¿Qué es el síndrome de hiperactividad?

EXAMINEMOS, DESDE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA O ENFOQUES, ¿QUE ES?...UN NIÑO ES UN TESORO, AL CUAL AMAR, CUIDAR Y PROTEGER, EXAMINEMOS QUIÉN NOS DICE COMO TRATAR A NUESTROS HIJOS, PUES AUNQUE SU CONOCIMIENTO LO AVALE UN TÍTULO, NO SIGNIFICA QUE SEA UN PROFESIONAL, YA QUE PROFESIONAL, ES AQUEL QUE SOLUCIONA AQUELLO PARA LO CUAL SE HA PREPARADO..IMAGINEMOS LLAMAMOS A UN FONTANERO Y NO NOS ARREGLA LA AVERÍA..PERDONEN, PERO YA ES HORA DE QUE TOMEMOS CUENTA DE EN MANOS DE QUIEN PONEMOS NUESTROS RETOÑOS...

 

El término científico que define este síndrome es "Trastornos deficitarios de la atención con hiperactividad", y parece ser un mal de nuestro tiempo. Es un problema complejo y casi misterioso que se disputan psiquiatras, neurólogos y psicólogos. Se calcula que casi el 2% de los niños escolarizados en occidente lo padecen, y que el porcentaje de varones es mayor al de las niñas. También un seguimiento demostraría que los síntomas persisten durante la adolescencia y hasta la edad adulta.

 

El síndrome de hiperactividad es un verdadero dolor de cabeza para todos, tanto para científicos abocados a su estudio, como para padres y maestros que lo sufren (¡y muchas veces abuelos y vecinos!), ya que no se dispone de tratamientos adecuados realmente satisfactorios, sobre todo si piensas que no puedes tener a tu hijo drogado todo el día.

 

La visión de investigadores ingleses y la genética

Para algunos investigadores ingleses, el síndrome de hiperactividad es, antes que nada, consecuencia de un perfil genético muy particular, que demostraría la existencia de anomalías en el desarrollo cerebral, y que este trastorno no debe interpretarse como el resultado de una pura y simple "construcción social" dada por el laxismo de los padres en materia de educación.

Todo se debería, según los ingleses, a un defecto en la transmisión de comunicación entre las neuronas, en parte, producida por una alimentación demasiado rica en azúcar. Esta deducción llevó a cuestionar ciertos aditivos alimentarios presentes en la confección de algunas especialidades en panaderías y confiterías.

 

La versión anterior resulta un tanto contradictoria con la hipótesis genética sobre el síndrome de hiperactividad... ¿Qué sucede cuando, en el caso de gemelos idénticos, uno padece el síndrome y el otro no, o en el caso de hijos de padres que lo padecieron hasta su adolescencia?

 

Estos informes seguramente se replicarán hasta el hartazgo en los años a venir pero, como mamá, ¿piensas que hay que creerles a rajatabla? Este síndrome que quizás padezca tu hijo o algún niño cercano ¿Es neurológico o genético?, ¿o se conjugaron ambos aspectos?

 

Los autores de estas investigaciones dicen trabajar para que tu hijo no sea estigmatizado en la escuela o por el entorno en el que vive como un "maleducado", pero, al tratarlo de "trastorno neurológico o genético" ¿No lo están estigmatizando aún más?

 

A principios de la década de 1980, el debate suscitado entre los defensores del origen biológico del trastorno y los que sostenían un factor ambiental, se redujo a dos causas: si eran los padres o si no tenían nada que ver.

Pasadas varias décadas, los padres de niños hiperactivos siguen en tinieblas y sin saber a que santo encomendarse.

 

Síntomas del síndrome de hiperactividad

Debes saber que los primeros síntomas aparecen a muy temprana edad, pero que son los maestros los primeros en identificarlos, ya que los niños no sólo son hiperactivos en el aula, sino que manifiestan falta de atención y de concentración, y una consecuencia inmediata son los problemas de aprendizaje.

No obstante, muchos de estos niños poseen un potencial creativo e intelectual superior al promedio normal.

 

En la práctica quizás te ha sucedido; estos niños son difíciles de soportar por las personas que los rodean. La falta de atención permanente, la incapacidad para concentrarse en un tema, un ímpetu que no puede ser contenido, dificultad crónica para obedecer y respetar las reglas, inestabilidad emocional... un caso difícil tanto en casa como en la escuela.

 

Cómo tratar a los niños hiperactivos

En primer lugar, como mamá, trata de que la escuela -con su estrechez de mente- no etiquete a tu hijo como ADD (sigla tomada del inglés para definir el síndrome de déficit de atención e hiperactividad) porque al hacerlo le cercena desde muy temprana edad toda posibilidad de progreso escolar. Muchas veces, lo que los docentes llaman déficit de atención es "atención selectiva", sí presta atención, pero a otros temas.

 

En cada caso de síndrome de hiperactividad se requiere de la intervención de un especialista. Para muchas familias, la decisión pasa por la participación del médico que prescribe drogas, mientas que otras piensan que lo mejor es la intervención de un psicólogo o pedagogo.

 

Desde hace muchísimos años existe una polémica sobre el uso masivo e injustificado que se realiza (sobre todo en Estados Unidos) de un medicamento psicoestimulante, cuyo principio activo es el metilfenidato (¡quizás recuerdes ese capítulo de Los Simpson en el que Bart es medicado por el síndrome de hiperactividad!) 

 

Este medicamento se receta y se vende como pan caliente cada vez que un niño molesta o se aburre en clase, aún sin conocer fehacientemente sus efectos secundarios a largo plazo.

 

Si optas por la solución farmacológica para el síndrome de hiperactividad, ten presente toda la información posible, elige el mejor especialista y averigua muy bien qué sucede luego de suspender la medicación (se han constatado muchísimos casos en que los síntomas de hiperactividad y déficit de atención no sólo retornan sino que lo hacen con más fuerza).

 

Y, por último, piensa en las sabias palabras de la gran psicoanalista francesa Francoise Dolto:

"...muchos niños desarrollan hiperactividad porque desean -inconscientemente- evitar que una mamá depresiva se desplome".

 

Nunca te quedes con una única apreciación de los problemas que conciernen a tus hijos ni suscribas a la tendencia de moda.

 

 

 

“Un niño que sabe que su figura de apego es accesible y sensible a sus demandas les da un fuerte y penetrante sentimiento de seguridad, y la alimenta a valorar y continuar la relación” (John Bowlby).

El bebé –según está teoría- nace con un repertorio de conductas innatas las cuales tienen como finalidad producir respuestas en los padres: la succión, las sonrisas reflejas, el balbuceo, la necesidad de ser acunado y el llanto, no son más que estrategias por decirlo de alguna manera del bebé para vincularse con sus papás. Con este repertorio los bebés buscan mantener la proximidad con la figura de apego, resistirse a la separación, protestar si se lleva a cabo (ansiedad de separación), y utilizar la figura de apego como base de seguridad desde la que explora el mundo.

 

Las interacciones tempranas actuales y sus destinos

Investigaciones sobre el vínculo y la teoría del apego: su relación con las interacciones tempranas

En 1951 la Organización Mundial de la Salud encargó a Bowlby un estudio sobre "los niños sin hogar en su país natal". Como sabemos, de este estudio surgió el libro "Cuidados maternales y salud mental" (Bowlby, 1951), que tiene como principio de base la teoría etiológica de la salud mental y de sus perturbaciones. Según ésta, el bebé y el niño pequeño "deberán haber sido criados en una atmósfera cálida y haber estado unidos a su madre (o persona que hace función de madre) por un vínculo afectivo íntimo y constante, fuente de satisfacción y de alegría para ambos. Gracias a este vínculo afectivo, los sentimientos de ansiedad y de culpabilidad, cuyo desarrollo exagerado caracteriza la psicopatología, serán canalizados y ordenados".

Considera que la carencia afectiva puede tener distintos grados y la repercusión de la privación de cuidados maternos varía en función de factores hereditarios, edad del niño, duración y grado de la carencia sufrida. Hoy en día, gracias a Cyrulnik, añadiríamos que la repercusión depende también de la resiliencia del niño. Según ésta, el niño supera en formas muy diversas las experiencias negativas, aunque hay que tener en cuenta que, según este autor, la resiliencia depende a su vez de haber tenido un vínculo afectivo suficientemente bien establecido en la primera etapa de la vida como para proporcionar una seguridad interna sostenedora. Nuevamente, después de una situación traumática, el niño evoluciona bien si tiene un "tutor de resiliencia", alguien con quien pueda establecer vínculos seguros, apego seguro.

Mario Marrone (2001) y Peter Fonagy (2004) son dos de los investigadores que han confirmado y desarrollado los primeros estudios de Bowlby y han ofrecido su propia conceptualización sobre el apego. Así, Fonagy subraya el punto de vista de Bowlby de que las relaciones primarias perturbadas madre-hijo deben ser consideradas como un precursor clave de la enfermedad mental. Además, destaca como contribución crucial de Bowlby su inalterable opinión de la necesidad del niño de un temprano apego seguro a la madre. Bowlby pensaba que el niño que no desarrolla este apego podía presentar signos de deprivación parcial: una necesidad excesiva de ser amado o por el contrario, una reacción de resentimiento, venganza, intensa culpabilidad y depresión; o también signos de deprivación completa: apatía, indiferencia, retardo en el desarrollo y, más tarde signos de superficialidad, falta de sentimientos profundos, tendencia a la falsedad y al robo compulsivo.

Fonagy dice que la teoría del apego significaba, desde el principio, más que el simple vínculo al cuidador. La figura de apego provee, en los primeros años, la seguridad básica esencial para poder explorar (Ainsworth y col., 1978) y es en esta capacidad que se basa la capacidad de aprender. Cuando se aleja la persona central en el apego del bebé, éste inhibe su tendencia a explorar y queda a la espera. Si la madre no tarda en volver, el niño reanuda su interés en la exploración de su entorno. Esta capacidad de explorar, que para desarrollarse necesita de un apego seguro y de la disponibilidad del cuidador, es básica para el desarrollo de la capacidad de aprender y de la autonomía. Por esta razón, el apego seguro tiene una función evolutiva clara. El apego no es un fin en sí mismo, sino que se trata de un sistema adaptado en vistas a la evolución para llevar a cabo tareas psicológicas, fisiológicas y ontogénicas esenciales.

Esto nos lleva a plantearnos la importante función del apego y de las interacciones tempranas en el desarrollo de las funciones psíquicas.

Desarrollo de las funciones psíquicas: destino de las interacciones tempranas estructurantes

De la interacción entre el bebé y su madre o cuidador principal1 dependen funciones tan fundamentales como el interés, la motivación, la atención focal, la tendencia a explorar, etc., todas básicas para el aprendizaje y la autonomía. Estas funciones del bebé emergen de las funciones que la madre pone en marcha en la interacción con él. 
¿Qué aportan sus sonrisas, sus juegos, sus abrazos, su contacto físico, sus sonidos, las palabras de la madre en su "conversación" con el bebé y tantos otros imponderable? Como sabemos, ese intercambio sobre todo emocional, intuitivo, sensible, atinado, aporta, no solamente algo poético, emocionante, bello, sino básicamente los fermentos de toda la evolución. Así, del interés y de la atención focal de la madre centradas en su hijo, emerge el interés y la capacidad de atención focal del bebé y su capacidad de concentrarse, que al principio y desde muy temprano el bebé le dirige casi exclusivamente a ella. De la comunicación de la madre con su bebé y de su verbalización, surge la capacidad de comunicarse del niño y luego su lenguaje verbal. A su vez, la capacidad de diferenciar y de orientarse entre los estados de ánimo y las necesidades del bebé y de responder coherentemente a ellos, es el fundamento de toda capacidad de diferenciación, síntesis y abstracción del pequeño, por tanto de todo aprendizaje conceptual y de la posibilidad de llegar a desarrollar criterios, nada menos que algo tan importante en la vida adulta y autónoma. El amor y el apego sano que se desarrollan entre la madre y su hijo, son la base de la capacidad de amar y del desarrollo social del pequeño. Es en los cuidados maternos y en los juegos donde el bebé construye su Esquema Corporal y todas las funciones que dependen de éste: orientación en el espacio y en el tiempo, equilibrio y motricidad, que son también básicas en el aprendizaje (Torras, 2002). O sea, estamos hablando del fundamento de todo el desarrollo humano. Por tanto, no se trata solamente de "juego", en el sentido de algo entretenido, simpático, divertido pero en el fondo intrascendente, sino que es el trabajo del bebé con su madre en los fundamentos de su vida adulta.

Todo esto, que los investigadores estudiaban prodigando las observaciones experimentales, los profesionales podíamos comprenderlo en la medida en que sus resultados eran coherentes e iluminaban nuestra observación clínica. Pero hoy en día estos conocimientos están documentados desde las investigaciones por neuroimagen.

Desarrollo del SNC: investigaciones en neurociencias sobre el papel de las interacciones tempranas estructurantes

Como sabemos, el cerebro en el recién nacido está por hacer. Su sistema nervioso goza de plasticidad, la plasticidad neuronal, que permite que el cerebro se construya según las interacciones y las experiencias que el bebé vive. Estas interacciones y experiencias son los estímulos que van creando la estructura anatómica y funcional del cerebro, procesos que han sido estudiados en base a las nuevas tecnologías sobre la neuroimagen. Es indiscutible que es sobre esta estructura anatómica y funcional que se desarrollan la mente y sus funciones, las funciones psíquicas.

Los estudios por neuroimagen demuestran que el desarrollo de las neuronas, de sus dendritas o arborizaciones, de sus sinapsis, de los neurotransmisores necesarios para las conexiones y de la mielinización, dependen, desde el principio de la vida, de la calidad y cantidad de estímulos que el niño reciba en su interacción con su entorno. Eso determinará la calidad de las funciones del sistema nervioso y el desarrollo psíquico de ese niño también cuando sea adulto.

Para que las interacciones del bebé con su entorno puedan facilitar el correcto desarrollo del sistema nervioso deben ser significativas para el niño, para que sean integrables. Eso quiere decir que las manifestaciones y la conducta del bebé deben ser significativas para la madre, que ella debe ser capaz de interpretar bien las señales que da el bebé. Cuando, por el contrario, se crea un círculo de incomprensión mutua debido a que la persona que cuida conoce poco a su bebé, como sucede por ejemplo con los niños institucionalizados, se produce un menor desarrollo de arborizaciones dendríticas y de sinapsis, y una mayor "poda" de neuronas de lo deseable, que afecta especialmente las que corresponden a las funciones menos o peor estimuladas. Si la pérdida neuronal y de conexiones se prolonga, llega a ser irreversible. Esta pérdida de conexiones significa un empobrecimiento de las capacidades psíquicas del niño, del adolescente y del adulto en las distintas áreas: intelectual, emocional, social, capacidad de aprendizaje...

Estas investigaciones son definitivamente importantes en la medida en que documentan las bases cerebrales del desarrollo mental y nos enseñan que el desarrollo del cerebro depende de la calidad de la crianza. Por tanto nos muestran el atentado contra una buena evolución y por tanto contra la salud mental que son aquellos sistema de crianza que impiden el establecimiento de un vínculo y de un apego seguros y una interacción y estimulación de calidad.

Y qué es lo que nuestro sistema occidental de crianza ofrece hoy en día para el desarrollo mental saludable del bebé y por ende de las siguientes edades?

Sistemas actuales de crianza: destino de las interacciones no estructurantes

La crianza no es una cuestión que deciden los padres solos. Por un lado, ellos están influidos por su propia historia, por su personalidad, capacidades, necesidades, etc. etc. Pero además, ellos están inmersos en un contexto cultural, social y laboral que influye sus decisiones y sus posibilidades, mucho más allá de lo que ellos mismos creen.

En la actualidad los sistemas de crianza, y por tanto las interacciones tempranas que ofrecemos a nuestros bebés, no tienen mayormente en cuenta los conocimientos emanados de las investigaciones citadas y por tanto se produce una contradicción flagrante: los bebés son cuidados en la ausencia de figuras suficientemente constantes como para conocerlos a fondo y que en consecuencia puedan ofrecer mayormente respuestas adecuadas, realistas y coherentes y por tanto significativas y estructurantes (Torras, 2002). En estas condiciones la organización de su personalidad está comprometida. En este tipo de cuidado, los bebés, desde edades cada vez más tempranas, suelen pasar la mayor parte de las horas de vigilia en la guardería. Esto influye en el tipo de vinculación que se produce, como siempre que participan demasiados cuidadores demasiado pronto, con la consecuente dificultad para el bebé de orientarse y vincularse, y el riesgo de dispersión. Todo esto produce un cierto grado de "institucionalización". Para el niño pequeño, que aún no ha incorporado la experiencia de objeto permanente, la separación de la persona central en su mundo, significa la desaparición de la seguridad y la exposición a todos los peligros. En términos psicoanalíticos, significa la pérdida del objeto protector, que es lo mismo que decir la amenaza del objeto peligroso. Los puntos de referencia se pierden, el niño se desorganiza.

Como consecuencia del escaso contacto, las madres conocen poco a sus hijos; los grandes acontecimientos como iniciar la marcha, los primeros bisílabos y palabras, sacar pañales y enseñar el control de esfínteres, suceden en la guardería, por lo que ellas, y por supuesto los padres, no suelen conocer los datos de evolución psicomotora; cuando se les pregunta, a menudo deben consultar en la guardería. La relación con los padres se diluye, el sistema de apego se desactiva (Rygaard, 2008). Las madres, como consecuencia, se sienten inseguras en relación a lo que deben hacer con sus hijos; esto también, a menudo, deben consultarlo en la guardería. La madre pierde sensibilidad y empatía hacia las necesidades del niño, y confianza en su habilidad para interpretar las señales del bebé y en su capacidad de tomar decisiones en relación a su cuidado. A menudo vive creciente ambivalencia y sentimientos de desapego. Ante esto, el bebé organiza sus propias defensas y por tanto su evolución se resiente: un ejemplo sería: la madre se va? el niño sigue jugando; la madre vuelve? el niño continúa jugando, aparentemente no se entera. Los padres dicen que es tan sociable que acepta ser tomado en brazos por cualquier persona... y además sin mirarla a la cara. El niño tiene una vinculación dispersa, indiferenciada, apagada, "confiada". Todo lo contrario de la ansiedad de los ocho meses, que nos indica su progreso en la capacidad de diferenciar, función esencialmente estructurante.

Rygaard (2008) dice que en experimentación con chimpancés se ha demostrado que la separación aún corta (14 días) produce en el pequeño alteraciones del EEG que se mantienen aún cuando se recupera el contacto. También se produce disminución de la función inmunitaria. Los chimpancés que durante su primer año habían estado separados de sus madres se convirtieron en adultos con comportamiento inseguro, temerosos y que reclamaban mucha atención; en términos humanos, temor neurótico a la separación. Se les podía observar constantemente abrazados el uno al otro sin participar en las actividades normales del grupo, como jugar y despiojarse. Los que habían estado separados continuamente durante el primer año habían desarrollado un comportamiento agresivo de lucha y fuga, no podían reconocer a otros monos ni someterse a las reglas de la sociedad chimpancé y por eso los otros los evitaban. Eran asociales. En otro estudio se observaba un retraso en el desarrollo de las dendritas del sistema límbico.

Volviendo a las madres, en estos sistemas de crianza ellas a menudo viven sentimientos de culpa que estimulan la generación de un sistema defensivo de justificaciones y tranquilizaciones, que trasluce las dudas de fondo e incluso el conocimiento intuitivo, instintivo, de que aquello no es lo que necesita su hijo. Dentro de este sistema, tiene mucha importancia la excusa social: "todos los bebés van a la guardería, por tanto está bien, es lo que hay que hacer". "más se socializan", "necesitan estar con otros niños", "cuanto antes van a la escuela mejor serán sus resultados escolares en el futuro...." Engaño que se ha esgrimido desde diferentes ámbitos, escondiendo el riesgo de una crianza de poca calidad y negando lo que hoy en día se sabe bien. Estos sistemas defensivos con frecuencia crean un circuito recíproco de incomprensión y de necesidades insatisfechas entre la madre y el hijo. Por supuesto el padre se halla también en este circuito.

