...y MÁS DE AFECTO, APEGO DESARROLLO

 

De acuerdo a diversos autores, el vínculo madre-hijo se inicia desde la gestación, a través de las representaciones que la madre va construyendo durante el embarazo. Dichas representaciones estarían ancladas en su propia experiencia de apego en la infancia, lo que sentaría las bases de la transmisión transgeneracional de los vínculos de apego. Objetivo: Determinar la relación entre el estilo de apego de la madre y el tipo de representaciones que ésta construye acerca del hijo en gestación, de sí misma como madre y de su propia historia de apego, durante el embarazo. Pacientes y Método: Estudio cualitativo con análisis interpretativo de los datos. Se seleccionaron 3 mujeres primigestas, con distintos estilos vinculares, identificados a través del Parental Bondig Instrument, a las cuales se les realizó una entrevista semi-estructurada, en función de una pauta guía que contenía los principales ejes teóricos del estudio. Para el análisis de los datos, se utilizó la adaptación de Flick de la Grounded Theory. Resultados: Los resultados muestran que existen diferencias tanto en los contenidos temáticos, como en la calidad, cantidad y coherencia de las representaciones maternas, dependiendo del estilo vincular. Conclusión: Los resultados aportan al conocimiento del mundo representacional de la mujer embarazada, lo cual permite el desarrollo de intervenciones prenatales para promover el establecimiento apego seguro madre-hijo.
(Palabras clave: Embarazo, representaciones maternas, estilo de apego materno, vínculo madre-hijo).
 

Introducción
La importancia de las relaciones de apego para la compresión del origen y mantención de las relaciones cercanas, el desarrollo de la personalidad y la psicopatología, ha sido bien documentada en la literatura1-3. El concepto de apego acuñado por Bowlby4, da cuenta de un sistema comportamental innato, propio de los seres humanos, que se activa en situaciones de amenaza o aflicción y que tiene la finalidad de recuperar el bienestar, a través de comportamientos destinados a recibir apoyo, cuidado y protección del cuidador primario3. El apego conforma un sistema de regulación diádica entre el cuidador y el infante, siendo imprescindible la presencia y disponibilidad del cuidador, ya que dependiendo de las experiencias repetidas (positivas, negativas o ambas), el niño desarrolla una serie de representaciones mentales acerca de la naturaleza de la relación con su figura de apego y acerca de su propia existencia1,4-8. Se han descrito estilos o patrones de apego, de acuerdo a los distintos modelos mentales que se van construyendo, las que moldean el procesamiento de la experiencia cognitiva y afectiva de los seres humanos9.
El estilo de Apego Seguro describe a sujetos que son capaces de reconocer sus estados de necesidad, pudiendo recurrir en búsqueda de apoyo; su modelo mental internalizado es positivo tanto respecto a si mismo como de los demás. El patrón de apego Inseguro Evitativo, falla en el reconocimiento de la angustia o incomodidad, por tanto, no busca ser consolado; su modelo mental implica una percepción de los otros negativa, en términos de la receptividad y disponibilidad al cuidado, y una percepción también negativa de sí mismo, como alguien que no merece ser cuidado. El patrón de apego Inseguro Ambivalente mostraría un modelo mental caracterizado por la internali-zación de una relación poco predecible e inestable con sus figuras de apego temprano, manifestando una respuesta emocional hipersensible y expresiones intensificadas de angustia. Así, existiría una tendencia a buscar cuidado y afecto de la figura de apego, al mismo tiempo que sentimientos de temor a ser ignorados o abandonados9-11.
En las últimas décadas, se ha reconocido que la relación de apego entre una madre y su hijo se comienza a establecer durante el embarazo, lo cual es conocido como apego prenatal. Su importancia radica en que existen asociaciones entre el apego prenatal y postnatal12, lo que tiene importantes implicancias para el desarrollo cognitivo, emocional y social posterior del bebé, al asociarse directamente con la calidad de la relación madre-hijo y la sensibilidad para captar y responder a las manifestaciones de apego del bebé, luego del nacimiento del mismo4,13-17. De este modo, el tipo de representaciones que surjan en la madre, se asociarán posteriormente con su capacidad de regular los estados de estrés del bebé y con la calidad del cuidado y tipo de vinculación que establecerá posteriormente con éste7,18.
El inicio de este vínculo prenatal emerge a partir de las representaciones o imágenes internas que la madre va construyendo acerca de su hijo, siendo el embarazo un período clave para la emergencia de dichas representaciones2,19. Así también, durante el proceso de convertirse en madre, ocurren importantes procesos en la mujer, en donde su identidad y rol sufren importantes transformaciones. Los modelos que traía sobre sí misma, van adaptándose y reorganizándose en la construcción de un nuevo mundo representacional, en el que se entrelazan modelos sobre su ser mujer, sobre su rol como futura madre, como pareja, y de su familia de origen en general20-22. En relación a lo anterior, existe evidencia de que el tipo y calidad de las representaciones que la madre genera durante el embarazo, se relacionan estrechamente con su propia historia de apego5.
El objetivo de la investigación es establecer la asociación entre el estilo de apego materno y las representaciones que ella construye acerca de sí misma como madre, sobre su futuro hijo y sobre su propia historia de apego, durante el embarazo.
  
