LA PATERNIDAD ESPIRITUAL'Y EL COMPLEJO DE MARIONETA' 

ANANDA K. COOMARASWAMY

«Estos son realmente los pensamientos de todos los hombres en todas  

las edades y en todas las tierras, no son originales míos. Si no son  

vuestros tanto como míos, entonces no son nada, o casi nada»

Walt Whitman

 

El propósito de este capítulo es metodológico, y se trata principalmente de sugerir que el antropólogo se inclina demasiado a considerar las peculiaridades de los pueblos «primitivos» —Naturvṇlker— aisladamente, pasando por alto la posibilidad o la probabilidad de que estas peculiaridades no sean de origen local, sino que representen únicamente las supervivencias provinciales o periféricas de teorías que habían sido mantenidas por algunas o por todas las comunidades más sofisticadas, de cuyas comunidades los pueblos primitivos pueden representar sólo un declive. 

El primer ejemplo será el de la creencia de algunos pueblos de las islas del Pacífico así como australianos en una paternidad espiritual. El tema es hasta tal punto bien conocido por los antropólogos, que bastará citar, de un reciente artículo del Dr. M. F. Ashley Montagu,1 la siguiente observación: «prácticamente por todas partes en Australia… el intercurso sexual se asocia con la concepción, pero no como una causa de la concepción o del nacimiento…2 La creencia es más bien que un espíritu niño ha entrado en ella… tal es la doctrina oficial de la concepción espiritual, doctrina que se muestra ampliamente en su pensamiento… el intercurso sexual sirve para preparar a la mujer para la entrada del espíritu niño». Además, con referencia a los datos de Rohein, el Profesor Montagu observa que «parece probable que hasta que el nativo es iniciado en la interpretación social de la naturaleza de las cosas, está bajo la impresión de que el intercurso sexual se relaciona estrechamente con el nacimiento; sin embargo, cuando ha sido iniciado en las enseñanzas tradicionales, descubre que su anterior conocimiento elemental era incompleto, y gradualmente pasa su adhesión desde una creencia en la reproducción material a otra en favor de la reproducción espiritual». 

 

Obsérvense en estas citas las palabras «asociado con… pero no como una causa», «doctrina oficial», y «enseñanzas tradicionales». Antes de seguir adelante, debe observarse también que es una evidencia de un desarrollo intelectual más bien considerable, el hecho de ser capaz de distinguir entre un post hoc y un propter hoc, entre una concomitancia y una causación. Esta no es en modo alguno la única evidencia disponible de la «intelectualidad» de los aborígenes australianos. ¿Pero son ellos, me pregunto, más propensos que cualquier otro pueblo a haber inventado, en algún sentido fechable, sus propias «doctrinas oficiales»? ¿O no debería buscarse una explicación de fenómenos tales como la universalidad del motivo de las simplegades en la noción del «denominador común»?. Y también se podría intentar, igualmente, explicar de esa manera las formas de las palabras afines en lenguas emparentadas, así como la distribución de las ideas concordantes. 

 

La doctrina de los pueblos del Pacífico de la concepción espiritual es cualquier cosa excepto un fenómeno aislado. Por ejemplo, en la literatura budista canónica, se afirma explícitamente que para la concepción son necesarias tres cosas, a saber, la unión del padre y de la madre, el período de la madre, y la presencia del Gandharva,3 es decir, del Eros solar y divino. El Gandharva corresponde aquí a la Naturaleza divina que Filón llama «la causa más alta, la causa primera, la causa verdadera» de la generación, mientras que los padres son meramente las causas concomitantes;4 y a la «Naturaleza siempre productiva»5 de Platón y al «Padre» de San Pablo, ex quo omnis paternitas in coelis et terra nominatur.6 Sería difícil distinguir entre estas formulaciones y la de los aborígenes australianos, con su «doctrina oficial» iniciatoria, en la que el intercurso sexual se asocia con la concepción, pero no como su causa. Sería igualmente difícil distinguir entre la doctrina australiana y la doctrina de Aristóteles, de que «El hombre y el Sol7 generan al hombre»,8 o entre la doctrina australiana y la designación del Sol7 por Dante, una luz que preña, como «el padre de cada vida mortal», Sol cuyos rayos refulgentes capacitan a cada uno para decir, Subsisto.9 Estas formulaciones, a su vez, corresponden a las del Śatapatha Brāhmaṇa, donde, es en tanto que el Sol7 les «besa», es decir, en tanto que el Sol7 les insufla, por lo que cada uno de los hijos de los hombres puede decir «yo soy» (asmi), o, en las palabras del Comentador, «adquiere un sí mismo».10 Nuevamente, la distinción australiana entre la causa mediata y la causa primera de la concepción tiene un estrecho paralelo en la Jaiminīya Upaniṣad Brāhmaṇa: «Cuando el padre [humano] le emite así como semilla dentro de la matriz, es realmente el Sol7 quien le emite como semilla dentro de la matriz… de ahí nace, de esa semilla, ese Soplo».11 Ciertamente, uno no puede distinguir entre el «que pone la semilla en las plantas, en las vacas, en las yeguas, y en las mujeres»12 y el «Sol» de Dante, o el «espíritu de la fertilidad» de los «primitivos».  