Cambios sociales que han producido un cambio en la crianza y por tanto en las interacciones

En los últimos decenios nuestra organización social ha ido cambiando mucho y lógicamente notamos las repercusiones desde nuestro trabajo como profesionales. La base del cambio sería la evolución de la familia desde familia patriarcal, tradicional o clásica, a familia post patriarcal o democrática, con sus corolarios o causas --ya que en realidad se trata de ambas cosas en situación circular. Los cambios sociales que atañen a nuestra área de interés son:

  • la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral,
  • el aumento notable de las separaciones y divorcios,
  • el aumento de familias reconstituidas y de
  • nuevos tipos de familia --monoparentales, homoparentales...

Todos estos factores combinados desembocan en:

  • el importante cambio en las formas de crianza.

Evolución de la familia, incorporación general de la mujer al trabajo, aumento de las separaciones y divorcios, familias reconstituidas y nuevas familias, son fenómenos que dependen unos de otros. Su centro álgido son las distintas formas como se organizan los padres para conciliar el cuidado de los hijos y el trabajo.

La incorporación de la mujer a la formación y al trabajo, lo cual significa a la mayoría de edad y a la autonomía, no cabe duda que es un derecho legítimo. Pero la atención a las necesidades de la mujer no deben lesionar la atención a las necesidades del hijo. Solamente así se esta en una verdadera "conciliación" entre trabajo y crianza.

Muy a menudo nos encontramos con padres y madres muy absorbidos por la profesión, que trabajan muchas horas y que en consecuencia no tienen tiempo para estar con sus hijos. Cuando llegan a casa suelen estar tan cansados que todo los irrita y no tienen humor para jugar con ellos. No suele haber conversación en estas familias. En general estos padres no llegan a conocer bien a sus hijos. Suelen delegar su cuidado a menudo de manera muy poco adecuada a las necesidades de éstos. Incide también, la poca presencia de la familia extensa, especialmente los abuelos (en los que a veces, por el contrario, recaen completamente las funciones parentales) y a todo esto se suma el protagonismo preocupante de las instituciones cuidadoras. Se trata de cambios notables que alteran las interacciones básicas.

En cuanto a los divorcios, a menudo tienen que ver con la evolución de la familia de patriarcal a post-patriarcal o democrática, cuando los miembros de la pareja no han podido asumir los reajustes necesarios. Como encontramos en la clínica, en ocasiones se trata de parejas que se formaron en régimen patriarcal pero que han evolucionado divergiendo y no han podido asumir la transición hacia un régimen democrático. Hace falta mucha tolerancia por parte de ambos miembros de la pareja para que los nuevos roles post-patriarcales puedan integrarse o soportarse. No me entretendré en explicar lo que para la mujer y para el hombre significan estos cambios, pero el caso es que, cuando esto no se soporta, suele llegarse a la separación. Hoy en día una buena proporción de las separaciones son iniciativa de la mujer.

Otras veces las separaciones son debidas a que la pareja está formada por personas, una o ambas, a las que, en su infancia, no se les ha ofrecido vínculos estables y que, por tanto, ellos tampoco pueden establecerlos en la edad adulta. El problema es que el trastorno del vínculo se transmite transgeneracionalmente y repercute a través de la crianza en la evolución de los hijos.

A este conjunto se añade el consecuente aumento de las familias reconstituidas. Si bien esta reconstitución aporta una esperanza, un problema radica en que, como sociedad, no hemos desarrollado aún suficientemente la cultura necesaria para integrar esta nueva realidad y para ayudar a integrarla. Esto complica, aún hoy, la posición de los hijos en sus grupos sociales. Todo esto repercute negativamente en la crianza de los hijos, que se encuentran ante una situación social para la que sus propios padres --y profesionales-- no tienen aún posiciones y conceptos claros válidos para integrar las nuevas situaciones.

A todo esto hay que añadir las llamadas "nuevas familias": familias monoparentales --por separación, divorcio o elección-- familias homoparentales, etc., ante las cuales aún estamos más carentes de la experiencia y la cultura necesarias para integrarlas socialmente e incluso para intervenir profesionalmente.

Por otro lado, no es infrecuente que la evolución de la familia --aún más si se suman separaciones o divorcios-- desemboque en una familia desestructurada, hoy en día tan numerosas en nuestra práctica profesional. Sabemos de sobras la dificultad que representan para los hijos estos medios familiares. En ellas son habituales las dificultades para establecer vínculos estables lo que perpetúa la tendencia a la desestructuración que, como decía, se transmite transgeneracionalmente, incrementándose el malestar y la psicopatología en los hijos.

La crianza, una responsabilidad social

En su trabajo "Familia y Educación" el sociólogo Luís Flaquer se pregunta cuáles serán las características de la nueva familia que está emergiendo. En ella será necesario llegar, dice, a un compromiso entre los propios intereses y la imprescindible solidaridad del grupo familiar. En otras palabras, se trataría de conseguir atender las necesidades de cada uno de los miembros de la familia y especialmente de los más vulnerables, los pequeños.

Pero ¿qué es lo que estamos observando desde la escuela y desde la clínica? Este sociólogo señala el problema de la falta de tiempo para estar con los hijos como característico de la familia post-patriarcal, y destaca que en nuestra sociedad es habitual que los niños estén solos en casa cuando llegan de la escuela y que pasen demasiado tiempo cada día frente al televisor. Hay que añadir el hecho de que la mayoría de niños están "colocados" en un exceso de actividades extraescolares.

Me parece importantísimo que Flaquer, como sociólogo, destaque las repercusiones en la crianza de la falta de tiempo de los padres, sin embargo, debido a que focaliza únicamente en las edades escolares, no se refiere a un hecho absolutamente básico: que esta misma falta de tiempo conduce a que los hijos asistan demasiadas horas y desde demasiado temprano a la guardería.

Hoy en día es común que una mujer no lacte a su bebé o, en el mejor de los casos, que a los dos meses comience a preparar el destete para reincorporarse al trabajo a los cuatro. O sea que, tan temprano, cuando aún falta tiempo para llegar a consolidarse, se ve en la situación de romper el vínculo recientemente iniciado con su bebé, en ocasiones por temor a perder su puesto de trabajo. Además, como decía antes, estos padres que trabajan tantas horas no suelen llegar a casa con el estado mental necesario para interesarse por los hijos.

Por otro lado, sabemos que la procreación, además de ser un deseo de los padres es también una necesidad social, por tanto la sociedad debe contribuir ayudando a la crianza. Pero ¿cómo responden los políticos ante la dificultad de los padres de realmente conciliar crianza y trabajo? Podemos señalar las demagógicas y repetidas campañas electorales basadas en la promesa de crear miles de nuevas plazas de guardería, por tanto para bebés entre cero y tres años. Esta sería la forma de entender la "conciliación" entre trabajo y crianza por parte de los políticos: más horas y más plazas para institucionalizar a los bebés y a los niños, además con la propaganda de conseguir mejores resultados académicos en el futuro.

Estas políticas anti-educativas, no solamente no atienden las necesidades de los más pequeños para el desarrollo de su salud mental, sino que tampoco apoyan la tarea de la escuela de transmitir conocimientos y conducir a sus alumnos a un buen nivel académico.

Sin lugar a dudas, es en la familia, en el buen cuidado del bebé y del niño pequeño, donde se sientan las bases de lo que después la escuela podrá desarrollar. Como he explicado, es en los primeros meses y años cuando se preparan las bases anatómicas y fisiológicas del sistema nervioso central, para el desarrollo de la salud mental y del buen rendimiento escolar.

Las políticas educativas que pretenden arreglar el fracaso escolar con más horas de institución a cualquier edad o, basadas en la absurda idea de socializar al bebé, son anti-educativas para la población ya que transmiten --y a menudo inculcan-- a los padres un error fundamental de concepto: precisamente la creencia de que hay que "sociabilizar" a los bebés a los pocos meses, que asistir muchas horas a la escuela es mejor que los cuidados que ellos pueden brindar y que los padres deben trabajar más y esforzarse para poder pagar muchas actividades extraescolares en aras de la formación de sus hijos. Es preocupante tanto retraso en la promulgación de leyes que realmente atiendan las necesidades de los pequeños en materia de salud mental y por ende de aprendizaje.

Como dice Rygaard, en la guardería, lógicamente, como sucede siempre en las instituciones, el modelo es hospitalario: todas las tareas están programadas y por tanto "ahora toca sacar los pañales, ahora sentarse en el orinal...." Justo lo opuesto de la individuación y de la creación de identidad. Se dan, lógicamente, muchos cambios imprevistos de cuidador durante el día. El contacto entre el niño y el cuidador e incluso entre los niños es escaso. No puede ser de otra forma. Pero sabemos la enorme importancia del contacto físico, del movimiento, del balanceo, como estímulo en el desarrollo del SNC. Es mucho mejor que el bebé esté cuidado por un grupo muy reducido de personas, siempre las mismas, para las que él sea importante y significativo, que conozcan sus necesidades y preferencias y entre las que él pueda orientarse completamente.

De hecho, el bebé no es alguien a quien se pueda explicar que lo queremos mucho pero que disculpe, que estamos ocupados y no podemos atenderle. No podemos quererlo desde la distancia. Todos los niños tienden a interpretar la separación como un rechazo, como una falta de interés, de cariño. El niño entiende que no lo queremos, por tanto que no es querible. Estas vivencias son la base de la baja autoestima, inseguridad y sentimientos de fondo depresivo que sufren muchos niños. Estas vivencias gravan sus posibilidades evolutivas.

Sabemos aún que, a menudo, los niños poco estimulados, duermen mucho durante el primer año de vida, no reclaman y suelen ser tan "buenos" que "no hay niño": son poco estimulados y poco estimulantes. Muchos de ellos cambian después radicalmente: poco después de comenzar a caminar se vuelven hiperactivos, no paran, están siempre inquietos, en movimiento, no dan tiempo a protegerlos. Puede ser el inicio de lo que después se acabará diagnosticando como TDAH y con poca suerte, acabará recibiendo psicofármacos. Hay quien cree que todos los bebés en los primeros meses son inquietos, se mueven mucho y no se fijan en nada. Pero no es así. Podemos observar bebés que, a los pocos meses, se interesan por un objeto, lo alcanzan con la mano, lo observan, manipulan, prueban sus cualidades, lo llevan a la boca, totalmente interesados y concentrados en su exploración, ejercitando durante mucho rato su capacidad de atención focal. Los otros a que me refiero saltan de un objeto a otro, no pueden detenerse más que unos segundos en cada cosa, sin completar ninguna experiencia. El contraste es muy notable. No recibieron una contención de calidad y luego no se contienen. Resulta evidente que la evolución de las capacidades de exploración y de aprendizaje de unos y otros serán muy diferentes.

Observamos también que en nuestras consultas, son más numerosos los niños con un funcionamiento "inmaduro": son niños desorientados, poco hechos como dicen a veces padres y maestros, más o menos confusos, sin criterio en relación a su edad. A menudo siguen a los otros niños sin comprender muy bien el significado ni las consecuencias de sus conductas, ni las relaciones humanas o el funcionamiento de su realidad externa (Rygaard, 2008)

Ha ido también en aumento el número de niños con rasgos autistas o Trastornos Generales del Desarrollo que recibimos en las consultas: niños que conectan de modo inseguro con el entorno, que desconectan fácilmente, su contacto visual es disperso o ausente.

A todo esto, se oyen muchas voces de preocupación en relación a la conducta de los niños y los adolescentes, sus resultados escolares, su pasividad. Hemos podido leer en la prensa artículos en que se rasgan las vestiduras ante las conductas de los adolescentes y ante las reacciones de los escolares. Consideran que a esos niños y adolescentes no se les puso, ni se les están poniendo, suficientes límites. ¿Pero nos hemos preguntado cómo se trató a esos niños y adolescentes cuando eran bebés? ¿No son seguramente estos niños y adolescentes los que han asistido demasiadas horas y desde demasiado pronto a la guardería? Se actúa como si se pudiera ofrecer cualquier tipo de crianza a los bebés y luego no pasara nada. Se habla de niños malcriados, cuando muchos han sido niños mal atendidos, o sea criados-mal. 
Hoy en día asistimos a un aumento preocupante del mal llamado TDAH, de los problemas sociales, como las drogodependencias, el fracaso escolar, la violencia doméstica, la delincuencia juvenil, la promiscuidad sexual irresponsable, las nuevas y modernas dependencias, muchas de ellas ligadas a la tecnología: messenger, móvil, televisión, etc. etc.

Por suerte, hoy en día se oyen ya voces por parte de padres y profesionales que reclaman medidas para una conciliación real entre el trabajo de los padres y las necesidades del bebé para una evolución sana. Se trata de artículos, cartas en los periódicos, grupos que se unen para defender el derecho a ocuparse personalmente de sus hijos (Roser Jordà, 2007; Dr. Santiago García-Tornel, 2007, y muchos otros).

Hace unos meses, un grupo de varios centenares de padres mandó una carta abierta al Conseller Maragall con motivo de una de las propuestas de ley de educación. En esta carta se citan los informes publicados recientemente por las universidades de Stanford y Berkeley sobre los riesgos de la educación preescolar, que si bien favorecen la adquisición de habilidades cognitivas, dicen, incide negativamente en el desarrollo social y emocional de los pequeños, generando un incremento de los problemas de conducta.

Citan también el estudio publicado por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), sobre las políticas de educación y atención a la primera infancia en veinte países. Se describen los factores sociales, económicos y conceptuales que condicionan estas políticas, que informan de que en ningún país de la Unión Europea la enseñanza es obligatoria antes de los seis años (siete, en el caso de Dinamarca, Suecia y Finlandia). Tampoco lo es en Canadá, Estados Unidos ni Australia. Citan otro dato que consideran muy significativo: en el caso de Finlandia, país que en el último informe PISA obtiene los mejores resultados en materia de educación, el porcentaje de niños que van a la escuela a partir de los 3 años no supera el 50%, lo que contrasta con el 98% de niños catalanes según afirma Maragall al justificar la propuesta de escolarización obligatoria a los tres años.

La carta de los padres continúa preguntándose si habrá relación directa entre este déficit de atención en el sí de la familia durante la primera infancia y el creciente número de casos de depresión y trastornos de conducta entre los menores, o el hecho de que España tenga el dudoso honor de ser el tercer país del mundo en que se recetan más psicofármacos a menores.

Se basan en estas y otras referencias para defender la idea de que las medidas de conciliación propuestas hasta ahora no son defendibles. Consideran que las verdaderas medidas de conciliación pasan por ampliar los permisos de maternidad, legislar excedencias remuneradas y con garantía de reincorporación al lugar de trabajo y mantenimiento del sueldo para uno de los padres con niños pequeños, como sucede en los países que nos aventajan en los índices de bienestar y de éxito escolar. Faltaría añadir (Rygaard,2008) que se debería ofrecer un período de reciclaje gratuito a la madre (o al padre) cuando ésta se reincorporara al trabajo. Este tipo de conciliación es radicalmente diferente de la noción, muy extendida, de que conciliar la vida laboral y la familiar consiste en mantener los niños "aparcados", dicen, mientras los padres trabajan.

Creo que todo esto es claro indicio de que una medida imprescindible, en primer lugar, es la concienciación de la población, a través de campañas de difusión y de educación psicológica sanitaria, acerca de las necesidades de los niños y de las valiosas e insustituibles funciones de los padres, para conseguir ciudadanos sanos y capaces física y mentalmente. Esta concienciación haría, seguramente, que los ciudadanos supieran qué deben exigir a sus políticos para el bienestar de su familia y el sano crecimiento de sus hijos, y que no aceptaran como buenas las medidas demagógicas y antieducativas que se les ofrecen. Este paso podría, con suerte, mover a los políticos a ofrecer en sus campañas electorales aquello que la salud mental de la población realmente necesita.

Si no es así, se crea una grave contradicción: se invierte en más plazas de guardería, y después en más plazas de aulas de refuerzo para niños con fracaso escolar y de hospital de día para adolescentes, mientras no se está ayudando económicamente a los padres para que tengan tiempopara estar con sus hijos, para realizar actividades con ellos y fomentar una buena evolución, o sea salud mental. Estas son las verdaderas medidas preventivas. Sin ellas estaremos siempre tratando de corregir, en los años siguientes, lo que se ha comenzado mal en los primeros años. Y esto sí que resulta mucho más caro en todos sentidos, económicamente y emocionalmente.

Conclusiones

Las investigaciones sobre el vínculo y la teoría del apego y aquellas en neuropsicología realizadas en base a la neuroimagen dejan bien clara la importancia de las interacciones de calidad entre el bebé y su madre como promotoras del desarrollo del SNC. Por esta vía, son asimismo promotoras del desarrollo intelectual, emocional y social.

La calidad de las interacciones y por tanto su destino, depende del tipo de crianza que los padres ofrecen a su bebé, que a su vez depende en buena medida de la organización social y del tipo de "conciliación" que los padres establezcan entre el cuidado del bebé y su trabajo.

Los cambios sociales de las últimas décadas han conducido a que los bebés asistan desde demasiado pronto y demasiadas horas a instituciones que se ocupan de su crianza.

Esta "institucionalización", en contradicción total con lo que las investigaciones citadas nos enseñan, altera el carácter de las interacciones a veces con graves perjuicios para la evolución del niño. Estos cambios se aprecian en la clínica. Sería importante investigar la relación entre los cambios en la psicopatología y la modificación de los sistemas crianza. Otro aspecto relacionado es el aumento alarmante de la prescripción de psicofármacos, que pretende sustituir la contención de calidad que sería una buena crianza, por una "contención" química.

Hasta ahora, la aportación de los políticos a la "conciliación" ha sido la creación de nuevas plazas de guardería para institucionalizar a más bebés y la propaganda antieducativa de que más asistencia a institución aporta mejores resultados académicos en el futuro, cosa que el informe PISA demuestra que es falsa.

Creemos que ya sería hora de se ayudara a los padres a una conciliación real entre trabajo y crianza. Consistiría en ofrecer ayudas económicas o de reducción de jornada a aquellos padres que desearan ocuparse personalmente de sus hijos, 

con conservación de sus puestos de trabajo y sueldo, y con reciclaje gratuito para las madres cuando se reincorporaran a su puesto laboral.

http://www.fetb.org

 

La atención y el dominio motriz desde la teoría psicoanalítica:
Desde el psicoanálisis, podemos pensar, en primer lugar, el concepto de
atención. En el Dictionnaire de psychopathologie de l'enfant et de l'adolescent,
se define la atención como "un estado en el cual la tensión interior está
dirigida hacia un objeto exterior. Es un mecanismo importante en el
funcionamiento mental de un individuo, que le permite no quedar sometido
pasivamente a las incitaciones del contexto. Ella permite al sistema nervioso
no ser sobrepasado por el número de informaciones sensoriales que le llegan
a cada instante y por consiguiente, al ser vivo adaptar su comportamiento.
También se puede definir la atención en relación con la conciencia : la atención es la selección de un acontecimiento, o de un pensamiento, y su

mantenimiento en la conciencia."En primer lugar, entonces, tenemos que considerar que la atención es un

proceso activo, que lo protege del caos del mundo externo y de sus propias
sensaciones, permitiéndole privilegiar un elemento sobre los otros. En tanto
ligado a la conciencia es como un foco que ilumina una parte del universo en
desmedro del resto y, como atención dirigida hacia algo voluntario, es algo
que se constituye, que no está dado de inicio (lo que está dado desde el
comienzo es la atención refleja, inmediata).
¿De qué hablamos cuando decimos “déficit atencional”?.
La atención que se le pide a un niño en la escuela es una atención sostenida y
selectiva, en que se espera que atienda durante un tiempo considerable a
cuestiones que otros eligieron (y que para él pueden no ser prioritarias). Nos
tenemos entonces que preguntar cómo se construye esta posibilidad.
El dirigirse al mundo y sostener el oído y la mirada atentos está motorizado
por los deseos. Ellos nos marcan la dirección hacia la cual dirigirnos, pero
también el yo como organización representacional aparece como
imprescindible para que un sujeto atienda... y aprenda. Hay que sentirse
unificado para poder escuchar a otro, mirar a otro, sin sentir que uno se
quiebra en múltiples pedazos si no es el único mirado y escuchado.
Y el proceso secundario debe estar estabilizado para frenar la descarga
pulsional inmediata.
En la escuela se le pide que invista (y sostenga la investidura) a cuestiones
impuestas por otros. Tiene que deponer sus intereses momentáneos,
seleccionar de todo el cúmulo de estímulos internos y externos aquellos en los
que otros le piden que se centre y concentrarse durante un tiempo prolongado en ellos. Es una atención selectiva que, en este caso, se rige habitualmente más
por la obediencia a normas que por los propios deseos.
En el Proyecto de una Psicología para Neurólogos Freud desarrolla
extensamente el tema de la atención, ligándola a la constitución del yo y al
pensamiento. La atención es fundamental tanto para satisfacer el deseo, como
para frenar un displacer tan masivo que deje al psiquismo anonadado, pero el
pensar ligado a la atención secundaria puede ser dificultado por recuerdos
penosos (que llevarían a desviar la atención del camino propuesto) y el afecto
puede impedir el pensar.
Esto lleva a pensar que los trastornos en la atención pueden ser efecto de la
dificultad para investir cierta realidad o para inhibir procesos psíquicos
primarios pero también, que ciertos movimientos afectivos y las fallas en la
constitución narcisista son obstáculos para estar “atento” en clase.
Nos encontramos entonces, en muchos casos, con dificultades en la
estructuración subjetiva que se centran, en mi experiencia, fundamentalmente
en:
- la estabilización del proceso secundario. Si lo que predomina es un pasaje
permanente de una representación a otra, sin poder detener el decurso
representacional, no se podrá seguir el discurso de otro.
- la organización narcisista. Son muchos los niños que, por demanda de
amor, por inseguridad, por necesitar una mirada aprobadora de otro, o por
sentir que tambalean frente a todo obstáculo (y estoy señalando posibilidades
diferentes), hacen una retracción a un mundo fantasmático o se mueven sin
rumbo (buscando un eje externo).

