Es vital, esencia, que todo el proceso de concepción, gestación y alumbramiento de un niños, sea lleno de amor, serenidad y calma, es la forma de tener un niño lo más exento posible de traumas, inseguridades etc....quien no crea en nada de esto, está en todo su derecho, pero investiguemos y estudiemos sobre el tema...ejemplo, el del bebe que llora...¡acostumbrado a los brazos, el cólico del lactante?...no nos quedemos en esto, investiguemos, si el bebe succiona rápido el pecho, está ansioso..¿por qué?..usemos la coherencia, un bebe es sensikble y dependiente

¿Qué es?  ¿Dónde está?

La mayoría de las mujeres no tienen ni idea de qué es el cuello del útero (cérvix), dónde está, su función o tan siquiera su apariencia. El cérvix está aquí:

Y así es como se ve desde abajo, parecido a un glande:

La primera vez que oí sobre anatomía reproductiva básica estaba embarazada de mi primer hijo, y lo único que realmente aprendí sobre el cérvix es que está en la parte inferior de mi útero (me lo imaginaba como la apertura de un globo y mi útero era el globo que se iba a expander), y que se tenía que dilatar de 0 a 10 centímetros en el parto. También tenía que hacerse menos espeso (borrarse) y pasar de una consistencia parecida a la punta de mi nariz a la de la capa de piel que hay entre los dedos índice y pulgar, como derritiéndose. Y que durante el parto era necesario que comprobaran regularmente el cuello uterino para comprobar que la dilatación progresaba.

Pero eso fue todo. Fue en mi formación como educadora prenatal y doula cuando descubrí más cosas sobre el cérvix. Cosas que cambiaron para siempre mi enfoque  del acompañamiento a mujeres durante el parto.

Mito sobre el cérvix número 1 : 10 es el número mágico.

No, no lo es. ¿Sabías que se puede dilatar más de 10 centímetros? ¿Qué?  ¿Ahora todas tenemos que dilatar tanto? Suena espeluznante! Es espeluznante ¿verdad?

En realidad no. Al menos no más espeluznante que dilatar hasta 10. Dilaté bastante más de 10 centímetros en mi último parto, y la cabeza de mi bebé midió 14,75 cm.  Eso es, dilaté hasta casi los 15 cm. Y además sobreviví. Y además no me dolió más que en mis otros partos en los que dilaté sólo 10. Así que, sólo porque estés dilatada de 10 centímetros no significa necesariamente que estés preparada para empujar. Si no sientes el impulso de empujar a los 10 cm y se te ordena que lo hagas, forzarás el cérvix a abrirse “en contra de su voluntad” y resultará dañado. Si tienes una epidural previa y no sientes este impulso, el riesgo de daños es todavía mayor.

Mito sobre el cérvix número 2. El cuello del útero dilata en una forma perfecta de círculo.

El cuello uterino no dilata como un círculo como se dibuja en las imágenes que enseñan la dilatación. En realidad se abre como la elipse dibujada más abajo.

 

Source: MidwifeThinking.com

“Se abre desde atrás hacia delante como una elipse. La apertura se encuentra enclavada en la parte trasera de la vagina y durante el inicio de la dilatación se abre hacia delante. En algún punto del proceso casi todas las mujeres tienen un reborde anterior (que significa que la parte superior del cérvix no está totalmente dilatado) porque es la última parte que sube sobre la cabeza del bebé. Que este reborde se detecte o no depende de si se realiza o cuando se realice un tacto vaginal. Un borde posterior es muy extraño porque esa parte del cérvix desaparece antes, o porque es difícil alcanzarla con los dedos.

Mito sobre el cérvix número 3. Los tactos vaginales no dañan el cérvix ni dificultan la dilatación.

La matrona Carla Hartley en Ancient Art Midwifery lo explica así:

“El cérvix no debería ser tocado, se produce una respuesta inflamatoria al material extraño (los guantes) y a la presión, y una respuesta hormonal. Al cuerpo puede resultarle confuso que, mientras intenta vaciar el útero, se de una interferencia desde el cuello del útero al ser tocado y manipulado de una manera extraña para él. LOS TACTOS VAGINALES NO SON FISIOLÓGICOS Y SUPONEN UNA INTERRUPCIÓN AL PROCESO NATURAL DEL PARTO.

