fRANCOISE DOLTO; CRECER EL NIÑO, LA DIFERENCIA DE SEXOS

 

 

Ayudar al niño a crecer

Françoise Dolto describía el desarrollo del niño como una serie de "castraciones": umbilical al nacer, oral
al destetarlo, anal al aprender a andar y a no usar pañales. Cada vez, el niño debe abandonar un mundo
para abrirse a uno nuevo. Cada una de estas castraciones es una especie de prueba tras la cual el niño crece
y se humaniza. La responsabilidad de los padres es ayudarlos a atravesarlas con éxito.
Al romperse el cordón umbilical, el bebé renuncia al estado de fusión con la madre y penetra en el mundo
aéreo. La lactancia o el biberón no representan tan sólo la satisfacción de una necesidad alimenticia ya que
se trata de un momento de contacto corporal y de comunicación, y el bebé es también un ser de deseos.
Por ello, "hay que castrar la lengua del pezón para que el niño pueda hablar", declaraba Françoise Dolto.
Renunciando al pecho y a la leche, el bebé vuelve a renunciar a un estado de fusión con su madre. Al
distanciarse y liberar la boca, adquiere la posibilidad de hablar. En esta época, más que en cualquier otra,
la madre debe aportar al niño una inmersión en el lenguaje.
Al andar, el niño se aleja de su madre para descubrir el espacio. Es necesario no refrenarlo en esta primera
autonomía. Se deben quitar los pañales cuando el niño ha adquirido el control muscular necesario y no a
una edad preestablecida ni a la fuerza. En esta época, los padres empiezan a establecer prohibiciones para
proteger al niño y la primera ley: la de no hacer daño a nadie ni matar. Si lo hacen de forma sádica, es
decir, sólo opresiva, no enseñan al niño a transformar sus impulsos agresivos en deseos socializados. A lo
largo de su vida, esos impulsos, tan sólo inhibidos, surgirán a la menor ocasión, con una crueldad que

seguirá siendo infantil.La diferencia entre los sexos

El descubrimiento de la diferencia entre los sexos representa una pérdida para todos los niños: el niño
comprende que no llevará a un niño en su seno como su madre, y la niña que no dispone de ese apéndice
que al principio ansía. Es la edad (hacia los tres años) a la que el niño quiere saber "cómo se hacen los
bebés". Una vez más, la palabra de los padres es esencial para que asuman la sexualidad, incluyendo el
placer. El niño aprende que sus padres también fueron engendrados según el orden de las generaciones al
que están sometidos todos los humanos, y que él pertenece a una genealogía.
Es entonces cuando el padre adquiere toda su importancia, al descubrir su papel procreador. ¿Significa eso
que hasta entonces el niño vive en el matriarcado?
Para Françoise Dolto, el padre existe desde la procreación. Existe primero a través de la madre: es aquél
que la requiere y la aparta del niño, que dolorosa y necesariamente experimenta que él no lo es todo para
ella.
A los tres años, la evolución del niño le lleva a abordar, bien o mal, el famoso complejo de Edipo, que
permitirá al niño y a la niña salir del círculo familiar y entrar en la sociedad.
¿Cuál es el legado de Françoise Dolto? Lo que anunciaba hace cincuenta años, y que entonces parecía
escandaloso o absurdo, ha pasado a ser algo habitual. Aunque no deseó crear escuela, todos los sanitarios
y educadores infantiles reciben su enseñanza, sobre todo gracias al trabajo de pedagogía al que se dedicó
personalmente al final de su vida. Asimismo, siempre quiso llegar hasta el público, a través de una
producción editorial abundante e intervenciones radiofónicas en directo en los años 70. Por último, creó
una versión viva y accesible del psicoanálisis, intentando proporcionar a los padres la posibilidad de

elaborar su propio procedimiento a través del respeto, la escucha y la confianza concedidos al niño.

 

... “Los niños se encuentran en las fuentes del
saber: son metafísicos, son seres que plantean
las verdaderas preguntas. Como los investigadores,
buscan respuestas.
Lo afectivo es tan dominante en la mayoría de
los seres humanos que modifica el comportamiento
biológico de un niño: el apetito, la digestión,
la motricidad, el tono, todo eso depende de
los intercambios de lenguaje con la persona que
se ocupa de él.
Hay una ética inconsciente en cada ser humano
desde el nacimiento.
Como si existiera en ellos un eje ético mucho
más profundo que la moral de su grupo social
formador.
En cada cual hay una trayectoria potencial. Si
se intenta desviarlo de ella, puede impedirle
crecer...
... La salud del niño es tan psicosomática
como la enfermedad. Es receptivo de todo acontecimiento
en el que está involucrado: cualquier
experiencia puede dejar huellas tanto estimulantes
como debilitadoras de su tono.
El lazo corporal cobra sentido gracias al lazo
afectivo.
El deseo es creador de hombres. Por los
hombres, deseosos de superar los límites de lo
posible, lo imposible adviene... a veces, renovando...
... Lo importante es que se le diga al niño,
desde muy pequeño, que no debe imitar ni someterse
nunca al otro, aunque sea adulto, sino
hallar su propia respuesta a lo que cuestiona.
¿Qué buscás? Veamos juntos cómo podrías
hallarlo... y cuando lo encuentres, me dirás lo

que encontraste y cómo; hablaremos de eso...”