Método
Se utilizó una metodología cualitativa para producir hallazgos por medio del análisis interpretativo de los datos, con el propósito de descubrir conceptos y relaciones entre éstos y luego organizarlos en un esquema explicativo teórico23. El enfoque utilizado se basó en la reformulación del modelo tradicional de Teoría Fundada de Glasser y Strauss24, planteada por Uwe Flick25.
Participantes y Procedimiento
La muestra fue definida a priori y se orientó a la búsqueda de 3 mujeres, que fueran casos prototípicos de cada uno de los tres patrones de apego definidos por Ainsworth9, que estuvieran cursando entre el cuarto y octavo mes de gestación y que accedieran a participar en el estudio. Se tuvo contacto a la muestra a través de médicos obstetras que accedieron a colaborar con el estudio, los que proporcionaron datos de aquellas pacientes que se consentían a participar y a la vez cumplían con los requisitos de ingreso. De este modo, se procedió a evaluar el estilo de apego a 15 mujeres embarazadas, de modo de encontrar los casos más típicos de los 3 patrones de apego. A los casos seleccionados, se les realizó posteriormente una entrevista semi-estructurada, en base a una pauta guía previamente elaborada, que contenía los principales ejes de la investigación. Todas las participantes firmaron un consentimiento informado, que contenía los aspectos generales de la investigación y los resguardos éticos de la misma.
Instrumentos
Parental Bonding Instrument (PBI). Mide la percepción de la conducta y actitud de los padres en la infancia y adolescencia, basándose en las dimensiones de cuidado y sobreprotección. Las dos dimensiones forman escalas que se asocian a cinco estilos vinculares parentales: Vinculación Óptima; Vínculo Ausente o Débil; Control con Afecto; Control sin Afecto, Promedio Estadístico26. Para efectos de la presente investigación, se consideró como Apego Seguro a la vinculación óptima, como Apego Inseguro Evitativo al Vínculo Ausente o Débil y como Inseguro ambivalente al Control con Afecto y Control sin afecto27,28.
Entrevista semiestructurada. La entrevista realizada se caracterizó por la flexibilidad propia de esta técnica de recolección de información, en la que siguiendo una pauta base, se realizaron preguntas abiertas, sosteniendo una conversación fluida, de acuerdo al ritmo de cada entrevistada, que permitieran la expresión de la subjetividad y ahondar en los tópicos generales, previamente reseñados. La conversación se centró en la exploración de los siguientes ejes temáticos: representaciones del hijo, representaciones de sí misma como mujer y como madre, de la relación de pareja y de la historia relacional con la familia de origen. Las entrevistas fueron grabadas para registrar con mayor fidelidad las narrativas de las madres participantes, luego se realizó una transcripción literal de cada una de ellas.
Análisis de los datos
Se utilizó la Codificación Temática planteada por Uwe Flick25, diseñada para comparar grupos o sujetos. El procedimiento implica un proceso de pasos sucesivos, en donde primero se analizaron los casos uno a uno, para posteriormente generar un sistema de categorías, a través del método de la Codificación Abierta. Lo anterior implicó expresar los datos e información surgida de cada entrevista en forma de conceptos, para después agruparlos en categorías mayores, relevantes para la pregunta de investigación. Como resultante del proceso analítico de la codificación abierta, se obtuvo una lista de categorías y sub-categorías. Posteriormente, se cruzaron los casos individuales, en función de las categorías anteriores, con el fin de desarrollar una estructura temática que permitiera la elaboración de similaridades y diferencias entre las representaciones de cada participante y su correspondiente patrón de apego.
Resultados
1.      Codificación abierta
En la tabla 1 se exponen las categorías y subcategorías obtenidas a partir del análisis de cada uno de los casos.


