Michel Odent:

   “Hay que liberar la hormona del amor para mejorar los partos”

Cuando hablamos de parto siempre nos viene a la cabeza aquel momento extremadamente doloroso en que un bebé atraviesa el canal del parto hasta salir al exterior.

Son numerosas las técnicas y las recomendaciones para tratar de paliar ese dolor y hacer del parto un momento lo más placentero posible.

Sin embargo hablar de un parto placentero suele ser una manera de decir “creía que sería peor” y al parecer algunas mujeres son capaces de tener un orgasmo en el momento de parir, dando así al término placentero un significado mucho más real.

La explicación biológica, según los estudios iniciados por la Dra. Beverly Whipple en 1989, es que la presión que ejerce la cabeza del bebé en el sistema nervioso pélvico estimula muchos de los puntos que tienen un papel determinante en los orgasmos vaginales, cervicales y de clítoris.

Durante el parto, además, se produce más oxitocina, la hormona del amor que se segrega también en más cantidad cuando estamos enamorados, con las personas que nos hacen sentir bien y cuando mantenemos relaciones sexuales.

“Me habían dicho que esperara un parto doloroso, sin embargo yo estaba preparada para una sensación de éxtasis sexual, algo así como la misma sensación producida por la penetración… agachada sobre mis rodillas tomé al bebé que venía desde mi vagina a este pequeño mundo a través de mis piernas en medio de un extraordinario orgasmo”
, extraído de They Don’t Call it a Peak Experience for Nothing, por Ruth Claire.

 

Las cuatro claves que explica Yvonne Fullbright, sexóloga, para lograr disfrutar al máximo del momento del parto son superar los temores, asumir que el embarazo no es un obstáculo para la vida sexual, estar dispuesta a abrazar la idea del placer sin límite durante el parto, y no poner barreras psicológicas a la llegada del momento.

 

Si repasamos un poco el momento del parto estaremos de acuerdo en que forma parte de la sexualidad de la mujer y de esta manera pensaremos que, por qué no, algunas mujeres pueden vivirlo con placer hasta el punto de tener un orgasmo.

 

Sin embargo es complicado pensar que pueda suceder a muchas mujeres por la dificultad de eliminar los temores y las barreras psicológicas como sugiere la Dra. Fullbright. Un parto está visto socialmente como algo doloroso y poco placentero y a pesar de ser un acto sexual la intimidad es muy pobre.

 

Esta falta de intimidad hace que a muchas mujeres les cueste desinhibirse y les cueste entrar en el estado emocional y psicológico adecuado para que la naturaleza siga su ritmo (¿alguien se imagina manteniendo relaciones sexuales con una multitud de personas alrededor intentando controlar el ritmo, la respiración o la postura?).

 

Quién sabe, quizá algún se devuelva a las mujeres el poder sobre su cuerpo y lleguen a tener partos más respetuosos y placenteros.

 EL MUNDO)

LONDRES.- Amber Hartnell en ningún momento había pretendido tener un parto orgásmico. Simplemente, le sucedió. "Sencillamente, logré alcanzar ese estado de éxtasis en el que se suceden esos picos orgásmicos. Eran como oleadas arrolladoras que iban penetrando hasta lo más profundo de mí mientras yo reía y gritaba. No me sentía como si estuviera teniendo contracciones. Eran, más bien, como una especie de arrebatos. Y, de hecho, no experimenté dolor, sino sensaciones verdaderamente intensas".

Para la mayoría de las mujeres que han dado a luz -y, también, para la mayoría de los hombres que lo han presenciado- tales "sensaciones" no son otra cosa que un eufemismo de dolor: la mayoría de ellas no ha experimentado durante el parto nada que pudiera parecerse mínimamente a un orgasmo.

