MATERNIDAD,FERTILIDAD....

MARIA PIA CIASULLO

En los últimos años de trabajo en la clínica, he constatado que un motivo muy recurrente en mi consulta es el de mujeres con dificultad para embarazarse. A partir de estas experiencias terapéuticas, pensando y resignificando la clínica, propondré algunas reflexiones sobre este fenómeno sincrónico como vía hacia la comprensión de cómo alcanzan finalmente el embarazo.

 

En las pacientes que he recibido con esta demanda hay denominadores comunes: el complejo materno en sus diferentes expresiones, fallecimiento de la madre, embarazos interrumpidos. Es decir, duelos a elaborar y mucho dolor.

 

Parecería que el principio de sincronicidad juega un rol destacado en la constelación de los complejos. Así, los complejos se activan no sólo internamente sino también externamente y su energía psíquica trasciende lo individual. Estas energías juegan un papel importante cuando este tipo de complejo se moviliza en la situación de transferencia-contratransferencia .

 

 

 

Complejo Materno

 

Resulta difícil hablar de complejo materno positivo o negativo, debido a que el arquetipo (el corazón del complejo) siempre tiene dos polos y la madre real nunca es totalmente buena o totalmente mala, sino una mezcla de ambas. Ocurre que los polos permanecen disociados y mientras uno está en la conciencia (madre amorosa, afectuosa, respetada), el otro (aversión, odio, envidia, agresión) permanece en la sombra y viceversa. Conectar y re-ligar estos polos será parte del trabajo terapéutico así como acceder a la red de complejos y a la relación entre ellos. Pero en este trabajo sólo me ocuparé del complejo materno y su posible relación con la fertilidad / infertilidad.

 

Siguiendo a Verena Kast, en general puede decirse que la persona con un complejo materno originalmente positivo, experimentó durante su infancia mucha atención, interés y dedicación de su madre. Aquella persona cuyo mayor conflicto en la infancia fue una madre que por cualquier razón tuvo dificultades en aceptar y satisfacer las necesidades del hijo, tendrá un complejo materno originalmente negativo.

 

Una persona con un complejo de ego fuerte, es aquella que puede responder a las exigencias de la vida, luchar con las vicisitudes y conseguir un cierto grado de placer y satisfacción. Para esto es necesario desligarse de los complejos materno y paterno a una edad adecuada. Esto ocurre cuando los jóvenes pueden superar la idealización de las figuras parentales y sobreponerse a la desvalorización que supone estar en la posición de hijo-hija y hacerse cargo de su propia vida.

 

Una persona con un complejo materno originalmente positivo, se siente valiosa, interesante, confiada, es capaz de dar y recibir, de comprender al otro y sentirse comprendida. La relación con su cuerpo está en armonía, así como el vínculo con la comida, la sexualidad y la vitalidad.

 

… no solamente las madres influyen en la formación del complejo materno; hay también algo como un espacio materno; un espacio de vida en que lo materno acontece y se torna experimentable … el complejo materno originalmente positivo también se forma en la interacción con la naturaleza y las cosas (Kast, 1997, p. 72).

 

La madre consigue producir un sentimiento de “nosotras”, donde la hija se siente protegida, pero a ese espacio y atmósfera en la cual se crece también pertenecen otras personas referentes (hermanos, padre, abuelos, etc).

 

Si el complejo materno originalmente positivo (cmo+) se desliga en el tiempo adecuado, es promotor de vida. Para que esto suceda es necesario que la madre pueda soportar y permitir la separación.

 

El desligamiento de los complejos materno y paterno implica ir construyendo una nueva relación, en la que dos adultos entran en una relación recíproca, tal vez con proyectos de vida diferentes, aceptando que esa relación de la infancia con la madre nunca se restablecerá.

 

El tránsito por este duelo, estará relacionado con el tipo de complejo materno constelado y de su elaboración. Podríamos decir que la mujer que se desligó de un cmo (+) ha podido elaborar el duelo de una forma creativa. En cambio, cuando el complejo (+) no se desliga a la edad adecuada, termina siendo inhibidor y aquellas cualidades tan prometedoras en la infancia, pueden transformarse en: indolencia, falta de perseverancia, poca capacidad para la frustración y una gran necesidad de amor. Aparecen la culpa, la angustia y la poca coherencia interna, del complejo del ego, que pueden conducir a la depresión.