2.      Codificación Temática
2a.      Representaciones sobre el hijo
La gestante con un Vínculo Seguro, manifiesta la existencia de una intensa conexión con su hijo en el período prenatal. Es capaz de sentirse muy unida con éste y a la vez diferenciada, en tanto logra distinguir entre los ritmos de sueño y vigilia propios y los de su hijo. Muestra una gran cantidad y calidad en sus representaciones fetales, siendo estas flexibles, específicas y positivas. Describe al futuro hijo a partir de diferentes aspectos de su propia personalidad y en base a movimientos del feto.
La mujer con Vínculo Inseguro Ambivalente, describe al futuro hijo a partir de sus expectativas respecto de éste, teniendo representaciones que surgen a partir de un ideal de persona deseado por ella. Se aprecia dificultad por parte de la madre de generar una representación coherente y específica del hijo. Las representaciones del hijo corresponden a una combinación de las características positivas de sí misma y del padre, presentándose un hijo idealizado, independiente de los movimientos fetales o de la conexión prenatal percibida. Al mismo tiempo, estas representaciones son atravesadas por los temores de la madre, lo que se extiende a los distintos planos represen-tacionales, como miedos en relación al parto, a la personalidad del futuro hijo, a sí misma como madre, relación futura del padre con el hijo, lo que le genera un estado de inseguridad generalizada.
La mujer con Vínculo Inseguro Evitativo, muestra preocupación por llegar a transmitir estados negativos al hijo durante el embarazo. Se resiste a la emergencia de representaciones del hijo, por su creencia de que la no correspondencia entre el imaginario con la realidad, podría transmitir al bebé la desilusión de no ser como se esperaba. Por otra parte, se esfuerza en tener conductas y actitudes dirigidas a promover el bienestar del hijo (estar calmada, no discutir, evitar situaciones estresantes, etc.), todo esto tomando como base a la creencia de que los estados mentales y emocionales de la madre son transmitidos al feto.
2b.      Representaciones sobre sí misma y los otros
En la madre con Vínculo Seguro, las transformaciones físicas y emocionales propias de la condición de embarazo, llevan a un ajuste paulatino, de nuevas pautas de conducta y a la reacomodación de la rutina. Presenta representaciones de confianza en si misma y en los otros durante el proceso del parto y en la crianza posterior. Su definición del rol de madre lo construye a partir de sus propias características, intereses y actividades, así como también, por las características, intereses y actividades imaginadas del futuro bebé.
La madre con Vínculo Inseguro Ambivalente, presenta una inclinación hacia pensamientos pesimistas en torno al desarrollo positivo del embarazo, razón por la cual, busca estrategias que le proporcionen una matriz de apoyo y seguridad para el cuidado y protección de ella y del futuro hijo. Los cambios emocionales propios de la gestación, son vivencia-dos de manera intensa y poco autorregulada, observándose una exaltación de los afectos. La seguridad en el parto es prioritariamente puesta en los otros, mientras que se evidencia una falta de confianza en sí misma. Le surgen fantasías aterrorizantes respecto al parto, en relación al dolor físico, como también, por la posibilidad de daño y muerte de ella o del bebé. Los temores relacionados consigo misma como madre, se relacionan con fallar en la protección y cuidado del bebé y con no ser una buena madre.
La mujer con Vínculo Inseguro Evitativo, espera a sentirse segura de sus propias capacidades para ser madre, antes de tomar la decisión de concebir. Posteriormente, trata de evitar tener imágenes o pensamientos acerca de sí misma en el rol de madre, no evidenciando proyecciones respecto a su rol parental futuro. Sin embargo, se representa una forma "buena" de relacionarse con el hijo, en donde ella promueve el apego y la conexión emocional con éste. A diferencia de los otros tipos vinculares, no busca apoyo en amigos o familiares, confiando más en si misma que en los otros, manejando su angustia sin pedir ayuda.
2c.      Representaciones acerca de la historia de apego
En el Vínculo Seguro, se organiza la experiencia de embarazo en relación al apoyo de la figura de apego principal, es decir, la madre. Es a partir de esta base segura, que desarrolla habilidades más eficaces para regular y controlar el estrés. Se aprecia facilidad para recordar el pasado y capacidad de integrar lo vivido en una perspectiva autónoma de sí misma, en un relato coherente y consistente de los recuerdos infantiles, logrando integrar diferentes experiencias en una globalidad. Define las características de sí misma como madre en relación a las características de la propia figura materna, ya sea por semejanzas o diferencias.
En la mujer con Vínculo Inseguro Ambivalente, la madre es descrita como inconsistente en las respuestas de cuidado, debido a lo cual, ella aspira a convertirse en una madre muy diferente, buscando compensar las carencias de cuidado en la infancia y la inseguridad que percibe en la vida adulta. Esta diferenciación, contiene una idealización del propio estilo maternal, proyectándose con altas expectativas respecto a sí misma como madre. Su relato muestra marcada dificultad de articulación de los distintos episodios de la historia vital; no logrando imprimir un sentido global a sus experiencias. Por otro lado, hay una representación de falta de continuidad e inconsistencia en la protección otorgada por los padres, lo que la lleva a tener miedo de no responder a las necesidades de protección del hijo.
Por otra parte, la mujer con Vínculo Inseguro Evitativo, evidencia la intención de cambiar la pauta de crianza materna, basándose en experiencias infantiles negativas. En este caso, la reformulación de los patrones de los padres lleva a definir lo no deseado y a reemplazarlo por algo nuevo. Al mismo tiempo, existe inquietud por revisar los ciclos vividos, dada la importancia de otorgar sentido a la vida. A partir de ello, se aprecia un claro intento de dar significado y reformular la experiencia de rechazo con los propios padres durante el embarazo, obteniendo significados reparadores. En el relato, aparecen detalladamente las experiencias infantiles que no se quieren repetir. Las temáticas son abordadas de modo muy abstracto y generalizado, utilizando muy poco la memoria episódica para enriquecer el relato, el que se presenta con abundantes vacíos.
Discusión
A partir de los resultados descritos, se pone de manifiesto que durante la gestación del bebé, se desarrollan en la mente de la mujer embarazada imágenes, esperanzas, expectativas, temores y deseos sobre su futuro hijo, como también de sí misma como madre y de su historia de apego19,20,29-31. La importancia de estas representaciones radica fundamentalmente en su influencia en la futura conducta interactiva de la madre con el bebé. En el presente estudio, de acuerdo a los distintos tipos vinculares de la muestra, se aprecian diferencias de contenido, calidad y cantidad de las representaciones maternas.
Los resultados obtenidos, que concuerdan con investigaciones precedentes5,16,32, señalan que la madre con Apego Seguro presenta una representación equilibrada coherente y flexible del niño, así como una concepción de sí misma como capaz de proveer cuidado y seguridad. La madre con Apego Inseguro Ambivalente representa a su hijo de manera ambigua y a sí misma con dificultades para contenerlo, además de fantasías de muerte y daño. La madre con Apego Inseguro Evitativo se esfuerza por evitar tener representaciones tanto del feto, como de sí misma como futura madre.
Así, en el patrón de apego seguro, se revela un mundo representacional equilibrado tanto de sí misma en el rol materno, como del futuro hijo; también, el relato entrelaza en forma integrada aspectos específicos de su historia de crianza, aportando una visión coherente de sus experiencias con las figuras significativas de la infancia. Se observa continuidad entre el estilo maternal de la propia madre y el estilo proyectado de sí misma en el rol materno, lo que es asumido en forma consciente y reflexiva. La especificidad de las representaciones, sumada a una emocionalidad positiva, puede considerarse como un fuerte precursor de la calidad del vínculo con el futuro infante22,32.
En el caso de la gestante con vínculo Inse-guro-Ambivalente, las representaciones se presentan cargadas de aprensividad en relación a la posibilidad de muerte, daño o incapacidad de llevar a cabo la función materna. La presencia de pensamientos negativos, inclinados hacia el temor y la pérdida, se extienden a distintos planos representacionales, lo que se relacionaría con la amplificación de los estados internos negativos, de modo que un pequeño malestar se transforma en un peligro de vida, expresando todo con exageración33. El pasado es narrado sin un hilo conductor que otorgue sentido al relato; se construye en base a recortes que muestran un cuadro confuso y poco objetivo de la experiencia personal pasada. Dicha confusión en el ámbito de las relaciones al interior de su familia de origen, impide efectuar un proceso de análisis y reflexión objetiva sobre las experiencias del pasado. El estilo maternal transmitido por la propia madre es considerado inconsistente e insegurizador, por lo que la diferenciación con ella es un tema central.
En el caso del estilo vincular Inseguro Evi-tativo, se presenta un mundo representacional acotado al presente y se evade la generación de representaciones futuras tanto de sí misma como de los otros, incluyendo al hijo, como un intento de evitar una posible decepción en el encuentro de la fantasía y la realidad. El pasado es narrado a partir de conclusiones desarrolladas en el presente, con la finalidad de dar un sentido positivo y de aprendizaje a las experiencias de abandono vivenciadas en la infancia. Se entrega poca información de la historia personal y si lo hace, es a través de la intelectualización, no integrando lo emocional6,11. Se evidencia el deseo de diferenciación con la propia madre, proyectando aquello positivo que le hubiese gustado recibir de su figura materna. Las personas con este tipo de vínculo tienden a confiar muy poco en lo que sienten y mucho en las explicaciones que se dan, llevando la experiencia a un nivel de abstracción que le da sentido y continuidad al sí mismo33.
Dado que las representaciones maternas juegan un papel fundamental en la relación madre-hijo que se comienza a establecer antes del nacimiento del bebé16,34 y considerando que el embarazo constituye una situación en la que la mujer se enfrenta a la reestructuración de su mundo representativo, acceder a dichas representaciones permitiría realizar intervenciones preventivas, que apunten a potenciar un apego seguro desde el período prenatal. Esto permitiría interrumpir la transmisión transgeneracional de los patrones de apego inseguros y sus consecuencias en el desarrollo global del niño15,19,35,36.
Por último, es importante señalar algunas de las limitaciones del presente estudio. En primer lugar, se considera relevante homoge-nizar aún más las características de la muestra, de modo de asegurar que las diferencias encontradas no se encuentran relacionadas a factores como el mes de embarazo, la presencia o no de movimientos fetales, la edad de las madres, entre otros, como ha sido señalado en otros estudios16,34. En este sentido, sería conveniente que todas las mujeres se encuentren en el mismo período de gestación, como también, respecto al reconocimiento o no de los movimientos fetales, aspecto fundamental en la construcción de representaciones del hijo. Por otra parte, aunque las madres eran todas primi-gestas, presentaban edades cronológicas diferentes, lo que se evidenció en que las mujeres adultas tenían mayor amplitud de experiencias y un más avanzado proceso de diferenciación, respecto a la madre adolescente. Por último, es relevante realizar estudios que incluyan un mayor tamaño muestral, de modo de corroborar los resultados encontrados.
 
