¿Porqué lloras?

 

 

NOTA;  eL OTRO DÍA ANTES DE SALIR DE VACACIONES  HABBLABA CON UNA CHICA DE 14 AÑOS, RESPECTO A LAS CARRERAS, LE GUSTA PSICOLOGÍA, Y VIENDO MI BLOG, CHARLAMOS AL RESPECTO, ELLA MISMA CON SU EDAD, ME DIJO<< ANTIGUAMENTE LAS MUJERES, Y CONCRETAMENTE LAS INDÍGENAS PARA PARIR NO NECESITABAN GENTE, SABÍAN QUÉ Y CÓMO, SE IBAN A LA SELVA CAVABAN Y AHÍ DABAN A lUZ, CIERTO  Y TAMBIÉN ME DIJO QUE ESO QUE DICEN LOS BEBES DÉJALOS LLORAR ME SUENA MAL, PORQUÉ, HACER ESO CON UN SER INDEFENSI

CIERTAMENTE TIENE TODA LA RAZÓN Y EL SABER INNATO DE SU INOCENCIA Y EDAD, ESTAMOS TOTALMENTE CONFUNDIDOS EN TODO..SOMOS MÁQUINAS QUE OTROS MANEJAN, SE PONE LA MODA DE <<AUTOESTIMA<<, ESO ES  SIN CONCIENCIA...AMARSE ES UN ESTADO ABSOLUTO DE COMPRENSIÓN, DE DONDE ESTOY, QUIEN SOY QUE HAGO..SE IMPONEN MODAS, CON EL FÍN DE NOTORIEDAD, YA QUE EL CUERPO, TIENE UNAS TENDENCIAS, A LA MECANICIDAD, ..HAY QUE ESFORZARSE EN SER CONSCIENTE, ESTO ES IMPORTANTE DESDE EL MOMENTO DE LA CONCEPCIÓN , NO ME CANSO DE REPETIRLO, ES ASÍ Y SI NO EMPEZAMOS DESDE AHÍ DAMOS VUELTAS SOBRE EL MISMO SITIO...VAMOS SIEMPRE EMPONDERANDO..HAY QUE RESPETAR OTROS PROCESOS...SUBIRSE A UNA TARIMA  NO ES SINÓNIMO DE SAPIENCIA, NI DE GRANDES LOGROS...YA QUE LOS LOGROS SON LOS INTERNOS..AHÍ Y DESDE AHÍ TIENES CONCEPCIÓN DE TU BEBE...NI LAS PALABRAS DE UNO NI DE OTRO..YA QUE ESTOS DE AHORA, DIGO LOS NUEVOS QUE ABOGAN POR LO NATURAL..¡NO LO HICIERON ANTES'..SIEMPRE HA SIDO, AHÍ TENEMOS A LOS INDIGENAS, A LAS GRANDES MATRIARCAS..Y NO EXHIBEN...SON, ESO ES SER NATURAL...HAY MUCHAS FORMAS DE LLEVAR A UN BEBE....PERO LA AUTÉNTICA ES VACIAR TODO EN TÍ PARA SENTIRLE..VACIAR TODO EN TÍ PARA QUE ÉL SEA..SI NO HACE FALTA GRANDES SEMINARIOS PARA ESTO, ES NATURAL EN UNO...LO QUE DUELE SON NUESTROS PERINATALES, ESOS ASPECTOS NO SANADOS E INTEGRADOS EN NOSOTROS, POR ESO DUELE EL PARTO, POR ESO OCURREN VIVENCIAS  VARIABLES EN EL PARTO..REVIVÍMOS EL NUESTRO EN EL VIENTRE DE MAMI, TRABAJEN SUS PERINATALES, TRABAJEN ESTO POR AMOR A SUS BEBES..SER UNA GRAN M,ADRE NO ES AQUELLA QUE ENSEÑA PECHOS DANDO DE MAMAR, O LO LLEVA COLGADO A TODAS HORAS...HABLAMOS DE SER CONSCIENTE...DE DAR CONSCIENTEMENTE, TÚ NO PUEDES LLEVAR A TU BEBE A SEGÚN QUE ESTADOS, PERDÓN PODER PUEDES, PERO ÉL SE ALIMENTA DE ESA RELACIÓN ENERGÉTICA EXISTENTE ENTRE TÚ EL AMBIENTE Y LAS CONVERSACIONES CON EL ALREDEDOR..ES TEMA REPITO DE RESPONSABILIDAD..SER CONSCIENTE....

lES COPIO ESTE TEXTO ES DE UN LIBRO QUE POSEO, TIENE YA SUS AÑITOS..

 

 

María Cubells y Sonia Ricart
Ediciones Martínez Roca, 2000
Comentado por Carlos González, pediatra, colaborador de la revista Ser padres y autor del libro Mi niño no me come

En el erial de la literatura actual para padres, el libro ¿Por quélloras?, del pediatra José María Cubells y la psicóloga Sonia Ricart, es como un viento de libertad o como una rosa del desierto.

Cubells y Ricart parten de la presunción de inocencia. El respeto y el cariño que muestran suena decididamente real, surgido más de la experiencia de la paternidad que de estudios y lecturas. El niño que nos describen no es ese supuesto monstruo galáctico, siempre dispuesto a exigir nuestra servidumbre y a aprovechar nuestra debilidad, que nos presentan otros «expertos»; sino una criatura humana, con sus virtudes y sus flaquezas, que anhela nuestro cariño y nos ofrece el suyo sin condiciones, que intenta comprendernos y complacernos, que necesita nuestra ayuda y nuestra presencia, que a veces se ve desbordada por acontecimientos que no domina o por sentimientos que no sabe analizar ni expresar.