Pero Amber Hartnell afirma que eso fue lo que le ocurrió a ella mientras daba a luz a su hijo Orus, un niño que tiene ya tres años y medio. El parto de Amber fue natural, en una bañera especial para parturientas que tenía en su casa y duró 12 horas. Tales "arrebatos orgásmicos" se le estuvieron produciendo durante dos tercios, aproximadamente, de dicho tiempo y hasta el final del proceso.

"Desde luego, fue el placer más extraordinario y avasallador que haya podido experimentar en mi vida", comenta Amber Hartnell. "Fue algo así como si una suerte de flujo energético hubiera recorrido todo mi interior". Además, asegura que no tuvo que prepararse demasiado antes de dar a luz.

"Habitualmente, hago yoga para mantener mi cuerpo flexible y he practicado la meditación. Pero únicamente había leído un libro sobre partos, porque no quería llenarme la cabeza de información. Lo que quería, en realidad, no era otra cosa que abrirme al proceso".

Ahora, aquella experiencia suya se ha convertido en un acontecimiento global. Amber Hartnell, de 29 años de edad, un ama de casa que vive en la isla de Kauai, en Hawai, aparece en un documental titulado 'Parto Orgásmico', que se ha emitido en EEUU, y que se está proyectando en numerosos eventos especiales en todo el mundo.

El propio marido de Amber Hartnell la había filmado mientras ella estaba dando a luz y ambos se mostraron de acuerdo en permitir que el director del mencionado documental utilizara las imágenes.

La reacción de los espectadores

La respuesta del público ante el documental ha sido tanto de fascinación como de horror. Para muchas mujeres, la idea de que el hecho de dar a luz a un hijo pueda ser una experiencia de carácter orgásmico resulta algo demasiado extravagante y hasta ofensivo.

Una bloggera que se encuentra en un estado de gestación muy avanzado, escribe que "puede entender el dolor como algo natural en el proceso de dar a luz, así como hacer que el cuerpo lo supere, transformándolo en lo más agradable. ¿Pero orgásmico? No. En mi opinión, quien lo encuentre orgásmico necesita ayuda".

Amber Hartnell, sin embargo, afirma recibir cientos de mensajes de entusiastas seguidoras suyas, incluyendo entre ellos los de varias mujeres embarazadas que cambiaron sus planes para el parto a raíz de haber visto la película.

El título del documental es, de hecho, equívoco. Mientras que se entrevista a varias mujeres que aseguran haber tenido un orgasmo durante el parto, la película trata de los denominados nacimientos serenos, es decir, partos naturales en un ambiente del propio hogar, sin hacer uso de ninguna clase de medicamentos.

Únicamente en un entorno como éste, unas cuantas mujeres han sido capaces de alcanzar el orgasmo en el curso del parto, según afirma Marsden Wagner, ex director de Salud Infantil y de Mujer de la Organización Mundial de la Salud. "Es preciso que todo sea igual que cuando se hace el amor", asegura este médico en el documental. "Ha de ser un proceso tranquilo, seguro e ininterrumpido".

Partos naturales

En el documental aparece también May Gaskin, la más famosa activista a favor del parto natural en EEUU, cuyo libro Comadrona Espiritual es la biblia sobre partos para madres modernas. Defensora del 'nacimiento extático' -un parto agradable y sin medicamentos-, May Gaskin hizo una encuesta a 151 mujeres, de las que 32 afirmaron haber tenido un parto orgásmico. May asegura que un nacimiento extático es "el momento cumbre más natural del que haya oído hablar, donde la mujer descubre realmente su cuerpo".

"La presión que ejerce la cabeza del bebé sobre las paredes de la vagina, así como la apertura y dilatación de los tejidos mientras la cabeza del niño desciende, proporciona a algunas mujeres una inesperada sensación de excitación sexual, incluso de éxtasis", añade.