¿Hay desatención o cada cual atiende su juego?

deorientacion.files.wordpress.com/2010/12/desatentos_hiperactivos.pdf

 

 

 

 

 

Carencia afectiva

La carencia afectiva señala la situación en que se encuentra un niño que ha sufrido o sufre la privación de la relación con su madre, o de un sustituto materno, y que padece el déficit de atención afectiva necesaria en la edad temprana. La carencia afectiva o las alteraciones por carencia relacional se refieren a aquellas situaciones en que la maduración de la
personalidad del niño se interfiere por la falta grave de estimulación afectiva. En el ser humano no existe la posibilidad de una maduración correcta sin el calor afectivo del amor, en cualquier circunstancia cualquier persona puede sentir no haber amado lo suficiente o no haber sido amado de forma adecuada. Estos sentimientos de malestar, que generalmente son transitorios, no constituyen el tema de la carencia afectiva en su sentido estricto. La carencia puede manifestarse cualitativamente de distintas formas y a través de diversas modalidades, sea por negligencia y abandono o bien por situaciones de ruptura debido a sucesivas y repetidas hospitalizaciones, separación de los padres, etc.

La ausencia grave de estimulación afectiva por parte de los adultos que juegan un rol relacional afectivo importante provoca la aparición de trastornos no tan solo de la maduración sino también síntomas clínicos que se expresan en trastornos somáticos, afectivos y conductuales. La aparición de la clínica o bien la afectación madurativa del niño es lo que pone de manifiesto el carácter grave e intenso de la carencia afectiva. El término de "carencia afectiva", señala tanto la causa (déficit de estimulación afectivo-maternal) como la consecuencia (clínica somática, afectiva y conductual con retraso en la maduración afectiva del niño).

La carencia afectiva se caracteriza por producir en el niño un estado psicológico de avidez afectiva y miedo de pérdida o de ser abandonado, tanto si ha padecido en la realidad una
privación afectiva maternal como si lo ha sentido como tal. Permanece en un cierto estado de búsqueda afectiva, de necesidad de saturación, que se manifiesta por una actitud de reasegurarse de la existencia permanente del afecto del otro y así sentirse seguro.
Pueden considerarse distintas formas de carencia en cuidados maternos según las características relacionales entre la madre o el substituto maternal y el niño:

a) Discontinuidad: La carencia por discontinuidad aparece por la ruptura repetida de la relación establecida entre la madre o substituto materno y el niño, ligada a cambios cualitativos en esta relación, por motivos diversos y a pesar de que la misma persona sea la que sigue atendiendo al niño físicamente (enfermedad súbita de la madre, desviación de la atención afectiva por la irrupción de otras necesidades en el seno de la familia, etc.).
b) Insuficiencia: Aparece este tipo de carencia, en el caso de negligencia manifiesta, es más frecuente en instituciones de asistencia o en el hospital. El niño no encuentra un substituto maternal adecuado o recibe una modernización totalmente insuficiente y por ello no tiene posibilidades de interacción adecuada con una figura maternal.
c) Distorsión: El niño vive con su madre o un sustituto materno pero no tiene posibilidad de
interacción adecuada con ella. No recibe los cuidados adecuados.

Diversos factores actúan sobre la perturbación relacional favoreciéndola o modificando su
repercusión en el niño, en este sentido debe valorarse la existencia de:
a) Tiempo: La duración de la deprivación o de la perturbación relacional en meses o en años
b) Recuperación: La posibilidad de restablecer la relación correcta pasado el tiempo de
perturbación
c) Naturaleza: Según cuál sea el tipo de deprivación que ha padecido el niño (discontinuidad,
insuficiencia o distorsión)
d) Edad: Según la edad el efecto y las consecuencias serán distintas
e) Antecedentes: Según cuál sea el tipo de atención y cualidad de modernización previo a la
experiencia de alteración
relacional afectiva f) Intensidad: Si la alteración es parcial o total, fuerte o suave, se modificara también la respuesta
La valoración de estas variables permite conocer y evaluar la posible reversibilidad de la situación en que se encuentra el niño y las secuelas que de ello se puedan derivar...

La respuesta del niño oscila entre dos polos caracterizados por lo que podríamos llamar:
a) Respuesta "amante": Tiende a una relación de apego y dependencia hacia el otro y los demás. Esta en actitud de demanda afectiva continua.
b) Respuesta "agresiva": Reacciona en actitud de oposición-agresividad hacia el otro y los demás. Hay una necesidad constante de venganza.

Ambas reacciones pueden coexistir en un mismo individuo el cual presentará entonces una tendencia hacia la relación afectiva inestable e incoherente.

EPIDEMIOLOGIA
Es imposible determinar la prevalencia de la carencia afectiva en la infancia dado que encubre diferentes situaciones, yendo desde la más extrema a la más ligera, y porque
sistemáticamente no es el motivo de consulta, excepto cuando se acompaña de trastornos psíquicos o comportamentales. Solo es posible detectar los niños abandonados o con abusos físicos, los ubicados en familia de acogida o en centro de acogida, los hospitalizados de duración variable y en los de padres separados o fallecidos.

ETIOLOGIA
Las causas iniciales del síndrome de abandono pueden depender de la constitución psico-orgánica del niño, de la actitud afectiva de los padres o de abandonos traumáticos (Guex, 1973)

LA CONSTITUCIÓN DEL NIÑO
El niño puede presentar predisposiciones psíquicas u orgánicas.
Predisposiciones psíquicas: personalidad con una gran necesidad afectiva por encima de otras necesidades ("glotonería afectiva"); las personas próximas no perciben, a menudo, esta intensa posesividad del niño: intolerancia a la frustración, a la ausencia, al compartir; tendencia a la ansiedad, a la inseguridad afectiva.
Predisposiciones orgánicas: trastornos digestivos (vómitos, diarreas); fragilidad física general que justifican engancharse al entorno, de reclamarle compensaciones afectivas; la inseguridad física permite que se desarrolle la inseguridad afectiva...

LA ACTITUD AFECTIVA DE LOS PADRES
La relación con los padres puede ser la fuente de privación afectiva para el niño.
Privación de amor objetivamente motivado: El niño está en depravación afectiva por causas externas que no dependen de sus padres y que someten forzosamente (por ejemplo; trabajo, viaje, separación). Cuando los motivos de la separación se explican al niño, este no se resiente por el abandono porque sabe que el lazo afectivo que le une a sus padres no sufre ningún daño. El niño puede aceptar o revelarse, pero comprende que la vida y las circunstancias son la causa, y no la actitud de los padres.
Privación de amor objetivamente no motivada: el niño es víctima de una falta de amor, de incomprensión, de una falsa imagen materna; se siente solo no entiende y aparece la angustia. Esta particularmente sensible a todas las expresiones (incluso no verbales) de sentimientos hacia él; esta sensible al clima más o menos seguro y a todo lo referente al plano afectivo. Según la naturaleza y las tendencias profundas del niño, son posibles dos actitudes: la desvalorización (nadie me quiere) o la culpabilización (es mi culpa, no me quieren porque soy malo).

LOS ABANDONOS TRAUMATICOS
El niño padece abandonos reales y graves, que aparecen de forma brusca e imprevista (por ejemplo, muerte violenta de un padre, hospitalización prolongada del niño, encarcelamiento de un padre, emplazamiento del niño en institución, etc.) y no encuentra medios de hacer frente a esta situación psíquicamente.

La carencia por insuficiencia
Se trata de niños que padecen un emplazamiento institucional precoz, sin presencia materna suficiente. SPITZ ha estudiado grupos de niños que han vivido en condiciones difíciles en el aspecto afectivo; el propone diferenciar dos síndromes: el hospitalismo y la depresión anaclítica.

HOSPITALISMO: SPITZ ha comparado el desarrollo psicoafectivo de dos grupos de niños que vivían en dos instituciones distintas cuyas condiciones materiales eran similares: la vivienda era excelente y la higiene satisfactoria.
1) niños de madres residentes en instituciones penitenciarias: cada madre podía a pesar de todo ocuparse de su hijo durante el día, con la ayuda de una enfermera competente: SPITZ la denomina guardería (casa para niños) este tipo de institución.
2) niños ubicados en orfelinatos: estos habían vivido tres meses con su madre, después han sido confiados a una institución denominada "found-ling home" por Spitz. Las condiciones del lugar son las siguientes: habitáculo excelente, los cuidados higiénicos y dietéticos satisfactorios; una enfermera responsable de 8-12 niños, a los aporta el calor del contacto humano durante buena parte del día.

TIPOS DE CARENCIA AFECTIVA
1) desarrollo corporal (marcha)
2) habilidad manipulatoria (comer solo, vestirse solo)
3) adaptación al medio (control esfinterial)
4) el desarrollo del lenguaje.

Los niños de estos dos grupos se siguieron hasta la edad de cuatro años. Los resultados obtenidos son los siguientes: el (QD) cociente de desarrollo queda relativamente estable en la nursery; sin embargo, disminuye con la edad en el "foundling home": establecido en 130 al inicio, baja hasta 70 al final del primer año y desciende hasta 45 al final del segundo año. A los cuatro años de edad, los niños tienen un retardo en la talla y peso (retardo estato-ponderal); muchos no caminan, ni se mantienen en pie, ni hablan, y la tasa de mortalidad es alta; esto se debe a una vulnerabilidad a las afecciones somáticas. Sobre 91 niños controlados en el "found-
ling home", 26,67% murieron antes de finalizar el primer año, y 37,36% antes de
finalizar el segundo año.
SPITZ hizo el seguimiento de 21 niños hasta la edad de cuatro años (mientras estaban todavía en institución) y se dieron los siguientes resultados:
1) desarrollo corporal: 5 no son capaces de deambular.
2) capacidad manipuladora: 12 no son capaces de manejar solos una cuchara., 20 no pueden vestirse solos.
3) adaptación al medio . 6 no controlan esfínteres.
4) desarrollo del lenguaje: 6 no dicen ninguna palabra, 13 no disponen de un vocabulario de 2 a 5 palabras.

SPITZ denomina a estos trastornos síndrome de hospitalismo o carencia afectiva total; se trata del conjunto de síntomas derivados de la vida en una institución. Este estudio muestra la relación entre la presencia o ausencia de cuidados maternales y el desarrollo psico-afectivo del niño (en QD).

DEPRESIÓN ANACLITICA: SPITZ observo un grupo de 34 niños que presentaban las siguientes características:
a) relación afectiva normal hasta la separación.
b) separación de la madre después de los 6 mese
c) ausencia de madre sustituta durante la separación.
d) duración de la separación: de 2 a 6 meses;
e) retorno posterior de la madre o madre sustituta.

Mes tras mes, el cuadro clínico nos muestra la regresión de los niños en función de la duración de la separación...
-Primer mes: los niños se tornan llorosos, exigentes, y se cogen al observador que establece el contacto.
-Segundo mes: los lloros se trasforman; se produce una pérdida de peso y se detiene el desarrollo.
-Tercer mes: rechazan el contacto; posición patognomónica (los niños pasan la mayor parte del tiempo acostados boca arriba en su cuna); insomnio; continua la pérdida de peso; tendencia a padecer enfermedades intercurrentes; generalización del retardo motor; rigidez en la expresión facial.
-después del tercer mes: la rigidez facial se establece y persiste; los lloros desaparecen y son reemplazados por gesticulaciones raras; aumenta el retraso en el desarrollo y aparece el letargo.

SPITZ verifica si la regresión demostrada durante la separación puede repararse cuando el niño retorna a su medio adecuado. Constata que: si antes de un período crítico, que se sitúa entre el final del tercer mes y antes de que termine el quinto mes (de separación), si restituimos la figura materna a su hijo, o si conseguimos encontrar un sustituto parental aceptable para el bebe, el trastorno desaparece con una rapidez sorprendente. SPITZ da las cifras de QD registradas durante la separación y después al retorno con su madre o sustituto materno; constata que si la separación no es demasiado larga, los efectos nefastos desaparecen, mientras que si la separación es prolongada, el retorno con la madre no resuelve plenamente el retardo en el
desarrollo.

SPITZ denomina a estos trastornos depresión anaclítica o carencia afectiva parcial: el niño que ha estado atendido viviendo unas buenas relaciones con su madre, y luego ha sido emplazado en una institución donde se ha visto privado de afectos de manera aguda.
Tanto el síndrome de hospitalismo como la depresión anaclítica muestran la importancia en la relación madre-hijo para un buen desarrollo psico-afectivo: el período de vida que se sitúa entre 8 y 18 meses será, según SPITZ, el más crítico en cuanto a la vulnerabilidad del niño ante la pérdida del objeto (la madre). SPITZ denomina a este período fase objetal; se trata de una fase intermediaria que aparece después que el niño ha establecido una relación de dependencia estable y segura y antes que tenga suficiente edad para ser autónomo: esta se sitúa entre el
momento en que el niño se enfrenta a la angustia ante el extraño y la angustia de separación (hacia 6-8 meses) y aquel donde se adquiere la permanencia del objeto (hacia 15-18 meses).
Los trabajos de SPITZ se han cuestionado por su falta de rigor metodológico. Algunos autores se preguntan si , cuando se internaron, algunos niños no presentaban ya trastornos somáticos diversos, si estaban afectos de encefalopatía evolutiva (por ejemplo consecuencia de un hematoma subdural), si padecían déficits graves constitucionales, si eran portadores de una enfermedad infecciosa en el período de incubación /por ejemplo, infección pulmonar) o si sufrían infecciones cerebrales más o menos importantes. Las conclusiones de SPITZ
fueron criticadas dado que los exámenes físicos complementarios no se realizaron o eran incompletos.
Mientras, otros investigadores demuestran que el estado general de los niños hospitalizados o ubicados fuera del ámbito familiar se deteriora rápidamente si no se les aporta una atención especial, sino conlleva la pérdida de peso pudiendo abocar a la caquexia, así como la aparición de infecciones diversas debidas a la debilidad general de los mecanismos de defensa del organismo. Los resultados de los trabajos de SPITZ se han confirmado por la similitud con los de otros autores (Aubry, 1955; David, 1962; Ainsworth, 1961); en términos generales se concluye
que la privación afectiva influye en el desarrollo físico.

Según la asociación de psiquiatras americanos los criterios clínicos son los siguientes (DSM-3):
1) Aparición del síndrome antes de los ocho meses
2) Ausencia de los cuidados necesarios para el desarrollo de lazos afectivos (por ejemplo, carencia o "dejadez" afectiva severa, aislamiento social en una institución)
3) Ausencia de respuesta social, como las siguientes manifestaciones (los comportamientos que debemos buscar dependen de la edad del niño y se deben modificar en caso de prematuridad):
a) menos de dos meses: no mira los ojos ni los rostros;
b) después de dos meses. no responde con sonrisa a la máscara humana; no mira a la cuidadora;
c) no es sensible a la voz de la cuidadora ni se gira hacia ella.
d) a partir de cuatro meses: no reclama la presencia de la cuidadora;
4) Presencia al menos de tres de las manifestaciones siguientes:
a) grito débil,
b) sueño excesivo;
c) falta de interés por el entorno;
d) hipomobilidad;
e) hipotonía muscular,
f) débiles reflejos de rechazo y de aprensión después del alimento.
5) Pérdida de peso o retardo ponderal respecto a la edad, no explicable por una alteración física. En este caso, el retardo ponderal (pérdida de peso expresada en centiles es habitualmente más importante que el retardo de talla). El perímetro craneal es normal.
6) El síndrome no es debido a un trastorno físico, a un retardo mental o a un autismo infantil.
7) El diagnostico se confirma si el cuadro clínico varia rápidamente después del inicio de cuidados adecuados (por ejemplo, una hospitalización de corta duración).

Los trabajos de SPITZ y otros investigadores han obtenido importantes conclusiones practicas en lo que concierne a niños ubicados en institución (hospital, centro de acogida).
-interesa que el sustituto materno (enfermera, educador) tenga a su cargo un número limitado de niños a fin de que se puedan beneficiar de los cuidados necesarios, en función de su edad.
-conviene que el niño este a cargo de un número limitado de personas para que pueda desarrollar una relación estable y continua con sustitutos maternos significativos.
-conviene que el niño reciba los cuidados físicos elementales (alimentación, higiene, etc.) pero que también pueda beneficiarse de tratos maternales no estrictamente materiales (comunicación verbal, canciones, contacto corporal, masajes, mecimientos).

El peligro de la ubicación en un centro es que el niño este confiado a un gran número de personas y que ninguno se responsabiliza de él: por ello el niño no podrá desarrollar una relación correcta con el adulto.

LA CARENCIA POR DISCONTINUIDAD
La separación de la figura materna y del niño es un acontecimiento posible en las condiciones actuales de vida (hospitalización, divorcio, trabajo, viajes, etc.). La separación no es necesariamente generadora de carencia afectiva, pero puede eventualmente serlo si esta se repite o no está suficientemente prevista, pues el niño no puede no puede tener una relación satisfactoria con un sustituto materno a lo largo de una separación relativamente larga.
El período crítico de la separación es en el momento en que el niño distingue a su madre de los extraños y se une a ella (SPITZ: 8 meses) y en el momento en que mantiene la unión con su madre aun estando lejos de ella (SPITZ: 18 meses); algunos autores sitúan este período entre 6 meses y 2 o 3 años (BOWLBY) y, un límite de hasta 4 o 5 años.

La reacción del niño durante la separación muestra una secuencia precisa. BOWLBY (1962) observó un grupo de niños hospitalizados de edades entre 15 y 30 meses que presentaban angustia de separación en tres fases sucesivas: protesta, desesperanza y desinterés. Los niños vivían en unas condiciones relativamente adecuadas en cuanto al sustituto materno (personal de enfermería) condiciones menos extremas que aquellos niños observados por SPITZ.
La fase de protesta: El niño llora, sacude la cuna, se mece a derecha y a izquierda, busca a sus padres, los reclama (sobre todo en el momento de dormir); no se consuela. El niño se esfuerza para obtener la presencia de la madre y está atento a todo lo que ocurre. Al cabo de dos o tres días, los signos de angustia se atenúan. Es necesario notar que el desencadenante del lloro se producía igualmente mientras el sustituto materno los cuidados habituales de la madre (asearlo, vestirlo).
Fase de desesperanza: Los movimientos activos disminuyen, el niño llora de forma monótona e
intermitente; rechaza la comida y el vestirse; se vuelve pasivo y se replega en sí mismo; no hace ninguna demanda. Parece que el niño está tranquilo, parece que ha aceptado la situación como positiva, pero de hecho, esta en una situación de duelo: la madre se considera desaparecida para siempre...
Fase de desinterés: El niño acepta los cuidados ofrecidos por no importa cual sustituto maternal (las enfermeras); come bien, se divierte con los juegos, sonríe y se muestra sociable. Cuando su
madre lo visita el bebe puede estar apático, no la reconoce e incluso la rechaza; normalmente grita o llora al verla; el interés hacia la madre se pierde.