Los autores han sabido evitar por igual el argot médico y la jerga psicológica, consiguiendo un texto fluido y elegante, que las madres y padres comprenderán y disfrutarán, y que los pediatras y psicólogos deberían estudiar y meditar.

Respetar a los niños ya no está de moda, si es que alguna vez lo estuvo. Ahora se hace hincapié en las «necesidades» de los padres frente a los «caprichos» del hijo. La sección de puericultura de cualquier librería está dominada por títulos del tipo Cómo domar a los niños, Cómo decir no a los niños, No seas impertinente, Duérmete, Cómo imponer límites... En ellos se explica que los niños nos manipulan, nos esclavizan y hacen teatro, que necesitan límites y disciplina, que no debemos responder en seguida a su llanto para que se acostumbren a tolerar la frustración.

El libro comienza precisamente desmintiendo estos tópicos: el niño no llora para fastidiar, no finge, no intenta manipularnos. Al contrario, llora porque está sufriendo, e intenta comunicarnos su dolor para obtener nuestra ayuda. La respuesta ante el llanto del niño debe ser inmediata y respetuosa; ofrecer nuestro contacto y nuestra compañía al tiempo que intentamos entender la causa del llanto y ponerle remedio. No siempre podemos encontrar la causa, no siempre podemos solucionarla; pero siempre podemos confortar a nuestro hijo con nuestra presencia y nuestra atención.

A veces, ni el mismo niño sabe bien por qué llora, o no es capaz de expresarlo. Los padres deben emprender un trabajo detectivesco, ofreciéndole pistas hasta dar con la buena.

Con sibilina astucia, los autores dan la vuelta a varios argumentos que habitualmente se usan en contra del niño:

- El difícil momento de conciliar el sueño... es difícil para el niño, que quiere dormir y no puede; por suerte podemos ayudarle con nuestra presencia física en tan delicado momento.

- Aprender a tolerar la frustración no consiste en frustrarles a propósito y dejarles llorar «para que aprendan», sino en ayudarles a alcanzar objetivos asequibles, evitando así la frustración que producen las metas inalcanzables. Se reconoce que el llanto o la rabieta es la reacción normal y sana de un niño ante una frustración, y que por tanto somos los padres los que debemos aprender a tolerar tales enfados, a reconocer que el niño está sufriendo y necesita más que nunca nuestro contacto y afecto.

- Permitámosle llorar no significa lo mismo que «dejarle llorar» (irse de la habitación y que llore), sino todo lo contrario: reconozcamos que está enfadado o dolido y que tiene derecho a estarlo, no nos enfademos con él porque llora, ofrezcámosle nuestros brazos y nuestro consuelo.

- ¿Quién manipula a quién?, es un título suficientemente expresivo. Nuestros hijos viven en un mundo que hemos hecho a nuestra medida, tomando continuamente decisiones sin consultarles. Esperamos que nos obedezcan, y casi siempre lo hacen; esperamos, además, que lo hagan alegres y sin rechistar, aunque no estén de acuerdo. ¿Cuántas veces no hemos oído que es fundamental mantener nuestras decisiones y no ceder a los llantos de los niños? Si cedemos, nos decían, el niño aprende a ser cada vez más exigente. Pero Cubells y Ricart responden con una afirmación liberadora, casi revolucionaria: cuando cedemos, le estamos enseñando a ceder.

Particularmente interesantes resultan los ejemplos prácticos que salpican el libro, ejemplos que transmiten la frescura de la vida real, y con los que muchos padres podemos sentirnos identificados. Quién no conoce a Alba, el bebé que cada vez llora más porque sus padres novatos creyeron en el manido consejo de «no vayas en seguida cuando llore, hazla esperar un rato»; a Diego, el pequeñín que ante un estruendo inesperado se asusta, pero no rompe a llorar porque un adulto amable le tranquiliza; a Elena, que se negaba a ir al cole, pero fue contentísima cuando su mamá averiguó la verdadera causa y la borró de piscina; a Álvaro, atormentado por los celos pero aún más por la actitud de quienes no entienden que es normal tener celos; a Marta e Iván, hermanos parecidos en todo, excepto en que el uno siempre duerme y la otra siempre llora; y a su mamá, tan sorprendida por el llanto como por su ausencia, y que tras haber deseado un niño más tranquilo se pregunta, ahora que lo tiene, si no estará enfermo; a Juanjo, llegó a casa tan hambriento que hubo que entretenerlo con juguetes mientras se preparaba la cena... y ahora está tan entretenido que no quiere ir a cenar; a Enrique, que llora desesperado porque sabe que a su padre no le gustan los niños llorones... Sobre todos ellos derraman los autores su amor y su respeto; el llanto de estos niños se nos hace súbitamente comprensible, justificado, humano.

No es fácil ponerse en el lugar del niño, y mucho menos del bebé. Por eso he encontrado especialmente útil el pequeño cuento del esquiador ingresado en un hospital suizo, con una pierna y un brazo roto, atormentado en medio de la noche por un fuerte picor en un pie, tan incapaz de rascarse como de pedir que le rasquen en una lengua extraña, y temeroso de hacerse pesado si vuelve a llamar a la enfermera por lo que parece una tontería. El esquiador lloró; y usted, ¿qué haría?

¿Por qué lloras? es un libro humano y ameno, que se lee de un tirón. Mientras corre a comprar su ejemplar, medite sobre una de sus frases:

Hay que olvidar el tópico de que el niño llora porque quiere. Para llorar es necesario estar sintiendo alguna cosa.

 

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