Debra Pascali-Bonaro, la productora de la película, una educadora prenatal, asegura que esa capacidad de la mujer para sentir un placer físico de gran intensidad durante el parto es 'el secreto mejor guardado'. Tan bien guardado que muchas argumentan que tal fenómeno no existe. Por tanto, el debate es sobre si lo que han experimentado esas mujeres ha sido un verdadero clímax sexual o, simplemente, lo que han sentido no ha sido sino una especie de respuesta sadomasoquista, confundiendo el dolor intenso con el placer.


 

Michel Odent

afirmó que cuando una mujer engendra a su bebé sin ninguna interferencia en el nacimiento, excepto una matrona “callada”, y la madre le mira tiene un estado “casi orgásmico”, algo que, según el experto, en la sociedad actual es “muy raro porque durante miles de años las culturas han intervenido y esto es lo que hay que redescubrir”.

Michel Odent

Destacó que las sociedades han interferido en el proceso durante miles de años con creencias culturales, y advirtió de que “la cantidad de mujeres que dan a luz a su bebé y al alumbramiento gracias a la liberación de las hormonas naturales este número está llegando a ser cero”

 

                         MICHEL ODENT

Indicó que “las mujeres que todavía paren por la vía vaginal la mayoría necesita un sustituto farmacológico, drogas, para poder reproducir lo que hacen las hormonas”. “No pueden fácilmente liberar las hormonas cuando no están en un entorno apropiado”, señaló el especialista, que agregó que “hoy en día la mayoría de las mujeres dan a luz con oxitocinas  sintéticas para reemplazar la oxitocina natural porque no pueden liberarla”.

   De ahí que, en su opinión, “todos los medicamentos, como la anestesia epidural, inhiben la liberación de las hormonas naturales”. Añadió que incluso hoy en día cuando la mujer puede dar a luz por sí misma “normalmente se le da un medicamento para poder alumbrar la placenta, por tanto este medicamento bloquea la liberación de las endorfinas que la mujer se supone que debería liberar justo después de dar a luz al bebé”.

   Ante esta situación, advirtió de que habrá que hacer nuevas preguntas sobre qué pasará después de “tres o cuatro generaciones y si serán obsoletas las hormonas del amor”, además de “qué pasará en términos de civilización porque nosotros somos humanos, no cabras o manos”.

Michel Odent

 Hzo especial hincapié en que “cuando se interfiere en el nacimiento de otro mamífero la madre no cuida a su bebé”. En todo caso, indicó que esto en los humanos “es muy complejo.

   “Si por ejemplo las ovejas tienen epidural la madre no va a cuidar al bebé y no hay lactancia tampoco, pero en el humano es más complejo porque nosotros hablamos y creamos cultura, así que nuestro comportamiento en algunas situaciones es menos directamente el efecto del equilibrio hormonal y es más el entorno cultural lo que influye”, explicó Odent.

   No en vano, argumentó que “cuando una mujer está embarazada ella sabe que lo está y que va a tener un bebé, pero otros mamíferos tienen que esperar hasta el día cuando liberan ese cóctel de hormonas del amor para interesarse por sus bebés”. Asimismo, subrayó que “hay que pensar qué pasaría si todos los bebes nacen por cesárea y cuál es el futuro de la civilización”.

   Odent, autor del primer artículo sobre el comienzo de la lactancia durante la hora siguiente al nacimiento y el primer artículo acerca del uso de piscinas para partos, reiteró que “hay muchas diferencias entre niños que nacen por cesárea de los que nacen de forma natural”.

   No obstante, dijo que “hay muchos casos particulares porque para muchas mujeres una cesárea puede ser una liberación después de un parto muy difícil, mientras que para otras puede ser un fracaso”.

NECESIDAD DE NO SENTIRSE OBSERVADA

   Asimismo, incidió en que “hay un estadio emocional muy típico y que es muy raro en la sociedad y que es que cuando realmente no se interfiere en absoluto en el nacimiento, que no hay nadie alrededor de la mujer, excepto una matrona callada, cuando nace el bebé y la mamá le mira tiene un estado casi orgásmico”.