Bowlby señala que hay una similitud entre la fase de desesperanza en la reacción a la separación del niño pequeño, y las manifestaciones depresivas del adulto: humor disfórico, retraimiento social, falta de dinamismo, esto no quiere decir que exista una relación causal entre los dos.
Las observaciones de Bowlby en cuanto a las fases sucesivas han estado confirmadas posteriormente (Robertson 1962) otros estudios de niños de 6 meses a 4 años de edad demuestran que cuando la separación se prolonga, pueden manifestarse una serie de síntomas:
-un enlentecimiento del desarrollo afectivo y cognitivo con disminución, a veces importante del QD y del QI (WPPSI).
-enfermedades físicas, entre otras una gran vulnerabilidad a las infecciones y una morbilidad frecuente.
-trastornos psicosomáticos tales como la anorexia, la enuresis, los trastornos del sueño, etc.
-síntomas de la línea depresiva: humor disfórico, autodesvalorización, falta de energía e interés.

Las investigaciones han puesto de manifiesto los efectos de experiencias repetidas de separación de los padres y de cambios frecuentes de las figuras parentales. El niño se torna extremadamente sensible a las amenazas potenciales de separación y desarrolla un estado afectivo particular; esta entre el deseo de unirse y el temor de perder al adulto. Mientras él puede tener reacciones opuestas aparentemente: por una parte, distancia oposición, agresividad; por otra, dependencia, inseguridad, ansiedad; el niño presenta una reacción de apego ansioso (Bowlby, Robertson).
Rutter (1974) relativizó las conclusiones de Bowlby y de Robertson señalando que no todos los niños se perturban en este momento. Reconoce que la total restitución de las personas responsables del los cuidados de los niños y del cambio de su entorno familiar en medio institucional pueden producir reacciones emotivas intensas, a corto o largo plazo. Pero después de haber observado niños que habían sufrido separaciones provisionales de diferentes tipos y de duración variable, Rutter concluyó que se puede separar a los niños durante períodos tiempo en la infancia sin que se produzcan aparentemente efectos nocivos a largo plazo, si el niño se puede beneficiar de sustitutos parentales satisfactorios durante la separación. Los niños separados de uno de sus padres al menos durante cuatro semanas consecutivas no tienen más riesgo de presentar trastornos del comportamiento o psiquiátricos que aquellos que no se han separado nunca; sin embargo, separados de sus dos padres tienen más riesgo de padecer las consecuencias.

Rutter señala que no solo es la separación en sí misma, sino la razón de esta separación que tiene importancia. Cuando esta es la consecuencia de conflictos o problemas familiares, los niños son cuatro veces más susceptibles de librarse de comportamientos antisociales que aquellos en que la separación es debida a vacaciones o a una enfermedad física. Los niños separados de sus dos padres tienen el riesgo de padecer efectos más nocivos si la relación de sus padres es considerada "muy mala" más que si es considerada "buena" o "bastante buena".
Algunas experiencias de separación pueden ser beneficiosas, puesto que niños habituados a breves separaciones de naturaleza agradable (por ejemplo las vacaciones) tendrán menos problemas por separaciones desagradables como la hospitalización.

Ainswrth (1961) señala que el desarrollo del niño, después del retorno a las condiciones normales, depende de la edad en el momento de la separación y de la duración de la misma... y será necesario añadir: si ha habido un sustituto maternal durante la separación, si ha mantenido contacto con los padres, de la cualidad adaptativa y de las relaciones antes del episodio de separación. Lemay (1979) concluye, a propósito de factores que pueden generar carencia afectiva: reactividad propia del sujeto, edad del primer abandono, repetición de rupturas relacionales, inestabilidad de las secuencias espacio-temporales parecen ser los factores más
traumatizantes en la génesis de un estado carencial grave.

AINSWORTH (1961) indica igualmente que ciertas funciones afectivas o cognitivas pueden estar más dañadas que otras: ciertas alteraciones parecen ser menos fácilmente reversibles que otras: este es el caso de aquellas que afectan la función verbal, la función de abstracción y la aptitud para establecer lazos interpersonales profundos y durables. Los sectores más vulnerables son pues el desarrollo del lenguaje, la capacidad de generalización y las relaciones sociales.

BOWLBY (1962) se cuestiona las consecuencias a largo plazo de las separaciones y de las pérdidas sufridas durante la infancia; él cree que están en relación directa con el desencadenamiento de trastornos psiquiátricos en la edad adulta: él hace una doble constatación a partir de un grupo de personas adultas.
-La pérdida de la madre por defunción, principalmente durante los cinco primeros años, y eventualmente durante los cinco años siguientes, es un antecedente significativamente frecuente en los pacientes de hospitales psiquiátricos y en las personas atendidas por neurosis (y sobretodo de depresión o trastornos psicosomáticos).
-La pérdida del padre por defunción es igualmente un acontecimiento que se encuentra en la anamnesis de personas que presentan trastornos psiquiátricos, pero en este caso, el período crítico se sitúa entre los cinco y diez años.

BOWLBY considera que hay una correlación entre los duelos sufridos en la infancia (a consecuencia de la defunción de uno de los padres) y los estados depresivos presentes en la edad adulta, pero esta tesis general está cuestionada actualmente; en efecto, todos los autores admiten la correlación entre la pérdida de los padres y la aparición de un estado depresivo en la infancia, los investigadores no son concluyentes en lo concerniente a la relación existente entre la pérdida vivida durante la infancia y el desarrollo de la depresión en la edad adulta. Solo es posible afirmar que la pérdida precoz de los padres torna eventualmente al sujeto más
sensible y más frágil; y que entrañan sentimientos de insatisfacción, de fatiga y de aburrimiento, falta de dinamismo y de confianza en sí mismo. Pero ello no significa necesariamente que la persona adulta hará una recaída de tipo depresivo ante una nueva pérdida o que presentara un cuadro clínico de depresión franca.

LA CARENCIA POR DISTORSIÓN
Se trata de la carencia afectiva que el niño padece en el ámbito familiar, debido a condiciones socio-económicas difíciles o por falta de estimulación socio-cultural. El perfil de las familias presenta a menudo ciertas características asociadas a la pobreza afectiva:
-Las relaciones interparentales son conflictivas o incoherentes (violencia, alcoholismo)
-La pareja parental se separa y retorna en repetidas y transitorias ocasiones
-La inserción laboral es problemática para los padres, y particularmente para la manutención familiar
-La familia vive en unas condiciones materiales precarias (paro, ayuda social) y luego ruina promiscuidad
-La familia esta normalmente disociada: la madre se ocupa solo de los niños, el padre está ausente (separación, prisión)
-La familia vive en un barrio desfavorecido y con una relación social restringida (ocio, amigos)
-La fratría es, a menudo, numerosa; muchos nacimientos ( los abortos espontáneos son más frecuentes que en otros medios)
-Las normas de funcionamiento familiar son relajadas o incoherentes; los niños se espabilan y crecen solos
-Los cuidados físicos y afectivos dados a los niños son justo suficientes, corresponden al mínimo vital
-Los niños en función de la edad son, a veces, victimas de negligencia física grave, o incluso de violencia o abusos físicos
La carencia por distorsión no es debida necesariamente a la ausencia o separación de los padres, sino por un investimiento afectivo superficial y por una alternancia de dependencia extrema y hostilidad abierta e intensa. Las investigaciones empíricas y la observación cínica han permitido identificar las consecuencias de la carencia por distorsión sobre el desarrollo de sujetos nacidos de tales familias.
-En la primera infancia: la tasa de mortalidad infantil y de enfermedades físicas es más elevada que la media de la población
-En la edad preescolar y escolar: el niño presenta trastornos del lenguaje, y otros retardos importantes: problemas de elocución, pobreza de vocabulario, dificultades gramaticales y sintácticas.
-En la edad escolar: muchos niños presentan un retraso intelectual y trastornos de aprendizaje: el CI se sitúa, a menudo, en un nivel de inteligencia limite o de debilidad ligera (CI entre 55 y 85) el niño tiene frecuentes fracasos escolares.
-En la edad escolar y adolescencia: el sujeto presenta trastornos del comportamiento, actitudes de inhibición, de retraimiento, actitudes de oposición y de hostilidad
-En la adolescencia: los comportamientos antisociales y los actos impulsivos son frecuentes; en cambio los trastornos psicóticos o las organizaciones neuróticos son raras; el paso al acto es la única expresión posible de oposición a la verbalización y a la mentalización; estos síntomas del estado limite se pueden observar.
-En la edad adulta: la marginalidad, la dificultad adaptativa, la inestabilidad en las relaciones personales, los conflictos conyugales y la pobreza de la competencia parental son los aspectos más significativos; el cuadro clínico expone con claridad el estado limite.

CARACTERÍSTICAS DE LA CARENCIA POR DISTORSIÓN
Las situaciones de carencia por distorsión presentan diferentes características.
1) El niño que crece en una familia con problemas, no es nunca investido por los demás como objeto distinto, pero es, a menudo, la proyección narcisista de los padres; sirve de soporte afectivo a los padres que lo necesitan para definirse como individuos. El niño responde a las necesidades cambiantes y pasajeras de los padres: tanto es reabsorbido y apropiado, como dejado y abandonado. El no pude desarrollar, pues, una autoestima, un sentimiento de validación personal. Cuando el niño se convierta en adulto tendrá una capacidad parental limitada porque no habrá interiorizado una imagen parental valida, ya que nunca ha sido hijo.
2) El niño vive en un universo sin puntos de referencia precisos ni estables; el sentido de las cosas es fluctuante, vago, incoherente. Como el niño no ha sido un objeto de deseo significativo para los demás, los acontecimientos no tienen una significación continua. Los términos opuestos tales como amor/odio, presencia/ausencia, falta/satisfacción se confunden (clivaje): los adultos se quieren y se pelean, día a día, sin razón aparente. Los puntos de referencia fallan y la función psíquica, sobretodo se afecta la capacidad de simbolización.
3) Los niños y los adolescentes muestran , a menudo, un funcionamiento que en algunos aspectos recuerda al del niño limite (Bergeret, Kernberg). El fallo en el investimiento narcisista está escondido por una adaptación aparente, un aparente conformismo social (personalidad "as if"; anonimato: ser como todo el mundo), produciéndose el paso al acto agresivo o depresión (trastornos del comportamiento, delincuencia, violencia verbal, amenazas suicidas). La personalidad del niño carencial no se estructura realmente en la línea neurótica o psicótica, pero la vida interior es pobre, las relaciones interpersonales son superficiales; los procesos
mentales están mal organizados, mal definidos.

FACTORES PARENTALES
El concepto de carencia afectiva debe contemplar complementariamente la competencia o la capacidad parental. La literatura define la parentalidad a partir de una serie de componentes que pueden ser evaluados para saber si los padres son más o menos aptos para responder a los cuidados del niño.
1) Los cuidados directos: suministrar al niño los aportes necesarios en cuanto a alimentación, hábitat, vestido, higiene corporal y salud física.
2) La protección: vigilar y proteger al niño de las heridas, accidentes y peligros del mundo exterior en el ámbito físico y social.
3) La estimulación: facilitar al niño la vigencia de experiencias y de aprendizajes; juegos y libros, contactos sociales, salidas, etc.
4) La empatía: comprender las necesidades propias del niño y de su universo afectivo; estar atento a sus preguntas, demandas.
5) La autoridad: dar al niño unas normas de conducta propias de la realidad y sociedad en la que está inmerso.
6) El afecto: manifestar a través de palabras y gestos el afecto al niño, interesándose por lo que le ocurre y compartiendo las actividades y el tiempo con él.
7) La aceptación: aceptarlo tal cual es, como un ser inmaduro y en desarrollo; ser tolerante con sus comportamientos infantiles.
8) La valorización: dejar al niño realizar sus adquisiciones y progresos; destacar y apoyar sus éxitos.

CUADRO CLÍNICO
La carencia afectiva conlleva una serie de síntomas que aparecen durante la infancia y pueden mantenerse en la edad adulta si no hay una intervención terapéutica. Guex (1973) y Lamay (1979) dieron una descripción detallada de esta patología diferenciando los síntomas afectivos, somáticos y cognitivos.
1) Síntomas afectivos: la relación con los demás está alterada
a) Angustia de separación o por abandono: el niño con carencia afectiva teme que los otros le retiren su afecto; tiene la impresión de que le falta algo fundamental, indefinible: no quiere establecer lazos afectivos por temor a perder de nuevo el objeto de amor; él es sensible a cualquier situación susceptible de abandono. El sujeto toma medidas de protección ante el abandono, ya sea sometiéndose al otro (evita cualquier desacuerdo o reafirmación de sí mismo), ya sea rehusando el afecto o separándose prematuramente (el abandona para no ser abandonado, el destruye para no ser destruido)
b) Avidez afectiva: el niño carencial exige sin límites: el no estima plenamente, pero reivindica constantemente, incluso tiraniza; exige no solo ser entendido sino también adivinado; duda de las intenciones de los demás y entiende siempre los hechos de manera ambigua; exige pruebas tangibles de afecto (regalos, gestos, palabras, etc.). No puede creer en el afecto de alguien que no lo manifieste constantemente: no se lo cree, no perdona la espera, la ausencia. Todo tiene un
sentido, no existe el azar; no concibe que el otro pueda existir fuera de la relación con él: siempre siente una falta, un vacío importante.
c) Agresividad reactiva: la avidez afectiva es tan masiva, el temor a la pérdida del objeto amoroso es tan intenso que todo se presta a la reivindicación que todo le parece una amenaza de frustración. El sujeto hace pagar a los demás sus sufrimientos pasados (reales o imaginarios) de mil maneras. Somete constantemente a prueba el afecto de los demás: lo rechaza esperando que el insistirá, actitudes de dureza, palabras o gestos hirientes para saber hasta qué punto es estimado. La carencia afectiva somete a prueba hasta provocar la ruptura.
d) Actitud pasiva: el niño carencial se deja querer (como un niño por su madre), pero él no quiere; él es incapaz de darse. Se ha quedado en el estadio receptivo y captativo que recuerda la pasividad afectiva; es egocéntrico y quiere ser querido; es pasivo y dependiente, esperando recibir de los demás.
e) Sentimientos de desvalorización o baja autoestima: el niño carencial niega su valía, se considera como un fracasado, se destruye psíquicamente, se desprecia a sí mismo; se complace en el masoquismo de considerarse desgraciado, es una forma de culpabilizar a la madre o padre de su falta de afecto. Su autoestima es baja: el niño duda de si mismo en cuanto a despertar afecto o simpatía (nadie me quiere; no soy amable, lo que me ocurra no le preocupa a nadie), por lo que tiene una importante inseguridad: sentimiento obsesivo de exclusión, de no estar en
ningún lugar, de molestar o estar de más a mas.
f) Intolerancia a las frustraciones: Las prohibiciones o las privaciones impuestas por los demás son vividas como agresiones, injusticias. El niño carencial tiene dificultades para aceptar que en la realidad hay límites. Ciertas frustraciones son particularmente mal toleradas, tales como la ausencia temporal del ser amado, la privación de un plato deseado o el rechazo de permisos o libertades; el sujeto establece una equivalencia entre la persona amada, la comida y los regalos, a partir de su relación oral. Las prohibiciones son intolerables ya que son vividas como algo
pasajero en un universo globalmente gratificante, pero que atenta a la integridad del
sujeto, como signo evidente de ser rechazado.

Lemay (1979) resume los principales rasgos caracterológicos de la carencia afectiva: angustia de separación o abandono, deseo de relación exclusiva, intolerancia a toda situación que recuerde el abandono, nostalgia de una madre total, sentimientos de pérdida y falta, temor al afecto y a su pérdida.
2) Síntomas somáticos: diversos trastornos somáticos pueden aparecer sobretodo en el cuadro de carencia afectiva severa.
a) Retardo estato-ponderal: el niño carencial puede presentar, sobretodo en el caso de una importante hipo estimulación afectiva, un retardo en el crecimiento físico que lo sitúa significativamente por debajo de la media de su edad. El sentimiento de abandono y tristeza explica que el niño tenga menor interés por la comida y que esté insuficientemente alimentado, no sintiéndose investido afectivamente por los padres nutridores. El retardo estato-ponderal no se explica solo por una carencia alimentaria sino por la pobreza afectiva en la relación durante la alimentación.
b) Propensión a enfermedades y accidentes: el niño carencial puede presentar menores resistencias a las infecciones dado que los mecanismos de defensa inmunológicos están menos desarrollados debido a la débil pulsión de vida. Por ello, el sentimiento de responsabilidad hacia su cuerpo no está muy desarrollado, es más negligente y puede, pues, contraer más fácilmente ciertas enfermedades o ser víctima de pequeños accidentes.
c) Alteración del esquema corporal : la integración de las diversas sensaciones corporales (cenestésicas) son defectuosas en general; la carencia afectiva no permite desarrollar una imagen corporal armónicamente organizada, integrada; se observan principalmente dificultades de la coordinación motora (por ejemplo en los deportes), una torpeza motriz global, síntomas de hiperactividad. La integración sensorio-motriz es insuficiente dado que el cuerpo no está investido en el estadio narcisista.

3) Síntomas cognitivos: las perturbaciones cognitivas aparecen en diferentes áreas.
a) Retardo intelectual: el niño carencial muestra normalmente un retardo intelectual con un CI inferior a la media. Este retardo intelectual es debido a la falta de estimulación socio-cultural durante la primera infancia (antes de los seis años). La inteligencia lenta o limite conlleva normalmente trastornos en el aprendizaje o déficit de rendimiento escolar.
b) Trastornos del lenguaje: el niño carencial muestra normalmente un retardo en el desarrollo del lenguaje, así como trastornos más específicos (trastornos en la articulación, retardo en el inicio de la palabra (del lenguaje)). El sujeto descuida la esfera de la verbalización en beneficio de la esfera de la acción; el vocabulario y la comunicación son pobres. Por ello, la prueba de inteligencia muestra un decalage entre la parte verbal (CIV) en la que demuestran las bajas capacidades de generalización y abstracción, y la parte no verbal (CINV) en la que demuestran un pensamiento concreto y practico suficiente. Las capacidades de mentalización están restringidas, mientras que el paso al acto esta facilitado.
c) Desorientación temporal: el niño carencial difícilmente puede valorar el tiempo de una forma objetiva: considera los momentos agradables como demasiado cortos y los momentos desagradables como muy largos. Por ello, no puede llegar a construir una historia con un pasado y un futuro; tiene dificultades en situar en el tiempo las fechas importantes de su vida, o de acordarse de acontecimientos significativos que lo han marcado; también tiene dificultades en anticiparse al devenir y hacer proyectos realistas.

TRATAMIENTO
Es posible considerar diversas medidas de intervención para ayudar a los niños y adolescentes que viven en situaciones de depravación afectiva o en riesgo de desarrollar una carencia afectiva. La intervención debe de estar adaptada a cada situación especifica y responder a las necesidades del niño o adolescente.
a) Preparación a la separación: si el niño sufre separaciones normales en la vida (vacaciones, hospitalización, separación de los padres), es necesario que los padres adviertan y preparen al niño, y que se mantenga el contacto durante el período de separación (visitas, cartas, contactos telefónicos).
b) Medio sustituto adecuado: si el niño tiene que estar ubicado en un medio institucional (hospital, centro de acogida) por cualquier motivo (enfermedad, hándicap físico, depravación en el ámbito natural), conviene que se ocupe del niño sea asignada a sus cuidados.
c) Ayuda a los padres : cuando los padres viven en unas condiciones familiares y sociales desfavorables pueden perjudicar el desarrollo del niño, conviene darles la ayuda necesaria a estos padres; por ejemplo, arreglar sus dificultades materiales y financieras, aportar consejos sobre cuidados físicos y educación necesarios para el niño, mejorar la alianza familiar y conyugal mediante una psicoterapia.
d) Sustituto familiar: a veces , es necesario recurrir a un sustituto familiar (familia de acogida, hogar comunitario) para asegurar al niño un entorno más adecuado que el medio natural, por ser más estable, más estimulante, más reasegurante, más coherente y acogedor. Interesa que el niño encuentre un clima que responde a sus necesidades afectivas (por ejemplo, la edad de las parejas, las posibilidades de estimulación) y que puedan, a ser posible, mantener contacto con sus padres y hermanos. Si las condiciones del medio natural mejoran, es necesario prevenir y
preparar el retorno próximo con los padres.
e) Ayuda escolar : la escuela puede ayudar al niño que presenta estas dificultades ofreciéndole un soporte en la adquisición de los aprendizajes escolares, en el desarrollo de la coordinación motora o mejorando la socialización. El medio escolar puede compensar o al menos disminuir, las lagunas del medio familiar aportando posibilidades de estimulación socio-culturales.
f) Recursos comunitarios : hay que pensar en un plan de prevención, a desarrollar por los recursos comunitarios para mejorar la calidad de vida de algunos barrios: cursos populares para los padres (sobre la educación de los niños, sobre las relaciones de pareja), actividades deportivas y culturales para los niños y adolescentes (colonias, casas de vacaciones), sistemas de ayuda (servicio de guardería, cooperativas). La mejora de las condiciones de vida en el plano social tendrá un efecto positivo en la calidad de las relaciones interpersonales y familiares.
g) Ubicación en centro de acogida : cuando un niño o adolescente presenta trastornos del comportamiento importantes o actos delictivos en base a una carencia afectiva, el recurso en un emplazamiento de medio institucional se torna necesario. El centro de acogida puede ser para el niño o adolescente un medio favorable para el desarrollo psico-afectivo gracias a la estabilidad del personal y a las actividades estimulativas, y también favorable a la mentalización y a la
socialización gracias al control de la acción? y a las relaciones personales.
H) Psicoterapia : el desarrollo de un espacio psicoterapéutico (en clínica externa o en institución) puede permitir al niño o adolescente vivir una relación estable donde puede expresar sus necesidades afectivas y sus temores al abandono, desarrollar un sentimiento de seguridad personal y de valoración. Técnicas terapéuticas: psicoterapia de juego, psicodrama, psicoterapia verbal, etc. según el paciente.