Y sobre pujar… NO LO HAGAS… tu cuerpo sabe como expulsar un bebé sin tu ayuda, es un reflejo. Ni siquiera esperes tener ganas, sólo espera una sensación de tu cuerpo tomando el control absolutamente, sacando al bebé como está DISEÑADO para hacer.

Habló mucho sobre el abuso verbal y digital en el parto, y los tactos vaginales son un ejemplo de abuso digital.

Las matronas (y los obstetras y enfermeras) que piensan que los tactos vaginales son buenos o necesarios no tienen la formación suficiente o no están actualizados con los conocimientos científicos que prueban que el parto es más seguro si se deja tranquilo sin intervenir. La manera más segura de actuar una matrona es con las manos fuera y la boca cerrada.”

Mito sobre el cérvis número 4. Tu cuello uterino es diferente y está aislado de otras partes del cuerpo.

Ina May Gaskin, la madre de la matronería moderna ha acuñado un término llamado “la ley del esfínter”. Esta ley declara:

Los esfínteres (incluyendo el anal, cervical y vaginal) son los responsables de traer a tu bebé al mundo. Si los esfínteres están apretados, el parto no progresará y habrá más dolor.

¿Qué es exáctamente la ley del esfínter de Ina May?

1.  El esfínter anal, el cervical (el cuello del útero) y el vaginal funcionan mejor en una atmósfera de intimidad y privacidad. Por ejemplo, un baño con pestillo o un dormitorio donde las interrupciones son improbables o imposibles.

2.  Estos esfínteres no se pueden abrir a la fuerza ni responden bien a órdenes de pujar o relajar.

3.  Cuando el esfínter está en proceso de apertura, se puede cerrar repentinamente si la persona se enfada, asusta, es humillada o consciente de sí misma. ¿Por qué? Los niveles altos de adrenalina en el torrente sanguíneo no favorecen (y muchas veces impiden) la apertura de esfínteres. Estos factores inhibidores son una razón importante por la cual las mujeres en las sociedades tradicionales normalmente escogen otras mujeres, excepto en circunstancias extraordinarias, para acuompañarlas y atenderlas durante la dilatación y el parto.

4. El estado de relajación de la boca y la mandíbula está directamente relacionado a la habilidad del cérvix, la vagina y el ano para abrirse completamente.

Insisto, y en otras palabras:

Boca abierta = Cérvix abierto

Garganta abierta = Vagina abierta

La ley del esfínter
Wiessinger habló de la Ley de Esfínter, postulada por la famosa matrona defensora del parto en casa Ina May Gaskin. Lo que viene a decir esta ley es que el cuello del útero (cérvix) funciona como un esfínter y, como el resto de esfínteres del cuerpo humano, no reacciona bien ante las órdenes, presiones o el miedo.

El mejor ejemplo de esta ley es cuando una persona intenta orinar o defecar en una situación de falta de intimidad (baño público o con alguien delante) o de presión. Normalmente, ante este tipo de estímulos los esfínteres se cierran (¿respuesta fisiológica evolutiva que favorece el instinto de huida por encima de otras necesidades?), por lo que resulta extremadamente complicado.

De igual manera sucede con el parto, más aún si cabe cuando la situación de la madre es extremadamente expuesta desde un punto de vista biológica y tremendamente falta de intimidad si tenemos en cuenta las rutinas hospitalarias actuales. En situaciones de miedo, exposición, vergüenza o presión el cérvix responde cerrándose… Lo cual explica por qué partos perfectamente normales se “paran” cuando la futura madre llega al hospital.

Es casi imposible parir con eficacia con los labios apretados y la garganta cerrada. Puedes intentarlo ahora mismo… cuando relajas la mandíbula, abres la boca y la garganta, las nalgas se relajan automáticamente y te undes en la silla. Ina May habla de los beneficios de los besos, y de mantener la boca y los labios sueltos y abiertos. Besar también provoca la segregación de oxitocina y otras hormonas del amor que elevan la tolerancia al dolor y aceleran el parto.

 

El humor como vía de escape
Los años de experiencia de Ina May Gaskin en este tipo de situaciones la han llevado a argumentar que una de las mejores soluciones para este tipo de situaciones es el recurso al humor.

Una broma, un chiste o cualquier otro intento similar para crear un ambiente distendido buscando la risa o la sonrisa tienen dos efectos principales:

  • Fomentan la secreción de endorfinas que pueden neutralizar a la adrenalina que ha causado que el parto se pare.
  • La risa relaja la boca y la mandíbula, fomentando así la relajación del cérvix y del útero.


