguridad, pero que con unas correctas medidas de precaución pueden aunarse los beneficios instintivos de permanecer junto al bebé y una cierta protección frente al SIDS como otros estudios han demostrado también (Ford et al, 1993McVea et al, 2000McCoy et al, 2004Vennemann et al, 2009).

Recopilando estos datos nos parece importante emitir las siguientes respuestas:

 - ¿El colecho es inseguro y puede producir SIDS? No. No se ha demostrado la causalidad en absoluto. Hay casos de SIDS en casos de colecho (como los hay en cunas) donde no se han aislado todas las variables.

 - ¿El bebé que duerme solo en una habitación distinta a la de los padres tiene más posibilidades de sufrir SIDS? Sí. Aunque no se emitan grandes titulares al respecto, quizá porque no haya interés en evitar estas separaciones, sí hay estudios (Blair et al, 1999) que demuestran que es notable el aumento de SIDS cuando el bebé duerme solo en otra habitación incluso este efecto es más significativo si la casa es una casa ajena al habitual domicilio del bebé. Hay que tener en cuenta que las cunas sí están habitualmente preparadas son seguridad para el bebé (colchones rígidos, sin almohada, edredones, etc) y por tanto, en estos datos sí se aislaba notablemente esta variable.

¿Puede verdaderamente aislarse el factor de las madres fumadoras? Primero es complicado porque sólo se han contemplado las madres que no fumaban después del parto, no se conoce si algunas, todas o ninguna fumaban durante el embarazo y segundo, son ya son varios los estudios (Blair et al, 1999;Scragg et al,1993) en los que se indica que en una sociedad occidental con la alta tasa de fumadores que tenemos los datos de control de familias no fumadoras son mucho menores y por tanto, mucho menos significativos que los datos de familias y en concreto madres fumadoras. Es un factor bastante difícil de aislar por completo, aunque el análisis estadístico todo lo admita.

 - ¿Se conocen los verdaderos mecanismos que producen SIDS?. Por desgracia no, por eso en ocasiones se mezclan en los resultados las muertes por SIDS con otros fallecimientos (por asfixia, aplastamiento, excesivo calor) resultando confusas las verdaderas razones que lo han ocasionado y por tanto estar sujeto a las diversas interpretaciones de datos que observamos en las publicaciones científicas. Un avance en este sentido o un buen aislamiento de las variables (que resulta muy difícil de hacer en el estudio práctico de datos) podría aportar más claridad en las conclusiones.

Por lo tanto se hace evidente que los esfuerzos de los profesionales de la pediatría deberían estar dirigidos a optimizar el habitat natural del sueño de nuestros recién nacidos - en íntima proximidad con su madre - en lugar de cuestionar la seguridad del mismo planteando soluciones que, por sí mismas, también suponen un riesgo y nunca permitirían terminar con la tragedia del SIDS.

 

4.2.2. Colecho y Calidad del sueño 

Es interesante el hecho de que algunos trabajos sugieren que el colecho se traduce en un sueño más fragmentado para madre e hijo (Mindell et al, 2010(pg 274)Baddock et al, 2006Mao et al, 2004), dato que siempre ha sido valorado negativamente por la pediatría del sueño, a pesar de lo cual se ha demostrado que ambos sufren despertares más cortos, de manera que su sueño total no se ve disminuido (Mosko et al, 1997Mao et al, 2004). Por lo tanto, sería necesario investigar si estos múltiples, breves e incompletos despertares de la diada madre/hijo que colecha son realmente más nocivos que los despertares completos aunque menos numerosos cuando la madre se ve obligada a levantarse para atender al bebé que duerme en una cuna, y el bebé se ve obligado a esperar a que su madre llegue a atenderle.
 
En cuanto a los efectos a largo plazo del colecho, la literatura es variable: desde los que defienden que los niños que colechan con sus padres serán más dependientes, menos maduros o con más problemas psicológico  que los que no colechan (Estivill  et al, 2010Sadeh  & Anders, 1993), hasta los que defienden todo lo contrario (Gonzalez, 2010Okami et al, 2002). De todas formas, en los últimos tiempos los propios defensores de las técnicas de adiestramiento han tenido que admitir que el colecho es una práctica perfectamente aceptable y beneficiosa (Eckerberg, 2002), aunque limitan su bondad al colecho practicado por razones culturales (Meltzer & Mindell,  2007Morrel & Steele, 2003). Incluso una de las CBTs, la llamada camping out,  no deja de ser un colecho muy controlado, en donde al cuidador no se le permite interactuar libremente con el niño, pero al menos se le permite dormir con él sin obligarle a llorar solo hasta que se duerme (Sadeh, 2005Sadeh, 1996).
 