 

Con mayor detalle, «No digáis, "del semen", sino "de lo que está vivo" [en él]»;13 es decir, «El que, presente en [tiṇṭhan = instans] el semen, a quien el semen no conoce… cuyo cuerpo [vehículo] es el semen…, el Inmortal»;14 «es ese Sí mismo espiritual presciente [prajñātman, el Sol]15 el que agarra y erige la carne».16 Esta doctrina, o, en otras palabras, que «la luz es el poder progenitivo»,17 son doctrinas cristianas familiares. Por ejemplo, «Presente en el semen» tiene su equivalente en Santo Tomás de Aquino: «El poder del alma, que está en el semen por el Espíritu encerrado en él, da forma al cuerpo»,18 y así «el poder de la generación pertenece a Dios»,19 y en las palabras de Schiller, Es ist der Geist der sich den Kṇrper schaft.20  

 

Similarmente, San Buenaventura escribió: Generatio non potest fieri in materia generabili et corruptibili secundum rationes seminales nisi beneficio luminis corporum super caelestium, quae elongatur a generatione et corruptione, scilicet a sole, lune es stellis;21 y, Jalālu'd Dīn Rūmī: «Cuando llega el tiempo de que el embrión reciba el espíritu vital, en ese momento el Sol deviene su sostén. A este embrión el Sol lo pone en movimiento, pues el Sol le dota de espíritu inmediatamente. Hasta que el Sol brilló sobre él, de las demás estrellas, este embrión recibió sólo una impresión. ¿Por cuál vía devino conectado en la matriz con el bellísimo Sol?. Por la vía oculta que se sustrae a nuestra percepción sensorial».22 

 

Sería posible citar más materiales de otras fuentes, por ejemplo, provenientes de los indios americanos, en cuyas mitologías, «virgen» quiere decir «no tocado por el sol». Pero ya se ha dicho suficiente para mostrar que hay, o que ha habido un acuerdo, más o menos general, respecto a que Spiritus es qui vivificat, caro non prodest quicquam;23 e incluso hoy hay muchos que pueden tomar seriamente el mandato: «En la tierra, no llaméis a ningún hombre vuestro padre: pues uno sólo es vuestro Padre, que está en el cielo».24 Es difícil ver en que difieren esencialmente estas distinciones entre la paternidad social y la paternidad espiritual de la «doctrina oficial» de los aborígenes australianos. 

 

Mi punto de vista es que no se puede pretender haber considerado sus «enseñanzas tradicionales», en su verdadera perspectiva, si se ignora su universalidad. En cualquier caso, mientras se considere que sus creencias son algo extraño y peculiar, y los productos de un tipo de mentalidad foránea, también se ignorará la pregunta, ¿cómo es que tantos tipos de hombres, y tan diferentes, han pensado lo mismo?. ¿Y no es ésta una pregunta que suscita el interés más absorbente, y una de las preguntas más esencialmente «antropológica»?. Si, como dijo Alfred Jeremías, es cierto que las diferentes culturas humanas son realmente sólo los dialectos de un único y mismo lenguaje espiritual,25 entonces, ciertamente, incumbe al estudioso del hombre preguntarse cuándo y dónde puede haberse originado este lenguaje espiritual. ¡En cualquier caso, cuanto más fácil deviene comprender la cultura de otro pueblo, cuanto más fácil deviene reconocer su plena humanidad, y cuanto más fácil deviene pensar con ellos más bien que pensar meramente de ellos o incluso por ellos, cuando el erudito se da cuenta de que sus «doctrinas oficiales» son las mismas que las que durante mucho tiempo han sido corrientes en su propio entorno, y que aún sobreviven en él!. 