SECUELAS BIOLÓGICAS Y PSICOLÓGICAS DEL ABANDONO

 

No haya nada que impacte más a las personas, que saber de un abandono infantil, sea cual fuere la forma en que este se ejecute. En el imaginario social la mano se levanta ineludiblemente para cuestionar a esa mujer que no pudo asumir su función de madre.
Una frase del doctor Atilio Alvarez, emitida en un seminario de especialización sobre adopciones, decía que “el abandono es un aborto a término”. De esta manera él aludía a formas de violencia, puesto que tanto en el abandono como en el aborto, este ser es arrancado o expulsado de la continencia materna.
Es necesario entonces que se sepan y se analicen los motivos de estos comportamientos, como también que demos a conocer todas las consecuencias que estos conllevan para los niños implicados.
Un niño puede ser abandonado físicamente o emocionalmente, cuidado con negligencia como también puede golpeado, abusado, violado o ser víctima del incesto. Aunque nos produzca rechazo de solo pensarlo, todas estas circunstancias están en estrecha relación con el tema que estudiamos, la adopción.

El abandono de un chiquito es la causa más frecuente por la cual se requiere de su adopción en el marco de una familia. Cabe entonces preguntarnos acerca de las fuentes del abandono de niños. Preferimos utilizar el término fuente y no el de causas, para evitar concepciones parciales o reduccionistas.
La gran cantidad de niños huérfanos, carentes de una familia continente, tienen que ver en primer lugar con nuestras grandes catástrofes mundiales provocadas por el mismo hombre, como las diversas contiendas bélicas y las hambrunas. En segundo término las catástrofes naturales como las erupciones volcánicas, los terremotos, los huracanes, las inundaciones y las epidemias.
Otra fuente determinante de la horfandad es el abandono voluntario de niños por parte de sus padres, su madre o toda su familia. Estos abandonos se producen por situaciones desgraciadas vinculadas en mayor frecuencia con la madre gestante, la genitora, como puede ser su fallecimiento, una salud muy quebrantada, la imposibilidad socioafectiva de criarlo por factores la edad, el estado civil, la salud mental o la simple ausencia de madurez.
Un abandono puede producirse porque la genitora fue abusada, violada o también víctima de incesto por parte de su progenitor, su padrastro, su abuelo o su hermano. Dentro de estas circunstancias, cobran relevancia la faltad de educación y las condiciones de hacinamiento y promiscuidad con que viven los sectores marginados de una población.
En menor proporción encontramos embarazos que no fueron deseados e hijos que no se esperan con amor, por lo que esas mujeres deciden entregarlos en adopción o decididamente abandonarlos.
No nos proponemos evaluar ni mucho menos juzgar a estas personas, como tampoco a las fuentes determinantes de los abandonos de los niños. Solamente decidimos comentar las consecuencias observadas a posteriori en estos chicos, que conforman el grupo víctimas del abandono, como también la de los efectos de la institucionalización y de la privación del afecto materno y paterno, por un tiempo prolongado.

EL VINCULO MADRE - HIJO Y SU RELACION CON EL ABANDONO

Nuestro punto de partida para el desarrollo de este tema, es el planteo anterior acerca de las necesidades básicas de los niños, tema que hemos abordado ampliamente en un texto nuestro ya publicado.
El ser humano nace en estado de absoluta inmaduréz, requiere de cuidados especiales y personales para poder permanecer vivo. Generalmente esto le es brindado por la misma persona que lo tuvo alojado en su cuerpo durante los nueve meses de la gestación, su progenitora. De ella dependerá totalmente, ya que la decodificación de los signos y señales, en demanda de satisfacción de sus necesidades básicas, será la clave para su supervivencia. La madre del bebé, es la primera fuente de placer y también de sufrimiento. De la calidad de sus cuidados en los primeros tiempos de su existencia, dependerá su salud física y mental y las perspectivas de su socialización futura.
Este asunto nos remite a un problema de índole epistemológica, la disquisición teórica acerca de los factores determinantes de la personalidad humana: para definirla como producto de una policausalidad genética al decir de Pichon Riviere, resultante del interjuego dinámico de las denominadas series complementarias, tal como lo propusiera Sigmund Freud.
Los datos que hoy tenemos a nuestra disposición, relacionados con el efecto del abandono y la privación afectiva, provienen de los estudios directos sobre niños que vivieron estas situaciones (abandonados y luego adoptados o internados), de las historias de adolescentes y de adultos gravemente perturbados, y por último del seguimiento de niños que han padecido ausencia grave de afecto en sus primeros año, como el conocido caso del niño lobo de Avignon. De las observaciones efectuadas en estas circunstancias hoy es posible obtener datos y tener muy claro que resulta imposible formular generalizaciones. Algunos niños se vean seriamente afectados y otros no lo estén .Pensamos que no todas las personas manejan de la misma forma la angustia frente a la separación y esto depende de las series complementarias, como por ejemplo la edad, factores hereditarios, el sexo, la constitución familiar, el nivel cultural de los familiares y alguna otra cantidad de variables de las subjetividad.
Podemos observar que en cada recién nacido se presentan diferencias individuales en sus respuestas para ser calmados, en su nivel de irritabilidad y de llanto, su estabilidad en el sueño y los de estados de tranquilidad posible. La capacidad de contener a un bebé, es una experiencia que condiciona la confianza de la madre en sí misma para mantener la homeostasis infantil, determinante de su propia imagen como madre.
El embarazo, como situación de máxima intensidad del contacto entre dos seres, induce a la madre a realizar el paso del útero al regazo. Cuando el niño llega, por mediación del deseo entre sus padres, la mamá y su bebé se miran, generándose entre ellos un hecho particular del investimiento. Esto significa que ella lo re-conoce como hijo, lo envuelve amorosamente y lo incluye en su filiación, generándose el fenómeno fundante del proyecto identificatorio, de esa identidad que acaba de nacer. La madre introduce al niño en su biografía de la cual ella es portadora y pasa a ser así parte de sí misma pues el pequeño es su descendiente.
Recordemos un hecho frecuente en sala de partos, cuando las madres reclaman “quiero verlo”, “dejen que lo mire”. Se trata de una necesidad básica de toda madre el mirar a su hijo y proceder así al acto de hacerlo hijo propio. Muchas veces la conducta del equipo perinatal, amordaza este hecho y por eso los psicólogos insisten en aconsejar que el pequeño no sea llevado para su higiene sin que antes la mamá le fije su mirada, en tanto está aún encima de su cuerpo de recién parida.
También hay muchas madres que se niegan a mirarlos, giran su cabeza hacia la pared, evitando el encuentro de la mirada con el recién salido de ellas, negándose al reconocimiento de ese niño como propio. Esta es una conducta que suele preceder al abandono, decidido ya con anterioridad. Por eso resulta totalmente inapropiada la conducta del personal médico o auxiliar en sala de partos, presionando a esta mujer a contactar con este niño que ella no acepta ni reconoce como hijo.
Un niño abandonado será un niño sin pasado. El acto de reconocimiento como hijo propio al recién nacido, está determinado por la historia de esa mujer con el padre de ese niño y con su propia biografía, sobre todo con su situación como hija.
Es necesario esclarecer un concepto en vinculación con este tema: deseo de maternidad o de embarazo, no es lo mismo que deseo de un hijo. Muchos embarazos se agotan en sí mismos, como una necesidad especular con su propia madre (ser madre como su madre). Este deseo de ser madre solo porque lo fueron con ella, resulta catastrófico para el niño, pues estas mujeres no poseen capacidad de aceptar lo nuevo, a tal punto que el nacimiento, como proceso que exige reconocer al recién nacido como alguien nuevo, es vivido por ellas como mortal.
Estas personas no pueden establecer una relación entre representación psíquica del niño que esperaban y el niño real que está frente a ellas. Por eso el acto de investimiento no se produce. El recién nacido se sitúa entonces fuera de su historia y pone en riesgo la totalidad de su construcción identificatoria.
Este “desenvestimiento” materno, es motivo posible del abandono, causa de graves problemas para el psiquismo futuro del niño, que le borran toda huella de memoria, dejándolo con un agujero de nada y a expensas de su pulsión de muerte, como producto del deseo del no-deseo de hijo, por parte de su progenitora.
El deseo de un hijo en una mujer, es el deseo con ese hombre que también lo gestó psíquicamente con su propio deseo, lo cual implica el reconocimiento de las necesidades de padre y de madre de ese niño, quien para poder humanizarse requiere de una vida en triangulación.
Todas estas situaciones descriptas, explican en parte el abandono de algunos niños y también el fracaso del 85 % de las técnicas de fertilización artificial. Se trata en este último caso de un proceso de forzamiento de lo natural, considerando a las personas como biologías y no como atravesados por su biografía.
Los traumatismos del encuentro entre la madre y su “recién salido” de ella, no sólo ponen en riesgo la salud del niño, sino que seguramente son las circunstancias que subyacen a muchos abandonos tempranos. Pero nada de esto excluye a todos los elementos de orden social, económico y familiar que también hemos considerado.
Muchos autores se ocuparon de estos temas. En nuestro país uno de los primeros en hacerlo fue el médico pediatra Florencio Escardó, el cual introdujo en nuestro medio la norma de internación conjunta de la madre con su hijo, en el hospital municipal de niños Ricardo Gutiérrez de la ciudad de Buenos Aires. Esto se extendió a todos los servicios asistenciales del país y del continente sudamericano. Este médico se había apoyado en el marco de los estudios de John Bowlby de la Tvistock Clinic de Londres, como también los de René Spitz, quien acuñó el término “hospitalismo”, un particular síndrome de deterioro padecido por los niños internados sin presencia de sus familiares.
En nuestro país también se formularon teorías al respecto, algunas de las cuales con el transcurrir del tiempo fueron dejadas de lado por su corte reduccionista, como por ejemplo la concepción del supuesto “instinto filicida” de Ravskosky y sus seguidores, que justificaban así toda conducta de maltrato hacia los niños, inclusive la sucedido durante la dictadura militar argentina de los setenta.
Las consecuencias de las dos grandes guerras mundiales, dieron lugar al desarrollo de la investigación y las concepciones teóricas, en referencia a los niños que quedaron huérfanos. Entre ellos los realizados por Bowlby en Inglaterra, estuvieron centrados esencialmente en los efectos producidos en los niños por la separación con sus madres. Sus propuestas de la “pulsión de apego” no ligada a la libido, fueron influídas por el pensamiento del alemán Hermann (instinto filial), el inglés Balint (sentimiento oceánico) y también por las investigaciones psicogenéticas de Piaget en Francia.
Dicha pulsión se manifiesta en cinco conductas diferentes del bebé con su mamá:
succión, llanto, abrazo, sonrisa, tendencia a ir hacia y prenderse de. Relacionando el apego y la pérdida, este autor formuló conceptos tan importantes que modificaron la concepción sobre los cuidados de los niños y la prevención en el campo de la salud mental. Bowlby parte de estudios realizados en la conducta animal de los primates, intentando demostrar que el apego del bebé humano no difiere de los lazos sociales de los animales.
Cuando estudia el comportamiento humano, la referencia a la etología animal, debería eludir ciertas ingenuidades simplistas. Sobre todo es importante reflexionar hoy acerca de la vinculación madre- bebé, entendiendo este hecho como la interrelación mutuamente determinante de dos sujetos, que además representan vínculos sociales y que implican la introducción del lenguaje hablado, inexistente en los animales.
Peso a ello no se puede dejar de reconocer el valor de estas propuestas, por haber sudo el primero en destacar la importancia del dolor del niño pequeño ante el abandono, la muerte o la ausencia prolongada de la madre.
En cuanto a René Spitz, descubrió la depresión anaclítica del lactante, generada como efecto de la separación con la madre, como también el síndrome de hospitalismo, cuando el pequeño permanece internado en un hospital o institución de minoridad. Los daños son mayores en tanto el niño es menor y más prolongado el tiempo de separación con su madre.
Ambos autores describen las conductas comunes registradas en las separaciones breves. Estas son:

* Reacción hostil contra la madre y resistencia en reconocería, luego de su regreso.
* Excesivas exigencias hacia la madre, buscando exclusividad, con intolerancia, celos agudos y violentos, trastornos del temperamento.
* Muestras de alegría superficial ante todo adulto que se mueva en su órbita.
* Apático resarcimiento de toda ligadura emotiva, combinado con balanceo monótono de todo su cuerpo y campaneo de cabeza.

Muchas veces nada de eso sucede, por un proceso de sobre adaptación forzada y mecanismo defensivo de negación de la ausencia materna. Los cuidadores se alegran ante la aparente “buena conducta” del niño, pero cuando sale y retorna a la casa, se produce un desmoronamiento violento. El niño se muestra indiferente, como si no reconociera a su madre, deja de hablar, solloza angustiado y desarrolla conductas regresivas diversas (pérdida del control de esfínteres, vuelta a la succión, etc.).

EFECTOS DEL ABANDONO EN LOS BEBÉS

Según Françoise Doltó, el niño puede ser abandonado tanto por falta de deseo materno al no poder hacerse cargo de él, como a causa de factores socioeconómicos, salud deteriorada o muerte de la madre.
Hemos tenido la oportunidad de corroborar en nuestra experiencia clínica, algunas de las formulaciones de esta psicoanalista francesa. Una de ellas se relaciona con diversas anomalías neuromusculares y neurovegetativas, que pueden encontrar su origen en la ruptura dañina del lazo precoz con la madre, ya sea en el curso de la vida fetal simbiótica, como en la vida de lactante, dentro de la cual el equilibrio de la dupla madre-hijo, es esencial para su devenir humano.
Cuando una madre gestante pierde a un ser querido cercano, este choque puede hacerle olvidar temporariamente su hijo en el vientre y verse así afectado el vínculo simbiótico vital. No se trata de una hostilidad consciente de la madre con el feto, sino de un olvido casi antinatural, ya que cualquier mujer sabe lo que significa la presencia del hijo dentro de su cuerpo y lo inverosímil que resulta pensar el olvidarlo.
Se trata de un traumatismo poderoso en el psiquismo de la embarazada, que sacude hasta el sentido mismo de su vida. La experiencia muestra que la mayoría de esos niños fallecen por aborto, parto prematuro o patologías en el proceso del nacimiento. Es posible que sean además una causa determinante de la denominada “muerte súbita del lactante ” y hasta del autismo infantil.
Los aportes antropológicos también nos han ofrecido elementos para la comprensión de todos estos hechos. En nuestras culturas andinas aborígenes, los que saben (los “yatiris”), describen un fenómeno llamado “mulla-phulla” (mal del susto), que se produce en la mujer encinta, cuando observa el cadáver de un ser amado. Se dice que entonces el niño nacerá con pérdida del alma, razón que lo deja a expensas de cualquier mal y podrá ser raquítico o morir de grave diarrea a los pocos meses o dentro del primer año.
Recordemos que el saber popular recomienda mantener alejadas a las embarazadas de la visión de la muerte, no asustarlas y hablarles de graves desgracias. Podremos coincidir o no con todos estos conceptos, pero para nosotros se convalidan por la coincidencia con lo que nos aporta el psicoanálisis acerca del funcionamiento psíquico.
Uno de nosotros tuvo en su vida profesional la dolorosa experiencia de entrevistar a mujeres que parieron o permanecieron embarazadas, en los campos de concentración de la última dictadura militar argentina de los años setenta. Ellas que estando engrilladas, encapuchadas y sometidas a vejaciones y torturas constantes, jamás olvidaron al ser que gestaban en sus doloridos cuerpos. Es mas, mantenían diálogos íntimos constantes con sus hijos gestándose, en un vínculo particular y muy profundo. Lo curioso es que muchas de ellas habían tenido problemas previos de fertilidad y con esta gestación no tuvieron ningún tipo de problemas y sus partos fueron totalmente normales. Ellas eran engañadas y soportaban todo con la esperanza de que luego del parto las enviarían a casa con sus niños o a ellos con sus abuelos. Sabemos dolorosamente de la cruel realidad que padecieron, la mayoría fueron arrojadas al mar y sus hijos entregados en adopción a sus propios asesinos y verdugos.
Este episodio, extraído de nuestra dolorosa historia reciente, es un ejemplo conocido por todos que nos permite corroborar que cuando un embarazo contiene al hijo como producto del deseo mancomunado de dos que se aman, no hay traumatismo ni violencia exterior que lo pueda hacer poner en peligro .La fuerza del deseo materno es la metodología más eficaz de sostén, retención y continencia del niño.
Por lo contrario, cuando esto no es así, es en vano que las enfermeras y parteras de los hospitales, obliguen a las puérperas a poner al niño al pecho, las culpabilicen o las acusen. Esto sólo dará lugar a situaciones desgarradoras. Ese niño carecerá de investimiento materno, quedando en un vacío relacional, sin ser reconocido como hijo y seguramente luego será abandonado o maltratado de mil maneras.
Cuando un niño es abandonado por una madre que muere en el parto, se produce la ruptura del primer vinculo humanizador. Tardará bastante tiempo en establecerlo con otras personas, las que tomarán el lugar de la madre fallecida. Lo doloroso es que la familia culpabiliza al niño por la muerte de la madre. Nadie lo dice, pero existe un marco de actitudes y sentimientos percibidos por el pequeño: amargas palabras rodean la cuna y llantos y sollozos ahogados a su alrededor, constituyen el triste escenario que enmarca el comienzo de esta vida. Françoise Doltó dice que si la madre había elegido antes del parto a una persona que la sustituyera en la función maternal, designándola con nombre y apellido (madrina), el niño poseerá mayor posibilidad de recuperación ante este traumatismo precoz. De lo contrario quedará en un blanco relacional, sin que pueda restablecer vínculo humanizador, descodificador de necesidades e inscribirse en un proyecto identificatorio.
Cuando una madre abandona a un niño durante la lactancia, este siente que ella se lleva el pecho que lo nutria, que el pecho ha partido con ella. De tal forma que la boca relacional, el lenguaje del bebé, su nariz, sus labios, la audición, los bronquios y la lengua, pierden la voz, el olor y el estilo táctil materno. Se suprime el vínculo en el cuerpo del niño de esa única adulta que hacía de mediadora entre él y la existencia humana.
Este proceso es un destete feroz y deshumanizador, donde la mamada deja de ser el placer conocido y reconocido de él-ella / ella-él. El narcisismo de este lactante queda profundamente herido, frustrado, fragilizado hacia el futuro. Esta herida narcisista puede ser leída desde dos vertientes:

* Como una amputación de una zona erógena que se ha marchado con la madre (olfato y deglución), lo cual hiere y altera la imagen corporal .
* Como la pérdida de la relación intrapsíquica, que ya existía entre la madre y el bebé.

