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27/11/2013

PRIMERA PARTE

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La palabra redención no debe asociarse forzosamente con el dogma cristiano ni con la teología, con la
que su concepto tiene tantas connotaciones. En los cuentos de hadas, la redención alude, específicamente,
a las circunstancias en las que alguien que ha sido maldecido o hechizado es liberado a través de ciertas
contingencias o sucesos en el curso de la historia. Su naturaleza difiere esencialmente de la idea cristiana.
El tipo de maldición es variable. En un mito, fábula o cuento de hadas, un ser por lo general es
condenado a asumir la forma de un animal o la existencia de una vieja y monstruosa mujer o de un
horrible anciano y luego, por medio del proceso de redención, se transforma en un príncipe o en una
princesa. Los más diversos animales, distinguidos en los dos grandes grupos de sangre caliente y sangre
fría, como por ejemplo los osos, zorros o leones, que encontrarnos con frecuencia en el tema que nos
interesa, han proporcionado al mismo, símbolos o mitos. También podemos hallar aves —patos, cuervos,
palomas, cisnes, búhos— o simplemente puede tratarse de serpientes. En otros casos, alguien que ha sido
maldecido, se ve forzado, como consecuencia de ello, y sin desearlo, a ejercer el mal y la destrucción.
Por ejemplo, una princesa asesina a todos sus amantes, pero al final, cuando es liberada del hechizo, y en
virtud de esa redención, explica que fue impulsada violentamente por el poder del rito mágico a
conducirse de ese modo, situación que no volverá a repetirse. No volverá a hacer el mal. Éstos son los
principales tipos de destinos malignos que puede sufrir una persona en los cuentos de hadas, esos fatales
encantamientos, de los cuales él o ella son redimidos finalmente.