 

Un segundo ejemplo es el del «complejo de marioneta». La Dra. Margaret Mead hace uso de esta expresión en su estudio sobre el carácter balinés, donde observa: «La marioneta animada, el muñeco que danza en una cuerda, las marionetas de cuero manipuladas por el marionetista, y, finalmente, las pequeñas danzarinas en trance, que devienen exageradamente ligeras y tenues a medida que danzan a petición de la audiencia, todo dramatiza este cuadro de aprendizaje involuntario, en el que lo que prevalece no es la voluntad del aprendiz, sino el modelo de la situación y la manipulación del maestro»; y habla de «la fantasía del cuerpo hecho de partes independientes separadas… la noción de que el cuerpo es como una marioneta, articulado en las juntas».26 Por supuesto, se da a entender que estas son peculiaridades especialmente balinesas. Aunque la observación no se relaciona con ningún primer principio gobernante, y, por consiguiente, no se ha comprendido plenamente, es excelente en sí misma: pues se comprende que la relajación de la danzarina, semejante a la de una marioneta, es la de una pupila obediente, que no se guía por su propia voluntad, sino por la voluntad de un maestro. Aquí sólo podemos hacer mención de las palabras de Cristo: «Yo no hago nada de mí mismo», y «más no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieres».27 E, igualmente, Boehme decía también: «No debes hacer nada sino abandonar tu voluntad propia, a saber, eso que llamas "yo" o "tú mismo". Por lo cual has de entender que todas tus propiedades malas crecerán en debilidad, flaqueza, y disposición a morir; y entonces te sumergirás nuevamente dentro de esa única cosa, de la que surgiste originalmente».28 De hecho, la danzarina no está expresándose «a sí misma», sino que es enteramente una artista, es decir, está inspirada, : su condición se describe muy acertadamente como una condición de trance o de éxtasis. Todo el procedimiento es la realización, en el arte, del principio de resignación vital. La religión y la cultura, lo sagrado y lo profano no se muestran divididos. 

 

En realidad, este «complejo», esta «fantasía», o esta «noción» (términos que se emplean demasiado condescendientemente) no es nada peculiarmente balinés, sino que es también igualmente indio y platónico, y casi tan ciertamente de origen indio en Bali como de derivación platónico-aristotélica en Europa. Además, este «complejo» se relaciona con/e implica otras dos doctrinas, a saber, la doctrina de la Līlā29 y la doctrina del Sūtrātman,30 y con el simbolismo tradicional del teatro.31 Platón ve en las marionetas (), con sus mociones automáticas y autocinéticas, un ejemplo típico de lo maravilloso () que es la fuente o el comienzo de la filosofía: así pues, es «en lo que concierne a lo mejor en nosotros, que nosotros somos realmente juguetes de Dios», y debemos danzar acordemente, obedeciendo sólo al control de esa única cuerda, por la que la marioneta está suspendida desde arriba, y no a los impulsos contrarios y no regulados, por los que las cosas externas arrastran a cada uno acá y allá, de acuerdo con sus propios gustos y disgustos.32 Pues como dice también Filón, «nuestros cinco sentidos», junto con los poderes del habla y de la generación, «todos éstos, como en los espectáculos de marionetas, son tirados por cuerdas por su Director (),33 ora en reposo, ora en movimiento, cada uno en las actitudes y mociones apropiadas a él».34 Para una marioneta, comportarse como ella querría, sería ciertamente contra natura; los movimientos que son inducidos por los apetitos personales no son libres, sino incalculados e irregulares. Pero el «Nous nunca yerra»,35 y «el Daimon siempre me retiene de lo que "yo" quiero hacer, y nunca me instiga»;36 y su verdad, a diferencia de la de este hombre, Sócrates, es irrefutable.37 

 