 

En síntesis, la individuación puede quedar estancada en la medida en que no hay autonomía ni discriminación entre madre e hija.

 

Algunas madres que no consiguen conectarse con su maternidad, pueden dar lugar a un complejo materno originalmente negativo. Estas madres, posiblemente ellas mismas con un cmo (-) no son capaces de empatizar con las necesidades del hijo.

 

En lugar del amor no exigente, de seguridad, nutrición, protección, interés, atención, tal como se experimentan en el cmo(+), tienen un sentimiento vital de soledad, de estar a merced del Otro y de no recibir suficiente para vivir pero sí para morir (Kast, 1997, p. 155).

 

Nada les es dado gratuitamente. Predomina la desconfianza y el miedo y por lo tanto un gran afán por controlarlo todo.

 

Habitualmente se busca el camino por medio del complejo paterno, intentando conquistar la autoestima o el sentimiento de ser digno de amor, por medio del desempeño y del trabajo, alejándose de la identidad femenina.

 

Jung se refiere a una de las formas de expresión del complejo materno como “la defensa contra la madre” . Es una defensa frente a una madre avasallante y dominante, y el lema será cualquier cosa con tal de no parecerse a ella. Generalmente la sexualidad no funciona bien, no quieren tener hijos y las exigencias matrimoniales les resultan insoportables, si se casan es principalmente para liberarse de la madre.

 

Hay una resistencia hacia la madre-útero, pudiendo generar trastornos en la menstruación, dificultades en la concepción, horror frente al embarazo.

 

 

 

Una posible estrategia terapéutica

 

Es necesario recorrer un largo y doloroso camino para percibir y aceptar una identificación con una madre distante y el papel desvalorizado que las hijas asumen frente al mundo. Sólo entonces podrán enfrentar estas tendencias destructivas internas y desculpabilizarse. La acción terapéutica supondrá empatizar con una infancia difícil y rescatar las estrategias de supervivencia que ellas encontraron. La relación habilitadora con otras mujeres permitirá transformar la imagen femenina y restaurar la confianza en sí mismas y en sus congéneres.

 

Asimismo, Jung nos habla de otra forma de expresión del complejo materno que desde la experiencia clínica podría incidir en la dificultad para embarazarse: “La exaltación del eros”. Aquí el instinto maternal queda atrofiado y para compensar se exalta el eros. Son mujeres que buscan relaciones arriesgadas, sensacionales, generalmente con hombres casados (una forma de elaborar lo incestuoso inconsciente con su padre).

 

Pero como en la psique hay fuerzas autorreguladoras, siempre está la posibilidad arquetípica de lo materno sustentador que posibilita una corrección en las marcas del complejo. Es necesario que no esperen que alguien les dé el derecho a existir, sino que resuelvan dárselo ellas mismas, a sí mismas.

 

La función compensatoria inconsciente hace que surjan imágenes y símbolos de la madre negativa. Debemos trabajar intensamente para hacer conciente el complejo hasta sus raíces arquetípicas. Y concurrentemente activar otros núcleos compensadores del complejo de las imagos parentales para reestablecer una estructura más sana del complejo en la psique. Una vez retiradas las proyecciones arquetípicas, experimentaremos a la persona como realmente es (ni terrible, ni idealizada).

 

Jung se refiere a las características del arquetipo de la gran madre como: lo “materno”, la autoridad mágica de lo femenino, la sabiduría y la altura espiritual que está más allá del entendimiento; lo bondadoso, protector, sustentador, dispensador de crecimiento, fertilidad y alimento; los sitios de la transformación mágica, del renacimiento; el impulso o instinto benéficos; lo secreto, lo oculto, lo sombrío, el abismo, el mundo de los muertos, o que devora, seduce y envenena, lo que provoca miedo y no permite evasión (Jung, 1991, p. 75).

 

Como dije anteriormente, en cada uno de los casos que tuve el privilegio de acompañar había duelos a elaborar; (el duelo del “no poder” para habilitar al poder), como desprendiéndose de lo viejo-conocido y permitiendo la emergencia de lo nuevo que, por desconocido y misterioso, asusta. Más allá de las pérdidas reales que debíamos elaborar (fallecimientos, embarazos interrumpidos) estaban los duelos simbólicos:

 

¿De qué se tiene que desprender una mujer para ser madre-mujer ?

¿Desde lo cultural que supone no poder ser madre ?

¿Cómo es el dolor de quien no puede embarazarse?