Referencias
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Correspondencia a: Lua Grimalt O. E-mail: luatomasa@gmail.com.


Publicado en: 

Rev. chil. pediatr. vol.83 no.3 Santiago jun. 2012

Rev Chil Pediatr 2012; 83 (3): 239-246
La madre-hijo no comienza con el nacimiento. Las mujeres durante el embarazo construyen representaciones mentales del feto y el sentimientos de pertenencia o "apego materno-fetal" en general, aumenta en el transcurso de la gestación. Aunque hay bastante literatura sobre el desarrollo y relación materno-fetal, incluyendo el papel de la ecografía, se sabe relativamente poco acerca de la manera en que el funcionamiento psicológico materno influye en el feto. Los niveles de  estrés materno y ansiedad se asocian, modestamente, con  aspectos como la frecuencia cardíaca fetal y la actividad motora. Tanto la excitación como la relajación inducida por la madre  generan  alteraciones inmediatas en los neurocomportamientos fetales: La respuesta fetal más consistente como respeusta los cambios en el estado psicológico materno es la supresión de la actividad motora. Estos efectos pueden ser mediados, en parte, por una respuesta de del feto a los cambios en el ambiente intrauterino. Por otra parte, hay evidencia de que las conductas fetales provocan respuestas fisiológicas en la madre . La integración de estos hallazgos en un modelo más dinámico de la díada materno-fetal, y las implicaciones para el post-natal la relación se discuten. La investigación sobre el período antes del nacimiento ofrece una tremenda oportunidad para los científicos en el desarrollo a
avanzar en la comprensión de los orígenes de la unión humana.
 