 

el trato habitual que las madres y padres dan a sus
criaturas cuando empiezan a ser autónomas, y que, salvo excepciones, consiste en
darles órdenes sobre todos los aspectos de su vida cotidiana.
En esta actitud adulta hay dos aspectos importantes:
Uno es la subestimación de las capacidades (intelectuales, motrices, etc.) de las
criaturas.
Según Dolto, las madres y los padres subestiman las capacidades y cualidades
(inteligencia, sensibilidad, capacidad de discernimiento, sentido común,
responsabilidad, instinto de supervivencia y sentido del cuidado de sí mismas,
capacidad de iniciativa, etc.) de las criaturas en general, y las tratan como si fueran
incapaces por sí mismas de sentir, de pensar, de evaluar las circunstancias de una
situación dada, o de tomar la más mínima decisión.
Por lo general, en sociedades menos patriarcalizadas o por lo menos, menos
occidentalizadas, podemos observar que la infancia es más libre, y goza de un mayor
reconocimiento y confianza en cuanto a su inteligencia y capacidades. Sin ir más lejos
recordemos lo que decía Liedloff (2) sobre los Yequona.
Por su parte Dolto dice que el reconocimiento de las capacidades efectivas de las
criaturas nos llevaría a darles una información respetuosa, confiando en su
capacidad de discernimiento, por lo menos en una gran medida, n lugar de
darles sistemáticamente órdenes.
La diferencia entre dar INFORMACIÓN y dar ORDENES es crucial; Dolto pone un
ejemplo que me parece muy ilustrativo: a un japonés que aterrizara en nuestra ciudad
no le daríamos órdenes de lo que debe hacer, visitar, etc. sino que le daríamos la
información necesaria para que se pudiera desenvolver por la ciudad (cómo

funcionan los transportes públicos, los sitios donde dan de comer mejor y más barato, 

 

etc.), o sobre las cosas interesantes que podría visitar, etc. ¿Por qué no tenemos la
misma actitud con las criaturas que con el visitante extranjero?
Para contestar a la pregunta, hay que tener en cuenta el segundo aspecto al que me
he referido antes: la prepotencia adulta.
Porque en la actitud ante el visitante extranjero, además de reconocimiento de su
capacidad de discernimiento, de movilidad, etc. hay también un reconocimiento de
su integridad como persona, con sus gustos, sus apetencias, sus prioridades, incluso su
escala de valores... en otras palabras, no sólo hay reconocimiento de su inteligencia y
capacidades, sino también consideración y respeto hacia lo que quiere; tal es la
actitud que corresponde a una relación respetuosa con nuestros semejantes, de igual
a igual.
La actitud con las criaturas es diferente no sólo porque como hemos dicho antes,
subestimamos sus capacidades, sino también porque tenemos inconscientemente
interiorizado que estamos por encima de ellas, que somos sus superiores y ellas son

nuestras subordinadas

 

 Somos prepotentes con la infancia, en el sentido literal de la palabra: pre-potentes,

tenemos el Poder previo, un Poder fáctico -el dinero, los medios- sobre todas sus
actividades cotidianas; y podemos obligarlas por las buenas o por la malas, para que
hagan cada día las cosas con las prioridades y de la manera que unilateralmente
decidimos.
Conviene recordar que nuestro modelo de hombre o mujer adulta incluye la
jerarquización social que caracteriza a nuestra civilización, uno de cuyos pilares es la
superioridad adulta. Aristóteles, en el siglo V a.c. decía ya:
Para hacer grandes cosas, es preciso ser tan superior a sus semejantes como lo es el

hombre a la mujer, el padre a los hijos, el señor a los esclavos.

 

La práctica adulta de mandar sobre las criaturas es tan vieja como el Patriarcado
mismo; no voy a detenerme aquí ni a referir los múltiples párrafos que la Biblia dedica a
este aspecto, como cimiento que es de la civilización judeo-cristiana; pero creo que es
preciso señalarlo para entender por qué lo tenemos tan sumamente interiorizado. Y lo
difícil que es sustraerse a él.
Debido a esta interiorización, todos los días sin darnos cuenta, le damos cuerda a estas
supuestas incapacidades de l@s niñ@s que justifican nuestra superioridad, y no somos
capaces de romper el círculo vicioso y la dinámica social, ni nos planteamos otra
posible relación con ell@s; no se nos ocurre tratarlas como al japonés del ejemplo:
como seres humanos a los que hay que ayudar a conocer el funcionamiento del

mundo en el que han aterrizado. los supuestos peligros que amenazan el movimiento propio de las

criaturas, forma parte de un sistema que se retroalimenta. Porque desde el momento
en que en lugar de darles una explicación interponemos un 'no', estamos impidiendo
el aprendizaje del entorno, y es este desconocimiento del entorno, como dice Dolto, lo

que le vuelve peligroso

 

Escribir comentario

Comentarios: 0

Photobucket