La respiración es la forma que tiene el hombre de conectarse con el universo. Respiración es vida y bien se dice así cuando se habla del hálito vital. Es también la manera en que el universo se comunica con nosotros, de la cual sacamos la energía necesaria para la existencia. La respiración es rítmica, y esto es lo primero que advierte aquél que quiere tomar conciencia de ella. Estos ritmos respiratorios, divididos en dos grandes categorías, se conocen como la aspiración y la expiración. Por la primera, se sabe, el hombre recibe el aliento cósmico. Por la segunda lo devuelve, una vez que ha obtenido por su medio el sustento imprescindible. Desde el punto de vista del macrocosmos o del universo, su expir corresponde a la aspiración del hombre y su aspiración a la expiración de éste. Hombre y mundo, microcosmos y macrocosmos, participan de la sola y única realidad del Verbo. La respiración es, pues, algo trascendente, de lo que es importante tomar conciencia, ya que, como se ve, es un medio poderoso y sencillo al alcance de cualquiera para poder entender en nuestro pequeño espacio, en nuestro laboratorio alquímico, y con nuestras imágenes, las realidades cosmológicas que se reflejan en el ser humano, pues éste ha sido generado con el mismo modelo del cosmos.

Como se ve, este alternarse de los ritmos conforma un ciclo binario igualmente válido para toda creación:

Como puede observarse, estos opuestos se complementan, y no podría ser el uno sin el otro. Por otra parte, es conocido que los ciclos respiratorios están en correspondencia directa con otros del cuerpo humano: la circulación de la sangre (diástole y sístole), y también con la asimilación alimenticia (ingestión y excreción)

Todos estos movimientos naturales, signados por el binario, se manifiestan también en el cuaternario, que los fija, equilibra y armoniza, reflejándolo dos a dos.

 

El órgano fisiológico del corazón no es, como se cree de ordinario, la sede del sentimentalismo y la sensiblería más pacata, sino que él ha sido tomado en todas las tradiciones como uno de los símbolos más patentes y claros de la idea de centro. En el cristianismo esto es obvio, pues cuando se habla del "Sagrado Corazón" de Cristo se está haciendo referencia a la parte más central de esa tradición, a la fuente misma de donde emana la esencia de su doctrina y sus más profundos misterios.

Su representación iconográfica en forma de triángulo invertido hace de él un recipiente donde descienden, y se depositan, los efluvios celestes que vivifican la totalidad del ser individual, haciendo posible que éste tome verdadera conciencia de su Ser Arquetípico. Por eso se habla del corazón como el lugar donde reside simbólicamente el Principio divino en el hombre, el Espíritu Universal que, con respecto a la manifestación, aparece como lo más pequeño, sutil e invisible, como bien señala la conocida parábola evangélica cuando habla del "Reino de los Cielos" asimilándolo al grano de mostaza, equivalente en la tradición hindú al "germen contenido en el grano de mijo", idénticos al éter o "quintaesencia", que es también el centro o corazón de la cruz elemental, tomada en este caso como un símbolo de todo el mundo manifestado.

 

 

Es de ese Principio de donde, en efecto, el hombre recibe el hálito vital, al mismo tiempo que la luz de la Inteligencia, o auténtica intuición intelectual que le permite conocer de manera directa, simultánea y sin reflejos (es decir no dual, racional o cerebral) a la Unidad en todas las cosas. En este sentido, recordaremos que en la Cábala la sefirah Tifereth (que en la simbólica constructiva corresponde al altar del templo) es llamada el corazón del Arbol de la Vida, pues al estar situada en el centro mismo del pilar del equilibrio hace posible que en ella se unifiquen y sinteticen las restantes sefiroth. Por eso esta sefirah también es llamada "Armonía", entendida como la auténtica expresión de la "concordia" universal, palabra que precisamente significa "unión de los corazones".

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