 

Janet A. DiPietro, en Psychological and Psychophysiological Considerations Regarding the Maternal–Fetal
Relationship
 
Department of Population, Family and Reproductive Health, Johns Hopkins
University, 615 N. Wolfe St, E4531, Baltimore, MD 21205, USA

 

 

Figuras Significativas. Teoría Del Apego.

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Autor: Fonagy, Peter. Trabajo presentado en el "Grupo psicoanalítico de discusión sobre el desarrollo", reunión de la Asociación Psicoanalítica Americana, Washington DC, 13 de Mayo de 1999. Traducido con autorización del autor.

El sistema de apego como un mecanismo de regulación bio-social de regulación homeostática
La teoría del apego, desarrollada por John Bowlby (1969, 1973, 1980), postula una necesidad humana universal para formar vínculos afectivos estrechos. Como núcleo de la teoría se encuentra la reciprocidad de las tempranas relaciones, la que es una precondición del desarrollo normal probablemente en todos los mamíferos, incluyendo a los humanos (Hofer, 1995). Las conductas de apego del infante humano (por ejemplo, búsqueda de la proximidad, sonrisa, colgarse) son correspondidas con las conductas de apego del adulto (tocar, sostener, calmar), y estas respuestas refuerzan la conducta de apego del niño hacia ese adulto en particular. La activación de conductas de apego depende de la evaluación por parte del infante de un conjunto de señales del entorno que dan como resultado la experiencia subjetiva de seguridad o inseguridad. La experiencia de seguridad es el objetivo del sistema de apego, que es, por tanto, primero y por encima de todo, un regulador de la experiencia emocional (Sroufe, 1996). En este sentido, se encuentra en el centro de muchas formas de trastornos mentales y de la totalidad de la tarea terapéutica.
 
Ninguno de nosotros nace con la capacidad de regular nuestras propias reacciones emocionales.
Un sistema regulador diádico se desarrolla en el que las señales de los niños de cambios en sus estados, momento a momento, son entendidas y respondidas por el cuidador/a permitiendo, por lo tanto, alcanzar la regulación de esos estados. El infante aprende que la activación neurovegetativa en presencia del cuidador/a no dará lugar a una desorganización que vaya más allá de sus capacidades de afrontar tal situación. El cuidador/a estará allí para reestablecer el equilibrio. En estados de activación incontrolable, el infante irá a buscar la proximidad física con el cuidador con la esperanza de ser calmado y de recobrar la homeostasis. La conducta del infante hacia el final del primer año es intencional y aparentemente basada en expectativas específicas. Sus experiencias pasadas con el cuidador/a son incorporadas en sus sistemas de representación (sistema de creencias) a los cuales Bowlby (1973) denominó "modelos internos activos". Por tanto, el sistema de apego es un sistema regulador bio-social homeostático abierto.
 
La segunda gran pionera de la teoría del “attachment”, Mary Ainsworth desarrolló el bien conocido procedimiento de laboratorio para observar los "modelos internos activos" de los infantes mientras éstos estaban transcurriendo. Los infantes, brevemente separados de su cuidador/a, en una situación no familiar para ellos muestran uno de cuatro patrones de conducta. Los infantes clasificados como Seguros exploran rápidamente en presencia de su cuidador/a primario, están ansiosos ante la presencia del extraño y le evitan, son perturbados por las breves ausencias de su cuidador/a, buscan rápidamente contacto con el cuidador/a cuando éste retorna, y son reasegurados por éste. El infante retorna a la exploración. Algunos infantes, que aparecen como menos ansiosos por la separación, pueden no buscar la proximidad del cuidador/a después de la separación, y pueden no preferir al cuidador/a más que al extraño; estos infantes son designados como Ansiosos/evitativos. Una tercera categoría, infantes Ansiosos/resistentes, muestran limitada exploración y juego, tienden a ser altamente perturbados por la separación, pero tienen dificultad en reponerse después, mostrando agitación, tensión, y continúan llorando o molestan de una manera pasiva. La presencia del cuidador/a o los intentos de calmarlo fracasan en reasegurarlo, y la ansiedad del infante y la rabia parecen impedir que obtengan alivio con la proximidad del cuidador/a.
 
Las conductas de los infantes seguros están basadas en la experiencia de interacciones bien coordinadas, sensibles, en las cuales el cuidador/a es raramente sobre estimulante y es capaz de reestabilizar las respuestas emocionales desorganizadas del niño. Por lo tanto, ellos permanecenrelativamente organizados en situaciones de estrés. Las emociones negativas son sentidas como menos amenazantes, pueden ser experimentadas como teniendo un sentido y ser comunicativas (Grossman, Grossman y Schwan, 1986; Sroufe, 1979; Sroufe, 1996).
 