La Dra. Margaret Mead hace referencia a las juntas de la marioneta, y éstas, ciertamente, han de considerarse como los engranajes de un mecanismo cuyos ejes son los clavos.38 Pero lo más importante en el simbolismo de la marioneta es el hilo, en el cual están encordadas sus partes, y sin el cual la marioneta caería inanimada, como ocurre efectivamente cuando uno «entrega el espíritu» y «muere». La «noción de que el cuerpo es como una marioneta», no depende de una semejanza meramente externa, sino mucho más de la referencia al hilo o a los hilos guías que la mano del marionetista controla, como controla las riendas el conductor de un vehículo. «Ten bien presente que lo que tira del hilo es ese Ser oculto dentro de nosotros: eso hace nuestro habla, eso es nuestro habla, nuestra vida, nuestro Hombre… algo más Divino que las pasiones, que nos hacen literalmente marionetas, y nada más».39 

 

Esta analogía se formula así en el Mahābhārata: «Los gestos humanos son movidos por otro, como con un muñeco de madera encordado en un hilo».40 Y se hace la pregunta: «¿Conoces tú ese Hilo por el cual, y ese Controlador Interno por quién, este mundo y el otro, y todos los seres, están encordados juntos, y controlados desde dentro, de manera que se mueven como una marioneta, cuando cumplen sus respectivas funciones?»41 —o para hacer la misma pregunta en otras palabras, ¿conoces tú a questi nei cor mortali è permotore?42 ¿conoces tú a questi la terra in se stringe?.43 «Finos usos de madera recién pintados, sujetos con hilos y clavos… tal es la semejanza de estos miembros nuestros».44 «¿Quién hizo este muñeco (de madera)? ¿Dónde está su hacedor? ¿De dónde ha surgido? ¿Cómo perecerá?».45 Las respuestas a todas estas preguntas se habían dado hace mucho tiempo: «El Sol es el amarre al que estos mundos están amarrados… El Sol encorda estos mundos a sí mismo con un hilo, a saber, el hilo del Viento».46 Es así como «todo este universo está encordado en Mí, como filas de gemas en un hilo»;47 y, «ciertamente, el que conoce ese hilo, y el Controlador Interno que desde dentro controla este mundo, y el otro mundo, y todos los seres, ese conoce a Brahma, ese conoce a los Dioses, ese conoce los Vedas, ese conoce al Ser, al Sí mismo y todo».48 Éste es el trasfondo del «complejo de marioneta» de los balineses, trasfondo sin cuya comprensión no puede decirse que su «carácter» haya sido explicado, por muy cuidadosamente que pueda haber sido observado.49  

 

Las marionetas parecen moverse por sí mismas, pero son realmente activadas y controladas desde dentro por el hilo del que están suspendidas desde arriba, y sólo se mueven inteligentemente cuando obedecen a esta cuerda: y es en este automatismo, o apariencia de libre albedrío y automoción, donde la marioneta se parece más al hombre. Las marionetas son «autómatas», sí; pero en realidad no son más autómatas que cualesquiera otras máquinas capaces de moverse sin un poder puesto dentro de ellas, o transmitido a ellas continuamente por un principio inteligente distinto de una o de todas sus partes móviles.50 Si pudieran hablar también el lenguaje de la filosofía tradicional dirían: «No es mi sí mismo, el de estas partes de madera, sino otro Sí mismo, el Sí mismo de todas las marionetas, el que me mueve; y si yo parezco moverme por mi propia voluntad, esto sólo es verdadero en la medida en que he identificado mi sí mismo y todo mi ser y todo mi querer con los del Marionetista,51 que me hizo y que me mueve». Los autómatas hechos por el hombre son imitaciones de las creaciones de los artesanos míticos, , tales como Maya, Hefaistos, Dédalo, Regino, etc.; y si uno no quiere malinterpretar su significación, deberá tener siempre presente que «automático», que hoy día implica una actividad involuntaria y meramente refleja, tenía originalmente un significado casi exactamente opuesto, a saber, el de «actuar por la propia voluntad de uno», o el de «auto-móvil».52 Las «puertas automáticas» de la Janua Coeli,53 las simplegades en general, y sus jambas «automáticas», se malinterpretarán si no se comprende que ello significa que están «vivas», una animación que se denota explícitamente por la representación de las puertas aladas en la iconografía de la Puerta del Sol de los sellos babilonios.