   En este sentido, el también director del Congreso abogó por “la necesidad de una mujer cuando da a luz de privacidad, no sentirse observada, y también sentirse segura”, al tiempo que apostó por “redescubrir las necesidades básicas del parto”, algo que admitió que “es muy difícil después de miles de años de condicionamiento cultural, pero no imposible”.

   La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), junto con la Primal Health Research (Londres) y el Hospital Materno-Infantil de Gran Canaria, organizan el Congreso Interatlántico sobre Parto e Investigación en Salud Primal, que también cuenta con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

   El encuentro se celebrará desde hoy y hasta el domingo en el Auditorio Alfredo Kraus. La Investigación en Salud Primal es una rama de la Epidemiología que explora las correlaciones entre lo que sucede durante el período primal (vida fetal, período perinatal y el primer año de vida) y lo que surge más tarde, en términos de salud y rasgos de personalidad.

CESÁREA, FÁCIL Y RÁPIDA

   El objetivo del simposio es plantear nuevas preguntas y respuestas en una época en la que los rápidos avances técnicos y científicos están llevando la historia del parto y de la humanidad a una encrucijada: por un lado, la cesárea se ha convertido en una fácil y rápida operación; y, por otro, un gran cúmulo de datos científicos actuales sugieren el carácter crítico que el período perinatal desempeña en el desarrollo de la capacidad de amar.

   Entre los expertos que participarán, destacan el profesor Michael Stark, catedrático berlinés considerado el ‘padre’ de una técnica simplificada para cesáreas de forma fácil y rápida y fundador de la New European Surgical Academy; la profesora Kerstin Uvnäs-Moberg, experta en los efectos de la oxitocina sobre el comportamiento; Anthony Costello, Catedrático de Salud Internacional en el Instituto de Salud Infantil de Londres; y el doctor Mario Merialdi, coordinador de Salud Materna y Perinatal de la Organización Mundial de la Salud, entre otros.

NOTA: Todo es con la intención..si sabemos conocemos y entendemos, así no ejuiciamos y dejamos de generar problemas, el Amor la expresión del mismo..toda belleza es una explosión, una amalgama de energías cósmicas circanvalando como por un circuíto...saber de esto entender..desde el conocimiento justo correcto, nos da libertad y camino seguro hacia el lugar del cual venimos..sentir a Dios es gozo, es placer, es un ir....Benditos todos los momentos..creemos puentes de Amor Pincha en la imagen para ampliar

 

 

* “Una observación sobre la fisiología del parto en la especie humana: Al adquirir la posición erecta, el plano de inclinación del útero se hace casi vertical, quedando el orificio de salida hacia abajo, sometido a la fuerza de la gravedad. Esto supone/requiere un perfeccionamiento del dispositivo de cierre y apertura del útero, un cierre más fuerte para sujetar 9 u 11 Kg. de peso contra la fuerza de la gravedad. Y el dispositivo de cierre y apertura del útero no es otra cosa que el cuello, cuya relajación total deja una abertura de hasta 10 cm. de diámetro. Por eso el origen del auténtico orgasmo femenino está en el cuello del útero. Nuestra opinión, contrastada con Merelo-Barberá, es que el orgasmo fue el invento evolutivo para accionar el dispositivo de apertura del útero.” Casilda Rodrigañez, “La sexualidad de la mujer”


* “Los testimonios de mujeres que han tenido partos orgásmicos han sido recogidos por la sexología científica desde mediados del siglo pasado; Juan Merelo Barberá presentó un informe al respecto en el Congreso de Ginecología de París en 1985. Algunos de estos registros son: Alfred Kinsey del Institute for Sex Research de la Universidad de Indiana (EEUU) que cita tres casos; Masters y Johnsons del Reproductive Biology Fundation (Missouri, EEUU) citan doce casos en su libro Human Sexual Response; Shere Hite , en su Informe, dice haber recogido varios testimonios sin decir el número (con una cita textual de una mujer que aseguraba había sido el mayor orgasmo de su vida); en España, Serrano Vicens se encontró algún caso, y el propio Juan Merelo halló nueve casos en su investigación; en Francia el Dr.Schebat del Hospital Universitario de Paris, en el propio hospital, registró, en un total de 254 partos, 14 casos de partos orgásmicos. Juan Merelo no cesó de insistir en que es más frecuente de lo que podamos pensar.” Casilda Rodrigañez, “Partos orgásmicos”