Y es que, a pesar de que algunos autores opinan que el sueño del niño que colecha es de peor calidad, las observaciones en diferentes culturas que tienen el colecho como norma nos dicen lo contrario. Hoy en día sabemos que las culturas indígenas que colechan raramente reportan problemas de sueño en sus niños (Blunden et al, 2011Small, 1999). En Japón, una sociedad con un altísimo porcentaje de colecho - 59% frente al 15% en las familias estadounidenses (Latz et al, 1999) - el insomnio infantil no es un motivo de preocupación y raramente es objeto de consulta médica (Jenni & O´Connors, 2005). Esto queda reflejado incluso en un estudio de Sadeh, del que hablaremos con más detalle más adelante (Sadeh  et al, 2011), y en el que quieren demostrar que en los países mayoritariamente asiáticos un mayor número de familias considera problemático el sueño de sus hijos, en comparación con los países mayoritariamente caucásicos; a pesar de lo cual queda registrado que en Japón (junto con Vietnam y Tailandia) este número es claramente menor (aunque los autores no especifican si la diferencia es significativa ya que tratan los países en su conjunto).
 
Japón, por sus altos índices de colecho y por sus características de país rico e industrializado pero no occidental,  ha sido un país ampliamente estudiado para elucidar la influencia del colecho en los problemas del sueño en la infancia (Latz  et al, 1999Heussler, 2005). En uno de estos trabajos (Latz et al, 1999) los autores observaron que las madres japonesas notificaron significativamente menos problemas del sueño en sus hijos que las madres estadounidenses (13% versus 25%). Para los autores, la observación más sorprendente de su estudio fue que las madres japonesas informaran sobre tan pocos despertares nocturnos y protestas a la hora de dormir en los niños con los cuales colechaban (entendiendo como colecho el dormir parcial o totalmente 3 o más noches por semana con su madre y/o padre). Incluso a pesar de que los niños que colechaban sufrían más despertares nocturnos que los que no colechaban dentro del grupo japonés, la proporción de niños japoneses que colechaban  que tenían despertares nocturnos que involucraban a sus padres era similar a la de los niños estadounidenses que no colechaban. Según los autores, esta observación contradice la opinión de los pediatras estadounidenses de que los niños duermen mejor separados de sus padres.
 
Un estudio de Morelli nos muestra que en la comunidad maya de Guatemala los niños siempre colechan, al principio con su madre y cuando tienen 2 o 3 años o llega un nuevo hermanito pasan a colechar con el padre o con otro hermano. Dormir solo se considera "una pena" y algo indeseable. Las madres Mayas entrevistadas en este estudio no notificaron problemas del sueño en sus hijos, ni resistencia por parte de los mismos a la hora de ir a dormir (Morelli et al, 1992).
 
En los años 2010 y 2011, Mindell y Sadeh publicaron cuatro estudios analizando las diferencias entre países predominantemente caucásicos (PC) y países predominantemente asiáticos (PA) [Mindell et al, 2010(pag 393); Sadeh  et al, 2011;  Mindell  et al, 2010(pg 274)Kohyama et al, 2011]  y a grandes rasgos llegaron a la conclusión de que el sueño infantil era de peor calidad en los PA, relacionando este hecho con que los padres de los PA colechaban y se implicaban más en el sueño de los sus hijos y, por lo tanto, estos desarrollaban menos capacidad de "autoconsuelo" [Mindell  et al, 2010 (pag 393)Mindell  et al, 2010(pg 274)]; también concluyeron que los PA consideran el sueño de sus hijos problemático en mayor medida que los padres de los PC [Sadeh  et al, 2011Mindell  et al, 2010(pg 274)]. Pero analizando en profundidad estos tres estudios podemos ver que tienen serias limitaciones.
 