 

Este artículo se publicó por primera vez en Psychiatry (Washington, D.C.), VIII, 1945. Reimpreso en «Am I My Brother's Keeper?», New York, 1947.

1Montagu, M. F. Ashley, «Nescience, Science and Psycho-Analysis», Psychiatry (1941) 4.45-60. En este artículo se encontrarán referencias a la literatura.

2Las bastardillas aquí están en el original. Las de las dos citas siguientes son mías.

3Majjhima Nikāya I.265-266. Los Gandharvas y las Apsarases son los gobernantes con respecto a los hijos o la falta de hijos (Pañcaviṁśa Brāhmaṇa IX.3.1).

4Filón Judaeus, Quis rerum divinarum heres 115.

5Platón, Leyes 773 E.

6Efesios 3.15.

7En todos estos contextos, en los que el «Sol» aparece con mayúscula, la referencia es, por supuesto, al «Sol interior», en tanto que se distingue del «sol exterior, el cual recibe su poder y su lustre del interior» (Jacob Boehme, Signatura rerum XI.75); al «Sol de los Ángeles», en tanto que se distingue del «sol de los sentidos» (Dante, Paradiso X.53-54; cf. Convito III.12.50-60). Este «Sol del sol» (Filón, De specialis legibus I.279; cf. De cherubim 97), Apolo en tanto que se distingue de Helios (Platón, Leyes 898 D, Plutarco, Moralia 393 D, 400 C, D) no es «el sol a quien todos los hombres ven», sino «el Sol a quien no todos conocen con la mente» (Atharva Veda X.8.14, «el Sol cuyo cuerpo es el sol», Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad III.7.9). La distinción tradicional entre los «soles» inteligible y sensible, invisible y visible es esencial para una comprensión adecuada de las «mitologías solares» y de los «cultos solares».

8Aristóteles, Física II.2.

9Dante, Paradiso XXII.116 y XXIX.15.

10Śatapatha Brāhmaṇa VII.3.2.12. Ver mi «Sunkiss», JAOS (1940) 60.46-47; y mi «Primitive Mentality», Quarterly Journal of the Mythological Society (1940) 31.69-91. Al Beso del Sol corresponde «la caricia de Zeus por su soplo» (Esquilo, Las Suplicantes, 344-345, en la versión inglesa de P. W. Smyth).

11Jaiminīya Upaniṣad Brāhmaṇa III.10.4. Cf. Pañcaviṁśa Brāhmaṇa XVI.14.5.

1212 ôgveda VII.102.2. Apenas hay necesidad de decir, o de buscar demostrar, que los simbolismos solares cristiano y pagano son homólogos. No obstante, puede citarse una ilustración en el Hymnus Matutinus de San Ambrosio:  

 

«Verusque sol, illabere  

Micans nitore perpeti;  

Jubarque Sancti Spiritus  

Infunde nostris sensibus» «Sol verdadero, penetra en nosotros;  

Tú que brillas con fulgor perpetuo;  

Oh Luz del Soplo divino  

Infunde nuestros sentidos» 

      lo cual es un equivalente casi literal de la Gāyatrī védica, ôgveda III.62.10.

 

13Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad III.9.28. 

14Ídem III.7.23. 

15Esta equivalencia es explícita en Aitareya Āraṇyaka III.2.3, donde Keith observa también que ésta es «la doctrina más común en las Upaniṣads». El «Sol» en cuestión es el Sol de ôg veda I.115.1, «el Sí mismo Espiritual [ātman] de todo lo que es móvil o inmóvil».

16Kauṇītaki Upaniṣad III.3.

17Taittirīya Saṁhitā VII.1.1.1, Śatapatha Brāhmaṇa VIII.7.1.16. Cf. Juan 1.4 «la vida era la luz». Desde el mismo punto de vista: Prima substantiarum est lux… Unumquodque quantum habet de luce tantum retinet esse divini (Witelo, Liber de intelligentiis VI, VIII).

18Summa Theologica III.32.11.

19Ídem I.45.5.

20Von Schiller, Johann C., Wallenstein III.13.