Se supone que los niños con apego Ansioso/evitativo han tenido experiencias en las cuales su activación emocional no fue reestabilizada por el cuidador/a, o que ellos fueron sobre estimulados por conductas intrusivas de los padres; por lo tanto, sobre regulan su afecto y evitan situaciones que pudieran ser perturbadoras. Los niños con apego Ansioso-resistente sub-regulan, incrementando su expresión de malestar posiblemente en un intento de despertar la respuesta esperada por parte del cuidador/a. Hay un bajo umbral para las condiciones amenazantes, y el niño se convierte en alguien preocupado por tener contacto con el cuidador/a, pero está frustrado incluso cuando este contacto se halla disponible (Sroufe, 1996). Un cuarto grupo de niños exhibe conductas aparentemente no dirigidas hacia un fin, dando la impresión de desorganización y desorientación (Main y Solomon, 1990). Los infantes que manifiestan inmovilización, golpeteo con las manos, golpeteo con la cabeza, el deseo de escapar de la situación aún en presencia de los cuidadores son denominados como "Desorganizados/desorientados". Se sostiene generalmente que para tales infantes el cuidador ha servido como una fuente tanto de temor como de reaseguramiento, consecuencia de lo cual la activación del sistema conductual del apego produc intensas motivaciones conflictivas. No es de extrañar que una historia de severa desatención o de abuso
sexual o físico esté asociada a menudo con este patrón (Cicchetti y Beeghly, 1987; Main y Hesse, 1990). 
 
Predicción a partir de medidas del apego de adultos
Las relaciones de apego juegan un papel clave en la transmisión transgeneracional de la deprivación. Los adultos seguros tienen 3 ó 4 veces más probabilidad de tener niños que están apegados con seguridad a ellos (van IJzendoorn, 1995). Esto es verdad aún cuando el apego parental es evaluado antes del nacimiento del niño (Benoit y Parker, 1994; Fonagy, Steele y Steele, 1991b; Radojevic, 1992; Steele, Steele y Fonagy, 1996; Ward y Carlson, 1995). Los patrones de apego de los padres predicen variancia en adición a las medidas de temperamento o a factores contextuales tales como acontecimientos vitales, apoyo social y psicopatología (Steele, Steele y Fonagy, en preparación) ¿Cómo es mediatizada tal transmisión transgeneracional? La genética podría aparecer como proveyendo una explicación obvia. Los hallazgos preliminares de un estudio en curso en nuestro laboratorio sobre gemelos no ha producido evidencia de niveles diferentes de concordancia de la clasificación de apego entre gemelos idénticos y no idénticos (Fearon, 1998). Los teóricos del apego han supuesto que los adultos con apego seguro son más sensibles a las necesidades de sus niños por lo cual promueven la expectativa en los infantes de que la desregulación será rápidamente y efectivamente enfrentada (Belsky, Rosenberger y Cronic, 1995; De Wolff y van IJzendoorn, 1997). Pero resulta frustrante el hecho que las medidas estándar de sensibilidad del cuidador/a no parecen explicar de una manera completa las buenas persistencias transgeneracionales en las clasificaciones del apego (van IJzendoorn, 1995).
 
Mentalizar y el desarrollo del self
No solamente los padres con capacidad reflexiva promueven con más probabilidad un apego seguro en el niño, particularmente si sus propias experiencias de infancia fueron adversas, sino que también el apego seguro puede ser un elemento facilitador clave de la capacidad reflexiva (Fonagy et al., 1995). En nuestro estudio longitudinal de 92 niños, la proporción de niños con apego seguro eradoble en el grupo que superó la tarea de falsa creencia, comparado con el grupo que fracasó. La función reflexiva de la madre estaba también asociada con el éxito del niño. El 80% de los niños cuyas madres estaban por encima de la media en la función reflexiva pasaron la prueba mientras que sólo el 56% de aquellos cuyas madres estaban por debajo lo hicieron. La función reflexiva del cuidador/a predijo la seguridad en el apego, la cual, a su vez, predijo la adquisición precoz de una teoría de la mente. El apego al padre también parecía contribuir a este logro en el desarrollo. En un test de habilidades de la capacidad de mentalizar de segundo orden, en el que al niño se le requiere predecir la conducta de una persona sobre la base de las creencias de esa persona acerca de las falsas creencias de un tercero, aquellos que tenían apego seguro con ambos padres fueron más capaces de tener éxito mientras que aquellos que no tuvieron apego seguro con ninguno de los padres fueron menos capaces de lograrlo.
 
Estos resultados sugieren que la capacidad de los padres para observar la mente de los niños facilita la comprensión general que los niños tienen de las mentes a través de la mediación del apego seguro. Un cuidador/a reflexivo incrementa la probabilidad del apego seguro del niño, el cual, a su vez, facilita el desarrollo de la capacidad de mentalizar. Nosotros suponemos que una relación de apego seguro provee un contexto también seguro para que el niño explore la mente del cuidador/a, y de esta manera conozca más acerca de las mentes. El filósofo Hegel (1807) sugirió que es solamente a través de la exploración de la mente del otro que el niño desarrolla una completa captación de la naturaleza de los estados mentales. La capacidad reflexiva en el niño es facilitada por el apego seguro. El proceso es intersubjetivo: el niño consigue conocer la mente del cuidador/a de acuerdo a cómo el cuidador/a intenta comprender y contener el estado mental del niño.
 
El desarrollo del niño y la percepción de los estados mentales propios y de los otros depende, por lo tanto, de su observación del mundo mental de su cuidador/a. Él es capaz de percibir estados mentales cuando el cuidador/a está en una modalidad, compartida con el niño, de juego de de hacer como si (por tanto la asociación entre la modalidad de "hacer como" y la primitiva capacidad de mentalizar), y muchas interacciones comunes (tales como el cuidado físico y el calmar, o conversaciones con compañeritos) también implicarán tal actividad mental compartida. Esto es lo que hace que sean inherentemente intersubjetivas las concepciones que se tengan sobre estados mentales tales como el pensar; la experiencia compartida es parte de la estricta lógica de las concepciones sobre los estados mentales.
 