En primer lugar todos están  basados mayoritariamente (luego hablaremos de las dos excepciones) en las respuesta de los padres al BISQ (Sadeh, 2004) a través de internet lo que, como los mismos autores admiten, produce una importante desviación hacia un tipo de población mayoritariamente urbana con acceso a internet, con un nivel de educación "occidentalizada" y socieconómico más alto que la media  en la mayoría de los PA analizados.  Además, de los 15 países que respondieron vía internet, 7 (de los cuales 5 eran PA: China, India, Malasia, Singapur y Filipinas)  lo hicieron a través de una conocida página de crianza (BabyCenter.com) por lo se que produce una desviación importante hacia las familias que visitan la misma, las cuales podemos suponer que tienen unas tendencias similares en el tipo de crianza, a pesar de las diferencias culturales.
 
Curiosamente, los dos únicos países donde el cuestionario se entregó en mano, Tailandia y Vietnam, no muestran la misma tendencia que el resto de PA (Sadeh et al, 2011) en cuanto a la consideración como "problemático" del sueño de sus hijos, ya que podemos ver que, al igual que Japón, el porcentaje de niños considerados con un sueño "problemático" es mucho menor que en el resto de países, tanto PA como PC. Desgraciadamente los autores no especifican si estas diferencias son o no significativas porque a excepción de una gráfica en uno de los artículos (Sadeh et al, 2011), en el resto de los análisis publicados en los tres artículos  [Mindell et al, 2010 (pag 393); Sadeh et al, 2011Mindell et al, 2010(pg 274)] comparan siempre los países en grupo, a pesar de la gran variabilidad reportada dentro del grupo de PA (Sadeh et al, 2011). La siguiente limitación es la naturaleza del propio cuestionario, como  ya hemos dicho previamente, y consideramos muy cuestionable su utilización para valorar el sueño infantil no sólo en culturas no occidentales, sino en grupos cuya aproximación al sueño infantil sea diferente a las normas establecidas por la cultura occidental. Creemos que por eso estos artículos no dan una visión realista y objetiva del sueño infantil en la población de los diferentes países asiáticos, sino que tienen un sesgo muy importante hacia los criterios occidentales.

Mindel y Sadeh participaron también en un estudio realizado en Nueva Zelanda y Australia utilizando la misma metodología (en mismo BISQ aplicado a través de la misma página web) (Teng et al, 2012). En este trabajo llegan a la conclusión de que la población estudiada tiene incluso un porcentaje más alto de sueño en solitario que los CA analizados con anterioridad, además de que observan un sueño más consolidado de más duración y menos despertares nocturnos, lo que les hace afirmar que esta población tiene hábitos de sueño más positivos y saludables. A pesar esto el porcentaje de padres que perciben el sueño de sus hijos como un problema es inesperadamente alto, más alto que en los CA (30.69% versus 24.66%). 

Tal y como comentan el pediatra Oskar Jenni  (Jenni & O´Connors, 2005), la investigación científica de la pediatría del sueño tiene importantes dificultades en lo que a los estudios comparativos e inter-culturales se refiere. La comparación entre culturas de los problemas del sueño infantil exige unas demandas muy complejas a los investigadores, porque, entre otras particularidades, la definición de lo que es "problema" en el sueño del niño varía ampliamente entre culturas. En nuestra sociedad occidental la capacidad de autoconsuelo y de dormirse independientemente de la intervención del cuidador (que no de un objeto inanimado o un comportamiento concreto, como balancearse o chuparse el dedo) es vista como un factor fundamental del desarrollo del sueño consolidado y no fragmentado, por lo que se considera deseable. Pero lo cierto es que no tenemos evidencias  de que un sueño más fragmentado (como parece que se da en el caso de los niños que colechan con sus padres o en el que los padres intervienen a la hora de ayudar al niño a dormirse) sea realmente un sueño de peor calidad (Jenni & Werner, 2011).

Como los propios Mindell y Sadeh reconocen [Mindell et al, 2010 (pag 274)] todavía quedan muchas preguntas por responder antes de que podamos realmente definir en que condiciones duermen realmente mejor nuestros hijos: ¿Qué parte de estos resultados es el reflejo de la cultura y qué parte de la biología? ¿Existen diferencias biológicas entre las diferentes etnias humanas como para explicar los diferentes patrones del sueño? ¿Afectan las diferencias observadas el comportamiento diurno? Las diferencias observadas en la percepción de los padres en cuanto a lo que es un problema de sueño en sus hijos ¿son reales o son fruto de las diferencias culturales que determinan las expectativas que tienen los padres?

