El sexo del cerebro: primera parte

 
En 2007 Dick F. Swaab publicó una revisión acerca de la diferenciación sexual del cerebro y el comportamiento. Con frecuencia se discute en círculos sociales del "problema" de si aspectos de la sexualidad (como la orientación sexual, etc.) nacen o se hacen. Con esta revisión tenemos una perspectiva más sustentada de que durante el desarrollo fetal "se deciden" muchos de tales aspectos. Veamos la primera parte.


Introducción

El abstract del artículo de Swaab es bastante claro e ilustrativo. Por eso lo traeré a colación para que nos hagamos una idea global del tema que él aborda y podamos entender mejor lo que nos explica.

Durante el período intrauterino, el cerebro humano se desarrolla hacia la dirección masculina a través de la acción directa de la testosterona en un niño y hacia la dirección femenina a través de la ausencia de esta hormona en una niña. Durante este tiempo se programan la identidad de género (sentirse hombre o mujer), la orientación sexual y otros comportamientos. 

Ya que la diferenciación sexual de los genitales se da en los primeros dos meses de gestación y la diferenciación sexual del cerebro comienza durante la segunda mitad, estos dos procesos pueden ser influenciados de manera independiente, resultando en la transexualidad. Esto significa también que en el caso de género ambiguo al nacer, el grado de masculinización de los genitales puede no reflejar el mismo grado de masculinización del cerebro. Finalmente, se han encontrado diferencias en estructuras y funciones cerebrales relacionadas con la orientación sexual y el género.


Hormonas sexuales y desarrollo del cerebro

Durante el desarrollo fetal, el cerebro es influenciado por hormonas sexuales como la testosterona, los estrógenos y la progesterona. Desde los estadios más tempranos del desarrollo del cerebro fetal, muchas neuronas de todo el sistema nervioso ya tienen receptores para estas hormonas.


En los niños (varones) hay dos períodos durante los cuales los niveles de testosterona son altos: 
(1) En la mitad del embarazo (12 a 18 semanas); ya a las semanas 34-41 los niveles son 10 veces más altos que en niñas. Y,
(2) En los primeros tres meses después del nacimiento. El nivel de testosterona en niños en este momento es igual de alto a como será en la adultez. 

Swaab añade que se piensa que esos dos picos fijan el desarrollo de estructuras y circuitos en el cerebro por el resto de la vida de una persona. Ya durante la pubertad, la elevación de los niveles hormonales "activarían" aquellos circuitos que fueron formados durante el desarrollo, permitiendo la expresión de los patrones y trastornos -que se habían originado mucho más temprano en el desarrollo-.

Según Swaab, se piensa que la interacción entre las hormonas y las neuronas en desarrollo es la base de las diferencias sexuales de la estructura cerebral y, por ende, del comportamiento, la identidad de género (la sensación de ser hombre o mujer), el rol de género (comportarse como hombre o mujer en una sociedad), la orientación sexual (ser heterosexual, homosexual o transexual) y las diferencias sexuales relacionadas con la cognición y el comportamiento agresivo.

Como la diferenciación sexual de los genitales tiene lugar mucho más temprano en el desarrollo (en los primeros dos meses de embarazo) que la diferenciación sexual del cerebro (que comienza en el segundo semestre de embarazo y se hace explícito hacia la adultez), añade Swaab, estos dos procesos pueden ser influenciados de manera independiente, lo cual puede resultar en que algunas personas con órganos sexuales masculinos se sientan mujeres o viceversa (un fenómeno llamado transexualidad).

El ambiente social tiene un efecto pequeño en las diferencias sexuales en la cognición y la agresión
Una diferencia comportamental estereotípica entre niños y niñas es el comportamiento en el juego. En él los niños se caracterizan por ser más activos y rudos. Sin embargo, si las niñas están expuestas a demasiada testosterona en el vientre, como sucede en la hiperplasia suprarrenal congénita, tienden a escoger a niños como compañeros de juego y a jugar preferiblemente con juguetes para niños. Además, explica Swaab, las niñas con este síndrome tienen una probabilidad mayor de ser lesbianas o transexuales.


De acuerdo con lo que sucede en dicho síndrome, Swaab concluye que, en apariencia, la exposición a niveles altos de hormonas masculinas tiene efectos importantes y duraderos sobre el comportamiento; además, que las diferencias sexuales que se revelan a través de los dibujos que hacen los niños son determinadas por las hormonas en el vientre, y no por lo que la sociedad después les impone.


Añade Swaab que la "imposibilidad" para hacer que alguien cambie su orientación sexual es un argumento mayor contra la importancia del entorno social en la emergencia de la homosexualidad, así como contra la idea de que la homosexualidad es la elección de un estilo de vida. Swaab agrega que se han descrito cambios en la orientación sexual durante la adultez -p. ej. de heterosexualidad a pedofilia- pero sólo en casos de tumores cerebrales en el hipotálamo y en la corteza prefrontal.