21San Buenaventura, De reductione artium ad theologiam 21; cf. Filón, Quis rerum divinarum heres 115, «¿No son los padres, por así decir, causas concomitantes solo, mientras que la Naturaleza [divina] es la causa más alta, la causa primera y la causa más verdadera del engendramiento de los hijos?». He agregado «divina», sólo para recordar al lector que la «Naturaleza» de Filón no es el mundo visible y objetivo, sino ese aspecto del poder de Dios por el cual Dios crea, es decir, la  de Platón, «la Naturaleza Eterna» que nosotros reconocemos en el engendramiento de los descendientes (Leyes 773 E). 

Equivale a lo mismo decir que «el Soplo es el poder progenitivo», y también que «el hombre es propagado desde el Soplo» (Pañcaviṁśa Brāhmaṇa XVI.14.5), puesto que el Soplo (prāṇaḥ) se identifica comúnmente con el Sol, es decir, el principio pneumático con el principio luminoso.

 

22Jalālu'd Dīn Rūmī, Mathnāwī I.3775-3779.

23Juan 6.63.

24Mateo 23.9.

25Alfred Jeremías, Handbuch der Altorientalischen Geisteskultur, 2ª edic., Berlín, Walter de Gruyter, 1929 (XVII y 508 pp.); en particular, el Prólogo.

26Gregory Bateson y Margaret Mead, Balinese Character: A Photographic Analysis, New York, New York Academy of Sciences, 1942 (pp. XVI y 277), pp. 17 y 91.

27Juan 8.28; Marcos 14.36.

28Jacob Boehme, «Discourse Between Two Souls», Signatura rerum, New York, Dutton, n. d. (288 pp.).

29A. K. Coomaraswamy, «Līlā», JAOS (1941) 61.98-101; y «Play and Seriousness», Journal of Philosophy (1942) 39.550-552.

30A. K. Coomaraswamy, «Primitive Mentality», referencia nota 10; «Symbolism», Dictionary of World Literature; «The Iconography of Dürer's "Knots" and Leonardo's "Concatenation"», Art Quarterly (1944) 7.109-128. Ver también Śaṅkarācārya, Śataślokī 12 y 55: el hombre es una cuenta encordada en el hilo del Sí mismo consciente, y de la misma manera que las marionetas de madera se manejan con cuerdas, así el mundo es operado por el Hilo del Espíritu.

31Cf. Réne Guénon, «El Simbolismo del teatro», Apercepciones sobre la Iniciación, XXVIII.

32Platón, Teeteto 155 D; y Leyes 644 y 803-844.

33Dux, Duque, Conductor, Guía; el Conductor solar; el netṛ de ôgveda V.50.1 y «el Sí mismo del sí mismo, el Conductor Inmortal» (ātmano' tmā netāmṛtaḥ), de Maitri Upaniṣad VI.7.

34Filón, De opificio mundi 117.

35Aristóteles, De anima III.10, 433 A.

36Platón, Apología 31 D; y Fedro 242 B.

37Platón, El Banquete 201 C.

38La función de los clavos no es tanto sujetar las juntas como permitir que los miembros se muevan libremente. Los clavos (, Platón, Timeo 43 A), sobre los que se mueven las juntas (), y que son comparables a los goznes () de las jambas de las puertas (Parménides en Sextus Empiricus, Adversus dogmatos III), se emplean ciertamente; pero a éstos también se les llama pivots (), y los miembros están atados por los tendones () que se tensan y distienden alrededor de los pivots, y así mueven las partes del cuerpo como si estuvieran sujetas a goznes (Timeo 74 B). Estos tendones son la contrapartida física de los «lazos de la vida» psíquicos (Timeo 73 B) que son disueltos en la muerte (Timeo 81 E); Filón, Quis rerum divinarum heres 242, Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad II.72.2; Maitri Upaniṣad I.4. Es por el «hilo» por quien las partes son co-ordinadas y movidas realmente: y así también en el hombre, «es por el Soplo por quien las juntas están unidas» (prāṇena sarvāṇi parvāṇi saṁdadhāti), es decir, por el Soplo vital a quien se llama el «Hilo del Espíritu» (sūtrātman), el Hilo «que une (saṁtanoti) este mundo» (Aitareya Āraṇyaka I.4.2, 3. Ver otras referencias en la nota 30).