En un estudio longitudinal sobre problemas del sueño y colecho en 493 niños de 1, 3, 6, 9, 12 y 28 meses de edad y hasta los 10 años anualmente, realizado por Jenni en Suiza, se observó un pico de prevalencia del 38% de colecho y despertares nocturnos (más de una vez por semana) en los niños de 4 años de edad. Los autores concluyeron que la condena de la práctica del colecho por parte de muchos profesionales de la pediatría es totalmente inapropiada, ya que la tendencia observada en la edad a la que ocurrían ambos fenómenos nocturnos debería ser entendida en el contexto de los cambios cognitivos, emocionales y físicos del niño (Jenni et al, 2005).

En la actualidad tenemos datos que parecen indicar que incluso en la sociedad occidental el colecho está empezando a ser más frecuente y satisfactorio que lo que los primeros estudios reflejaron (McKenna et al, 2007,McKenna & Volpe, 2007). Por ejemplo, según un artículo publicado en el año 2004, dentro de los Estados unidos de América - uno de los países que más practica y promociona el sueño en solitario de los bebé y niños dada la importancia que le otorgan a la individualidad, la independencia personal y al autosuficiencia - la forma de poner a dormir a los niños variaba enormemente según la etnia. Los americanos de origen africano son los que notificaban un índice más alto de colecho (57%), seguidos por los hispanos. Las familias caucásicas informaban sobre los índices más bajos de colecho (17%), que además solía corresponder al llamado colecho reactivo, o sea, que se practica no como un comportamiento asumido culturalmente sino como reacción a los problemas del sueño del niño. Por el contrario, el colecho en los americanos de origen africano y los hispanos respondía a una tradición cultural (Mao et al, 2004). Pero en un artículo publicado en el año 2007, el doctor McKenna escribe que en los últimos años ha habido un aumento considerable de familias caucásicas de nivel socieconómico alto que optan por el colecho como opción personal, probablemente relacionado con el auge de la lactancia materna, y que informan de que están muy satisfechos con su elección y ni sus hijos ni ellos presentan ningún problema de sueño (McKenna & Volpe, 2007). Ya en el año 2005 Gaylor (Gaylor et al, 2005), observó que en su muestra compuesta por universitarios caucásicos los padres no sólo colechaban con su hijo en un 25% de las familias, sino que en general no tenían una visión negativa del colecho y no lo consideraban un problema. 
 

4.3 Las Implicaciones del Colecho 

4.3.1 Colecho y Arquitectura del Sueño
 
El profesor McKenna sostiene que el colecho tiene una función muy importante en la fisiología del sueño de la madre y el bebé. Se ha demostrado la existencia de una sincronicidad entre madre e hijo en la evolución del sueño (los cambios de fase) y los despertares, a la vez que se observa un mayor número de despertares y un aumento del sueño en las fases de sueño ligero y una disminución en las fases de sueño profundo en el bebé (McKenna et al, 2007).

Los bebés que colechan pasan un tiempo significativamente mayor en fase REM que los bebés que no colechan (McKenna, 1995). Esta observación podría tener importantes consecuencias, ya que actualmente es bien sabido que el sueño REM es fundamental en el procesamiento de la memoria emocional (Nishida et al, 2009) y en el desarrollo de las capacidades cognitivas y del sistema de respuesta emocional, particularmente en el desarrollo de la respuesta emocional a la madre (McNamara et al, 2003). En la fase del sueño REM se produce una intensa activación de zonas cerebrales, como el sistema límbico y la amígdala, tradicionalmente asociadas a las emociones (Maquet et al, 1996Hobson et al, 1998). El sueño REM está implicado en la regulación de los circuido neurohormonales de la oxitocina y la prolactina, íntimamente ligados al desarrollo del vínculo madre-bebé y a la lactancia (Forsling, 1993).

 
4.3.2 Colecho y Lactancia

Como veremos más en detalle en el capítulo 6, desde diferentes campos de la investigación nos llega la sospecha de que la manera de dormir del bebé (colecho o sueño en solitario) y la lactancia son dos factores extremadamente relacionados.