Esta herida es irreparable y sólo puede encontrar alivio por palabras de personas en “acuerdo ” con sus padres: hermanos mayores, abuelos, madrinas, padrinos.
En el abandono de lactantes hay un elemento de relación de sujeto a sujeto, donde sólo la palabra puede restablecer (de manera simbólica) la cohesión interna del niño. Aunque aún les cueste creer a ciertos muchos, los niños muy pequeños comprenden las palabras, cuando se formulen para decirles algo concerniente a ellos.
Una consecuencia habitual a esta muerte simbólica mutiladora por el abandono materno, es el retraso y defectos del lenguaje. Ante la adopción, la calidad de vínculos afectivos ofrecidos por sus padres adoptantes, es lo único que podrá sacarlo de esta aterradora soledad psíquica, que suele ser la causa de la invalidez del lenguaje y también del amurallamiento psicótico.
René Spitz describe al “síndrome del hospitalismo” y Françoise Doltó habla del “hospitalismo burgués”, producido en niños cuyas madres los dejan en manos de niñeras o nanas que cambian sucesivamente, por lo general personas frustradas que suelen criarlos sin palabras dirigidas a ellos, que no sean referidas a sus necesidades fisiológicas, sin estima por los padres del niño, con rencores y hostilidades sociales, lo que cual es percibido por el chiquito. Por supuesto que no pude ser generalizado y que esta psicoanalista francesa desarrolló sus conceptos muy lejos de la realidad latinoamericana.
Cuando revisamos algunos textos acerca del abandono, en todos se reitera el concepto acerca de que un niño no debe sufrir y que por ello debe ser pasado a otros brazos maternos, en el marco de una adopción. Pasará así a experimentar el encuentro con otro regazo, uno no conocido. Por su parte la madre adoptiva se encuentra con un niño que no conoce, que no ha gestado ni parido, que no ha pasado de su útero a su regazo, sino que ha llegado de otro regazo hacia el suyo. El pequeño ser debe realizar un esfuerzo enorme de readaptación a un nuevo olor, una voz nueva, una diferente forma de sostenerlo y acunarlo, ritmos corporales y tonos cardíacos distintos.
Por eso es de fundamental importancia el asegurarle al niño, la certeza de que no volverá a ser víctima de otro abandono (posiblemente aterrador). Para ellos y por ello es esencial la intervención de la justicia y organismos de minoridad, con estudios especializados que busquen hacer la mejor selección de padres para ese niño desamparado, cuyo futuro tenemos en las manos. Para asegurarnos esto es que la reforma de la ley de adopción argentina, propone 60 días luego del parto, como período mínimo requerido para luego entregar al niño en adopción. Esto se debe a que luego del nacimiento la madre padece de un cuadro confusional que altera sus ideas y perturba la toma de decisiones tan importantes como la entrega de su niño.
Por esa misma razón se elimina el trámite de entrega directa del niño por medio de acta notarial, que se hace en esta etapa con riesgos del arrepentimiento y con todo lo que eso significa para el menor en riesgo. En virtud de esto es que sería importante disuadir las aspiraciones de los adoptantes a un bebé “recién parido”, lo cual está al servicio de negar la realidad del niño no gestado
. Los aspirantes suelen decir “queremos que sea lo más chiquito posible, si es posible de horas, para hacerlo a nuestra manera. Estas afirmaciones dan cuenta de la necesidad del trabajo psicológico previo, de la elaboración de temas que alteran el proceso de la adopción, centrado en reconocer que el niño adoptado no está en lugar del no tenido biológicamente, pero además poder ser reconocido y aceptado en su especial situación de niño adoptado y no concebido.

EL NIÑO ABANDONADO INSTITUCIONALIZADO

El niño internado por abandono posee una carita de viejito triste, de resignado a su pena y soledad. Uno de nosotros recuerda cuando ingresó por primera vez a un instituto de menores y cada niño le preguntaba: “Doña ¿Usted es la jueza que me sacará. ¿Cuándo me voy?”.
Sea cual fuere la política en materia de institucionalización, nada ni nadie podrá sustituir el calor, la intimidad y la relación continuada y sostenedora de la madre y la familia .Todo niño necesita saber que es sujeto de satisfacción y orgullo para su madre y ésta a su vez verá en él la continuidad de su vida, que le permite elaborar la finitud de la vida. Lo mismo sucede con el padre. La crianza de un niño no sigue reglas fijas, sino que es producto de una relación viva, que se mide en términos del goce que todos obtienen de la convivencia. Esto sólo es posible si la relación es continua.
Algunos autores opinan que es mejor un mal hogar que la más brillante institución. Desgraciadamente ciertos jueces piensan lo contrario y ante el menor riesgo, no les tiembla la mano para firmar el envío a establecimientos asilares. Otros por suerte siguen esforzándose para agotar todas las instancias familiares y comunitarias del menor, antes que internarlo.
Bowlby clasifica las causas del fracaso del núcleo familiar para el cuidado del niño, de esta forma:

1.- Núcleo natural del hogar jamás establecido.

2.- Núcleo natural de hogar que permanece intacto pero que no actúa en
forma eficaz.

3.-Núcleo natural deshecho, por causas diversas, calamidades sociales, naturales y familiares.

Cualquiera de estas familias es fuente potencial de incontinencia hogareña y motivo posible de institucionalización del niño. Aunque el juez de menores tome la decisión de buscar una familia o vecino cercano, para hacerse cargo del niño, es frecuente que estas personas no estén en condiciones económicas ni morales de asumirlo. También es frecuente que se nieguen o lo hagan temporariamente, trayéndolo de regreso al juzgado, ante las dificultades que se les presentan para manejar los problemas de conducta del chico.
Lamentablemente los criterios políticos en materia de minoridad, no siempre son uniformes y hay quienes opinan que lo esencial pasa por armar más a los “defensores del orden” en los institutos, en tanto otros intentan generar la continencia infantil intermedia dentro de micro instituciones, como los pequeños hogares, hogares transitorios u hogares comunitarios.
Se hace necesario recordar que un niño internado presenta diversos signos que dan cuenta de un verdadero síndrome del abandono, con síntomas diversos, sujetos a las variables individuales:

Durante el primer año de vida se observa:

> falta de atención
> adelgazamiento
> palidez
> relativa quietud
> falta de respuesta ante la sonrisa
> inapetencia
> insuficiente aumento de peso y de talla
> sueño intranquilo
> estados febriles continuos
> succión continua del pulgar
> retraso en el lenguaje
> retrasos motores: no se sienta, no gatea, no se para, no usa cuchara, etc.

Todo esto va agravándose a medida que transcurre el tiempo, generalizándose y extendiéndose al área conductual social, somática o mental afectiva. La internación en macroinstituciones, repercute en toda la identidad del niño, lo obliga adecuarse a un nuevo régimen de vida que trastoca bruscamente sus aspiraciones de reparar el abandono. Estos niños pierden paulatinamente la posibilidad de trasmitir sus emociones y expresiones cariñosas y de a poco también pierden la conciencia de lo que les pertenece, se van acostumbrando al trabajo con el sistema de premio - castigo, como única fuente de gratificación afectiva.
El reconocimiento de lo singular, de lo propio, queda subsumido en lo macro institucional, lo cual genera sentimientos prohibidos de rivalidad y competencia, que en el marco de la familia se establecen naturalmente entre hermanos, por el amor a los padres. La institucionalización es homosexual, lo que se coarta el proceso espontáneo de las identificaciones de género, constituyéndose en una fuente de todo tipo de patologías sexuales posibles
Todo lo aludido no hace más que reforzar la idea de realizar tareas preventivas para fortalecer los vínculos y lazos familiares, como unidad de grupo, para prevenir el abandono. Cuando esto fracasa o no es posible, los pequeños hogares o los hogares protegidos, con familias que ya tengan sus propios hijos, es una de las mejores opciones hasta el momento actual.
Con adecuada selección, capacitación permanente y seguimientos de estas familias, se pueden llegar a obtener muy buenos resultados, para la continencia de los niños abandonados o sin familia.

SECUELAS POR EL ABANDONO DEL PADRE

Nos parece oportuno transcribir unas palabras del psicoanalista francés Christian Olivier, cuando dice que “los psicoanalistas hacen acopio de imaginación: para concebir un padre imaginario, un padre simbólico o un padre real (a condición de tener la precaución de decir que el real no existe), pero toda esta abundancia de significantes en torno al padre, sólo esconde que el significado Padre está vacío “. Esta cita, de un dramatismo especial, se encuentra también en otro autor, Guy Corneau, quien afirma que una gran mayoría de hombres actuales, son hijos del silencio paterno hereditario, que se trasmite de generación en generación, que niega el deseo de todo joven de ser reconocido y confirmado por su padre.
Los padres de hoy han obrado como en una especie de ley del silencio, huyendo hacia el trabajo, la producción y el consumo, refugiados en automóviles veloces con teléfonos celulares y en la lectura del periódico o sus largas horas frente ordenador y el al televisor. Los medios de comunicación han logrado adictos que mataron la palabra con los hijos, a tal punto que los hombres de hoy tienen escasas oportunidades de vivir y actualizar su potencial masculino en continuo y libre intercambio indentificatorio con el padre. Los niños y muchachos abandonados, padecen de un vacío de padre.
El mito cristiano ya enunciaba el silencio del padre y el sentimiento de abandono del hijo, reclamándole presencia. Es el modelo cultural de los dos últimos milenios está marcado por la ausencia del Padre (Dios) y las últimas palabras del hijo desde la cruz, fueron “¿Padre, donde estás, porqué me haz abandonado?.
El padre presente, es el primer Otro que el niño reconoce fuera del vientre materno. Se introduce como factor de “cuña” o separador entre la madre y el niño, convirtiéndose en el tercero, en esta historia de amor familiar. Su sola presencia favorece la diferenciación. El padre encarna un principio de realidad y de orden en la familia.
El deseo de la pareja de integrarse independientemente del hijo, es lo que separa realmente al niño de la madre, rompiendo la simbiosis que favorecerá su crecimiento normal y garantizará su salud mental. El silencio del padre determina la fragilidad de la identidad sexual del hijo, ya que la personalidad se forma gracias a un proceso de identificación, proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, propiedad o atributo de otro.
Un padre violento ebrio o silencioso, desagrada al hijo a tal punto de negarse a identificarse con lo masculino .Los factores de la conducta paterna que generan frustración y afectan la identidad del niño o del joven, tienen que ver además, con ausencia prolongada (por estar preso, enfermo o separado de la madre). También con algunos padres que permanentemente amenazan a los hijos con el abandono, con suicidarse, con asesinarlo, con no quererlos más y ejercen variadas formas verbales de “violencia prometida ” como metodología errónea de disciplinarlos o someterlos.
Todo rechazo, falta de atención y desapego del padre frente a las demandas de respuesta de necesidades afectivas, dañan el proceso de identificación y ligan patológicamente a los hijos con las madres .Algunos padres culpabilizan al niño, los hace responsables de muertes o enfermedades de los progenitores (”tu madre murió para darte la vida”, “tu padre se infartó por los disgustos que le distes”).
Todas estas conductas descriptas son formas violentas de silencio de la función paterna, que dejan abandonado al hijo en sus necesidades, cubiertas por una forma inadecuada de función paternal.
Desde el comienzo de la vida el padre ejerce una acción modificante sobre el medio ambiente que rodea al recién nacido. Aunque la madre es la primer fuente de placer y sufrimiento para el bebé, de ella surgirá el primer signo de la presencia del padre o de su ausencia como tal. La elección de dichos signos dependerá de la calidad de la relación entre los padres. Gracias al padre real y su función simbólica, que un niño puede constituir sus normas de vida, sus límites de convivencia social y la renuncia a su simbiosis materna, base y garantía de su constitución como sujeto ético. Es la garantía de su salud mental y el antídoto esencial para cualquier forma de alienación.
El trabajo de uno de nosotros en temas de salud mental comunitaria en la ciudad de Medellín (Colombia), ofreció un ejemplo vivido de las consecuencias del abandono paterno, del silencio del padre. Factores de orden económico produjeron migraciones internas hacia la zona mediterránea antioqueña, de familias de la costa caribeña que trabajaban en los bananeros. Alojados en las márgenes de las montañas (zona de deslizamientos territoriales), en zonas volcánicas estériles, pasaron a conformar la población marginal de la región.
Los jefes de familia sin trabajo, alcoholizados y quebrados, dejaban a sus mujeres solas con los hijos (madre:”la cucha”), cargando ellas con la responsabilidad de la crianza en caseríos miserables de latas y sin recursos. Estos críos sin padre buscaron primero e la barra de amigos y luego en la banda liderada por “el chacho”, los elementos identificatorios precarios que les permitieran ser. Comenzaron a transgredir y luego a delinquir, en busca de darle a “la cucha” regalos y dinero, todo lo que el padre le hubiese dado imaginariamente, si estuviera presente.
Invadidos por modelos televisivos de violencia de las series norteamericanas, buscan allí sus modelos paternos imaginarios, identificándose con esos superhéroes, vaqueros, vengadores sin ley, parapoliciales, justicieros y “terminatores”. Actuando como esos seres ideales, los jóvenes comienzan una carrera irremediablemente terminada con la muerte prematura, como forma eficaz de estar más cerca del modelo paterno imaginario.
Los mafiosos del narcotráfico nos tardaron en usar hábilmente a estos jóvenes (de 8 a 18 años), entrenándolos en el uso de armas para encomendarles “pequeñas tareas” muy bien pagadas, que les permiten comprarse grandes motos y electrodomésticos para “la cucha”. Ellos son los dolorosamente conocidos como sicarios, niños entrenados para matar por encargo. El sicario afirma que “Dios (Padre) no existe ” y sólo cree en la virgen, María Auxiliadora, quien como su propia madre, “la cucha”, es sagrada e intocable y da la vida por ella, lo mismo que “la vieja” del tanguero argentino. Esta sociedad sin ley del padre, carece de ética social, convive con el homicidio cotidiano (30 por día), que es el la primera causa de mortalidad del adulto e Medellín. Todo esto ha pasado a conformar lo que los sociólogos denominan la cultura de la muerte.
El trabajo pericial en la justicia de menores, nos demostró también que en la provincia de Buenos Aires actualmente existen los mismos males. Los jefes de familia agobiados por la falta de trabajo, la frustración en sus sueños de cambio social bastardeados por los políticos y la falta de recursos para alimentar a la familia, los sumen en el vaho del olvido del alcohol y el inevitable silencio de su función paterna frente a los hijos, a su vez motor de la vagancia, el delito, el alcohol y la droga, como vanos intentos por llenar el vacío y el silencio de la función del padre.
Todas estas situaciones de riesgo se entremezclan con una promiscuidad creciente y la imposibilidad de la mujer en acceder al uso adecuado de anticonceptivos para evitar mas gestaciones no deseadas que las puedan llevar al aborto, a la muerte o al abandono de sus hijos así concebidos.

LA PERSPECTIVA MÉDICA

Entre el cono urbano bonaerense y la Capital Federal, existe abismo profundo. El problema de los chicos abandonados, hecho frecuente en estas zonas de poblaciones con necesidades básicas insatisfechas, nos plantea la situación de los niños distróficos: consumidos por su carencia biológica, afectiva y social.
En los lugares de miseria extrema de la provincia, como por ejemplo la villa miseria “La Cava ” (San Isidro), donde hemos trabajado, estas situaciones son cotidianas. Ante ello con frecuencia nos preguntamos cómo y porqué sobreviven estos menores, los cuales siempre parecen tener más fuerza que la que uno supone .
En estas circunstancias la realidad hospitalaria aparece como disgregada de la realidad social y que los desempeñamos dentro de las instituciones de salud, parecemos seres extraterrestres, con un lenguaje y un estilo de vida en luchas continuas por el poder , totalmente alejados de lo que le pasa a la gente por fuera del muro del “cronocomio” azulejado denominado hospital público.
El mundo jurídico y el mundo médico que se ocupan de menores, son mundos atravesados por la tristeza. En Pediatría se clasifica tres estadios del niño distrófico.

Primero:

Es el de las infecciones repetidas, como producto del abandono afectivo. Al permanecer internados genera un círculo vicioso de re-infecciones y sus contagios a corto plazo llevan al derrumbe total de la salud del menor. Lo curioso es que estos chicos se infectan en el hospital, pero no en sus casas aunque vivan en precarias villas miserias.
El hospital, por lo general no está preparado para albergar a un niño que posee un código de comunicación con su madre y la familia. Sólo tratarán de imponerle los códigos hospitalarios de la apepsia, con normas ritualizadas de gente con gorros, guantes y delantales blancos, que ponen en evidencia la profunda distancia entre el niño y el personal de salud.
La tecnología ha avasallado el intento de humanizar la medicina que venimos proponiendo desde hace más de tres décadas en nuestro trabajo en estos temas- Ante la excusa de cuidarnos del SIDA no nos debemos olvidar de la tuberculosis, la lepra y otros males pandémicos que azotaron previamente a la humanidad. En un hospital de hoy un niño que padece de meningitis tuberculosa, es un niño con una enfermedad generada por carencia biológica, psicológica y social. Este tipo de patología la padece los niños pobres y abandonados .Quizá por eso se habla poco de ello.
Veamos un ejemplo que nos permita comprender con claridad estos temas que desarrollamos: en una maternidad del conglomerado urbano bonaerense, permanece en terapia intensiva un niño abandonado. El equipo trabaja bien técnicamente, logrando aislar al neumococo causante de la neumonía que lo aqueja. Se lo medica con antibióticos específicos, por lo tanto la infección pulmonar cede, pero el niño no se recupera. Aparece otro foco de infección o re-infección en el riñón y se genera una grave infección urinaria. Se cambian los antibióticos pero el niño hace una sepsis generalizada y fallece.
Esto nos demuestra una preocupación médica centrada en la infección, pero no se pudo atender las necesidades afectivas del lactante, a quien lo vence la muerte , por carecer de defensas psicológicas que estimulen su pulsión de vida.
Cuando suceden estas cosas, nos decimos siempre que el personal está sobrecargado de trabajo, que están mal remunerados, que están estresados corriendo de un trabajo a otro para poder sobrevivir y otras explicaciones justificadoras. Sin embargo, el derrumbe afectivo y la profunda depresión que sobreviene cuando muere un niño, dan cuenta de la falta de recurso y de información al respecto en los equipos de salud pediátrica. Este tema los hemos desarrollado a profundidad e el libro que publicamos juntos.
Es frecuente que ante graves infecciones hospitalarias en salas de puerperio, los niños que están internados conjuntamente con sus madres, no se infecten y se recuperen pronto. Esto contrasta con los niños internados solos, los que se contagian rápidamente y presentan cuadros graves y hasta mortales. Pasteur ya decía que ” lo que importa es el terreno y no los gérmenes”. Lástima que sus discípulos hicieron todo lo contrario, jerarquizando las bacterias por sobre la persona del paciente.
A pesar de que varias generaciones de médicos occidentales ya han comprendido y aceptado que ” no hay enfermedades sino enfermos”, sin embargo les cuesta entender a muchos de ellos que a pesar de decir que” se debe considerar a los factores emocionales “, sólo se quedan en la frase hecha.
En la rutina hospitalaria todo está normatizado. Esto tiene sus ventajas, pero su mal uso trae aparejado grandes inconvenientes. Los niños entran en una maquinaria que transita distribuyendo medicamentos, aplicando técnicas, higienizando cuerpos a horario pero con la subjetividad ignorada.
Escardó decía cincuenta años atrás, que los grandes centros hospitalarios son como lugares elefantiásicos. Lo que en realidad se necesita son pequeños hospitales, cercanos a todos, en cada barrio, en cada ciudad o pueblo, para asistir los problemas que son el 90 % de las consultas, como las diarreas infantiles, los procesos bronco-pulmonares y los problemas de piel. Esto constituyó la filosofía esencial del documento de los años setenta de Alma Ata en Atención Primaria de la Salud

Segundo:

Este estadio en la distrofia del niño internado - abandonado, es la detención de la maduración. Se para el proceso de crecimiento y desarrollo, produciéndose un retroceso de los logros alcanzados: no aumenta de peso ni de talla, no aumenta la circunferencia cefálica y la torácica. El pequeño muestra además una marcada indiferencia y ausencia de respuesta a los estímulos externos. Esta etapa se entremezcla con la anterior, alternándose infecciones con retrasos madurativos.