Factores neurobiológicos de la diferenciación sexual del cerebro

Para ilustrar dichos factores, Swaab recurre al ejemplo del síndrome de insensibilidad a los andrógenos, el cual es causado por mutaciones en el gen para receptor de andrógenos. Las personas con dicho síndrome, a pesar de su masculinidad genética (XY), se desarrollan como mujeres fenotípicas y experimentan su orientación sexual como "heterosexuales".

La acción directa de la testosterona sobre el desarrollo del cerebro en varones es de importancia crucial para el desarrollo del género masculino y de una orientación heterosexual.

Transexualidad
Swaab recuerda que la transexualidad está caracterizada por una convicción de haber nacido en el "cuerpo equivocado". Cuando hay problemas de género, éstos generalmente se comienzan a mostrar desde temprano en el desarrollo. Sin embargo, no hay que confundir la transexualidad con algunos problemas de identidad de género en la infancia -debido a otras causas, p. ej., ambientales- en cuyos casos sólo el 23% conllevan a transexualidad en la adultez.

Swaab menciona, en general, algunos factores que pueden ocasionar problemas de género:

-Factores genéticos: como anormalidades cromosómicas, polimorfismos de genes que codifican los receptores Alfa y Beta de estrógenos y la aromatasa.
-Anormalidades en los niveles hormonales durante el desarrollo temprano.
-Mujeres con epilepsia a quienes se les prescribió fenobarbital o difantoina durante el embarazo también tienen un riesgo incrementado de dar a luz a un niño transexual. Ambas sustancias cambian el metabolismo de las hormonas sexuales y pueden actuar sobre la diferenciación sexual del cerebro del niño.
-Mujeres medicadas con dietilestilbestrol durante el embarazo pueden generar transexualidad en el niño en un 35,5% de los casos y un problema de género en un 14,3%.
-De manera interesante, no hay indicaciones de que los factores sociales posnatales puedan generar transexualidad.

La transexualidad y el cerebro
Debido a que la diferenciación de los órganos sexuales y la diferenciación sexual del cerebro tienen diferentes tiempos, es posible que ambos tipos tomen rutas distintas ante la influencia de ciertos factores.

Swaab y otros han encontrado una diferencia sexual muy clara en el núcleo central del núcleo del lecho de la estría terminal (stria terminalis; cLET), una estructura cerebral que, en ratas, está implicada en muchos aspectos del comportamiento sexual y que también puede ser estudiada en humanos. Específicamente, Swaab y otros han encontrado que:

-En los hombres esta área tiene dos veces el tamaño que en mujeres y contiene dos veces más neuronas para la hormona somatostatina.
-En transexuales "hombres a mujeres" el núcleo central del núcleo del LET es completamente femenino.
-El tamaño del cLET y el número de neuronas se asocian más con el género al que los transexuales sienten que pertenecen que con el sexo de sus órganos sexuales o el que dice en su acta de nacimiento.

Swaab aclara que la diferencia sexual del núcleo central del LET que se aprecia en su volumen se empieza a notar hasta la adultez temprana. Por lo tanto, dicha diferencia sexual neuroanatómica no podría hacer parte de un diagnóstico temprano de la transexualidad.
 
 

EL SEXO DEL CEREBRO SEGUNDA PARTE

Orientación sexual: heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad

La orientación sexual de los humanos también se determina durante el desarrollo temprano, bajo la influencia de los genes y de los factores que influyen en las interacciones entre las hormonas sexuales y el cerebro en desarrollo.

Swaab menciona algunos factores que son responsables de la homosexualidad:

 

  • Niveles hormonales anormales del niño durante su desarrollo intrauterino.
  • Factores genéticos (Swaab menciona que de acuerdo con LeVay y Hamer, el componente genético para la homosexualidad en ambos sexos está por encima del 50%).
  • La probabilidad de que un varón se haga homosexual aumenta con el número de hermanos mayores. Este fenómeno se explica por una respuesta inmunológica que desarrolla la madre hacia el producto de los hijos varones. La probabilidad de tal respuesta a factores masculinos se incrementaría con cada embarazo que resulta en el nacimiento de un hijo varón.
  • La exposición prenatal a nicotina, anfetaminas u hormonas tiroideas pueden influir en que una hija se haga lesbiana.
  • El estrés en la mujer embarazada.
  • Nuevamente, como en la transexualidad, Swaab afirma que no hay pruebas de que la homosexualidad, la heterosexualidad o la bisexualidad sean producto de una elección de vida o del aprendizaje social.