Ya hemos comentado que el bebé que colecha aumenta el porcentaje de sueño REM y, en estudios en animales, el sueño REM parece tener un papel importante en la lactancia. Las ratas bebés maman cuando se encuentran en la fase de sueño activo y la duración de la misma esta directamente relacionada con la duración del episodio de amamantamiento. También se ha observado que el tiempo que la rata bebé pasa en sueño REM aumenta con el volumen de leche injerido, lo que se traduce en un aumento de peso de hasta un 4% (Lorenz et al, 1996).

Se sabe que los bebés que duermen regularmente con sus madres hacen más tomas durante la noche que los que duermen en solitario (Gettler & McKenna, 2011Gettler & McKenna, 2010), y tienen más probabilidades de seguir siendo amamantados a los doce meses de edad (Esparza & Aizpurua, 2010). También se sabe que los bebés amamantados duermen con sus madres con mayor frecuencia que los no amamantados (Ball, 2003Gettler & McKenna, 2010). Por lo tanto, es evidente que el colecho es un factor favorecedor de la lactancia ya que, como se puede ver en el en el capítulo 6 los frecuentes despertares nocturnos unidos a tomas frecuentes durante la noche tienen una gran importancia en el establecimiento y mantenimiento de la misma.


De la misma manera, la lactancia parece un factor importante a la hora de asegurar la seguridad del bebé durante el colecho. Ball (Ball, 2006), en concordancia con dos estudios anteriores (Richard et al, 1996Young, 1999) demostró que la madre que amamanta,  al igual que ocurre en las diadas madre-bebé de los grandes simios, duermen de una manera característica, formando una barrera protectora con su cuerpo alrededor del bebé. La parte superior de sus pierna evita que el bebé se deslice hacia abajo y quede cubierto por la ropa de cama, a la vez que con un brazo forman una barrera superior que evita que el bebé se deslice hacia arriba y quede cubierto o rodeado por las almohadas. El bebé queda así durmiendo en el colchón plano (sin almohadas) en una posición supina o lateral. El hecho de que la madre rodee al bebé con su cuerpo impide que ruede sobre él y evita que cualquiera que duerma en la misma cama haga lo mismo. 


En el caso de los bebés no amamantados, los autores de los estudios antes citados observaron diferencias significativas importantes en la colocación de la diada madre-bebé, sensibles de comprometer la seguridad del bebé: 


  1. La altura del bebé en la cama: en este caso el bebé no está con la cabeza a la altura del pecho de su madre sino que su cabeza descansa al nivel de la de la madre, o sea, a la misma altura que las almohadas (entre ellas o sobre ellas).
  2. Un numero menor de despertares y de despertares sincronizados.
  3. Menos tiempo durante la noche en que la madre se orienta cara a su hijo
Por todo ello podemos considerar que entre la lactancia y el colecho existe una íntima y compleja relación bidireccional. Todas estas consideraciones hacen que una organización como La Academia de Medicina de la Lactancia (Academy of Breastfeeding Medicine) - organización mundial de médicos dedicada a la promoción, protección y apoyo de la lactancia - cuestione las recomendaciones actuales generalizadas en contra del colecho ya que el hecho de compartir cama por parte de los lactantes y sus madres da lugar a interacciones complejas que son completamente distintas de las que tienen lugar cuando ambos duermen por separado y que deben ser evaluadas con detalle (Lawrence & Lawrence). 



4.3.3 Otras Implicaciones del Colecho 

El colecho también mejora la estabilidad cardiorespiratoria del bebé, su oxigenación y termoregulación, además de sufrir menos episodios de llanto (Ball, 2002Blair, 2008). Los bebés que colechan tienen un patrón de movimientos diferente a los que duermen en una cuna: hay una disminución total de los cambios de postura. Es posible que la presencia de la madre, con frecuencia tocando o meciendo al bebé, reduzca el estrés que este sufre durante el sueño (Baddock et al, 2006).

Aunque en la actualidad todavía parece pronto para asegurar que el sueño en solitario es estresante para los bebés humanos, aunque ya hay investigaciones apuntando en esta dirección, como un estudio de Morgan en el que demuestran que los neonatos que duermen separados de sus madres sufren mayor inestabilidad cardiaca  y una menor proporción de sueño tranquilo, todo indicativo de la activación de la respuesta de estrés del sistema nervioso autónomo, lo que les hace concluir que el hecho de separados de su madre es un factor estresante para los bebés, con el que todavía no pueden lidiar bien y por lo tanto sus efectos pueden  se impredecibles (Morganet al, 2011). Por otro lado, numerosas investigaciones en le modelo animal ya han demostrado que entre los primates no humanos una separación corta del bebé y su madre produce una serie de cambios fisiológicos potencialmente malignos en la cría  como es una explosión en la producción de cortisol, una disfunción del sistema inmune y anormalidades respiratorias. Cuando se pone a los primates  bebes no humanos a dormir en solitario sufren cambios significativos en su arquitectura del sueño, arritmias cardíacas y toda una variedad de síndromes depresivos ( Gettler & McKenna, 2009). También se ve afectado selectivamente su sueño REM (pero no el NREM) (McNamara et al, 2003). 
 