Una persona presa de un estado neurótico, en algunos aspectos puede muy bien compararse a un ser
humano hechizado. Forzados a un nivel muy bajo de comportamiento, la gente que padece una neurosis
es capaz de obrar de modo discordante y destructivo hacia ellos mismos y hacia los otros, con
motivaciones básicas o instintivas. Los cuentos de hadas que describen a tales seres no se detienen
explícitamente en el problema de la maldición, sino que abordan el método de la redención, y en este sentido hay mucho que aprender, por su similitud en los procesos terapéuticos y de recuperación.
Durante estos procesos, para dar un ejemplo general, hay personas embrujadas que tienen la
necesidad de ser bañadas en agua o en leche y, algunas veces, hasta de recibir golpes al mismo tiempo.
Algunas personas piden ser degolladas como cuando se les corta la cabeza a los zorros o a los leones.
Otras consideran indispensable que las amen, que les hagan caricias, que las besen e incluso hay quienes
precisan alimentarse con flores u otras cosas por el estilo.
También hay quienes quieren que se les cubra con una piel que pertenezca a algún animal
determinado. Hay personas que experimentan la necesidad de ser interrogadas y otras que no soportan
que se les pregunte absolutamente nada. Todos estos aspectos constituyen pues el tipo de asuntos, sobre
los que vamos a reflexionar atentamente.
Durante la terapia sucede a menudo que los doctores esperan encontrar recetas y fórmulas, pero
contrariamente a otras escuelas psicológicas, los seguidores de Jung —lamentándose— dicen que no hay
recetas para los distintos tipos de enfermedades. Cada caso es singular, un proceso único, con sus
circunstancias únicas y un camino único. Cada caso es individual y diferente. Ante semejantes
características podemos decir que no tenemos recetas terapéuticas para los distintos tipos de dolencias.
Por lo tanto, tampoco es posible, entonces, que tratemos el tema de una manera general en el transcurso
de una conferencia. Podemos, eso sí, aconsejar a aquellos que tienen la responsabilidad del seguimiento
profesional de casos, acerca de cuál debe ser su conducta ante cada paciente singular. En esta difícil
situación en la que el médico o el psicoanalista carece de reglas para alcanzar la curación de su paciente,
adquiere una gran importancia la interpretación de los sueños. Creemos que si desarrollamos una
profunda interpretación de los sueños de nuestros pacientes, cuidando de mantener una objetividad cabal,
tratando de reconocer y separar nuestras propias teorías, contamos ya con una pauta de actuación.
Lo que acabamos de mencionar deja claro que hasta ahora en una situación terapéutica sólo
disponemos, como guía y ayuda teórica, de la capacidad para interpretar de manera objetiva y esmerada
los temas que aparecen en los sueños, a través de los cuales puede llegarse a la comprensión de las
propuestas del inconsciente a los efectos de la curación.
Aquí entramos en un campo que no es sólo individual, pues aunque el proceso curativo es siempre
singular, los cuentos de hadas y los mitos ofrecen representaciones de procesos instintivos en los que la
psique presenta una validez general.
A ese nivel del inconsciente colectivo, encontramos representaciones de procesos de tratamientos
típicos para enfermedades igualmente típicas. De una manera general, si por ejemplo, sabemos lo que
significa un baño para una persona embrujada y el paciente sueña que el análisis es comparable a un
baño, tenemos un conocimiento directo del tipo de tratamiento que se nos propone. Por otra parte, si en
un sueño encontramos un tema donde aparece la necesidad de cortar en pedazos a una persona, tenemos
además, una percepción intuitiva de la dirección a seguir en el proceso de curación y un indicio para
escoger el método a aplicar en ese caso individual. Es obvio que siempre existe la cuestión de quién es el
que debe bañarse y cuál el que tiene que ser degollado, pero esa información, por lo general, es
proporcionada por los sueños mismos del paciente.
Por lo tanto, debemos examinar minuciosamente esa materia y observar el problema desde el punto de vista general, lo cual dificulta la comprensión de la materia mitológica y en especial de los cuentos de
hadas o fragmentos de las narraciones épicas del Gilgamesh, observamos cómo la identificación es
apoyada por el hecho de que los héroes se comportan como seres humanos: sufren, tienen miedo, están
tristes, son felices, experimentan en fin todos los matices de los sentimientos. Además, suelen
preguntarse como cualquier persona: «¿Qué debo hacer?». A través de todo esto se acercan al reino de
los humanos y a la posibilidad de que la gente pueda identificarse fácilmente con ellos. Los héroes de los
mitos, los encontramos más limitados a una determinada nacionalidad que los de los cuentos de hadas.
Con razones convincentes, los científicos han señalado que los héroes o las heroínas son muy diferentes
ya se trate de cuentos de hadas o de mitos. En los cuentos de hadas son mucho menos humanos, es decir,
no tienen vida interior, vida psíquica. No hablan consigo mismos, no tienen dudas ni incertidumbres, ni
reacciones humanas.
Allí el héroe es valiente, nunca pierde el coraje sino que por el contrario sigue luchando hasta vencer
al enemigo. La heroína puede soportar una prolongada tortura, sufrirá hasta el final, hasta alcanzar su
meta. Nunca se nos mencionan las reacciones humanas que puedan tener. Por eso, un científico, el doctor
Max Lüthi, ha llegado hasta expresar que los héroes del folklore son figuras en negro y blanco, una
especie de clichés, con rasgos muy característicos como la destreza, la capacidad de sufrimiento, la
lealtad, etcétera, y son figuras inmutables hasta el fin de la historia. En un cuento de hadas nunca nos
encontraremos con algo semejante a una conversión psicológica de sus héroes, mientras que en un mito
muchas veces apreciamos en ellos cambios de actitud. En despecho de sus características muy humanas,
estos héroes de cuentos de hadas no son del todo humanos. Esto se debe a que no se trata sólo de tipos de
seres humanos sino de arquetipos y por lo tanto no pueden compararse directamente con el yo humano.
No podemos tomar al héroe como si fuera un hombre, o a la heroína como a una mujer.
Personas que hayan indagado superficialmente una parcela de la psicología de Jung, pueden ser más
peligrosos teóricamente que si no supieran nada, pues toman un cuento de hadas y unos cuantos
conceptos jungianos, y se los aplican a los personajes confundiendo y mezclando el yo con el sí mismo,
con el ánima o con la sombra. Esto es peor que la carencia total de interpretación, pues es una forma sin
base científica, sin objetividad, ingenua y hasta deshonesta, ya que a fin de poder aplicar conceptos
jungianos a determinado personaje se ven obligados a distorsionar la historia. Por ejemplo, suponiendo
que uno está simplemente atrapado en un error y le adjudica la cualidad de sombra a una de las figuras
del cuento de hadas, y se da cuenta al final que esa forma no encaja completamente, tal persona dirá que
debió equivocarse desde el principio, o que no lo entendió del todo, o que todo el cuento de hadas estaba
equivocado. Otras veces pasan por encima la parte embarazosa con una declaración general y eludiendo
los problemas con varias ideas para hacer que sus conceptos armonicen. Si somos cautelosos podremos
ver cómo estos conceptos de psicología jungiana sólo pueden utilizarse con restricciones en la
interpretación de los cuentos de hadas. Yo misma descubrí esto; de pronto, me di cuenta de que debe ser
así porque los cuentos de hadas no son producidos por la mente individual y no son por lo tanto un
material individual.
El doctor Jung construyó parte de sus conceptos a través de las observaciones de su propio proceso
psíquico y en parte efectuando observaciones sobre los de los demás. Cuando hablamos del ánima pensamos en el hombre como individuo, en el ánima que pertenece a cierto individuo, o si nos referimos
al yo es de una persona humana de lo que hablamos, y la sombra, lo oscuro significan el lado inferior de
la persona. Pero sería un fraude introducir tales términos en un cuento de hadas, donde no corresponde, y
si fueron concebidos durante el proceso de observación de muchos individuos, es bastante dudoso que los
conceptos puedan aplicarse a una materia como los cuentos de hadas —materia que probablemente ha
sido producida por muchas personas o por un grupo—. Por lo tanto, debemos regresar al problema básico
de los cuentos de hadas. La explicación sobre su origen no ha sido aceptada enteramente y podemos
aventurar una hipótesis más, a partir de una que estudia estos temas desde el punto de vista psicológico.
Entre la gente sencilla, como por ejemplo, entre campesinos y leñadores, se ha creado el círculo en el
que hoy en día se sitúa la mayoría de los cuentos de hadas, de los que existen dos tipos muy particulares:
los que pertenecen a la saga local y los cuentos de hadas propiamente dichos. Con frecuencia los del
primer tipo no difieren mucho de los cuentos de hadas, sino que generalmente se trata de historias
fantásticas que suceden en algún lugar determinado, o en un castillo concreto. Se dice que la gente del pueblo presencio algún acontecimiento en particular, . La historia se recorta y se radica
en un sitio bien delimitado donde el héroe se convierte entonces en un ser humano definido y el cuento se
relata como si se tratase de un suceso determinado que realmente sucedió, a pesar de tener todas las
características de los cuentos de hadas. En éstos encontramos con frecuencia fenómenos parasicológicos
mientras que elementos como apariciones o fantasmas son más frecuentes en las sagas locales. Las
leyendas generalmente poseen un fundamento histórico o parcialmente histórico. Los santos o los
personajes históricos pueden figurar en este tipo de narraciones tradicionales.

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