La orientación sexual y el cerebro

Swaab menciona algunos cambios en las estructuras (y funcionamiento) cerebrales que reflejan diferencias en la orientación sexual:

 

  • En hombres homosexuales el núcleo supraquiasmático del hipotálamo ("el reloj del cerebro") tiene dos veces el tamaño del mismo núcleo en hombres heterosexuales.
  • (Con base en resultados de LeVay) Los hombres homosexuales, así como las mujeres heterosexuales, tienen un área más pequeña en la parte frontal [anterior] del hipotálamo.
  • (Con base en resultados de Allen y Gorski, 1992) La comisura anterior del cerebro de hombres homosexuales es más grande que aquella de hombres heterosexuales. Dicha estructura -más grande en mujeres que en hombres- se ocupa de las conexiones entre hemisferios en la corteza temporal.
  • El hipotálamo (o sea, su activación) en hombres homosexuales no responde tanto a un antidepresivo clásico (fluoxetina) como sí sucede en hombres heterosexuales, lo cual apunta a un tipo distinto de actividad del sistema serotoninérgico [productor de serotonina].
  • Las feromonas estimulan la activación en el hipotálamo de mujeres heterosexuales y hombres homosexuales, pero no en el de hombres heterosexuales. En mujeres lesbianas estas sustancias son procesadas por el sistema olfatorio y no por la parte frontal [anterior] del hipotálamo.
  • Cuando se miden los cambios en la actividad cerebral a través de resonancia magnética funcional mientras se muestran fotos de hombres y mujeres, el tálamo y la corteza prefrontal medial se activan más en hombres heterosexuales y mujeres homosexuales al ver un rostro femenino (que uno masculino). Por su parte, estas mismas estructuras reaccionan con mayor fuerza al rostro de un hombre (que al de una mujer), en hombres homosexuales y mujeres heterosexuales.


Conclusiones (puntos prácticos)

  • El cerebro humano fetal se desarrolla en la dirección masculina gracias a la acción directa de la testosterona (en un niño) y en la dirección femenina gracias a la ausencia de dicha hormona (en una niña).
  • Durante el período intrauterino se programan en el cerebro, de una manera sexualmente diferenciada, la identidad de género, la orientación sexual, la cognición, la agresión y otros comportamientos.
  • Ya que la diferenciación sexual de los genitales tiene lugar en los primeros dos meses de embarazo y la diferenciación sexual del cerebro comienza en la segunda mitad del embarazo, en el caso de sexo ambiguo al nacer, el grado de masculinización de los genitales puede no reflejar el mismo grado de masculinización del cerebro.
  • En relación con el anterior punto, Swaab reafirma que las observaciones de una diferencia sexual invertida en el cerebro soporta la idea de que la transexualidad está basada en una diferenciación sexual opuesta entre el cerebro y los órganos sexuales.
  • De manera interesante, Swaab remarca que no hay pruebas de que el ambiente social después del nacimiento tenga un efecto sobre el desarrollo del género o de la orientación sexual.
  • La identidad de género (sentirse hombre o mujer) y nuestra orientación sexual son programadas en las estructuras cerebrales cuando todavía estamos en el vientre materno.
  • Las diferencias sexuales no sólo corresponden al género u orientación sexual, sino también a la cognición, la agresión y muchos otros comportamientos.

Referencia:

Swaab, D.F. (2007). Sexual differentiation of the brain and behavior. Best Practice & Research Clinical Endocrinology & Metabolism, 21 (3), pp. 431-444.

Comentario
Bueno, esta fue la presentación del artículo que comprendió las entradas de ayer y hoy. ¡Genial! Muchas cosas y datos aprendimos (aunque ya tarde, pero me excuso por muchas imprecisiones teóricas...es un tema bastante especializado). El mensaje principal, para simplificar las cosas -y que las podamos recordar en un futuro-, es que los comportamientos relacionados con el género y el sexo se determinan cuando aún nos estamos formando en el vientre materno. Es decir, la diferenciación sexual del cerebro es genética y congénita: dependiendo tanto de nuestro legado genético como de las influencias que se den durante nuestra formación, desarrollaremos patrones de conducta, comportamientos, tendencias o actitudes que en un futuro se corresponderán más con las de un hombre o con las de una mujer. Según Swaab, el entorno o aprendizaje sociales tienen poco que ver en la determinación de un cerebro masculino o femenino. Parafraseando tal idea en términos coloquiales: en la diferenciación sexual nacemos, no nos hacemos. Sin embargo, siendo más precisos: "nos hacemos" masculinos o femeninos en el vientre, por eso ya nacemos con eso.

EXO DEL CEREBRO SEGUNDA PARTE

 

 

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