* “Desde el año 1.989 tuve conocimiento de experiencias orgásmicas durante el parto y hemos reportado durante estos veinte años más de cincuenta mujeres que lo han tenido. Una ponencia titulada: Del parto con dolor, al parto sin dolor y al parto orgásmico la presentamos en el XVI Congreso Mundial de Sexología en La Habana, Cuba en marzo de 2003.” Cruz Yayes Barco


* “May Gaskin, escritora y activista a favor del parto natural en EEUU, realizo una encuesta a 151 mujeres, de las que 32 afirmaron haber tenido un parto orgásmico: La presión que ejerce la cabeza del bebé sobre las paredes de la vagina, así como la apertura y dilatación de los tejidos mientras la cabeza del niño desciende, proporciona a algunas mujeres una inesperada sensación de excitación sexual, incluso de éxtasis.”Ducumental (dvd), “Orgasmic birth”

 

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 “Hoy en día conocemos las hormonas que acompañan el placer y la actividad sexual. Creo que es universalmente conocido que la oxitocina, la hormona del amor como la llamo Niles Newton, se segrega cuando hay alguna actividad sexual. Y al mismo tiempo, la oxitocina también esta reconocida como oxitócico; tiene el efecto de distender los haces musculares del útero y dilatar su boca. De hecho la medicina utiliza la oxitocina sintética para inducir o acelerar el parto. El que la hormona del amor tenga receptores en los músculos uterinos y sea oxitócica, creo que es una prueba de que el proceso fisiológico del parto pertenece a la esfera de los fenómenos fisiológicos amparados por la sexualidad de la mujer. Y también que la fabricación de oxitocina sintética, es una prueba de la robotización de la fisiología de la maternidad. […] En su famoso tratado sobre sexualidad, Masters y Johnsons aseguran que en todo orgasmo femenino se producen contracciones del útero, lo que viene a ser otra perspectiva para entender las contracciones del parto así como los partos orgásmicos, y que nos lleva a lo mismo; es decir, que el fenómeno conocido como orgasmo consiste en unos movimientos rítmicos del útero (contracciones o latidos) que al relajarse y distenderse, relajan también el cervix. […] Pero sin duda, una de las respuestas más importantes la encontramos en la investigación de Maryse Choisy, en base al seguimiento de la vida sexual de 194 mujeres a lo largo de 15 años, según el cual el orgasmo femenino auténtico es el cervico uterino, el que tiene su epicentro en el útero.” Casilda Rodrigañez, “La maternidad y la correlación entre la libido y la fisiologia”


* “Según la sexóloga francesa Maryse Choisy […] el útero es el centro del sistema erógeno de la mujer y actúa como una caja de resonancia de placer; Choisy habla de un orgasmo cervico-uterino que por lo general se confunde con el orgasmo vaginal, y que es el más intenso, de mayor placer y se extiende por todo el organismo: el orgasmo femenino auténtico no se produce ni en el clítoris ni en la vagina. Tiene su origen en el cuello del útero. El orgasmo cervico-uterino difiere radicalmente de todos los otros placeres en intensidad, en profundidad, en calidad, en ritmo sobre todo y en extensión. Es más difuso. Termina por abarcar el cuerpo entero. Asegura que la expresión ultravaginales, a veces utilizada para describir los orgasmos profundos e intensos, en realidad debe referirse al uterino. Choisy dice: un día las chicas descubren solas, que el gesto de apretar los muslos o las nalgas, un poco más fuerte de lo habitual, les procura un orgasmo situado en alguna parte profunda de su interior.” Casilda Rodrigañez, “Pariremos con placer”