Pero los efectos del sueño en solitario pueden ir mucho más allá. Según el profesor Allan Shore, desde el final del embarazo hasta el segundo año de vida el cerebro del bebé está en un momento de crecimiento acelerado, un proceso que consumirá la mayor cantidad de energía de la vida del niño y, por lo tanto, requerirá no sólo la presencia de nutrientes (especialmente ácidos grasos insaturados de cadena larga), sino también experiencias interpersonales equilibradas para su desarrollo óptimo. El concepto de "período crítico", firmemente establecido en las ciencias biológicas, prescribe que una condición o estímulo crítico y específico puede influir en el desarrollo sólo en un período determinado. Pero esto también sugiere que durante los períodos críticos el crecimiento del cerebro es sumamente susceptible a factores ambientales adversos, como deficiencias nutricionales y experiencias afectivas interpersonales desequilibradas, ambas capaces de impactar negativamente en la salud mental del bebé (Schore, 2001Weiss & Wagner, 1998Nelson et al, 2007). El no tener en cuenta esta necesidad de contacto continuo con su madre que muestran los bebés pequeños, o la de la presencia continua de su cuidador (especialmente la madre) de los bebés más mayores, para adaptar el comportamiento del niño a lo establecido culturalmente en nuestra sociedad - esto es: que duerma solo - podría estar teniendo consecuencias importantes en el desarrollo cerebral de nuestros hijos y, por lo tanto, en su salud mental presente y futura. Si además añadimos que la manera en la que forzamos al bebé a adaptarse a esta situación conlleva que llore solo hasta la extenuación, sin que su madre cumpla su función como reguladora externa de sus emociones, el efecto podría ser devastador (Sunderland , 2006) .
 
Este contacto ininterrumpido entre la madre y el bebé que supone el colecho podría tener una importante influencia sobre el desarrollo del eje HPA, encargado de regular la respuesta al estrés. Parece que incluso el colecho entendido simplemente como compartir habitación ya es suficiente para producir cambios significativos. Recientemente, Tollenaar  ha demostrado  que los bebés de 1 mes que colechan, entendiendo como colecho principalmente al hecho de compartir habitación  ya que sólo un 5% de los bebés que colechaban compartían cama, se estresan menos al ser sacados del baño - esto es, al exponerse a una situación  diaria suavemente estresante-   que los que no colechan (o sea, los que duermen en otra habitación) (Tollenaar et al 2012). Esto resultados estarían en concordancia con otros estudios como el de  Waynforth (Blunden et al, 2011Waynforth, 2007),  en el que demostró que los niveles de cortisol en los niños que colechaban con sus padres más de un año era significativamente inferior a la edad de 5 años que los que no colechaban o los que habían colechado menos de un año, lo que incluso sugiere efectos a largo plazo del colecho que podrían estar extendiéndose hasta los 5 años de edad. 

Otro trabajo reciente publicado por Beijers (Beijers et al, 2013) nos demuestra que la historia de colecho y lactancia en un niño durante los primeros 6 meses de vida está relacionada con su respuesta al estrés a los 12 meses de edad. En este estudio los autores analizaron el aumento de los niveles de cortisol en niños de un año enfrentados a una situación estresante, como es el métod de "La situación extraña"creada para valorar el tipo de apego (Ainsworth et al, 1978), y descubrieron que un mayor número de semanas de colecho predecían un aumento de cortisol menor ante esta situación, mientras que un mayor número de semanas con lactancia materna predecían una mejor recuperación  de los niveles basales de cortisol. 


En cualquier caso todavía existe poca investigación en este área, y se hacen necesarios muchos más estudios y más potentes para poder llegar a tener una idea fidedigna de la influencia del sueño en solitario de los bebés sobre su capacidad para manejar el estrés.