Para anticipar de alguna manera el tema que abordaré esta tarde, en niños traumatizados, las emociones intensas y conflictos conducen a una falla parcial de esta integración, de modo que los aspectos de la "modalidad de simulación" ("hacer como") de funcionamiento se convierten en parte de una modalidad psíquica equivalente a vivir la realidad. Esto puede ser debido a que cuando el maltrato ha tenido lugar dentro de la familia, la atmósfera tiende a ser incompatible con que el cuidador "juego con" los más oprimentes aspectos de los pensamientos del niño; éstos son a menudo perturbadores e inaceptables para el adulto, de manera semejante a como lo son para el niño. La rígida, controladora conducta del niño preescolar con una historia de apego desorganizado es, por lo tanto, vista como surgiendo a partir de una falla por parte del niño para moverse más allá del modo de equivalencia psíquica en relación a ideas o sentimientos específicos, de manera que él siente a éstos con la intensidad que pudiera esperarse que ellos tuvieran si fueran acontecimientos externos que estuvieran ocurriendo.
 
En la relación insegura, serán las defensas del cuidador aquello que tenderá a ser internalizado, y el malestar del niño es repetidamente evitado. De aún mayor importancia, el proceso del desarrollo del self ha sido comprometido. Las relaciones inseguras padres-niños pueden ser consideradas como que establecen las bases para subsecuentes distorsiones de la personalidad de dos maneras. Estas corresponden a los dos modos de vivir la realidad psíquica. La madre puede hacerse eco del estado del niño sin modulación, como en la modalidad de equivalencia psíquica, concretizando o entrando en pánico ante la perturbación del niño. O, ella puede evitar reflexionar sobre el afecto del niño a travésde un proceso similar a la disociación, que coloca efectivamente a la madre en una "modalidad de como sí" no relacionada con la realidad externa, incluyendo al niño. La madre puede entonces ignorar el malestar del niño, o traducir a éste como si fuera enfermedad, cansancio, etc. Ambas condiciones despojan a la comunicación del niño del potencial de tener un sentido que él pueda reconocer y utilizar.
 
Puede también conducir a un intercambio entre la madre y el niño en que se interpretan los sentimientos en términos físicos, de modo que el estado físico es la cosa "real". Lynne Murray (1997), en su trabajo con madres afectadas de depresión puerperal, ha ofrecido algunas vívidas ilustraciones de tales madres que ofrecen una realidad alternativa marcada por la exageración asociada con afirmaciones no respaldas por la realidad, no relacionadas con la experiencia del infante. Los observadores psicoanalíticos de este tipo de interacción identificarían rápidamente la operación de negación masiva e, incluso, de defensa maníaca. El infante no ha sido capaz de encontrar una versión reconocible de sus estados mentales en la mente de la otra persona, y la oportunidad de adquirir una representación simbólica de estos estados se ha perdido, y un patrón de apego desorganizado es lo que puede derivar a continuación.
 
Conclusión
En resumen, el niño con apego seguro percibe en la actitud reflexiva de su cuidador/a una imagen de sí mismo como deseante y con creencias. Ve que el cuidador/a lo representa a él como un ser intencional, y esta representación es internalizada para formar el self. El "Yo pienso, por lo tanto yo soy" no constituirá el modelo psicológico del nacimiento del self. Quizá se acerque más a la realidad el "Ella piensa de mí como pensando y, por lo tanto, yo existo como un pensador". Si la capacidad reflexiva del cuidador/a le ha permitido a él/ella describir adecuadamente la actitud intencional del niño, entonces éste tendrá la oportunidad de "encontrarse a sí mismo en el otro" como un ser con capacidad de mentalizar. En el núcleo de nuestros "selves" está la representación de cómo nosotros fuimos vistos. Nuestra capacidad reflexiva es, por tanto, una adquisición transgeneracional. Nosotros pensamos de los otros en términos de deseos y creencias porque, y en la medida en que, nosotros fuimos pensados como seres intencionales. Solamente siguiendo este proceso de internalización puede el desarrollo de la percatación de los estados mentales en nosotros ser generalizado a otros, incluyendo al cuidador/a.
 
Yo continuaré argumentando que el establecimiento sólido de una función reflexiva tiene un efecto protector y, por contraste, su estatus relativamente frágil señala una vulnerabilidad para traumas ulteriores. Considero que el apego seguro y la función reflexiva son construcciones que se sobreponen, y la vulnerabilidad asociada con el apego inseguro subyace primariamente a la desconfianza del niño para concebir al mundo en términos de realidad psíquica más que en términos de realidad física.
 
Produciendo un trauma de suficiente intensidad, incluso un vínculo seguro puede derrumbarse a veces, y en ausencia de presiones psicosociales la función reflexiva puede ofrecer sólo una ventaja evolutiva marginal. Para comprender el trastorno severo de personalidad, es importante que estemos a tono con la capacidad de nuestros pacientes para usar el lenguaje de los estados mentales tanto para la organización del self, así como para la comprensión social.
 
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Avances y teorias recientes de intervención con Trastornos del Apego: Diagnóstico y clasificación.