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* “La libido es una pulsión corporal que percibimos como deseo de placer, y que nos impulsa a realizar ciertas prácticas para obtener ese placer. La vivencia de estas prácticas es lo que llamamos sexualidad. Para decirlo de forma simplificada, la libido es la pulsión que nos lleva a buscar el placer, y la sexualidad la vivencia del placer. Y lo mismo que cuando el cuerpo necesita comer, nos vienen las ganas de comer; cuando el cuerpo necesita placer (y toda la bioquímica que le acompaña) aparece el deseo. Humberto Maturana dice que biológicamente somos seres adictos al amor. Y Pedro Kropotkin decía que buscar el placer y evitar el dolor es la vía general de acción del mundo orgánico. Y Wilhem Reich que la producción sexual es la producción vital per se. Y así sucesivamente. Sin libido, perdemos el tono anímico, nos desvitalizamos, en alguna medida, nos robotomizamos.
La libido es una pulsión producida por nuestros cuerpos, y está prevista para la conservación y el mantenimiento de nuestro organismo. Como todo lo demás que ocurre en nuestro cuerpo, no ocurre porque sí, sino que tiene su sentido, su razón. El placer tiene una función orgánica benefactora y necesaria para la regulación de los sistemas orgánicos, que se puede definir en términos bioquímicos y neuroendocrinos; […]. Por otro lado, hace algún tiempo que sabemos que la función primaria de la sexualidad no es la reproducción, sino la regulación del propio organismo; la reproducción es una función secundaria de la sexualidad.
[…] No obstante a todas estas constataciones del mundo de la ciencia, nuestra educación sigue haciéndonos adoptar una actitud racional crítica y negativa con respecto a nuestras pulsiones sexuales, que nos lleva en general a ignorarlas (la mayoría de las veces, y siempre que no son muy fuertes, inconscientemente), a no reconocerlas, o bien a inhibirlas. Es la socialización bajo la implacable presión del tabú del sexo, que de hecho, necesariamente, nos parte en dos, en cuerpo y mente”. Casilda Rodrigañez, “La maternidad y la correlación entre la libido y la fisiologia


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 “Las relaciones sexuales juegan un papel preponderante en las sociedades de bonobos, ya que son usadas como saludo, como método de resolución de conflictos, como medio de reconciliación tras los mismos, y como forma de pago mediante favores tanto de machos como de hembras a cambio de comida. Los bonobos son los únicos primates (a parte de los humanos) que han sido observados realizando todas las actividades sexuales siguientes: sexo genital cara a cara, besos con lengua y sexo oral. […] La actividad sexual tiene lugar tanto dentro de la familia inmediata como fuera de ella. Los bonobos no forman relaciones estables con parejas individuales. Tampoco parecen discriminar en sus comportamientos sexuales según género o edad, con la posible excepción de las relaciones sexuales entre madres y sus hijos adultos; algunos observadores creen que esos emparejamientos son tabú. Cuando los bonobos encuentran una nueva fuente de comida o lugar de alimentación, la excitación general suele desembocar en una actividad sexual en grupo, presumiblemente descargando la tensión de los participantes y permitiendo una alimentación pacífica.”  Wikipedia, “Pan Paniscus”