 

Transitar el duelo supone elaborar la vivencia de esterilidad (de una tierra que no puede dar frutos) para conectarse con lo creativo, fértil, fecundo; rescatarse de la muerte para la vida. ¿Cómo transitarlo y cómo unirlo a la vida?

¿Cómo hacer del espacio terapéutico, un espacio fértil? ¿Con qué los nutre esta “mamá terapeuta”?

 

El dolor (de la pérdida así como el del parto) tiene el sentido de religarnos con lo instintivo, con el femenino ancestral y eterno y con la experiencia del nacimiento.

 

El embarazo como el parto acercan a la mujer tanto a la vida como a la muerte. La muerte no se refiere solamente al peligro real (aborto y muerte durante la gestación y el parto) sino también a la muerte y al renacimiento simbólicos (Gallbach, 1995, p. 159).

 

Para que nazca la madre tiene que morir la solo-hija. Como en el mito de Deméter (diosa del grano y de la fertilidad) y Perséfone, donde la muerte de la Coré–doncella, fascinada por lo desconocido, renace más maduro en Deméter, como madre. La madre es madre e hija en una y la hija es hija y madre en una.

 

Deméter representa el rasgo preservador, contenedor y amoroso, en tanto Coré-Perséfone sería la figura cambiante, que al descender al submundo se transforma de semilla en brote y por último en grano maduro. Es la imagen de transformación del Self y del carácter transformador de la gran madre. Ambas tienen sus aspectos positivos, productivos y creativos pero también destructivos y devastadores. Deméter con su furia, condenó a la humanidad al hambre y a la sequía (lo desértico = infértil).

 

Deméter nos ilustra lo que Jung refiere como: “hipertrofia de lo materno” donde la única meta de la mujer es procrear. El hombre es un accesorio. Puede haber hipertrofia de lo femenino (por ej. en el instinto materno) o atrofia del mismo.

 

Perséfone en cambio, identificada con la madre, paraliza su propio destino femenino; proyecta su personalidad en la madre. El instinto materno y el eros quedan inconscientes. Todo lo que tiene que ver con la maternidad, responsabilidad, apego y necesidad erótica, provoca sentimientos de inferioridad y compele a escapar a la madre que vive todo lo que a la hija le resulta inalcanzable. La madre idealizada y admirada deja a la hija sin vida propia.

 

 

 

¿Qué ocurrió con estas pacientes ?

 

Revisando y reflexionando sobre cada uno de los casos que atendí, tenemos una primera hipótesis: no siempre se puede hablar de una forma pura de expresión del complejo.

 

En muchas de las pacientes tuvimos que trabajar en torno al desligamiento del cmo(+), o siguiendo a Jung: “la identificación con la madre”. Perséfones que temen crecer, hacerse cargo de su propia vida y tienen su maternidad proyectada en una madre idealizada y por lo tanto inalcanzable.

 

En otras, es clara la compensación del instinto maternal con la exaltación del eros. Aquí también talló el trabajo con el complejo paterno y la dificultad de comprometerse en un vínculo de uno más uno, privilegiando las triangulaciones.

 

Por último y con gran incidencia de casos, la preponderancia del cmo(-) o en términos de Jung la defensa contra la madre, el rechazo y la negación hacia lo femenino con sus concomitantes somatizaciones.

 

Pero, como dijimos anteriormente, no sólo pudimos observar diferentes combinaciones:

a) cmo(-) y exaltación del eros

b) identificación con la madre y exaltación del eros

 

Asimismo, varias de estas pacientes traían duelos no resueltos. En muchos casos, embarazos interrumpidos, y en otros, fallecimiento de la madre o abandono de la misma.

 

No es nuestra intención dar por cerrado el tema sino abrir un espacio para pensar juntos sobre la posible relación entre la infertilidad, el complejo materno y los duelos a elaborar.

 

Tener hijos es una forma de no morirse del todo y permanecer a través de ellos en tanto los habilitamos al crecimiento, a transformarse y a transformarnos.

 

¿Cómo se trasciende uno sino es a través de los hijos? ¿No es parte de nuestra misión el preservar la especie?

 

En el tiempo de gestación y en el tiempo de duelo hay una ampliación de conciencia, donde la racionalización no funciona, ocurre en silencio. Es un tiempo propio del dinamismo matriarcal donde el Ego no puede hacer sino dejar que “acontezca”. Tiempo de maduración, elaboración, aceptación. Finalmente un trabajo de parto para dar a luz; no sólo hijos simbólicos sino también concretos.