Tercero:

Es el período del desequilibrio psíquico, cuando el tiempo de internación ha superado varios meses. Este deterioro se pone de manifiesto por una disminución de la percepción ausencia de expresión facial , falta de iniciativa y desaparición de respuesta a estímulos externos. El pequeño permanece en la cama , adelgazándose , desnutrido, sin moverse. Parece más muerto que vivo. A su lado la soledad, la falta del amor materno o de otro familiar. Nadie que lo acaricie, le hable, le acompañe y le infunda deseo de vivir.
En los últimos tiempos se han puesto en crisis todos los logros, sumidos en normatizaciones cerradas por temor a los juicios de mala praxis, suprimen todo cambio que no sea la letra escrita (muerta) de las normas hospitalarias. Con el estricto cumplimiento de éstas, se logra que el niño quede encajonado - estructurado dentro de un sistema, del cual tampoco el médico puede salir. Son aquellos que afirman “los padres interfieren”. Esta postura de exclusión y descalificación a los padres del niño, es producto de sus problemas subjetivos, reforzados por el continuo contacto con la muerte infantil, sin posibilidad de espacios terapéuticos para elaborarlas, pertrechados en una omnipotencia que las escuelas universitarias de medicina se encargan bien de estimular.
Aunque las enfermeras supongan que ocupan un rol maternal, cada turno posee un código diferente y el niño termina replegándose sobre sí mismo, porque no lo comprenden ni comprende a cada mujer, llegando con frecuencia cuadros de autismo.
En nuestros desarrollos sobre el tema de la intimidad madre bebé, desde comienzos de los años setenta y en nuestros los últimos trabajos publicados, destacamos la importancia del contacto piel a piel entre ellos, que es sustento además del concepto de la ternura.
Esto pone de manifiesto las necesidades del feto y las del recién nacido. Basándonos en las ideas de interogestación y exterogestación desarrolladas por Florencio Escardo, sabemos que el contacto útero piel del ser que se desarrolla en el útero, es una fuente de estímulos que luego será necesaria y esencial al producirse el nacimiento. La madre que contiene en un su regazo al hijo pequeño, que lo acaricia, lo arrulla, lo besa y le habla al oído, le está brindando amor, pero además una fuente de estímulos para los filetes nerviosos y los capilares sanguíneos. Esta fuente de estimulación es la que garantiza la iniciación de la respiración pulmonar en el recién salido el cuerpo materno, calmando su primera necesidad: la de oxígeno.
En nuestro trabajo con parejas que esperan hijos, este tema es desarrollado ampliamente, porque es necesario darles el conocimiento acerca de las razones integrales del comportamiento amoroso entre la madre y el bebé, que garantizan no solo su estabilidad psíquica y su futura salud mental, sino patologías graves como la muerte súbita el lactante, precisamente como consecuencia de la falta de estimulación para respirar.
Todo esto anteriormente lo habían desarrollado ampliamente Desmond Morris, en su obra acerca del “contacto íntimo”, donde sientas las bases de la calidad del amor de la madre como fuente de la calidad del amor adulto .Por su parte José Luis Restrepo en su conocido texto acerca del derecho humano a la ternura, diferencia la calidad del uso del tacto, entre el contacto y el agarre, que implica el primero reconocimiento del otro como diferente en ato el segundo es intento de poseerlo para sí.
Esta cualidad de lo contactable, es muy importante por la calidad del vinculo a establecerse entre la madre y su niño. No basta con tocar sino como, porqué, para quien y quien lo hace, en relación con sus deseos inconscientes. Es poco serio a nuestro criterio, el intentar sustituir el natural y espontáneo contacto amoroso del embeleso entre la mamá y su niño, con diseños conductistas como proponen algunos autores.
En los últimos años Catherine Doltó, hija menor de la doctora Françoise Doltó, luego de pasar por la el teatro, incursionó en la pediatría y desarrolló conceptos relacionados al contacto bajo el nombre de Haptomanía (de hapto: contacto). Se basó en una psicoterapia de la afectividad, creada por Franz Veldman. Ella pretende darle calidad de ciencia a esta estrategia metodológica y hasta inclusive propone situarle como superadora del Psicoanálisis, al que tanto enriquecieran los aportes de su madre, uno de los aportes más brillantes en el tema de la infancia y adolescencia.
Los niños pequeños son quienes más dramáticamente pasan por los tres estados descriptos, pues son más dependientes de la función materna y paterna. Los investigadores Ciondon y Sanders realizaron en los años setenta una interesante observación: los niños recién nacidos respondían al lenguaje materno (sea cual fuera el lenguaje original), de manera rítmica y sincronizada en la acción, porque la madre lo contiene en su cuerpo, habla con ritmos propios que el niño percibe, con una cierta cadencia que queda inscripta en la memorial corporal. Se trata de una inscripción corporal que se pierde por el abandono matero.
Este lenguaje que se ha hecho carne en el cuerpo, al desprenderse del útero y luego del regazo de la madre al abandonarlo, lo instala como permaneciendo en el vacío, sin poder de discriminación. La ausencia de otro único regazo maternal, que le brinde nuevos códigos de ritmos sincronizados (por la institucionalización), será fatal para el desarrollo de ese niño. Por esto reforzamos nuestra recomendación conjunta, de médico pediatra y psicóloga, a las madres adoptantes, para que establezcan un acordonamiento afectivo con sus niños, para que el recién llegado a sus vidas.
Frente al inmenso dolor del abandono, felizmente existe lo impredecible en el devenir del sujeto y si bien hay probabilidades pero no certezas, el psiquismo humano tiene el poder de la metabolización, renegociación y transformación reparadora. El Yo es su propio biógrafo y si se apuntalan y fortalecen sus contornos, con medidas de diverso orden (como la adopción bien abordada), es posible que pese a tanto padecimiento y a todas sus consecuencias, podamos sumergirnos en un baño de esperanza.

(*) Disertación docente en el Seminario de Especialización en materia de Adopciones. Consejo Nacional del Menor y la Familia. Año 1995

 

 

"La transferencia"..LA FORMULA EL AMOR

 

Comencemos rastreando qué es lo que dice (y lo que no dice) Lacan (y también Platón, ya que estamos) sobre el tema, y tratemos de precisar el origen de las diferentes "versiones" de la fórmula.

2.1 - La "cita" de Platón en Lacan

La fórmula del amor que Lacan ha planteado en numerosas ocasiones es "dar lo que no se tiene". Pero es en la sesión del 18 de enero de 1961 del seminario sobre la transferencia (en la página 145 de la edición Paidos de 2003, traducción de la página 150 de la edición Seuil de 2001) y en la sesión siguiente, del 25 de enero (página 155 de la edición Paidos, y página 159 de la edición Seuil 2001) cuando Lacan nos remite a una frase de El Banquete, de Platón, como referencia "literal" de dicha "fórmula" (2).

En la sesión del 18 de enero de 1961 Lacan indica: "La expresión 'dar lo que no se tiene' se encuentra escrita con todas las letras en el apartado 202a del texto de El Banquete". El problema es que no va a resultar tan sencillo encontrar en alguna de las traducciones estándares, al castellano, de "El Banquete", algún fragmento que reproduzca literalmente ese "dar lo que no se tiene". Y la precisión de la referencia al apartado 202a que nos ofrece Lacan no parece ser suficiente por si misma para resolver ese problema, pues lo que ahí encontraremos es lo siguiente:

-Habla mejor -dijo ella-. ¿Crees que lo que no sea bello necesariamente habrá de ser feo? 
-Exactamente.
-¿Y lo que no sea sabio, ignorante? ¿No te has dado cuenta de que hay algo intermedio entre la sabiduría y la ignorancia? 
-¿Qué es ello?
-¿No sabes -dijo- que el opinar rectamente, incluso sin poder dar razón de ello, no es ni saber, pues una cosa de la que no se puede dar razón no podría ser conocimiento, ni tampoco ignorancia, pues lo que posee realidad no puede ser ignorancia? La recta opinión es, pues, algo así como una cosa intermedia entre el conocimiento y la ignorancia. 
-Tienes razón -dije yo 

(
3)

Como puede apreciarse, ahí se habla de la belleza, y de algo intermedio entre la sabiduría y la ignorancia, pero no de una "definición" del amor.
¿Será un problema de traducción? ¿Tendremos que empezar a leer a Platón en griego?
En todo caso, a eso nos convoca el propio Lacan, ya que, justo a continuación de la cita mencionada más arriba, transcribe el texto en griego que correspondería a esa "referencia al amor" en Platón:

¿Que significa eso en griego? El término "logon" podría darnos una pista pues es una referencia visual bastante común al famoso "logos" !!!
De hecho, Lacan prosigue del siguiente modo: "Es exactamente la misma fórmula, calcada a propósito del discurso. Se trata de dar un discurso, una explicación válida, sin tenerla". Es decir, Lacan extrapola para el amor una fórmula que en el texto de Platón no se referiría directamente al amor sino al "discurso".

En la sesión siguiente, la del 25 de enero, en la página 155 de la edición Paidos, Lacan retoma la misma frase en griego, y luego sigue diciendo: "caracteriza a la doxa - dar la fórmula sin tenerla - y responde como un eco a la fórmula que aquí mismo damos como la fórmula del amor, que es precisamente dar lo que no se tiene". Las notas al pie número 4 y 5 de la edición Stécriture (4) de esa sesión nos ofrecen, no solo la traducción de la frase griega al francés, a cargo de Leon Robin (5), sino la indicación de que la referencia explícita a la "doxa" se encuentra en las dos o tres palabras previas al fragmento en griego citado por Lacan, que son 

De hecho, buscando un poco por internet (ver aquí) conseguí el fragmento completo de esa intervención de Diótima en el apartado 202a, en griego. 
Es esto:


Texto griego del apartado 202a de "El Banquete" de Platón.
La primer parte subrayada es de donde Lacan toma su fórmula del amor. 
La segunda parte subrayada es lo que Lacan analiza en la sesión del 25 de enero 1961 como referencia a lo "real"

Justamente, , es lo que, en esta intervención de Diótima, da comienzo a la primera frase
La traducción de Léon Robin es "porter des jugements droits sans être à même d'en donner justificación", que podemos traducir al castellano como "pronunciar/sostener opiniones/juicios rectos sin estar en condiciones de justificarlos, de dar las razones de los mismos". Lacan lo traduce como "donner la formule sans l'avoir" ("dar la fórmula sin tenerla"). Y eso sí lo vamos a poder leer en las traducciones al castellano de El Banquete, como, por ejemplo, en la que reproduje más arriba

"-¿No sabes -dijo- que el opinar rectamente, incluso sin poder dar razón de ello, no es ni saber..."
(que otros traducen, de modo similar, como "tener una opinión verdadera sin poder dar razón de ella": ver 
aquí)

Esta parte en negrita es lo que Lacan reproduce en griego y transcribe como su fórmula del amor: "dar lo que no se tiene" !!!!
En suma, no encontrábamos tan inmediatamente la "definición lacaniana" en Platón en la misma medida en que no completábamos la lectura, es decir, no leíamos "bien", a Lacan (lo que, a su vez, constituye una confirmación de la importancia del cuidado en el establecimiento de las citas y sus contextos). La "fórmula" lacaniana del amor, "dar lo que no se tiene", viene, entonces, del "dar una fórmula sin tenerla", dar una opinión o juicio recto sin tener con qué sostenerlo o justificarlo, correspondiente a la doxa.

Queda planteada la tarea de analizar, entonces, qué debemos entender por amor a partir de esa asociación con la doxa. En otras palabras, ¿qué es "lo" que "no se tiene" en el amor?, ¿"quién" es el "se" que no tiene? ¿cómo se "da", o qué es se supone que es dar, "lo" que "se" no tiene?

2.2 - La metáfora del amor

Al terminar la sesión del 23 de noviembre de 1960 (donde Lacan monta el decorado y presenta los personajes del diálogo de Platón), encontramos la fórmula del amor y el anticipo del análisis (que se realiza en la sesión siguiente, del 30 de noviembre) de las relaciones entre la pareja formada por el amante y el amado, el erastés () y el eromenos () . El erastés es el sujeto del deseo, y el eromenos el amado, el único que "tiene algo".

El amor es articulado como una metáfora: "la significación del amor se produce en la medida en que la función del erastés, del amante, como sujeto de la falta, se sustituye a la función del eromenos, del objeto amado, ocupa su lugar". La confrontación de los ejemplos de Aquiles y Alcestes viene a subrayar que el caso relevante es aquél en el que "un amado se comporta como un amante" (6). Lacan compara este movimiento con la mano que se adelanta para atizar el leño que, de pronto, se enciende. La mano que se tiende, lo hace hacia un objeto, "la mano que surge al otro lado es el milagro". Y lo que se trata de recalcar no es lo que ocurre de allí en adelante sino "lo que ocurrió allí mismo, es decir, la sustitución del eromenos o el eromenon [el leño hacia el que se tiende la mano] por el erastes [la mano que surge del leño]" (lo que figura entre paréntesis rectos son comentarios mios) (7)

La cuestión será saber si lo que tiene el eromenos guarda alguna relación con aquello que al otro, al sujeto del deseo, al erastes, le falta. La respuesta de Lacan es clara: "no hay ninguna coincidencia. Lo que le falta a uno no es lo que está escondido, en el otro. Ahí está todo el problema del amor" (8). El amor solo se puede articular en torno a la falta pues el deseante, "de aquello que desea, solo puede obtener su falta" (9) y el diálogo de Platón, según nos anticipa Lacan, nos permitiría "captar el momento de báscula, de reversión, donde, de la conjunción del deseo con su objeto en tanto inadecuado, debe surgir aquella significación que se llama amor" (10). El punto que dará la medida de esta "inadecuación" es aquél en que Sócrates rehuye dicha metáfora rechazando ser, o haber sido, a cualquier título, un eromenos.

2.3 - El amor, entre dos

Como vimos, Lacan toma su fórmula sobre el amor de una referencia textual a la doxa que se encuentra en uno de los primeros párrafos de la intervención de Diótima

En la sesión del 18 de enero leemos lo siguiente:
"Pues bien, el amor pertenece a una zona, a una forma de asunto, de cosa, de pragma, de praxis, que está al mismo nivel y es de la misma cualidad que la doxa, a saber, que hay discursos, comportamientos, opiniones - tal es la traducción que damos del términodoxa - que son verdaderos sin que el sujeto pueda saberlo. La doxa puede ser perfectamente verdadera, pero no es epistemé (...) El amor (...) está entre epistemé y amathía, al igual que se encuentra entre lo bello y lo feo. No es ni lo uno ni lo otro (...) Todo el dominio ejemplificado por la doxa, a la que nos remitimos sin cesar en el discurso de Platón, puede mostrar que el amor, según el término platónico, es  entre los dos" (
11)

Partimos del acuerdo que Sócrates había obtenido de parte de Agaton sobre la falta que caracteriza a Eros: "ama aquello de lo que está falto y no posee" (201b), "si Eros está falto de cosas bellas y si las cosas buenas son bellas, estará falto también de cosas buenas" (201c). A partir de ahí, Sócrates cede la palabra a Diótima, quien comienza subrayando que lo que no es bello no es forzosamente feo del mismo modo que lo que no es sabio no es forzosamente ignorante, y para explicar cómo se accede a lo bello, y la función que tiene el filosofar en este proceso, remite a una posición intermedia donde se articulan amor y saber. 
En el caso de la doxa, "el opinar rectamente, incluso sin poder dar razón de ello, no es ni saber, pues una cosa de la que no se puede dar razón no podría ser conocimiento, ni tampoco ignorancia, pues lo que posee realidad no puede ser ignorancia" (202a). 
En cuanto a Eros, así como no es "ni bueno ni bello, no creas tampoco que ha de ser feo y malo, sino algo intermedio, dijo, entre estos dos" (202b). Y así como no puede ser mortal tampoco puede ser un dios ya que "¿cómo podría ser dios el que no participa de lo bello y de lo bueno?" (202d). En suma, Eros es un demonio, es decir, algo ubicado "entre la divinidad y lo mortal" (202e), cuya función es interpretar y comunicar a los dioses las cosas de los hombres y a los hombres las de los dioses: "Al estar en medio de unos y otros llena el espacio entre ambos, de suerte que el todo queda unido consigo mismo como un continuo" (202e)
El mito del nacimiento de Eros a partir de Poros y Penía viene a dar cuenta de esta posición intermedia:

"Siendo hijo, pues, de Poros y Penía, Eros se ha quedado con las siguientes características. En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es, más bien, duro y seco, descalzo y sin casa, duerne siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la naturaleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuerdo con la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, un amante del conocimiento a lo largo de toda su vida, un formidable mago, hechicero y sofista" (203d)

"Eros nunca ni está falto de recursos ni es rico, y está, además, en el medio de la sabiduría y la ignorancia" (203e)

Esta posición intermedia de Eros entre dividinidad y mortalidad, entre sabiduria e ignorancia, es fundamental por lo siguiente. Por un lado, ocurre que ninguno de los dioses ama la sabiduría ni desea ser sabio, puesto que ya lo son. Por el otro lado, tampoco aman la sabiduria ni desean ser sabios los ignorantes, puesto que en esto radica su ignorancia ("el que no cree estar necesitado no desea tampoco lo que no cree necesitar" 204a). Por lo tanto, solo pueden amar la sabiduría los que están en medio de la sabiduría y la ignorancia, entre los cuales estará también Eros: "La sabiduría, en efecto, es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo bello, de modo que Eros es necesariamente amante de la sabiduría, y por ser amante de la sabiduría está, por tanto, en medio del sabio y del ignorante. Y la causa de esto es también su nacimiento, ya que es hijo de un padre sabio y rico en recursos y de una madre no sabia e indigente" (204b)

Lo amable es bello y perfecto, pero lo que ama tiene un carácter diferente, y su función esencial es la de promover el acceso a lo bello y a la sabiduría.

2.4 - La dialéctica de lo bello

Esta posición intermedia es la que motoriza la dialéctica de lo bello, desde las cosas de este mundo, hacia la belleza inmortal.

"cuando alguien asciende a partir de las cosas de este mundo mediante el recto amor de los jóvenes y empieza a divisar aquella belleza, puede decirse que toca casi el fin. Pues ésta es justamente la manera correcta de acercarse a las cosas del amor o de ser conducido por otro: empezando por las cosas bellas de aquí y sirviéndose de ellas como de peldaños ir ascendiendo continuamente, en base a aquella belleza, de uno solo a dos y de dos a todos los cuerpos bellos y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las normas de conducta a los bellos conocimientos, y partiendo de éstos terminar en aquel conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que conozca al fin lo que es la belleza en sí" (211c)

En otros términos, "la definición dialéctica del amor, tal como la desarrolla Diótima, coincide con lo que hemos tratado de definir como función metonímica del deseo. De esto se trata en su discurso - de algo que está más allá de todos los objetos, que está en el pasaje de un determinada aspiración y una determinada relación, a saber, la del deseo, a través de todos los objetos y hacia una perspectiva sin límite" (12). "El erastes, el amante, es conducido hacia un lejano eromenos, a través de todos los eromenoi, todo lo que es amable, digno de ser amado" (13).

2.5 - Lo "real" del amor

Ahora bien, esa dialéctica de lo bello no bastará para precisar las cuestiones del amor. 
En la sesión del 25 de enero, Lacan subraya que, a la fórmula que ha tomado en primer lugar (, "dar la fórmula sin tenerla"), se enfrenta otra no menos digna de ser subrayada y que explica en qué sentido la doxa tampoco es ignorancia ("amathía"): no lo es en la medida en que "alcanza lo real y encuentra lo que es" (
14). 
También en este caso Lacan toma la referencia literal del diálogo de Platón y reproduce el texto en griego:

Este fragmento corresponde a la segunda parte subrayada del texto en griego que reprodujimos más arriba del apartado 202a, cuya traducción al castellano (según la misma versión que ya dimos) sería "lo que posee realidad"
¿Cuál será esa "realidad", más precisamente (y tal como lo traduce Lacan), ese "real" que la doxa (y por ende el amor) "alcanza", ese "ser" que la doxa (y por ende, el amor) "encuentra"? 
¿Y en qué sentido debemos pensar esa "ignorancia" en la que se encuentra el sujeto que la sostiene?