39Marco Aurelio X.38 y XII.19; cf. II.2, III.16, VI.16, VII.3, VII.29.  

  

El simbolismo de la marioneta se relaciona estrechamente con el simbolismo indio, platónico, neoplatónico y posterior del carro, cuyos corceles son los poderes sensoriales que buscan sus propias praderas y deben ser domados y guiados por el conductor sabio, a saber, la Razón, que es la única que conoce la Vía o la «Senda Real».

40Mahābhārata, Udyoga Parvan 32.12.

41Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad III.7.1; cf. 4.1, combinado con los comentarios de Śankara.

42Dante, Paradiso I.116, «Este que es el motor interior del corazón mortal», lo cual corresponde a Maitri Upaniṣad II.6 «desde dentro de este corazón nuestro, el Movedor» (asmād-dhṛd-antarāt pracodayitṛ).

43Dante, Paradiso I.117. «Éste que reúne y aprieta en sí mismo toda la tierra».

44Therīgāthā 390, 391.

45Saṁyutta Nikāya I.134.

46Śatapatha Brāhmaṇa VI.7.1.17 y VIII.7.3.10.

47Bhagavad Gītā VII.7; comparar Tripurā Rahasya, Jñāna Khaṇḍa, V.119-124 (cf. nota 65).

48Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad III.7.1.

49El reseñador de esta obra de la Dra. Margaret Mead, The American Character, insiste justamente sobre el «peligro de… proporcionar razones psicológicas, o incluso biológicas, a características que deberían tratarse metafísicamente» (New English Weekly, 1944, 25.132). Las explicaciones «psicológicas» mismas serán inadecuadas si se pasa por alto la psicología tradicional, por ejemplo, la de Filón y la de la Bhagavad Gītā. En esta psicología tradicional se sostiene que no puede haber ningún error más grande, ni fuente de mal más grande, que concebir que «yo soy el hacedor». Desde el punto de vista de alguien que acepta esta axiología, el comportamiento de la danzarina balinesa es simplemente natural, y el del «artista» autoexpresivo moderno innatural.

50Por ejemplo, cuando La Mettrie dice, «El cuerpo humano es una máquina que da vuelo a sus propios saltos», está «explicando» un fenómeno por algo de un tipo que jamás estuvo en el mar ni en la tierra, algo tan inconcebible como «el hijo de una mujer estéril». Cuando continúa diciendo que «el alma no es sino un principio de moción o una parte material y sensible del cerebro», está proponiendo dos teorías enteramente diferentes, de las cuales la primera es de Platón, y la segunda revierte a su propia «máquina» inconcebible. Mi cita de La Mettrie está tomada de Wilbur Marshall Urban, Language and Reality, New York, Macmillan, 1939, p. 314. 

Erwin Schrṇdingen estudia en qué sentido puede el hombre comparase propiamente a una máquina en What is Life?, Cambridge, Macmillan, 1945.

 

51Sánscrito sūtra-dhāra, «detentador del hilo», y así «marionetista», «escenificador», y «carpintero». No carece de significación, también, que las marionetas sean de «madera»; puesto que la «materia prima» de la que está hecho el mundo es una «madera» (, sánscrito vana) y, por consiguiente, el hacedor es un «carpintero».

52Ilíada II.408; Hesíodo, Matrimonio de Ceyx, 2, y Opus 103, donde el término se usa para personas o poderes personificados. Aristóteles, Física II.6, interpreta «autómata» como «sin ningún propósito en sí mismo», y así «accidental» o «al azar»; pero esto no es congruente con los significados ya citados ni con el uso de  con , «crecer» (cf. sánscrito svaruḥ); según la mayoría de los estudiosos, el significado raíz es el de «actuar por la propia voluntad de uno». La verdadera analogía es con , «auto-moción», que es el tipo de moción más alto (Platón, Fedro 264 A, Leyes 895). Como es usual, el problema gira en torno a la pregunta, ¿Qué o cuál es el «sí mismo» implicado, el sí mismo exterior y mortal o el Sí mismo interior e inmortal? —donde éste último es el verdadero  .

53Ilíada V.409; comparar con Suparṇādhyāya XXV.1, y las «Puertas Activas» de la mitología céltica.

 

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