 

Del mismo modo, el “tiempo terapéutico” puede ocurrir en silencio, y desde lo racional puede resultar difícil entender qué se fue constelando a nivel transferencial: ¿qué fue lo que ocurrió ? ¿Desde dónde se gestó el cambio?

 

El fenómeno transferencial (como dice Jacobi) también es arquetípico. Tal vez el arquetipo de la gran madre se humaniza en esta terapeuta mujer y se constela con tanta fuerza en el Selfterapéutico permiténdonos re-ligar con lo fértil y no con lo estéril.

 

La psique y su principio compensatorio, en el vínculo transferencial, constela un arquetipo que involucra tanto al analista como al analizando.

 

Dieckmann nos sugiere no sólo trabajar con los aspectos negativos del complejo sino también con su núcleo arquetípico en el vínculo transferencial. Sueños, fantasías, y sentimientos constelados en la transferencia así como estar atentos a las reacciones contra-transferenciales para evitar nuestras proyecciones.

 

El vínculo terapeuta-paciente, es vivido con la misma exclusividad como vive una madre su embarazo y la relación con cada hijo. En la medida en que estamos –como terapeutas- implicados y permeables, intentaremos entender qué está ocurriendo entre las dos; cómo resuena lo que trae esta paciente en la historia personal del analista. Es a través de ellas y junto con ellas (entre ambas) que volvemos a recorrer la vida, la muerte y otra vez la vida. En este llamado interior del Self para seguir en el enigmático camino de la individuación.

 

Es un largo proceso, donde se gestan desde el vínculo los encuentros con el Otro y con uno mismo en el espacio terapéutico (congénito: “engendrado juntamente”) .

 

Es en homenaje a ese pro-genitor (del latín engendrar) que nos permite gestar un trabajo escrito, que se engendra desde las entrañas para desentrañar los misterios inconscientes, los encuentros con el Otro y con uno mismo en el espacio terapéutico.

 

En ese encuentro con el Otro-paciente estamos en contacto con el dolor y el sufrimiento, de una manera compasiva, o sea, padeciendo generosamente, y al mismo tiempo transformando y transformándonos.

 

Del duelo al crecimiento … de la infertilidad a la fertilidad

Donde el encuentro terapéutico sería el lugar de la posibilidad; de la fertilidad y de la creatividad.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

 

Avian, S.R. (1999). Da infertilidade aos múltiplos nascimentos. Vidas nao vividas ou uma outra forma de vida. Trabajo final de Curso. SBPA.

 

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Brinton, S. (1985). Caminho para a iniciacao femenina. Sao Paulo: Ed. Paulinas

 

Dieckmann, Hans. (1999). Cap. VI y VII en: Complexes. Diagnosis and Therapy in Analytical Psychology. Illinois: Chiron

 

Edinger, E. (1995). Ego e arquétipo. Sao Paulo: Cultrix

 

Eliade, M (1960). Myths, dreams and mysteries. New York: Harper & Row. pp. 200

 

Gallbach, M. (1995). Gravidez e maternidade no desenvolvimento da mulher. En: Sonhos e Gravidez: iniciacao a criatividade feminina. Sao Paulo: Ed. Paulus. pp. 26-52

 

Glouberman. D (1999). Resentimientos, rechazo y aflicción. Despedidas. En: El Poder de la Imaginación. Barcelona: Ed. Urano. pp. 150-167

 

Jacobi, J (1984). O Encontro Analítico. San Pablo: Ed. Cultrix

 

Jung, C.G. (1991). Cap. I, II y III. En: Arquetipos e inconsciente colectivo. Barcelona: Paidós. pp. 9-85

 

Kast, V. (1997). Pais e Filhas, Maes e Filhos: caminos para a auto-identidade a partir dos complexos materno e paterno. Sao Paulo: Loyola

 

Moore, T. (1998). Los finales. En: Las Relaciones del Alma. Barcelona: Ed. Urano. pp. 241-261

 

Thomas A.G. (1999). Doncellas de nieve y tilos plateados. La realidad de la muerte. En: Esa mujer en que nos convertimos. Barcelona: Paidós. pp. 15-67

Ibid. Vinagre y habichuelas. Aceptar las limitaciones de la vida. pp. 79-127

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