 
No existe una definición aceptada del término  "trastorno de Apego". El Trastorno Reactivo del Apego (RAD) fue descrito por primera vez en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM)-III en 1980, pero todavía faltan algunos datos epidemiológicos o de seguimiento sobre el trastorno después de la primera infancia. El trastorno, actualmente, se define (American Psychiatric Association, 2004) como una marcada distorción o desarrollo inadecuado de la capacidad para relacionarse socialmente con los compañeros y los adultos en la mayoría de contextos.  El RAD comienza antes de los cinco años de edad y se asocia al cuidado inadecuado o patológico que desatiende las necesidades emocionales y físicas básicas del niño.  En algunos casos se asocia a cambios frecuentes o discontonuidad en el cuidador principal a cargo del niño(a).
 
Criterios muy similares se incluyen en el enfoque de la Clasificación Diagnóstica 0-3 (Zero to Three, 2005) , que incluye la descripción del contexto relacional de este trastorno .
Boris, Zeanah y la  American Academy of Child and Adolescent Psychiatry revisó la literatura sobre este tema desde 1980 a 2003, y expone recomendaciones detalladas sobre los métodos para la evaluación y el tratamiento de estos trastornos (Boris, Zeanah, 2005)
 
En resumen, consiste en una evaluación derivada de la observación directa de niños interactuando con sus cuidadores. Utiliza una estructura de observación y la historia clínica detallada de cada niño (considerando el medio ambiente y los principios de cuidado). Se reporta cualquier maltrato actual o pasado. Propone que en condiciones de comorbilidad se debe diagnosticar y realizar tratamientos adecuados paralelamente. Un requisito previo a la intervención consiste en asegurar que el niño se encuentra con cuidador emocionalmente estable. 
 
El diagnóstico DSM de RAD distingue dos subtiposinhibido, que se caracteriza por una persistente incapacidad para iniciar y responder a la mayoría de las interacciones sociales de una manera apropiada al desarrollodes-inhibidocaracterizado por una sociabilidad indiscriminada o la falta de selectividad en la elección de las figuras de apegoAmbos subtipos se identifican en los niños expuestos a malos tratos y a institucionalización (Zeanah, Scheeringa, Boris, 2004).


Una discusión detallada de los subtipos se encuentra en O'Connor y Zeanah (2003) y la potencial potencial del temperamento para el desarrollo de los subtipos de RAD, en niños expuestos a ambientes patológicos similares, se explora en Zeanah Fox (2003) y Heller (2006).


Crittenden (2006) ha desarrollado el Modelo Dinámico Maduracional el cual explica cómo los niños y las personas, a lo largo de su vida, se organizan para protegerse de posibles amenazas. El modelo integra un enfoque basado en la Teoría del Apego para la comprensión de trastornos conductuales y psiquiátricos, con énfasis en el desarrollo de las estrategias de procesamiento de la información

El abandono y mal trato tiene consecuencias en el desarrollo y comportamiento,(Rutter, O'Connor and the ERA Study Team, 2004, Johnson, Browne, Hamilton-Giachritsis, 2006)Por lo tanto, los niños que cumplen con el diagnóstico de RAD a menudo presentan condiciones de comorbilidadSe argumenta que los síntomas de trastornos del apego se distinguen de los síntomas que son atribuibles a otros trastornos (Boris, Hinshaw-Fuselier, Smyke 2004). El autismo, por ejemplo, conduce a relaciones sociales anormales y deben ser excluidas antes de diagnosticar RAD. 

En niños mayores, la confusión se produce en la mayoría de los diagnósticos en relación con las conductas de control, relacionadas con problemas sociales asociados con el trastorno negativista desafiante y trastorno de conducta. Estos síntomas y comportamientos también suelen ocurrir en niños expuestos al abuso, en particular la violenciay en niños con un patrón de apego desorganizado en la primera infanciaLa agresividad es un síntoma frecuente comorbilidad en niños con antecedentes de mal trato o institucionalización, [Johnson, Browne, Hamilton-Giachritsis, 2006Minnis, Keck, 2003), pero no debe ser visto como un elemento o un síntoma de RAD en sí mismo (Zilberstein, 2006)


Verde y Goldwyn (2002) y Green (2003) postulan que los trastornos de apego se entienden mejor como "trastornos de deterioro social actualy Minnis, Marwick, Arthur, McLaughlin (2006) proponen una reconceptualización de RAD como un trastorno primario de la intersubjetividad. La intersubjetividad se refiere  alos procesos comunicativos que dan forma al desarrollo del cerebro de los bebés, a la autoconciencia y la regulación.  Esta hipótesis ha tomado protagonnismo en la literatura del desarrollo neurológico (Schore, 2001) Minnis y cols. (2006) argumentan de manera convincente que los desordenes en la conducta apego, sobre todo el comportamiento indiscriminadose puede entender mejor como consecuencia de la intersubjetividad interrumpida en niños que han sido expuestos al abandono emocional significativo.


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20 estudios que revolucionaron la Psicología infantil

No sé si a todos les pasa lo mismo, pero cuando pienso en psicología infantil simplemente no puedo dejar de  pensar en referencias científicas. Siempre que me encuantro un nuevo articulo de esta área reviso la bibliografía para relacionarlo con otras investigaciones antes hechas y así orientarme sobre los antecedentes o la base con que están investigando.  Dixon, W.E.  "Society for Research in Child"

El año 2002 hizo esta lista...

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