* “La promiscuidad de las hembras y la tolerancia mutua de los machos que copulan con la misma hembra es poco frecuente en muchos mamíferos pero entre los bonobos no sólo es habitual sino que es lo común.  A diferencia del chimpancé común, cuyas hembras son receptivas durante 6 o 7 días de los 35 que dura su ciclo menstrual, los bonobos copulan durante todo el año y durante todo el ciclo ovulatorio sin disminución apreciable de la actividad sexual. La hembra, cuando está en periodo fértil, no da muestras evidentes de encontrarse en tal estado. […] Siendo la sexualidad humana tan parecida a la de los bonobos ¿qué conclusión podemos sacar? Podemos decir que el placer sexual es un don dado por la selección natural a nuestra especie para fortalecer nuestros vínculos sociales. Un rasgo característico del Homo Sapiens es su debilidad al nacer y su dependencia de la madre; es comprensible, por lo tanto, que cualquier plus evolutivo que fortaleciese los vínculos sociales entre los elementos del núcleo familiar se viera favorecido por la selección natural. De este modo, los machos y hembras que apareciesen más vinculados en el cuidado de las crías tendrían más posibilidades de que sus crías sobreviviesen mientras que aquellas parejas cooperativamente más distanciadas tendrían más dificultades en perpetuar su descendencia. La evolución potenció la sexualidad para potenciar los vínculos sociales que permitiesen el sostenimiento de las crías en particular y del grupo social en general. De todo lo anterior podemos decir que la sexualidad humana no tiene una naturaleza eminentemente reproductiva (la hembra no muestra signos de fertilidad) sino social, contradiciendo así la idea de que el sexo sin fines reproductivo es un sexo animalizado ¡de hecho es lo contrario! El sexo con fines prioritariamente reproductivos es el que practican los animales.” Fulgencio Robledero, “la vida sexual del chimpancé pigmeo"

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* “Las células madre tienen la propiedad de transformarse en cualquier tipo de células del cuerpo, por lo que potencialmente pueden ser utilizadas para reemplazar tejidos u órganos enfermos. […] La proporción de éxito de las células madre extraídas de sangre menstrual es cien veces mayor a la obtenida con células madre extraídas de la médula humana, según Shunichiro Miyoshi, cardiólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Keio (Japón), y uno de los autores de la investigación.  […] Miyoshi defendió que la sangre menstrual podría utilizarse para hacer acopio de un tipo de células que contienen varios sistemas de HLA (Antígenos de Leucocitos Humanos), claves para el sistema inmunitario.” Agencia Colpisa, “Diario Sur”


* Fragmento de texto sobre el uso medicinal de la sangre menstrual por los aborígenes australianos según recoge la escritora Marlo Morgan en su libro Las voces del desierto:
“Unas semanas antes le había preguntado a Mujer-que-Cura qué hacían las mujeres cuando tenían la menstruación, y ella me había mostrado unas compresas hechas de juncos, paja y finas plumas de pájaros. Después, de vez en cuando, observaba que una mujer abandonaba el grupo para internarse en el desierto y ocuparse de sus necesidades. Enterraban la pieza sucia igual que enterrábamos nuestros excrementos diarios, como hacen los gatos. Ocasionalmente, sin embargo, había advertido que una mujer volvía del desierto con algo en la palma de la mano, que llevaba a Mujer-que-Cura. Ésta abría el extremo superior de su largo tubo. Observé que estaba forrado de las hojas de plantas que usaron para curarme los pies llagados y las quemaduras del sol. Mujer que Cura metió dentro el enigmático objeto. Las pocas veces que me acerqué, me llegó un insoportable hedor. Finalmente descubrí lo que guardaban en secreto: grandes coágulos de sangre expulsados por las mujeres.
Aquel día Mujer-que-Cura no abrió el extremo superior del tubo, sino el inferior. No salió ningún tufo. No desprendía ningún mal olor. La mujer apretó el tubo con la mano y surgió una brea negra, espesa y reluciente, que utilizó para unir los bordes desiguales de la herida. Literalmente los alquitranó, untando la sustancia por toda la superficie de la herida. […] Durante varios días la examiné de cerca y observé cómo se secaba la negra sustancia natural y empezaba a desprenderse. Al cabo de cinco días había desaparecido; sólo quedaban unas delgadas cicatrices […]” Marlo Morgan, “Las voces del desierto”

 

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