La clave la encontraremos cuando todas esas bellas historias que se venían desplegando a lo largo de este symposion (15) "amoroso" se terminen "con un tumulto, con la entrada de unos hombres ebrios, para devolvernos allí como a lo real" (16). Con la llegada de Alcibíades quedará claro "que cuando el amor se manifiesta en lo real no tiende a la armonía. Lo bello, hacia lo cual parecería elevarse el cortejo de las almas deseantes, no parece, ciertamente, estructurarlo todo en una forma de convergencia" (17). A diferencia del discurso de Diótima, que presenta una relación dual donde quien emprende el ascenso hacia el amor procede por una vía de identificación con el soberano bien con la ayuda del prodigio de lo bello, "aquí, de pronto, la temática del Bien Supremo queda sustituida por otra cosa - la complejidad y, más precisamente, la triplicidad que se ofrece a entregarnos aquello en lo que hago residir lo esencial del descubrimiento analítico, a saber, la topología de la que resulta, en su fundamento, la relación del sujeto con lo simbólico como esencialmente distinto de lo imaginario y su captura" (18) (subrayado mío) 
La secuencia final de situaciones entre Alcibíades, Sócrates y Agatón (y las correspondientes intervenciones) nos permitirá entender mejor esa "triplicidad" que señala Lacan.

2.6 - El agalma

Veamos cómo se desenvuelven las cosas.

Alcibiades toma la dirección del symposion y cambia la regla de desarrollo del mismo: en lugar del elogio del amor habrá que hacer el elogio ("epainos") del otro. Pero de ese modo, "el elogio del otro sustituye, no al elogio del amor, sino al amor mismo" (19). Lacan subraya que se trata de "epainos" ("alabar") y no de "enkomion" ("encomiar"), recordando la diferencia que Aristóteles establece entre esos términos en el capítulo 9 del libro I de su "Retórica" (20). Lo característico del "épainos" es "un despliegue del objeto en su esencia", en tanto que el "enkomion" ("encomiar") equivale a "algo así como un panegírico" (21). En el "épainos", "lo que se expresa tiene entre el que habla y aquel de quien se habla una especie de función de metáfora del amor" (22). Como veremos, esa metáfora es la que se produce en el propio Alcibíades, quien siendo el eromenos de Sócrates, en su elogio termina presentándose como un erastes.

En efecto, Alcibíades lo compara "con aquél envoltorio tosco e irrisorio que constituye el sátiro. Hay que abrirlo de algún modo para ver en su interior lo que Alcibíades llama, la primera vez, agálmata theôn, las estatuas de los dioses. Luego prosigue, llamándolas una vez más divinas, admirables. La tercera vez emplea el término agalma aretês, la maravilla de la virtud, la maravilla de las maravillas" (23). 
El agalma, eso que Alcibíades dice que vió en Sócrates (apartado 216e), siempre está relacionado con las imágenes, pero se trata de imágenes muy especiales. Lacan hará todo un recorrido de los usos y sentidos del término agalma en la literatura griega antigua (sesión del 1º de febrero, páginas 166 a 169 en la edición Paidos) refiriendo desde citas de Empédocles, Heráclito, Demócrito, etc., hasta el famoso ejemplo del caballo que los troyanos desisten de abrir y dejan en la cima de su ciudadela como "mega agalma" (
24).

Como vemos, todas estas referencias al agalma tienden a colocar a Sócrates en la posición de "eromenos", es decir, del que tiene algo que sería amable. ¿Cuál es la respuesta de Sócrates?
La encontramos en el elogio mismo que hace Alcibíades cuando, llegados al momento de la intimidad, y tras declarar su completa predisposición para con Sócrates ("tú eres el único digno de convertirse en mi amante y me parece que vacilas en mencionármelo. Yo, en cambio, pienso lo siguiente: considero que es insensato no complacerte en esto como en cualquier otra cosa que necesites de mi patrimonio o de mis amigos", 218c), relata la réplica que obtuvo:

"Querido Alcibiades, parece que realmente no eres un tonto, si efectivamente es verdad lo que dices de mí y hay en mí un poder por el cual tú podrías llegar a ser mejor. En tal caso, debes estar viendo en mí, supongo, una belleza irresistible y muy diferente a tu buen aspecto físico. Ahora bien, si intentas, al verla, compartirla conmigo y cambiar belleza por belleza, no en poco piensas aventajarme, pues pretendes adquirir lo que es verdaderamente bello a cambio de lo que lo es sólo en apariencia, y de hecho te propones intercambiar «oro por bronce». Pero, mi feliz amigo, examínalo mejor, no sea que te pase desapercibido que no soy nada" (218e) (subrayado mío)

Sócrates considera que no hay nada en él que sea amable: "su esencia es este , este vacío, este hueco" (25). 
Ese vacío fue asociado, al comienzo del diálogo, a la "ignorancia", cuando, en su primer diálogo con Agatón, Sócrates subraya que en la metáfora del trasvasamiento de los líquidos él solo podría ser la copa vacía, puesto que él es el que "no sabe nada". En griego, allí figura el término "amathía", pero Lacan subraya que Cicerón lo traduce al latín (al parecer, "forzando un poco la lengua latina") como "inscientia", término que, a diferencia de la "inscitia" ("la ignorancia bruta"), significa "el no saber constituido como tal, como vacío, como llamado del vacío en el centro del saber" (
26). 
Para subrayar esta función "vaciadora" de este  en la posición de Sócrates, Lacan apela también a otro término, "que ha sido empleado ulteriormente en la meditación neoplatónica y agustiniana, este kénõsis". Kénõsis () significa “la acción de evacuar o vaciar” y ha sido utilizado para referir la autolimitación de la parte del Logos (Dios) en el acto de la encarnación, su anonadamiento (vaciamiento) de sí mismo, o su abandono, no sólo de sus divinos atributos, sino aun de su divina conciencia de sí mismo, para recobrarlos sólo plenamente en la ascensión. Esta doctrina teológica está basada en la frase de San Pablo (Filipens., II, 6, 7): “… que siendo en forma de Dios… se anonadó (vació) a sí mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”. (G.T. H.P.B.) (
27)

En suma, el vacío de Sócrates, su , se ubica en relación al saber. Eso que parece brillar en Sócrates, el agalma, eso que que podría ser lo amable, ahí, para Sócrates, solo hay un vacío, expresado en términos de saber. Y el asunto es que Sócrates, que sabe que no sabe nada, retiene esa "nada", no consiente a ninguna representación por el significante, y de ese modo, esa nada es susceptible de transformarse en agalma para otro. Al rechazar asumir la posición de amado, Sócrates muestra que lo que hace amable al eromenos, aquello que el amado parece tener, verifica no ser otra cosa que una falta. La articulación del amor con el saber es en torno a la función de la falta, del vacío. El secreto de Sócrates, es que la intensidad de su deseo le hace creer al otro que tiene algo, presenta la apariencia de que tiene aquello que al otro le falta, con la consecuencia, entonces, que el milagro del amor se termina produciendo en Alcibíades quien, siendo el eromenos de Sócrates, deviene erastes, como se evidencia en esa "escena femenina" (28) que le hace a Sócrates y que causa la risa de los asistentes ("se produjo una risa general por su franqueza, puesto que parecía estar enamorado todavía de Sócrates", 227c).

2.7 - Amor y deseo

La intervención de Alcibíades finalizal del siguiente modo:

"Esto es, señores, lo que yo elogio en Sócrates, y mezclando a la vez lo que le reprocho os he referido las ofensas que me hizo. Sin embargo, no las ha hecho sólo a mí, sino también a Cármides, el hijo de Glaucón, a Eutidemo, el hijo de Diocles, y a muchísimos otros, a quienes él engaña entregándose como amante, mientras que luego resulta, más bien, amado en lugar de amante. Lo cual también a ti te digo, Agatón, para que no te dejes engañar por este hombre, sino que, instruido por nuestra experiencia, tengas precaución y no aprendas, según el refrán, como un necio, por experiencia propia" (227b)

y da lugar a una pequeña discusión (y cambios de posiciones) entre Sócrates, Alcíbiades y Agatón, para definir de quien debe hacer el elogio Sócrates. En esa discusión es cuando Sócrates le señala a Alcibíades que ha colocado su comentario hacia Agatón "ostensiblemente como una consideración accesoria al final de tu discurso, como si no hubieras dicho todo para enemistarnos a mí y a Agatón, al pensar que yo debo amarte a ti y a ningún otro, y Agatón ser amado por ti y por nadie más" (227d)

Tenemos aquí, puesta en acto, la "triplicidad" (a la que nos referíamos mas arriba, al final del punto 3.4) "del sujeto, del otro con minúscula y del Otro con mayúscula" (29). Sócrates le señala a Alcibíades que quiere ser amado por él y que al mismo tiempo Agatón sea su objeto. De ese modo Sócrates responde "a la demanda, no pasada, sino presente, de Alcibíades", le da satisfacción "mediante su acto actual de declaración pública, situando en el plano del Otro universal lo que ocurrió entre ellos tras los velos del pudor" (30). Alcibíades buscaba un objeto, "aquel objeto único, aquello que vio en Sócrates", y Sócrates, que sabe que no lo tiene, "sustituye una cosa por otra", "sustituye lo que llamaré el señuelo de los dioses por su propio señuelo" (31), sustituye su vacío por un elogio a Agatón (elogio que no alcanza a realizar). En esta referencia triple, de lo que se trata es de la encarnación imaginaria del sujeto, el fundamento narcisista que constituye la sustancia del yo ideal. Lacan apela nuevalmente a su esquema óptico ubicando en el yo ideal, i(a), la imagen de Alcibíades amando (32), y en el ideal del yo, I, a Sócrates afirmando "no soy nada", en tanto el a es el agalma del objeto parcial (33), el "objeto oculto en el interior del sujeto Sócrates" (34).

Y ahí es donde debemos precisar lo fundamental de la posición del deseo respecto al amor.
El deseo solo se puede concebir sobre la base de la metonimia, es decir, el fenómeno que se produce en el sujeto como soporte del desdoblamiento de las dos cadenas significantes en las que se constituye. El punto fundamental es que "en la misma medida en que se presenta algo que revaloriza esa especie de deslizamiento infinito, el elemento disolutivo que aporta por si misma en el sujeto la fragmentación significante, eso toma valor de objeto privilegiado, que detiene ese deslizamiento infinito. Un objeto puede adquirir así respecto al sujeto el valor esencial que constituye el fantasma fundamental. El propio sujeto se reconoce allí como detenido, o, para recordarles una noción más familiar, fijado. En esta función privilegida, lo llamamos a" (
35)

El amor está propiamente relacionado con la pregunta planteada al Otro acerca de lo que puede darnos y lo que tiene que respondernos. Por eso "se sitúa en el más allá de esta demanda" y "todo el problema consiste en darse cuenta de la relación que vincula al Otro a quien se dirige la demanda de amor a la aparición del deseo. El Otro ya no es entonces en absoluto nuestro igual, el Otro al que aspiramos, el Otro del amor, sino algo que representa, propiamente hablando, una decadencia - quiero decir, algo que es de la naturaleza del objeto. De lo que se trata en el deseo es de un objeto, no de un sujeto" (36) (subrayado mío)

Alcibíades, confiesa ante el tribunal del Otro, que ha intentado "convertir a Sócrates en algo completamente sometido y subordinado a otro valor distinto del de la relación de sujeto a sujeto" (37), ha querido hacer de él alguien subordinado a su deseo, "ha querido verlo manifestarse en su signo, para saber que el otro, objeto, agalma, estaba a su merced (...) Delante de todos se desvela con sus rasgos el secreto más impactante, el último secreto del deseo, que obliga siempre en el amor a disimularlo más o menos - su objetivo es la caída del Otro, A, a otro, a" (38) (subrayado mio). Es en esta empresa - hacer caer de este escalón a Sócrates - en la que, precisamente, fracasa, porque Sócrates lo reenvia hacia Agatón.

Pero lo llamativo del diálogo de Platón es que se interrumpe antes de que Sócrates inicie el elogio de ese reenvio, por la llegada de nuevos parrandistas, de modo tal que todo se llena de ruido, y las libaciones concluyen con el sueño de Aristodemo, el relator del diálogo. En consecuencia ya "no sabremos qué sabe Sócrates de lo que hace" (39). Lacan señala que quizás sea esta ambiguedad final la que ha permitido que los siglos se extravíen creyendo que el amor consiste en "llevar al sujeto por las escaleras que le permitan la ascensión hacia lo bello, cada vez más confundido con lo bello supremo" (40), cuestión a la que Lacan no se considera de ningún modo constreñido. Muy por el contrario, Lacan rescata este punto de "ignorancia" que se produce como final del diálogo para subrayar que lo que hace Sócrates, lo hace sin saberlo, y por eso mismo "ha inflamado a Alcibíades. Porque el deseo en su raíz y en su esencia es el deseo del Otro", y es ahí "donde está el resorte del nacimiento del amor, si el amor es lo que ocurre en ese objeto hacia el cual tendemos la mano mediante nuestro propio deseo, y lo que, cuando nuestro deseo hace estallar su incendio, nos deja ver por un instante esa respuesta, esa otra mano que se tiende hacia nosotros como su deseo. Ese deseo se manifiesta siempre en la medida en que no sabemos" (41) (subrayado mío). Es en la medida en que no sabe lo que Sócrates desea, y que se trata del deseo del Otro, que Alcibíades es poseído "por un amor del cual puede decirse que el único mérito de Sócrates es designarlo como amor de transferencia y remitirlo a su verdadero deseo" (42)

De ahí que, para Lacan, "las coordenadas que el analista ha de ser capaz de alcanzar para, simplemente, ocupar el lugar que le corresponde (queda) definido como aquél que le debe ofrecer, vacante, al deseo del paciente para que se realice como deseo del Otro" (43). En ese sentido, podemos asociar ese lugar "vacante", ese vacío, con el  de la posición de Sócrates. "Solo en la medida en que [el analista] sabe qué es el deseo, pero no sabe lo que desea ese sujeto - con el cual está embarcado en la aventura analítica - está en posición de tener en él el objeto de dicho deseo" (44). El analizante es introducido como digno de interes y amor, es decir, eromenos, pero en la misma medida, su desconocimiento en cuanto al objeto de su deseo ubica a este, ya en el Otro. Y en esa misma medida, el analizante pasa de eromenos a erastes, realizandose la metáfora "que constituye de por ella misma el fenómeno del amor" (45). De ahi la importancia del problema de cómo se "realiza" el deseo como deseo del Otro, es decir, la función del agalma del objeto parcial en la transferencia.

En consecuencia, la clave de la definición del amor como "dar lo que no se tiene" está en la negativa de Sócrates a dar el signo de su deseo ante el elogio de Alcibíades y en la ignorancia en que se encuentra respecto de lo que hace, pues es a partir de esta situación que se esclarece la función del objeto parcial en el amor.

2.8 - Amor oblativo

Las confusiones sobre el estatuto de ese objeto parcial son la fuente de muchas confusiones respecto al amor. El ejemplo que va a resaltar Lacan es el que resulta de la oposición entre el objeto parcial y el objeto "total", pues es en torno a ella que "puede y debe establecerse la división entre dos perspectivas sobre el amor. Una de ellas asfixia, deriva, enmascara, elide, sublima todo lo concreto de la experiencia en aquella famosa acensión hacia un bien supremo, y es asombroso que nosotros, en el análisis, podamos conservar todavía vagos reflejos suyos, de cuatro cuartos, bajo el nombre de oblatividad, esa especie de amar-en-Dios, por así decir, que estaría en el fondo de toda relación amorosa. 
En la otra perspectiva - y la experiencia lo demuestra - todo gira en torno al privilegio, al punto único constituido en alguna parte por aquello que sólo encontramos en un ser cuando lo amamos verdaderamente. Pero ¿que es esto? Es precisamente agalma, el objeto que hemos aprendido a circunscribir en la experiencia analítica" (
46)

La "oblación" es la ofrenda y sacrificio que se hace a Dios (y más vulgarmente, el dinero que se le da al cura para las ofrendas). Se habla de oblatividad cuando se da algo material supuestamente por nada, como "ofrenda". Muy rápidamente, el psicoanálisis ha sabido pesquisar ahi los rasgos de la analidad: "te doy mis heces a cambio de tu amor". Es decir, alguien da "algo", a cambio, aparentemente, de "nada". Pero en realidad es una forma de demandarle algo al Otro, en particular, de acotar así el deseo del Otro, con el resultado de que el propio deseo del sujeto queda reducido a una demanda que se va con el objeto.

Pero todas esas referencias "clásicas" del psicoanálisis sobre la oblatividad no fueron obstáculo para que esta última terminara siendo, para muchos postfreudianos, el modelo de la genitalidad. El propio Lacan lo denunciaba en la primer sesión del seminario IV sobre "la relación de objeto", leyendo in extenso varios párrafos de una obra publicada hacia poco (47), en particular uno donde se plantea que las pulsiones, en su forma genital (a diferencia de su forma pregenital), "son verdaderamente tiernas, amorosas, y si el sujeto no se muestra oblativo, es decir, desinteresado, si sus objetos son tan profundamente narcisísticos como en el caso anterior, ahora es capaz de comprensión, de adaptación a la situación del otro" (48).

Lo sorprendente es que encontraremos el mismo planteo incluso entre cercanos colaboradores de Lacan, como Françoise Dolto, quien dice: "Hemos visto cómo, al comienzo de la situación edípica, el pensamiento participaba todavía del modo anal captativo triunfante o expulsivo triunfante, coloreado de ambición. Solo con la liquidación del complejo de Edipo puede el pensamiento ponerse al servicio de la sexualidad llamada oblativa, es decir, la que rebasa la búsqueda de satisfacciones narcisistas" (49) (subrayado mío). Es decir, en vez de percibir la función del agalma, del a, en ese narcisismo, cree que este impasse puede evitarle por la vía del pacto simbólico de una intersubjetividad.

La idea de genitalidad o sexualidad oblativa (50), o amor oblativo, es la idea de "tomar al otro por un sujeto y no pura y simplemente por nuestro objeto" (51), con la idea subsecuente de que ese es el modo de hacer del otro alguien "especial", como si reducir al otro a la condición de objeto fuera una manera de devaluarlo o rechazarlo. En otros términos, es la idea de que habría "en el amado, en el eromenos, alguna superioridad como para que sea considerado un sujeto" (52). Pero, ¿porqué sería mejor suponer que sea un sujeto?
Poner el acento sobre el objeto, en cambio, nos permite recuperar su relación con el deseo, es decir, la función del objeto parcial. De hecho, cuando un objeto apasiona es porque "ahí dentro, oculto en él, está el objeto del deseo, agalma" (
53)

(Volver al sumario)

Notas

(2) Lacan ya habia anunciado ese "hallazgo" al final de la la segunda sesión de ese seminario, la del 23 de noviembre de 1960, página 45 de la edición Paidos

(3) Encontraremos varias traducciones al castellano de "El Banquete" en internet.
Hay una versión digitalizada por Librodot.com que parece la más seria o erudita, pero de la que han eliminado todos los rastros editoriales (nombre del traductor, fuente de la traducción, editorial original, etc.). Se encuentra disponible en el sitio de Librodot (se accede mediante suscripción gratuita) y también en el sitio Scribd.com, en el siguiente enlace 
http://www.scribd.com/doc/392890/El-Banquete-Platon, y en una página de Geocities
Hay otra versión disponible en Wikisource (en 
http://es.wikisource.org/wiki/El_Banquete_de_Platón ) y en el sitio Filosofia.org (en http://www.filosofia.org/cla/pla/azc05297.htm )
Salvo indicación en contrario, las citas que haga al diálogo de Platón serán de la versión digitalizada de Librodot.

(4) Disponible aquí

(5León Robin es el mismo traductor que sigue Lacan (en la edición de la colección de Guillaume Budé), tal como podemos verificarlo en las páginas 69, 73, 74, 91, 104, 107, 126, 128, 135 y 140 de la edición Paidos (sesiones del 7, 14 y 21 de diciembre de 1960 y del 11 y 18 de enero de 1961) .

(6) Jacques Lacan, El seminario, Libro VIII La transferencia, Editorial Paidos, página 60
Esta contraposición es presentada por Fedro, quien subraya la admiración que Aquiles provoca en los dioses por su transformación de eromenos en erastes al elegir acompañar a Patroclo a la muerte (apartado 180a,b) a diferencia de Alcestes, quien reemplaza en la muerte a Admeto, pero sin cambiar por ello de posición en cuanto al amor pues ya era el erastes. Lo que provoca la admiración de los dioses (en el caso de Aquiles) es que sea el eromenos el que realiza el sacrificio.

www.fnc.org.ar/pdfs/puente_1.pdf

 

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