Este último efecto, el de la relajación de la boca y la mandíbula, se puede lograr también de otras maneras, como, por ejemplo emitiendo gruñidos graves o bufando como un caballo (dejando que vibren los labios). Un apasionado beso con la pareja también contribuye a mantener la mandíbula relajada. Aunque si el parto se produce en un ámbito hospitalario, prácticamente la mejor solución es pedir al equipo médico un poco de intimidad. 

La ley del esfínter formulada
- Los esfínteres no reaccionan bien ante las órdenes.
- Los esfínteres funcionan de manera óptima en un ambiente íntimo.
- Los esfínteres se pueden cerrar bruscamente con las agresiones a la intimidad o la confianza. 
- Los esfínteres se abren de una manera más efectiva cuando la boca y la mandíbula están abiertas y relajadas. 

Y siguiendo con la comparación entre el parto y otros actos fisiológicos propios del cuerpo humano, en otro momento de su exposición Diane Wiessinger comentó las ventajas del parto en casa con otra curiosa analogía: muchas veces nos vamos de viaje y lo pasamos genial, pero nuestro cuerpo espera a llegar a casa para vaciar los intestinos… El cuerpo es sabio y reconoce perfectamente cuando se encuentra en un entorno de paz, tranquilidad y confianza. Y si esto es aplicable a un acto tan poco significativo como cagar, con cuánta más razón se le debería prestar atención cuando se trata de parir.

El parto de Katherine fue tan fácil y psicodélico, tan rápido y excitante que de verdad recomiendo tener un segundo bebé incluso si has tenido un parto difícil con el primero. Con el nacimiento de Patrick, mi primer bebé, me gane la fama de ser una de las peor paridoras de The Farm.*

Una mañana, tuve algunas punzadas irregulares en la parte baja de la tripa, pero Leigh me convenció para que le dejara ir a una cita que tenía en un pueblo a 20 millas de distancia. Pensé que quizás podía ir y yo me aprovecharía para barrer y limpiar. Pero [las punzadas] seguían viniendo. Por la tarde me tumbé y me di cuenta de que se estaban volviendo más fuertes. Así que fui a llamar a las matronas, pero nuestro teléfono no funcionaba y tuve que ir a casa de los vecinos para llamar. 


En el camino de vuelta a casa, con cada expansión tan psicodélica,** me abracé a los viejos y enormes robles a lo largo del camino. Kathryn llegó pronto y dijo que ya había dilatado del todo y que teníamos que darnos prisa en prepararnos. Luego cogió tranquilamente mi mano y calmó todos mis miedos sobre si iba a hacerlo bien. Dijo que lo estaba haciendo bien y que podía empujar si tenía ganas de hacerlo. Lo hice.


En mi primer parto aprendí que tipo de pensamientos hacen que avance y me sentía tan bien que todo en lo que podía pensar era en el gran milagro que es estar vivo y cuanto quería a mi bebé y a todo el mundo, y que quería que salir fuera rápido y fácil para el bebé. 


También pensé en Leigh. Uno de mis mayores miedos parecía que se iba a hacer realidad: que él no estuviera cuando tuviese al bebé. Pero no era bueno que me quedara con esa idea (garganta tensa).*** Así que en su lugar, solo pensé en cuanto quería a estas maravillosas mujeres que me estaban ayudando, Kathryn y Mary. 

Fuente: I.M Gaskin. Spiritual midwifery

Justo habíamos perdido la esperanza de que Leigh llegara antes que el bebé, cuando abrió de golpe la puerta, se quitó el abrigo y la camisa y salto a la cama (¡mi héroe!). Nos besamos y tuve expansiones y empuje a mi bebé. Podía sentir su cabeza y era tan agradable empujar sincronizada con esas fuertes expansiones tántricas. Fueron las más intensas que he sentido nunca. Me llevó solo dos empujones conseguir que la cabeza saliera. No fue para nada duro. Fue divertido.

Ella era gordita y sonrosada y todos estabamos tan colocados****. (y queríamos tanto a las matronas que la llamamos Katherine Mary). La próxima vez las llamaré aunque piense que estoy de parto o no. 



Extraído de: I.M. Gaskin. Spiritual Midwife




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