El colecho regular también afecta significativamente el comportamiento de la madre respecto a su bebé. Las madres que colechan regularmente responden a las necesidades de sus hijos más rápidamente y nunca les dan la espalda en la cama,  a diferencia de las madres que colechan ocasionalmente (Ball, 2002Baddock et al, 2006).

 

Un estudio reciente nos permite añadir que el colecho también tiene efecto sobre el padre. Gettler ha demostrado que los padres que duermen en la misma superficie que sus hijos tienen menores niveles de testosterona (T) por la noche, y una mayor disminución de la misma durante el día, que los padres que duermen separados de sus hijos (Gettler et al, 2012). Los humanos somos una de las pocas especies de mamíferos en la cual el padre se implica en la crianza de la descendencia. Estudios en animales han demostrado que los machos de estas especies sufren un cambio hormonal cuando pasan de la fase reproductiva (conquista de hembras y competencia con otros machos) a la paternal (cuidado de la cría), y que la hormona más implicada en este cambio es la testosterona (T). Hoy en día cada vez hay más evidencias de que este modelo también se aplica al macho humano. Estudios experimentales han demostrado que los hombres con T alta muestran menos simpatía o necesidad de responder a las necesidades de los bebés que los hombres con T baja, que la T disminuye conjuntamente con la respuesta a los llantos de un bebé y que los padres que más se implican en la crianza tienen la T más baja que los que menos se implican. Todos estos resultados apuntan a que la T reduce los recursos de los hombres para el ejercicio de la paternidad, y disminuye su sensibilidad a las necesidades de su descendencia.
 
Y a todo lo dicho hasta el momento también podemos añadir los resultados de un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista Nature Neuroscience (Arzi et al, 2012), en el que lo autores expusieron mientras dormían a un grupo de personas a varios olores, agradables y desagradables, seguidos de diferentes tonos musicales. Observaron que una vez despiertos y en ausencia del olor, los participantes olisqueaban tras escuchar el tono, lo que demostraba que habían aprendido una nueva asociación entre olores y tonos. Este experimento demuestra que los seres humanos somos capaces de aprender nueva información mientras dormimos y que esto puede afectar nuestra conducta despiertos. Estos resultados, junto con los de otro estudio anterior en el que demuestran que bebés de 3 meses de edad son capaces de anticipar un acontecimiento mientras duermen (Nakano et al2008), nos llevan a pensar que el colecho puede tener un papel importante a la hora de imprimir experiencias de olores, sonidos, contacto y afecto en el cerebro de los bebés. Dado que el desarrollo del sistema nervioso central es altamente dependiente de los estímulos ambientales y que los dos primeros años de vida son tan importantes en el mismo (Weiss & Wagner, 1998) ¿Es posible que al forzarles a dormir en solitario, en un ambiente sin ningún tipo de estímulo sensorial, estemos negando experiencias importantes para su aprendizaje, de una manera paralela a lo que ocurre con los bebés que sufren importantes carencias de estímulos sensoriales cuando están despiertos ?

¿Podríamos estar afectando gravemente el sueño de nuestros bebés y niños simplemente por la imposición de una manera de dormir establecida culturalmente que está lejos de sus necesidades reales; un efecto que las técnicas de adiestramiento no consiguen revertir, sino sólo camuflar, pagando un alto precio en su desarrollo neurológico?
 

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Comentarios: 2
  • #1

    juana (martes, 26 abril 2016 08:13)

    Wow muy emocionada por lo que este gran hombre hizo por mí para ayudarme a conseguir concebir un bebé propio después de casada durante los últimos años de ningún niño, pero ya que me encontré con este hombre en línea mi problema ahora es resolver y ahora estoy embarazada de 4 meses de embarazo y estoy muy emocionado de estar en este estado de ánimo, que me he estado buscando desde hace mucho tiempo y doy gracias a Dios me encontré con este gran hombre en el tiempo que resolver mi problema en contacto con él en priestonomeherbaltemple@outlook.com para su solución también.

  • #2

    تحديث الحالة (martes, 26 abril 2016 10:49)

    Esta me gusto por lo recibido anoche, trabajos de mujeres respiro, gracias Mari por compartir, y por el recordatorio que te hizo esta mujer con lo que trabajar las mujeres nuestras
    تحديث الحالة

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